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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas
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domingo, 27 de abril de 2014

Para volver a amar

Por Kike Chávez


¿Quién no ha sufrido una derrota amorosa? ¿Quién no ha vivido una ruptura sentimental? ¿Quién no ha sentido que, luego del ocaso de un idilio, las puertas del alma parecen cerrarse, la historia sentimental parece haber llegado al final del camino? Una ruptura amorosa suele situarnos en una postura desconfiada e incierta que a veces se traduce en pensamientos parecidos a “ya nunca volveré a amar”, o “quién podrá amarme después de esto”.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Juventud prestada

Po Kike Chávez

La conocida expresión de González Prada en su discurso en el Politeama, en la que recuerda y enfatiza el rol que debiera jugar la juventud en la sociedad y la política, ha sido en muchas ocasiones, una especie de címbalo ruidoso sin praxis concreta.

Los partidos y organizaciones políticas siempre hablan del valor y la importancia de la participación de los jóvenes, de la juventud como reserva moral, y no obstante, relegan a esa misma juventud a un papel secundario, casi con la categoría de “extra”.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Gratitudes

A estas alturas, no sé si el Guillain Barré que se cruzó en mi camino hace más de dos años fue una desventura o un milagro.

De un momento a otro, tomé conciencia de la ausencia de fuerza en las manos, y el dolor muscular al que no había prestado atención, resultó ser un anuncio de la pérdida de conducción nerviosa que, poco a poco, terminó postrándome en la cama de un hospital, con una cuadriplejia de la que son víctimas una de cada cien mil personas.

Los siguientes meses fueron una compleja superposición de sentires, y mi existencia se convirtió en una suerte de tierra de nadie en la batalla librada por frustración y el estoicismo.

El episodio, no obstante lo desagradable de las neuralgias, los espasmos y contracturas musculares, llegó pronto a ser una de las experiencias más hermosas de mi vida.

jueves, 1 de agosto de 2013

Mi vida entre paréntesis

 Por Kike Chávez

Cuatro  meses con quince días han pasado desde que este inexplicable Síndrome de Guilláin Barré se me cruzó en el camino. Y recién hace más o menos veinte días que – dentro de casa – me movilizo sin usar silla de ruedas. Cuando salgo, debo usarla todavía. Y es que las calles, con sus veredas, sus baches,  y la gente que camina presurosa, son en verdad difíciles. Bastaría sólo un roce con algún transeúnte para caer, desequilibrado, sin poder evitarlo. ¿Y las pendientes, las calles enhiestas? ¡Oh, por Dios! Si alguna enseñanza me heredará esta polirradicuneuropatia anterior aguda, será  comprender el milagro que es poder dar un paso, caminar, asir las cosas, ponerte de pie, comer solo, en fin…  Poder hacer todas esas cosas que parecen insignificantes, pero que cuando no pueden hacerse, muestran  su verdadero valor. Y pensar que a veces vivimos sin fijarnos en estos detalles. ¿Quién se fija en la fuerza que necesitan los dedos para ponerte las medias, o cortarte las uñas? ¿Quién se pregunta qué músculos actúan cuando uno se rasca la espalda?

miércoles, 17 de julio de 2013

Verifobia

Por Kike Chávez

La sociedad respira cansancio de todo. La pobreza cansa, la corrupción abruma, la indecencia fatiga. Vivimos en una sociedad cansada de sí misma, harta de los males que ella misma ha producido.

El mundo está exhausto de ser ese dado roído y redondo cuyo fin es el hueco de una sepultura, y este cansancio resulta en que nuestra sociedad vive en una permanente negación de sí misma.

