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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas
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jueves, 28 de marzo de 2013

CANTARES DE MUJER: Las Cruces en el Camino

Por Socorro Barrantes

Había llegado de Lima mi entrañable amiga Kelita. Recordar el pago, donde nació, y fue asegurando sus pasos hacia la vida, en la diversidad de sus caminos. La había recibido una tremenda gripe que la llevó a la cama por tres días. Y es que la tierra reclama, cuando se la deja por otros rumbos. Pero este Domingo de Ramos se animó a dar una miradita a las benditas Cruces de Porcón. Tomamos el micro, repleto de pasajeros, enrumbamos hacia allá. A pesar de vivir en Cajamarca, sin poder salir a otros mundos, nunca había ido a esta publicitada ceremonia. Mi amiga no pudo subir, pues el micro nos dejó abajo no más. Oliendo la fiesta, le dije, que iría a mirar un ratito y regresaba al toque. Cuando subía el corto trecho que nos separaba de la iglesia, se abrió otro universo para mí. Desplegaba el tiempo hacia atrás. Me hallé de pronto en la Plaza de Cajamarca, rugían los jaguares en su lamento de encierro, atenazados por la invasión extranjera. La Cruz de la conquista, eliminando el rito al Sol, a la Tierra, a la Luna, al Amaru. La Plaza de la Iglesita de Porcón rugía en el lamento de los indios, sosteniendo la Cruz a cuestas, cargadita de claveles y flores de colores. Los espejos reflejando el imperio de los dioses de la tierra, aquellos que guiaron la magnitud de las culturas andinas. Las Cruces bajaban por las distintas vertientes del Hanan Pacha henchidas de adornos, preñadas de religiosidad y de espejos. En un ir y venir, las cintas de colores que se encienden en las shimbas de las mujeres campesinas. Cruces, jaladas por fajas, descifrando lenguajes de otros tiempos, donde los dioses necesitaban de estos cantos, haravicus de los dioses; de este llanto, de estos rezos combinados en castellano y quechua. Los dioses del cielo habían bajado al Kay Pacha, juntando sus sangres con la de hombres y mujeres de sombreros alados, de polleras infinitas, sacos ribeteados de fe y de esperanza.

lunes, 11 de marzo de 2013

García Márquez: “El enigma de los dos Chávez”

6 marzo 2013

Carlos Andrés Pérez descendió al atardecer del avión que lo llevó de Davos, Suiza, y se sorprendió de ver en la plataforma al general Fernando Ochoa Antich, su ministro de Defensa. “¿Qué pasa?”, le preguntó intrigado. El ministro lo tranquilizó, con razones tan confiables, que el Presidente no fue al Palacio de Miraflores sino a la residencia presidencial de La Casona. Empezaba a dormirse cuando el mismo ministro de Defensa lo despertó por teléfono para informarle de un levantamientio militar en Maracay. Había entrado apenas en Miraflores cuando estallaron las primeras cargas de artillería.

viernes, 1 de febrero de 2013

Narrativa: Ruben Sueldo Guevara, Manantial santo (Cuento)

El eminente crítico literario Alberto Escobar se refiere al cuento que publicamos con la siguiente precisa opinión:

“En literatura lo tradicional y lo novedoso poseen el mismo derecho para servir como elementos de trabajo (…) la vigencia de esa línea tradicional de concebir la realidad por el predominio del espacio, por la caracterización del ambiente y de los rasgos físicos. Tal es el caso de Manantial Santo de Rubén Sueldo Guevara (Cuzco, 1926); evoca la lucha clasista, el conflicto humano creado por intereses perversos, y es un trozo literario de la historia social una ojeada en la sierra sureña” (NdlR)

viernes, 9 de noviembre de 2012

Al fin

Por Beatriz Isabel Pontoriero

Laguna Azul

Atroz la revelación apocalíptica, si hubiera quedado algún sobreviviente para ser testigo de aquel hallazgo décadas después, cuando los terremotos hirieron los asfaltos con grietas que derrumbaron a los edificios sobre sus cimientos. Bloques resquebrajados de hormigón fueron arrastrados hasta las bocas inmensamente oscuras de los agujeros silenciosos. ¿Cuántos esqueletos humanos bajo metros de tierra y oscuridad? Cientos, miles, millones… Esqueletos que se convirtieron en polvo apenas el aire del exterior los rozó con su aliento. Esqueletos de victimas cuyas muertes nada tenían que ver con catástrofes como aquella.

