Déjame contarte —le pidió un hombre llamado Remigio Garmendia
a otro llamado Anselmo, levantando la cara—. Todos estos días, anoche, esta
mañana, aún esta tarde, he recordado mucho... Hay momentos en que a uno se le
agolpa la vida... Además, debes aprender. La vida, corta o larga, no es de uno
solamente.
Sus ojos diáfanos parecían fijos en el tiempo. La voz se le
fraguaba hondo y tenía un rudo timbre de emoción. Blandíanse a ratos las manos
encallecidas.