Ya casi no hay pobres, grita la estadística; y el coro angelical de las cifras refrenda y arguye que estamos a punto de no tener analfabetos y que los bolsillos del campesino cada día están mejor. Que el chorreo es cuestión de tiempo, que la igualdad de oportunidades nos espera al final del túnel y que la derecha ama a los pobres.

martes, 16 de julio de 2013

Sepa Usted…

Con singular complacencia, cedemos nuestro espacio a nuestro columnista invitado

Por: CRISTIAN CERNA PAJARES

El proceso electoral del día martes, en la Universidad Nacional de Cajamarca, nos ha traído grandes lecciones. Mientras se esperaba el conteo oficial de las votaciones, la tensión se acrecentaba y es sabido por todos, el modo desdichado en que todo acabó. No haré anotaciones vanas en este tema ni redundancias ociosas, porque el asunto ya es de conocimiento público. Sin embargo, considero prudente, hacer unas últimas reflexiones que ojalá nos sirvan de aquí en adelante a los más jóvenes. Van destinadas a los iniciadores de aquel episodio.

jueves, 11 de julio de 2013

De elecciones y propuestas


Por Kike Chávez

Mientras escribo estas líneas, la Universidad Nacional de Cajamarca vive una suerte de convulsión: las elecciones generales para elegir Federación y Centros Federados han terminado y el Comité Electoral realiza el cómputo general de las mesas escrutadas.

La política dentro de la universidad despierta un sinnúmero de pasiones indescriptibles y hasta inexplicables. La pugna electoral adquiere en algún momento una intensidad que a veces se traduce en lamentables agresiones físicas y verbales.

jueves, 4 de julio de 2013

De recesiones y máscaras.

 Por Kike Chávez

En torno a la situación económica de la región Cajamarca, escuchamos posiciones encontradas: Jorge Vergara sostiene que nos encontramos en una profunda recesión y que además somos la única región en esta situación, mientras el resto del país crece sostenidamente. Que los ingresos de los artesanos, por ejemplo, que dependen en gran proporción del turismo, han disminuido sustancialmente: su  ingreso  ha pasado de entre 400 y 500 nuevos soles, a menos de 100 unidades monetarias diarias. Por otro lado, el presidente regional ha sostenido en alguna oportunidad que el turismo en Cajamarca ha aumentado sustancialmente durante el 2012 e inicios del 2013. Que la supuesta recesión económica de nuestra región no pasa de ser una cortina de humo para convencer a la población de que sin minería es imposible el crecimiento y el desarrollo económicos.

martes, 2 de julio de 2013

Habla la indignación

Por Kike Chávez

Si pensar en la clase gobernante y política del país provoca algún sentimiento provoca, ese es el de indignación, o la náusea, o, en el mejor de los casos, la decepción.

Cada destape, cada reportaje que aparece en la prensa hablando de la corrupción en el Estado, es un gota de ponzoña que va a parar a un vaso ya bastante repleto y hediondo: aquel en donde los Fujimori escupieron su gargajo pestífero; aquel donde Montesinos miccionaba cada vez que utilizaba el dinero de los peruanos para mandar la ‘propina’ a los hijos del presidente (con minúscula está bien para Fujimori), o cuando montaba los paquetes de dinero para silenciar y comprar líneas editoriales de los medios de comunicación… Aquel vaso, en donde Toledo regurgitaba sus resacas y Alan García expectoraba sus flemas después de negociar un narcoindulto.

jueves, 27 de junio de 2013

Manuel y su poesía

Por Enrique Chávez

Debo confesarlo: cuando leo a Manuel Sánchez Aliaga, “Mime”, me entran irresistibles ganas de encender un cigarrillo y compartirlo con él en cualquier esquina de las calles celendinas.

Mi amistad con este ilustre escritor celendino, la heredé de mi padre, cuando yo era apenas un niño. Recuerdo que a veces – junto a mi hermano – huíamos de él, que de lejos nos gritaba “¡Faisánidos!”, apelativo que no nos gustaba, quizá porque desconocíamos que era más bien un elogio: hacía alusión al faisán y su elegancia.


Los años pasaron sin que a veces lo sintiera el tiempo, y, lejos de huirle, andaba buscando un casual encuentro con él.

martes, 25 de junio de 2013

Incapaces de decir "YO SOY"

Por Enrique Chávez
 
Hay quienes elevan la estrategia a categoría de dogma irrefutable. Viven enjaulados en ciertos parámetros, fuera de los cuales no conciben su actuación. Son incapaces de combinar lo necesario con lo que en determinado momento se tiene que hacer.