lunes, 7 de mayo de 2012

Historias reales... y de las otras: La patita rota


 Por José Ángel Escalante Del Águila

Aquel año, en vacaciones nuestro padre nos había ofrecido llevar a toda la familia a Balsas, porque tenían que cosechar maní, mangos y ciruelas, que era su tiempo, esa noche no había dormido, porque yo era el más entusiasta por estar en Balsas, un lugar muy hermoso, que me trae muchos recuerdos familiares.

Nos habíamos levantado muy temprano, mi mamá y mis hermanas estaban haciendo el fiambre, que constaba de Papa revuelta con trozos de carne de chancho y arroz, luego lo envolvieron en unos manteles blancos, para después ser depositados en la alforja que llevaba todos los víveres.

miércoles, 4 de abril de 2012

Historias reales...y de las otras: Don Lino Bhur

 Por Palujo

. Lino Bhur es, y será por largo tiempo, el “tío Lino de Sucre”. No es tan joven, pero tampoco es un viejo, viejo. En su alforja, aunque nunca la muestra, lleva tantas ocurrencias que, si hubieran nacido en la misma época y lugar, le habría hecho seria competencia al gran contador de cuentos contumacino.

Sus estilos son diferentes; pero, para qué, como dicen: “lo que Dios le ha dado, no le quitará el demonio”.

En mi visita a Cajamarca, el 18 de marzo del presente año, bebimos, con un grupo de amigos, un par de cervezas, en el bar de Felipe Mariñas, luego de una mañana futbolística. Se encontraban allí, Horacio –hermano de Lino Bhur-, Coyo, Hugo, Edwin, Rómulo, Mago y otros paisanos, quienes me disculparán porque no recuerdo sus nombres.

viernes, 2 de marzo de 2012

Historias reales y... de las otras: Los suertudos

Escribe Jorge A. Chávez Silva, “Charro”

Lo primero que hizo el Clavi al encontrarnos aquella mañana es hacerme una pregunta que, según él, no lo había dejado dormir en toda la noche:

-A ver tú que te la das de sabihondo, dime, ¿Quién es el más lechero?

-¿Entre quiénes?- le respondí sin entender la pregunta.

-Entre el heredero universal y el único ganador del clásico de las cervezas.

-Me dejas en el espacio, mi querido Clavi –repliqué- ¿Y quiénes son esos dichosos seres?

-El heredero universal es el Piyuya y el único ganador del clásico de las cervezas es el Papo.

sábado, 28 de enero de 2012

Historias reales... y de las otras: No sólo en Lima se cuecen… colas


Por Palujo

NO SE CREA que en nuestro pueblo no hubo colas, ni tiempos difíciles. Una cosa son sus verdes campos, su profunda quebrada, en fin, su hermoso paisaje, y otra es la pobreza que sienta raíces y no se quiera desprender por más esfuerzos que sus pobladores hagan.


Hubo días, semanas, meses y hasta años que más parecían castigos de Dios. Si no eran los gobiernos de turno con sus idas y venidas, con su hiperinflación, su shock y no sé qué diablos más; eran las heladas, las sequías o las lluvias, los culpables de la escasez de productos de pan llevar.

miércoles, 18 de enero de 2012

Historias reales y..., de la otras: "Guardían de El Perol"

Por Franz Sánchez

El frio de sus vientos, los pastos hirsutos y la confusa neblina advierte a quien pisa sus territorios, que estas no son “tierras comunes”.

