Dany Vértiz
EL XI ENCUENTRO NACIONAL DE ESCRITORES MANUEL JESÚS BAQUERIZO
Por Jorge Rendón Vásquez
Se realizó en la ciudad de Cajamarca, del 14 al 17 de noviembre del año
en curso, y tuvo por sede el antiguo Instituto Superior Pedagógico
Hermano Victorino Elorz Goicochea, de la avenida El Maestro. La
iniciativa para convocarlo y su organización correspondió al Gremio de
Escritores. En la mañana del
miércoles 14, el Congreso fue inaugurado por Gregorio Santos Guerrero,
Presidente de la Región de Cajamarca, la entidad auspiciadora, quien
demostraba con esa actitud una singular inclinación a impulsar la
creación intelectual, como parte de su programa de gobierno, en la
antípoda del gobierno central y de otros gobiernos regionales que
prefieren mirar hacia otro lado y taparse los oídos cuando se les pide
promover la literatura y las artes.
Al comenzar el programa de esa
tarde en el auditorio del segundo piso de la sede, más de un centenar de
poetas, prosistas y ensayistas, procedentes de varias regiones del país
y, en su mayor parte, de capitales de provincia, se disponían a
escuchar la disertación del profesor y crítico Luzmán Salas Salas sobre
los poetas y narradores de Cajamarca.
En el procenio se exhibían las
fotografías de gran tamaño de los escritores cajamarquinos Mario
Florián (1917-1999), Amalia Puga (1866-1963), Yolanda Rodríguez de
Westphalen (1925-2012), Demetrio Quiroz Malca (1924-1985) y Alfonso
Pelaez Bazán (1904-1996).
Luego, desfilaron por el proscenio los
numerosos expositores programados para leer sus poemas o una parte de
sus relatos, y contar sus experiencias personales en sus periplos de
literatos. En sus palabras se podía sentir su vocación, sinceridad y
manejo técnico de sus composiciones, brotando como límpidos y generosos
manantiales, y revelando tras cada uno la presencia en sus pueblos de
compactos grupos de maestros, abogados, ingenieros o simplemente de
mujeres y hombres sensibilizados por el afán de elevarse a los niveles
más altos de la cultura. Al verlos y escucharlos se infería, por una
suerte de conclusión lógica, que estábamos ante el panorama de la
cultura popular: fértil, profunda y auténtica.
Los
organizadores del Congreso habían instalado en el vasto hall del Colegio
mesas para la exposición y venta de los libros y plaquetas de los
autores concurrentes, casi todos editados con su esfuerzo y dinero, y
expendidos a precio de costo. No sería exagerado afirmar que la mayor
parte fue vendida o canjeada.
En cierto momento llegué a preguntarme
si estos valores ya maduros o en ciernes llegarían alguna vez a ser
mencionados siguiera en una línea de las páginas de la gran prensa del
poder plutocrático o de la prensa oficial. Y la respuesta fue negativa,
porque la función de esa prensa, como instrumento para la alienación de
la conciencia colectiva, es impedir que las grandes mayorías sociales
se liberen de la ignorancia, se ilustren y avizoren, correlativamente,
las vías hacia un mundo sin explotación ni abusos, y excento de peligros
para su vida y su salud, gracias, contradictoriamente, a la acción de
los escritores comprometidos con esta tarea, como los reunidos en el
Encuentro de Cajamarca. En las páginas de esa prensa sólo hay sitio, sin
medida, para los artistas baladies, la farándula liviana, los sucesos
fútiles, las crónicas policiales y los espectáculos deportivos,
magnificados hasta la aberración, y para literatos cultivados en sus
invernaderos con la misión de producir obras estériles de mensaje,
dirigidas en particular al entretenimiento de las clases medias, que
algo tienen que leer. A estos personajes se juntan ciertos literatos
formados fuera de ese cenáculo exclusivo, pero cooptados cuando se
desclasan, para jugar allí el impostado papel de la diversidad, como
exponentes de la cultura popular o como representantes de una bohemia
prefabricada. Y bien que lo hacen, alborozados y rebozantes de
presunción.
A mí me tocó presentar mi nueva novela El oro de
Atahualpa el viernes 16 de noviembre a las cinco de la tarde, un momento
en que, por una rara coincidencia, hace cuatrocientos ochenta años el
Inca Atahualpa ingresaba a la plaza de Cajamarca con su séquito
desarmado, donde fue capturado por Francisco Pizarro y sus mercenarios,
tras un alevoso ataque y el asesinato de más de seis mil hombres y
mujeres que lo acompañaban, genocidio introductorio al saqueo del oro y
la plata, hechos que relato en esta novela.
Como del 14 al 17 de
noviembre, Cajamarca se había convertido en la capital de la literatura,
la prensa de derecha local y nacional, escandalizada y decidida a
estigmatizar al Encuentro de Escritores, redobló sus ataques al
Presidente de la Región, Gregorio Santos, a quien culpaba por esta
explosión de cultura popular. Pero no se detuvo allí y un diario local
se lanzó a la vesania de propalar un malévolo infundio, para lo cual
hizo tomar fotos de los numerosos asistentes al acto inaugural entre los
que descubrió a un excondenado por una acusación de terrorismo, y luego
publicó en primera página una nota afirmando que el MOVADEF estaba
infiltrado en el Congreso. Fue una felonía, porque esa persona estaba
allí, no como invitado, sino porque la asistencia era libre y a nadie se
le prohibía el ingreso. Como el mismo diario lo dijo, había cumplido ya
su condena y era, por lo tanto, una persona en el goce de la plenitud
de sus derechos. Afirmaciones como esas caen en el campo de la ilicitud y
son sancionables penalmente. Es bueno recordarlo: a pesar de todo su
poder los diarios y otros medios de comunicación social no gozan de
impunidad para insultar o difundir falsedades que hagan daño o atenten
contra el honor y la dignidad de las personas.
Pero, en el Encuentro
de Escritores nadie se atemorizó y ni siquiera se preocupó por esta
inicua campaña. Al contrario, para todos fue muy claro que estaban en el
buen camino y, a lo más, alguno recordó esa antigua sentencia
castellana que dice: “Ladran Sancho. Es señal de que avanzamos”,
continuada por la exclamación unánime: ¡Conga no va!
Por un acuerdo
de los concurrentes se decidió que la próxima sede del Encuentro
Nacional de Escritores Manuel Jesús Baquerizo será la localidad de Ate
Vitarte en Lima.
Al concluir el ágape de terminación de esa semana
consagrada a la literatura, servido al mediodía en el típico restaurante
El Zarco de la campiña cajamarquina, los escritores allí congregados
nos dimos un fraternal abrazo, con pena por separarnos, pero animados
por la alegría y la esperanza de volver a reunirnos en el próximo
Encuentro.
Fuente: Facebook de Jorge Luis Roncal.
Ponencia:
Escribe: Miguel Arribasplata C.
ISP "Hno. Victorino Elorz Goicochea"
DÁNDOLE PENA A LA TRISTEZA LITERARIA DE ALFREDO BRYCE ECHENIQUE
“Hay que pensar el acontecimiento.
Hay que pensar la excepción.
Debemos saber qué tenemos
para decir sobre lo que no es ordinario.
Es necesario pensar el cambio de la vida”.
Alain Badiou