Son semejantes al dolor vallejiano: si los pusieran en una estancia oscura, no darían luz y si los pusiesen en una estancia luminosa, no echarían sombra. Aunque no sé si sean dignos de tal comparación.

lunes, 3 de junio de 2013

Y, tal vez, me llamarán "pro - mina"

 Por Enrique Chávez

Hoy andaré por el sendero de lo “políticamente incorrecto”. Y lo haré en nombre de mi libertad. 


Hace unos días, me sorprendieron algunos acuerdos que las Rondas Campesinas habían adoptado en una asamblea en Sorochuco. Uno de los que más me impresionó fue el que tenía que ver con el sancionar a los medios de comunicación que       se “parcialicen” con la empresa minera y se pongan “en contra del pueblo”. Y me sorprendió, no porque esté de acuerdo con la compra de líneas editoriales que Yanacocha y el poder estatal tienen como infame actitud, sino porque soy un ferviente defensor de la libertad y dicho acuerdo sonaba más a amenaza a los periodistas y comunicadores, que a estrategia de lucha. 

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Opinión libre: Ollanta al "Ritmo del Chino".


 Por Enrique Chávez A.

La misma canción, el mismo baile.
Si Keiko Fujimori hubiera ganado la segunda vuelta electoral, estoy seguro de que Ollanta Humala y el Partido Nacionalista Peruano hubieran respaldado el tajante “Conga no va” del pueblo cajamarquino. ¿Por qué? Muy simple: si Ollanta no fuera presidente, no hubiera sufrido esa metamorfosis que sufren los políticos al llegar al poder. Y es que, a estas alturas, no cabe duda de que la derecha gobierna nuestro país a pesar de que hace tiempo no saborea una victoria electoral.


Veamos: en las elecciones del noventa, ¿era acaso

lunes, 28 de noviembre de 2011

Opinión libre: Protesta Ambientalista: Crítica de la Irracionalidad Pura.

 Por Enrique Chávez A.

Hay quienes piensan que las protestas en Cajamarca son producto de la manipulación ideológica de líderes izquierdistas que no es que defiendan el medio ambiente, sino que odian la inversión privada. “Siempre estuvieron contra las grandes empresas, demandando su nacionalización y expulsión. [Y] Como esas ideas ya no son aceptadas, ahora se disfrazan de ambientalistas, un atuendo más respetable”; dice Fernando Rospigliosi en La República, refiriéndose a los dirigentes de las protestas y tratando de definir el verdadero carácter de la protesta.

viernes, 7 de octubre de 2011

Opinión libre: VISIÓN DE UNIVERSIDAD Y CLAUSTRO PLENO



Por: César Enrique Chávez Aliaga [1]

El Claustro Pleno realizado hoy por la mañana en la Universidad Nacional de Cajamarca, ha constituido una verdadera apología a la insensatez, un panegírico a la carencia de sentido de  proporción, un monumento a la trivialidad, una muestra incontrastable de la orfandad de perspectiva amplia,  en fin, un testimonio elocuente e ingrato de la ausencia de una concepción de la  universidad y la dimensión de sus problemas.

domingo, 21 de agosto de 2011

Opinión libre: Mi vida entre paréntesis

Por Enrique Chávez A.