El hombre mira por los cerros y entre sus pendientes pronunciadas, esperando toda inexistencia de vida, cómo se despliegan niños jugueteando en la escalada. La risa de estas pequeñas criaturas, de las que no puede creer que sean personas, taladra sus sentidos.

martes, 22 de noviembre de 2011

Historias reales y..., de la otras: Apología del sobón

Por César Lévano

Diómedes Muchotrigo, llamémosle así, es un adulón innato. Y éste es, como se sabe, oficio muy socorrido en el Perú. Alguien reprochó a Diómedes su sobonería: “¿Cómo es posible, Diome, que te hayas arrimado a Fujimori, después a Toledo y ahora a Humala?”.

Diómedes respondió. “Yo no cambio. Los que cambian son los presidentes. Yo soy un hombre de una sola línea: siempre estoy con el gobierno”.

En el fondo, el sobón es un hombre que se enamora de quienes considera importantes, comenzando por él mismo. Lo que comienza como egolatría personal remata en idolatría a los poderosos.

Víctor Hurtado, antisobón comprobado, formuló hace años, en tono de chunga, un paralelo entre el mariscal Andrés Avelino Cáceres y el doctor Alan García. Ambos alcanzaban, según Hurtado, la misma grandeza, igual talla histórica: 1 metro 92 de estatura.

A los poderosos les agrada la adulación. El sobón lo sabe, y sus elogios brotan en pos de un lugar en el presupuesto, o, si ya lo tiene, consolidación en la planilla.
  “El Perú encierra dos elementos enemigos de todo régimen justo y liberal: oro y esclavos. El primero lo corrompe todo; el segundo está corrompido por sí mismo. El alma de un siervo rara vez alcanza a apreciar la santa libertad: se enfurece en los tumultos o se humilla en las cadenas”

También puede el adulón perseguir algo más reservado: anuncios comerciales, avisos para su periódico, radio o televisora. O algún tipo de granjería personal.

No hay que olvidar la frase de Simón Bolívar en su Carta de Jamaica: “El Perú encierra dos elementos enemigos de todo régimen justo y liberal: oro y esclavos. El primero lo corrompe todo; el segundo está corrompido por sí mismo. El alma de un siervo rara vez alcanza a apreciar la santa libertad: se enfurece en los tumultos o se humilla en las cadenas”.

En los tiempos de Bolívar no existía, sin embargo, la vasta red de medios de comunicación que hoy conocemos.

Por eso mismo, tanto la lisonja engañosa como la diatriba bajuna tienen ahora un efecto sumamente ponzoñoso. Tienden a encubrir la verdad, a nublar la razón colectiva. Amparan la estafa política y social.

En un célebre discurso, Walter Lippman, el columnista más leído de su época en Estados Unidos, aconsejó. “Debe haber siempre una distancia entre el príncipe (el gobernante) y el periodista. Porque el príncipe no soporta ni un minuto sin el elogio, ni una pausa para la crítica”.

El gran periodista, que era desde muy joven contertulio de los jefes de la Casa Blanca, sabía por qué lo afirmaba. El presidente Johnson dejó de invitarle a almorzar cuando el veterano Lippman criticó la invasión de Vietnam, por considerar que se estaban sacrificando vidas de jóvenes norteamericanos en un país en que no se jugaba nada significativo para los intereses de Estados Unidos.

Hay en el trabajo del sobón un desvalor agregado. Engaña al adulado mismo. El incienso impide a éste ver la realidad, valorar los procesos, saber en qué medida está actuando bien o mal. “Sigue no más”, le dice el adulete.

Justo en el momento en que el adulado se está lanzando al abismo.

Fuente: Editorial del diario La Primera, martes 22 de noviembre 2011

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Historias reales y..., de la otras: Chungos y batanes


Jorge Pereyra.  


Uno de los principales instrumentos de la cocina cajamarquina es el batán que siempre está al lado de su socio, el chungo.


