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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

martes, 8 de enero de 2013

Narrativa: Lúcido Enrique Boy Palacios, El cuy y el libro encantado (cuento)




Por el camino pasaba el cuy con un libro bajo el brazo.

¿A dónde vas sobaco sabihondo? le dijo el maíz. Arrojó la colilla del cigarro . Todos los días con lo mismo.

Voy a la sombrita a leer. ¿Tú no lees?

¿Para qué si ya sé? Me enseñaron en la escuela.

No hay peor analfabeto que el que sabiendo leer no lee contestó el cuy acomodándose los bigotes.

Chistoso te crees. Cuidado no más con que te aloques.

Es verdad. Pero ni te imaginas las maravillas que se encuentran en los libros.

Vaya, ¿Tú crees que me podrían sacar del aburrimiento? preguntó el maíz tocándose las barbas.

Ni lo dudes. No sólo te entretienen sino que también te hacen conocer mejor al mundo y a los hombres. ¿Por qué no me acompañas y hacemos la prueba?

Hum. Puede ser. Total no tengo nada qué hacer.

El cuy y el maíz se sentaron bajo unas rosas. El cuy abrió el libro y empezó a leer en voz alta. El maíz escuchaba con atención. Las páginas empezaron a pasar cada vez más rápido hasta que hicieron un remolino y los dos amigos fueron absorbidos de la cabeza por unas letras. Después de cinco minutos cayeron en un caminillo asfaltado de tinta. Aún no se reponían de la sorpresa cuando se dieron cuenta de que había anochecido. En la penimbra vieron a una pata que hablaba por celular.

Por dónde están… Okey. Ya voy dijo y empezó a correr.

El cuy y el maíz se pusieron de pie y siguieron a la pata para preguntarle qué les había ocurrido. La luz de la luna guiaba sus pasos tras la pata, a la que se habían sumado sus patitos dorados. Llegaron al claro de un bosque donde estaba reunida una multitud de animalitos y plantas. El león dirigía una asamblea y llamó la atención a la pata por su tardanza. Luego dijo:

Como les iba diciendo, la situación se ha puesto realmente insoportable. El ogro no está contento con pagarnos una miseria por nuestro trabajo y ahora quiere aumentarnos los impuestos. Pero como si esto fuera poco, a su grupo de ayayeros no los toca para nada. No es justo bajo ningún punto de vista. En esta reunión queremos debatir las medidas a tomar. Conforme al centralismo democrático, los acuerdos se decidirán por mayoría.

El tigre pidió la palabra:

Propongo que secuestremos al ogro y lo obliguemos a que no nos cobre impuestos y nos aumente los salarios.

Fuertes aplausos coronaron las palabras del felino. La paloma pidió hablar y dijo:

No soy partidaria de la violencia. Más bien debemos ir una comitiva a pedir audiencia y suplicar al ogro que sea caritativo con nosotros.

Se escucharon tenues aplausos y algunos silbidoslevantó la mano y dijo:

La experiencia histórica nos enseña que los poderosos sólo hacen promesas y cuando dan algo sólo son migajas y caramelos para contentar.

Se produjo una confusión. Todos hablaban y la voz del león no conseguía poner orden. El cuy observó un rato y sobreponiéndose al griterío dijo:

Veo que están desorientados y desorganizados. Lo primero que tienen que saber es que a veces hay que protestar para que atiendan sus justos reclamos.

Todos voltearon y miraron al cuy. El maíz le dio un codazo. Sin embargo poco a poco empezaron los aplausos. El delfin dijo:

El forastero tiene razón. Debemos organizarnos y hacer una movilización. Si es necesario hay que ir a la huelga.

Bravo así se habla gritaron todos los animales, secundados por las plantas.

El león dijo que advirtiéndose que había unanimidad se aprobaba la moción y se pasaba a conformar las comisiones.

El cuy y el maíz fueron invitados a quedarse. En agradecimiento de su aporte al cuy le regalaron el recordatorio de un hombrecito de piedra. Un poco más tarde un grupo de plantas y animales cenaron sopa y leche alrededor de una fogata y relataron historias de triunfos y derrotas. La lechuza dijo:

Siempre la misma historia. Los dueños de la riqueza abusan de los pobres. ¿Hasta cuándo será?

El cuy intervino:

Hasta cuando no haya pobres ni ricos.

El maiz preguntó:

¿Será eso posible?

Hay historias que demuestran que sí. Pero son un poco largas para explicarlas contestó el cuy.

 Bueno ya es un poco tarde. Vamos a dormir. Mañana nos espera un día difícil dijo el girasol.

Por la mañana todas las plantas y animales se dirigieron al castillo del ogro, coreando arengas para levantar los ánimos. Se notaba que el ogro estaba avisado pues muchos otorongos y soldados de plomo resguardaban el castillo con sus fusiles apuntando a los manifestantes. Los delegados pidieron hablar con el ogro pero les respondieron con disparos al aire. Se produjo una desbandada general. Las plantas y animales huyeron topeteándose. Los otorongos los persiguieron gritando:

Cojan al cuy y el maíz, son los conspiradores infiltrados que han provocado el rompimiento del orden público.

El cuy y el maíz corrían y corrían y no sabían por dínde escapar. De casualidad encontraron el claro del bosque donde se había realizado la reunión. Los otorongos estaban cada vez más cerca y se sentían disparos rasgando el aire sobre sus cabezas de los fugitivos. Los dos amigos continuaron veloces por el caminillo asfaltado de tinta. Por unos segundos los levantó un viento frío salpicado de hojas secas, unas letras les golpearon en la cara y aterrizaron debajo de las rosas, al lado del libro.

Luego de arreglarse las barbas y secarse el sudor de la frente el maíz recogió el recordatorio del hombrecito de piedra que había caído lejos y lo entregó al cuy diciéndole:

¡Ufff!... ¡Que historia. Es para contarla! A partir de hoy voy a dedicarme a leer.

 Nota: De su libro Cuentos para todos

Glosa biográfica 

Lúcido Enrique Boy Palacios(1965).- Nació en Cajabamba. Es abogado graduado en la Universidad Nacional “Pedro Ruiz Gallo” de Lambayeque. Estudió Maestría en la Universidad Nacional de Cajamarca. Fue Juez de Paz Letrado Suplente, Teniente Alcalde de la Municipalidad provincial de Cajabamba, Fiscal Provincial Titular Mixto de Cajabamba, Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Privada “San Pedro”. Ha publicado los siguientes libros: Para Chatear con Apolo, Cambio social, Leyes de la narración y Cuentos para todos.

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