Cuatro meses con quince días han pasado desde que este inexplicable Síndrome de Guilláin Barré se me cruzó en el camino. Y recién hace más o menos veinte días que – dentro de casa – me movilizo sin usar silla de ruedas. Cuando salgo, debo usarla todavía. Y es que las calles, con sus veredas, sus baches, y la gente que camina presurosa, son en verdad difíciles. Bastaría sólo un roce con algún transeunte para caer, desequilibrado, sin poder evitarlo. ¿Y las pendientes, las calles enhiestas? ¡Oh, por Dios! Si alguna enseñanza me heredará esta polirradicuneuropatia anterior aguda, será comprender el milagro que es poder dar un paso, caminar, asir las cosas, ponerte de pie, comer solo, en fin… Poder hacer todas esas cosas que parecen insignificantes, pero que cuando no pueden hacerse, muestran su verdadero valor. Y pensar que a veces vivimos sin fijarnos en estos detalles. ¿Quién se fija en la fuerza que necesitan los dedos para ponerte las medias, o cortarte las uñas? ¿Quién se pregunta qué musculos actúan cuando uno se rasca la espalda?

Recuerdo que cuando estaba hospitalizado en Lima, la enfermera me trajo el desayuno. Me habían indicado una dieta blanda. Mis primeros alimentos del día consistían en una taza de avena, un pan y un huevo sancochado. Intenté sentarme y no pude, no tenía fuerza en la espalda, ni en los brazos, de modo que le pedí a la enfermera que por favor inclinara mi cama. Ella lo hizo amablemente, y colocó la bandeja con mi desayuno a un costado. ”Tómelo rápido, jóven Chávez, que se enfría”. Yo sonrío e intento levantar la taza de avena. No pude, mis dedos no tenían la fuerza suficiente. Caí en la cuenta de que necesitaba que me ayudaran a tomar mis alimentos. ¡La vida, en verdad, te da sorpresas! De pronto, te ves envuelto en circunstancias que nunca imaginaste, que no pasaron por tu cabeza.

Y allí estaba, en el lugar que menos pude desear para mis días de abril. Y confieso que cuando el médico me dijo que tendría que practicarme un procedimiento llamado Plasmaféresis para detener el avance de la enfermedad, juré que todo estaría bien inmediatamente: ¡se me hace la plasmaféresis y ya! En unos días estoy bien otra vez. En ese instante, ni lo más pesimista de mí, pensaba en la necesidad de un largo proceso de rehabilitación.

Mi vida se ha puesto entre paréntesis. Las actividades cotidianas, las costumbres personales, todo ha cambiado, o por lo menos, se ha suspendido; mientras llega la esperada recuperación. Tenía todo listo para la grabación de ¡mi primer disco! Su título: “Siete amores después…” Qué irónico. Un día antes de comenzar la grabación fui hospitalizado. Al parecer, este proyecto también se ha suspendido.

Ayer, cuando salí de la sala de Fisioterapia del Hospital, sentí algo extraño. Figúrese. Hasta ese momento, había aceptado mi estado de salud con cierto estoicismo. Es decir, es cierto que algo de preocupación y tristeza hubo (al principio) pero luego como que uno acepta la condición en la que se encuentra. ¡Aceptación estoica y resignada de la circunstancia! Era la frase que me repetía a diario. Pero ayer, cuando mi amigo fue a verme al hospital y comenzó a contarme sobre sus actividades, no sé, sentí una especie de desesperación. Como una voz interior: ¡y yo aquí, suspendido!

¡Joder! Desde ese momento, me acompañó un extraño sentimiento. Un no sé qué, hasta parece envidia. Mi primo sale de casa, con su mochila en hombros, cruza la calle, sube la vereda… ¡Y yo aquí, suspendido! Figúrese… Ese sentimiento me martirizaba. Tuvo que llegar la noche, para que pudiera comprender. Y no por mí mismo. Fue una amiga. Fue una conversación, poco duradera, pero trascendente, por lo menos para mí. Mucho de mi vida se ha suspendido, le dije. Su respuesta me ayudó a comprenderlo todo: no importa – me dijo -, es momento de detenerte en la vida y mirar hacia arriba.