De niño, recuerdo que me gustaba escuchar desde un extremo del patio el onomatopéyico y alegre diálogo que ambas piedras sostenían con motivo de la molienda: “chaqui chac, chaqui chac”…


Zoila Paloma, nuestra nodriza y empleada, molía con tal destreza lo que fuera que era todo un espectáculo verla moler. Y sus manos campesinas hacían cantar a los ajos, rocotos, maíces, cominos, huacatayes y perejiles. Luego, bajaban los indio pishgos y se posaban sobre el batán para dar cuenta de los rastros de comida que quedaban sobre él.

martes, 15 de noviembre de 2011

Historias reales y..., de la otras: EL AHORCAMIENTO

Autor: Virgilio Leetrigal
 
Victoriano, recorría la amplitud libre de su casa, en La Quinuilla, anexo del caserío Calconga, distrito El Huauco; y entonaba un huayno de “Los Errantes de Chuquibamba”: “Lloraré en silencio negra, hecho pedazos mi amor herido..."

Y... una mujer indignada, paradójicamente llamada Digna, lo interrumpió llamándolo:

— ¡Victorianooo!

— ¡Bueno! —dijo él.

— ¡Acércate!, mira esto —reclamó Digna, agitando con su diestra, unas hilachas retorcidas.

Ante la crispación de la mujer, Victoriano, se acercó a la alambrada o cerco de colindancia.

— ¿Qués eso? —preguntó.

jueves, 13 de octubre de 2011

Historias reales y..., de la otras: El gordo Johnny

Por: Elmer Castillo Díaz

La mañana calurosa avanzaba con pereza, el sol serrano daba de lleno a la humanidad de nuestro amigo Johnny. Con sus casi tres quintales y su metro ochenta, se aproximaba a la puerta de Centro de salud. Con ese andar inequívoco de malestar reflejado en su iracundo rostro. “Como duele este talón de mierda y encima este sol que jode”, pensaba. Su inmenso cuerpo traspasó la puerta y se dirigió a admisión para pedir cita con el único médico del pequeño pueblo. Lo extraño, pese a ser horas relativamente tempranas, era que el establecimiento se encontraba lleno. Observó con disimulo muchos semblantes decaídos y preocupados a su alrededor, niños llorosos, adultos y ancianos quejumbrosos. Y no sólo eran rostros conocidos, también totalmente desconocidas, de comunidades aledañas.

lunes, 3 de octubre de 2011

Historias reales y..., de la otras: Don Antonio

 Por: Nazario Chávez Aliaga.

Don Antonio ha dado órdenes terminantes para que se haga el rodeo de hacienda el mes de julio próximo.

Este año el 28 será sonado en Cajamarca.

Para lo cual se han constituido en la hacienda, él y su familia, debidamente equipados, con un cortejo de 20 a 30 indios, domésticos inmediatos del latifundio.

Amanece el 4 de julio.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Historias reales y..., de la otras: La mansión del amor (cuento)

Por: Jorge Chávez, "El Charro"
-
Se tejían muchas historias acerca de aquella casa. Algunos la relacionaban con la leyenda de las alegres mujeres de “Los Tres Ases”, y daban por seguro que las parrandas fabulosas que ponderaban nuestros abuelos sucedieron allí. Pero, en honor a la verdad, no fue esa la mansión del amor.


Algunas de las niñas de "Los tres ases" (Foto archivo del autor)
 Aquella casa era la más original y estaba situada en un extremo del pueblo. Todos la conocían como “la concertina” por su planta hexagonal. Estaba circundada por un amplio balcón cuyos balaustres tenían fragancias de rosales. Desde allí se contemplaba una pequeña laguna, cuyas aguas irisaban las brisas de la tarde. La gente le atribuía virtudes mágicas para el amor. Los jóvenes enamorados se arrullaban en sus orillas por las noches y los ganaderos llevaban a los animales en celo para que pudiesen procrear con felicidad.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Historias reales y..., de la otras: PERIPECIAS DE UN ENAMORADO

(Cuento)


Autor: Virgilio Leetrigal

Tenía cuarenta años, más una tienda bien surtida, en su pueblo El Huauco. Trigueño, de estatura mediana, diligente, bromista, respetuoso, halagador y piropeador; así era Crescencio Araujo, el protagonista de ésta historia.

Crescencio conoció a Florencia Zamora, mozuela natural de El Torno, anexo del distrito de Huacapampa. El Torno está a cuarenta minutos al norte de El Huauco. Para llegar allí hay hasta tres caminos: La “carretera vieja”, por El Isco y Huacapampa; la carretera "Misionera" y calles mismas de Huacapampa; y el antiguo que va pegado a los cerros. Este último, es de pendientes leves con rocas, pasto y suelo natural. Ciertamente, éste camino atravieza la campiña existente entre El Huauco y Huacapampa, pegado en buen tramo, a la base del cerro Lanchepata. Aproximadamente a la mitad de su recorrido, luego de cruzar al río El Verde, se emboca en una calleja de Chaquíl; y luego de atravesar este caserío, llega a El Torno.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Historias reales y..., de la otras: LA ESCALERA DE DON ISHCO



Por: Gutemberg Aliaga Zegarra

1

DON Zenobio Rocha requería de buena escalera para agarrar las goteras del tejado de su antañona casa.

—Présteme su escalera, don Ishco —habló suplicante.

—Allí está vecino. Llévelo nomá; pero tenga en cuenta, que si no lo trae, está privando de su gallinero a misa gallinas.

Pasaron veinte días, el faite y canta triste de Zenobio Rocha, de tanto canturrear por las tardes con su cumpa Delfín Camacho, se había olvidado de devolver la escalera y gallinero a la vez.

martes, 13 de septiembre de 2011

Historias reales y..., de la otras: Tres versiones del mismo microcuento

 Salomón y Azrael

Por Yalal Al-Din Rumi (1)

Un hombre vino muy temprano a presentarse en el palacio del profeta salomón, con el rostro pálido y los labios descoloridos.

Salomón le preguntó:

—¿Por qué estás en ese estado?

Y el hombre le respondió:

—Azrael, el ángel de la muerte, me ha dirigido una mirada impresionante, llena de cólera. ¡Manda al viento, por favor te lo suplico, que me lleve a la India para poner a salvo a mi cuerpo y mi alma!

Salomón mandó, pues, al viento que hiciera lo que pedía el hombre. Y, al día siguiente, el profeta preguntó a Azrael:

—¿Por qué has echado una mirada tan inquietante a ese hombre, que es un fiel? Le has causado tanto miedo que ha abandonado su patria.

Azrael respondió:

—Ha interpretado mal mi mirada. No lo miré con cólera, sino con asombro. Dios, en efecto, me había ordenado que fuese a tomar su vida en la India, y me dije: ¿Cómo podría, a menos que tuviese alas, trasladarse a la India?

viernes, 12 de agosto de 2011

Historias reales... y de las otras: Casualidad


  Por Rodolfo Salazar (Macaredo)

Dedicado a mi estimado amigo Tobías Montoya Collantes

Cruzo la avenida, en el momento que la luz verde del semáforo  permite el tránsito,  echo andar por la vereda anegada de agua por la llovizna persistente que se derrama por la ciudad. Sacudo mi cabeza por el estremecimiento del frío húmedo, de inmediato meto las manos en el bolsillo de la casaca de cuero para encontrar un poco de calor  y no exponerlo a las finísimas gota de agua que caen del cielo. Mis labios están morados, mis ojos empequeñecidos y mi mentón cuadriculado  por la gelidez del atardecer.

El manto gris del anochecer está llegando a cubrir la  ciudad en temprano atardecer, las luces de los postes  lanzan sus primeros rayos dispuestos a iluminar la oscuridad nocturna.

Tres noches atrás había soñado con una mujer que estaba vestida todo de negro; un pantalón  apretado al cuerpo, un abrigo largo de paño con  un cuello alto en forma de alas de murciélago,  su escote, cubierto con una cafarena del mismo color  y en la cabeza llevaba un gorro de hilo grueso  que la cubría  toda  incluida las orejas, sólo dejando ver de la  frente al mentón. Con estos recuerdos del sueño ingreso a Plaza norte para ver si puedo comprar algo  de ropa para el invierno.