Tan simple… Y tan complejo. Pero tenía toda la razón. Mil pensamientos, mil ideas, mil preguntas. Y su respuesta dándome vueltas en la cabeza, iluminándome… Mi vida entre paréntesis comienza a tener sentido, mucho sentido. Y se descubren cosas nuevas, inéditas en mí. Y se lo debo a exáctamente trece palabras: no importa, es momento de detenerte en la vida y mirar hacia arriba.

lunes, 13 de junio de 2011

Opinión libre: Ucronía

 Por Enrique Chávez

El sendero de la ucronía no es mi favorito. Creo que seguirlo, puede incluso ser dañino para el aventurero, tornándose en un verdadero instrumento de laceración y martirio. Pero aun creyendo que esto es así, inexplicablemente,  las preguntas ucrónicas nacen casi a diario en mis pensamientos. Después de todo, ¡qué tentación irresistible es pensar en lo que pudo ser y no fue!

Antología ”Hitler Victorioso”, de Benford
 Lo ucrónico es –irremediablemente- parte de nuestras vidas. ¿Quién no ha intentado reconstruir en su mente cierta circunstancia, dando por supuestos hechos que no sucedieron, pero que habrían podido suceder? Difícilmente se escapa de los pensamientos ucrónicos; éstos están presentes no sólo a lo largo de nuestra vida, sino incluso a lo ancho de todos sus aspectos.

Existen ucronías muy conocidas y de alta connotación social e histórica, que hasta se han plasmado en verdaderas obras de ciencia ficción. ¿Que hubiera pasado si los aliados hubieran sido derrotados en la Segunda Guerra Mundial? Esta es una de las ucronías más famosas, inspiradora de un sinnúmero de relatos, como la antología ”Hitler Victorioso”, de Benford y otros. En fin, el reino de lo que pudo ser, ha sido abundante hontanar de inspiración literaria. Pero a lado de las ucronías famosas y de tanta incidencia histórica, en un lugar no menos importante, se encuentran las ucronías personales (por llamarlas de algún modo); aquellas que no tienen ninguna trascendencia en la historia de la humanidad y son parte sólo de nuestra vida personal: “si no hubiera ido a ese baile…”, “si hubiese intentado besarla…”, “si no hubiera dicho eso…”

Quién no ha construido ucronías, quién no ha pensado en lo que pudo ser. Lo complicado viene cuando la ucronía nos invade hasta el punto de recriminarnos ciertas cosas o acciones del pasado, y comenzamos a adjudicarnos culpabilidades que pronto terminan haciendo insoportable el presente.

Todos andamos, alguna vez, por el sendero de lo ucrónico. Meditando, especulando, rumiando un presente ficticio sustentado en un hecho que no fue, pero que pudo haber sido.

A mí, la ucronía me causa repulsión, no me gusta, la detesto, pero no puedo evitarla: si hubiera pasado más tiempo con mi padre, luego de que le detectaran ese mortal cáncer, talvez este vacío no sería tan grande. Si hubiera decidido terminar la carrera de Profesor de Matemática que emprendí al terminar la secundaria, hoy estaría luchando por un nombramiento o me habría nombrado ya, quíen sabe cómo sería mi vida. Si no hubiera leído a Martha Harnecker, Politzer, Marx y otros con tanta asiduidad, talvez - en la última elección – hubiera votado por PPK y Keiko, ignorando el pasado de ambos personajes… Son tantas las preguntas ucrónicas que me asaltan.

Si no hubiera tenido este Guilláin Barré, ahora estaría rumbo a San Bernardino, a “fiestear” por el aniversario del Club Deportivo “Corazón de Jesus”, y ni hubiera escrito estas líneas, ni usted estaría leyéndolas.

En fin, si usted no hubiera  abierto este enlace, ni pudieras conocer lo que ahora cuento, ni yo podría tener el honor de que usted me lea. 

La ucronía, tan presente en nuestras vidas, tan parte de nosotros, tan útil en ciertos casos, tan dañina en otros. Ucronías que hubieran cambiado la historia como aquella de si Cristo nunca hubiera existido; ucronías tan insignificantes como esa que pregunta qué hubiera sucedido si nunca hubiera escrito esto, o si usted hubiera decidido no leerlo.

jueves, 3 de febrero de 2011

Opinión libre: Metanoia…

 Por Enrique Chávez

Desconfío de la literatura. Si escribo, lo hago tratando de plasmar algunas circunstancias que escapan a lo ordinario, aunque no son, precisamente,  extraordinarias. Circunstancias que bien podrían acabar condenadas al olvido sin ser más de lo que fueron: un instante en mi existencia, pero que, en virtud de la osadía de lanzarme a la marea del escribir, pueden convertirse en testimonios de una vida sedienta de sentido.