Los escaparates iluminados por las luces de neón dan al ambiente ese brillo luminoso que todo centro comercial de la clase alta tiene, las señoritas  vendedoras, paradas al costado de los mostradores parecen  maniquíes de fibra de vidrio que muestran con elegancia lo mejor que posee cada tienda. Recorro la sección de vituallas; paso a la sección de artefactos mirando con curiosidad los precios de los televisores, computadoras y otros; me encuentro en la sección de calzado, en las vitrinas se muestran  los más lujosos zapatos, pero con los precios muy elevados; finalmente llego a la sección de ropa y de frente me dirijo  a los escaparates de casacas, tomo una de color marrón vicuña de piel de durazno  y en el mismo lugar me pruebo, como todo está perfecto para mi gusto, la tomo y me dirijo a la caja, pago y salgo con destino  a mi domicilio. En el recorrido por los corredores encuentro vitrinas llenas de los más sofisticados celulares con los precios y modelos para todos los bolsillos y gustos.

La llovizna se ha incrementado más y el frío se hace sentir muy intenso. Parado al costado de una vendedora ambulante espero la llegada de la línea 47, por lo visto se está demorando, el tiempo parece que se precipita, ya es demasiado tarde. El paradero como siempre lleno de pasajeros esperando a sus carros para abordarlos. Sigo esperando a la 47 que no llega, el frío está calando en mí, de pronto a unos metros más allá está la figura femenina, la misma que me atormenta, la misma del sueño, sólo que está de espaldas, quedo petrificado, no puede ser, es ella, no hay duda, es ella; también esperando su carro; sin saber cómo desaparece de mi vista. Me cuesta bastante encontrarlo, distinguirlo entre la muchedumbre, el vaivén de la gente me dificulta. De pronto, es la misma cabeza, con el gorrito inconfundible. El lugar se despejó, ella sigue parada, el mismo pantalón apretado al cuerpo, el abrigo largo de paño con  un cuello alto en forma de alas de murciélago,  el escote cubierto con una cafarena del mismo color y en la cabeza lleva el gorro de hilo grueso  que cubre  toda la cabeza, sólo dejando ver de la  frente al mentón.

Nos miramos en silencio, la mujer se ruboriza, levanta el bolso sobre el hombro, mantiene su sonrisa un segundo, está tratando de susurrar alguna palabra, pero no pude. Saca el pañuelo del bolso que está debajo de su brazo y la pone sobre el estornudo. Observo con mucha envidia que está vestida muy bien para la circunstancia. Se acerca más hacia mí y dice – tengo gripe. Pero eso no cuenta. No voy a contagiarle. ¿Usted también está esperando el carro?

– Sí le contesto, la 47 y ¿tú?
– Un Anconero, pero todos pasan repleto.
– ¿Trabajas por aquí?
– No, he venido hacer Shopping.
– ¿Acá a Plaza Norte?  
– No netamente, estaba por Metro, Saga, Totus, Plaza vea y acá. Y ¿Usted?
– Vine a comprar una casaca porque el invierno está muy crudo.
– ¡Qué me va a decir!, vivo cerca a la playa  y allí la humedad es más fuerte.
– ¿En qué lugar vives?
– En el balneario de Ancón y ¿Usted?
– Por la Urbanización Santa Ana que pertenece a Los Olivos.

Enfrascados en esta conversación, llegó la 47 y un Anconero y no lo abordamos y seguimos charlando. De pronto dice:

– Este frío necesita algo.
– ¿Un café o un  trago?
– Un café caliente abriga más.

Como si seríamos viejos amigos caminamos por las húmedas calles buscando un lugar  que sea cálido y acogedor para calentar los cuerpos. Llegamos al “Alisal”  y nos sentamos en una mesa pulcra y limpia.

– A propósito ¿Cómo te llaman?
– Tania y ¿A usted?
– Abel, simplemente Abel.
– ¿Cómo el de la biblia?
– Sí, así es.
– ¿A qué se dedica?
– A leer libros y  a ilustrar a los jóvenes. ¿Tú dónde trabajas o estudias?
– Vendiendo fruslerías  por todas partes, así me gano la vida.
– ¿Pero debe irte muy bien porque te veo con ropa elegante y cara?
– Para eso trabajo, para darme mis gustos.

Y con estos comentarios pedimos el café y seguimos charlando con amena sinceridad. 

En el cafetín nos preguntamos siempre qué tiene que tener la vida para que podamos decir “tiene sentido” y en la misma línea nos preguntamos ¿cuál es el papel de las casualidades en la vida y en su sentido?
Una de las conclusiones a la que llegamos es que la vida está llena de casualidades, las cuales podrían interpretarse como oportunidades de ir ajustando el sendero que se camina a diario, sobre la base de numerosas elecciones conscientes e inconscientes.
Entre los temas que nos ocupan en el cafetín, uno que siempre ha llamado nuestra atención es el final de una relación. Muchas veces, luego de años de cariño, pasión, deseo y armonía, la situación se termina desplomando, y el final lo marca la gota que derrama el vaso.
A continuación Tania dice,  le contaré lo que me pasó y marcó mi vida.
Imagino que tendría once  o doce  años cuando ingresé en el colegio.  No creo que tardara mucho en darme cuenta de que los tiernos días de la infancia en casa de los abuelos habían quedado definitivamente atrás y de algún modo debí de instruirme y que ser estudiante de secundaria  no  iba a ser un camino de rosas.  Bueno, digamos, un camino de baldosas amarillas, para ser más literarios. En aquellos días ocurrieron dos cosas de gran importancia para mí y que quizá me ayuden a explicarles porqué me encuentro hoy así. La primera de ellas, fue encontrarme por primera vez con el espejo en el lugar donde se encuentra un espejo  o sea en el tocador.  En un momento determinado el  espejo te descubre,  mostrando tu propio rostro,  tu propia figura,  que es en realidad el de otra. Ya lo conocerán, sí, él siempre estará presente. Apareció para quedarse y me quiso acompañar como un defecto evidente e insoportable que uno trata de ocultar. Y cuanto más trata de ocultarlo más grande y evidente se vuelve. El defecto fue mi imaginaria obesidad, el espejeo me mostraba: obesa, adiposa, rechoncha, mofletuda; al mirarme me veía como una chancha, llena de grasa e inflado los cachetes. Este motivó que no comiera y día tras día comencé a adelgazar hasta quedarme como un palo seco, sin carnes ni ganas de hacer algo, menos estudiar. Todos mis compañeros se burlaban y me pusieron el sobrenombre de “Palo de Chifa”. Un día con la ayuda de una Psicóloga decidí dar por terminada esta situación y ahora me ve como estoy.
El segundo hecho crucial de aquellos días no fue menos importante que contarle. Llegó por casualidad,  como la primavera, de repente, sin saberlo, y, de hecho, de primeras, me agradó. Me sentía adulta, mayor, como mi mamá, sí, de primeras me gustó la idea.  En el salón había un chico que era distinto a todos, era muy sociable y con él en poco tiempo nos hicimos amigos. Un día él me cuenta que está enamorado de Jimena y yo, para tratar de ayudarlo, se lo cuento a ella, pero me dice que no la quiere. Entonces, mientras todo sucede, me doy cuenta que me gustaba él, pero  sabía que no tenía ninguna oportunidad  porque estaba tan flaca que no me miraría con buenos ojos o mejor dicho con ojos de amor. Al principio pensé que me gustaba como un chico más, pero después me di cuenta que me había enamorado.
Había llovido el día antes al que  escapé a una  casa de playa con el pretexto  de meditar sobre mi primer amor. Los niños jugueteaban por la playa húmeda, también armaban muñequitos de arena. Los árboles se resignaban a la humedad de esa mañana y un pequeño y triste ruiseñor trinaba sus penas a su primer y último invierno. Una flor caía vencida por el frío y unas gotas de lluvia se resbalaban lento sobre la hoja verde de un abedul gigante. Giré a ver hacia la pequeña casita donde debía quedarme y meditar. ¡No puede ser!, mi amado  estaba allí, junto a la casa, llenando de promesas y esperanzas a mi corazón. Se quedó mirándome durante un momento. Luego siguió adelante, se acercó, me tomo las manos, nos miramos y ya no aguanté más, con una vehemencia furibunda me lancé a su cuello, lo besé apasionadamente y mi esencia  se desvaneció en sus brazos. Juan Carlos había correspondido mis besos, junto al gigante árbol de abedul, tomó nuevamente mis manos y las llevó a su pecho, besó mis cálidos labios y miró sin pestañear mis ojos negros que entonces tenían ganas de llorar. No pude refrenar el impulso de pedirle que se quede, de decirle que lo amo y de jurarle que siempre lo querría.
 De repente, salté hacia él, derribándolo sin dificultad. No hacía falta sujetarlo, porque no opuso resistencia. Sabía de sobras que era inútil. Su cuello era cálido, fragante. Sus latidos no se aceleraron, pero parecían más intensos, profundos, infinitos. La promesa de entregarle mi honra casi la hace enloquecer. Juan Carlos cerró los ojos y esbozó una tímida sonrisa. ¿Acaso lo estaba deseando?, temblaba, mis manos lánguidas, de largos dedos cristalinos, sujetaban con ternura la cabellera de Juan Carlos. El azul de sus ojos se tornó más pálido, hasta quedarse  cerrados. Cinco minutos entre la promesa y el goce de su piel. Cinco segundos de calor, de fuego, de miedo, de infinito deseo. Y cada segundo convirtiéndose en mil más y así sucesivamente, hasta que mis entrañas fueron satisfechas a plenitud por el hombre de mis sueños.
Después de varios años de voluptuosa relación, él finalmente se cansó y fijó sus ojos nuevamente en Jimena, que ahora sí la aceptó. Claro, a este punto ya estaba restablecida de mi delgadez, mas su indiferencia me causó gran dolor. Recuerdo que estaba en cuarto grado de secundaria  y por supuesto siempre estaban juntos. El resto de ese año me la pase esquivándolos y fingiendo que no estaba triste. Al siguiente año decidí vengarme de la vida, aceptar las relaciones sexuales con el que se presenta, de esa manera  creía que le estaba dando un escarmiento al hombre que amé y se fue con mi mejor amiga y poco a poco esto se fue haciendo costumbre, me acuesto con el que me da la gana sin  enamorarme.