Escribo porque creo que es un modo de gritar que siento, que sufro, que existo. No tengo necesidad de salir a cazar palabras, ni de internarme en los laberintos de la ficción. Escribo como quien escribe un diario personal, tratando de retratar instantes, para leerlo quién sabe cuándo y – tal vez – reírse de cuánta sandez escribió.

Desconfío de la literatura porque, si salgo a cazar palabras, podría perderme en el bosque de la meditación y terminar abandonando el sentido de lo que quería decir.

Hoy por ejemplo, jueves tres de febrero, cuando desperté había en mí algo ajeno, un no sé qué de satisfacción. Como si, de pronto, mi circunstancia hubiera mejorado. Y por un momento pensé que era feliz, y creo que lo fui, aunque sea por ese instante. Pero qué es la vida, sino instantes que nacen y mueren sin que podamos retenerlos.  Por eso no se puede retener la felicidad, ni la tristeza, ni nada, salvo el vacío de nuestra existencia que acoge circunstancialmente a estos sentimientos. Nuestra esencia es ese vacío, ese contenedor de sentimientos.

Había programado el despertador para las seis en punto de la mañana, pero desperté como quince minutos antes. Encendí la televisión, y me dispuse a darme un duchazo. De veras me sentía bien. Ni siquiera el hecho de haber despertado sobresaltado  como tres veces durante la noche, opacaba ese no sé qué de bienestar. Al salir de la ducha, me encontré con el grillo que me había fastidiado toda la noche. Decidí aplastarlo, pero me arrepentí en seguida y lo aparté delicadamente, echándolo al jardín para que nadie  pudiera hacerle daño. Después de todo, mi noche hubiera sido más solitaria si no hubiera sido por él.

En la cama, junto a mi celular, veo las pastillas que – por receta médica – debo tomar a diario. Son mis cadenas, aquellas que me arrebatan un poco de libertad y que, en este instante, me hacen pensar que el bienestar con el que desperté hoy, debe fundarse en mi deseo, y no precisamente, en mi buen estado de salud. De lo contrario no tendría que tomarlas “para prevenir la hipertensión arterial”, como dijo el médico, con sentenciosa voz.  

Yo no suelo ir al médico para un chequeo o algo así. Pero debo reconocer que me sentía  muy mal hace unos días: pesadez, dolores de cabeza, mareos. Era intolerable. El cuerpo había empezado a reclamar, como dice Arjona. Y es que, comer a deshora, fumar diez cigarrillos diarios, no tener hábitos deportivos, sumados a mi evidente sobrepeso, seguro termina enfermando a cualquiera. Por eso cuando noté la cara de sorpresa del facultativo, no pude más que sonreír.

-          ¿Practica usted algún deporte? – preguntó, como adivinando mi respuesta.

-          Ninguno, doctor, pero sudo con frecuencia. – Le dije, como invitándolo a ingresar al terreno de la malicia.

-          Lo digo porque su colesterol es el de una persona de sesenta años. Esto no es broma, hombre, si continúa así, usted morirá joven.

¡Qué sentencia, Dios mío! “Si continúa así, usted morirá joven”.  Mi respuesta fue inmediata: me parece justo, doctor, – le dije – después de todo, he vivido viejo. Y esta vez, el doctor no pudo contener una carcajada.

Al salir del consultorio, con la receta a cuestas, en mi cabeza daba vueltas la sentencia, sin que pueda dejar de recordarla. La acompañaba una palabra que emanaba desde mi interior, que hacía su eclosión como para salvarme: metanoia, metanoia, metanoia…

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