– ¿Quieres decirme que te prostituyes?

– ¡No!, porque no cobro dinero, lo hago porque quiero, no por prostituirme, para vengarme de ese ser infame que me quitó todo, hasta las ganas de vivir y al que le di lo más preciado que  tiene una mujer, la honra y la ingenuidad de una adolescente.

Entre charla y café sin darnos cuenta se hizo muy tarde, ya tienen que cerrar el establecimiento. Salimos para tomar cada uno nuestros respectivos carros. Llegamos al paradero pero ya no hay la 47 ni un Anconero porque ha pasado sobradamente la media noche. Mi deber de caballero es acompañarla hasta que tome su carro, pero como no llega nos estamos enfriando nuevamente, y de pronto:

– Voy a descansar a un hotel, me dice.
– Sería lo mejor
– ¿Y usted?
– Cómo mi casa está cerca tomaré un taxi y ya está.
– Sí, pero antes acompáñeme a un hotel.

Nuevamente caminamos por las calles húmedas, pero esta vez un poco parcos, parece que las palabras se han terminado y ya no hay temas de que tratar.

Llegamos al hotel “Eros”.

Quiero retirarme y despedirme, pero Tania dice: – acompáñeme hasta instalarme y después se va. Un hotel simboliza la cúspide del deseo, el lugar adecuado para lo prohibido, el alquiler del espacio que permitirá despertar los sentidos entre la oscuridad. El hotel es el punto para que la soledad sea menos peligrosa; es la libertad y al mismo tiempo es la búsqueda de la intensidad. El hotel es como una ciudad; para conocerlo hay que perderse en él, en sus olores, en sus sábanas, en sus secretos que te invitan a las pasiones más lascivas que todo ser humano imagina

Comenzamos a buscar la habitación.  Pasamos  al primer piso y de acá al segundo piso, encontramos una doble puerta de auténtico cedro. En el dintel pintado de blanco y con luces opacas veo un número, el 206. Es curioso, ya estamos en el segundo piso y las puertas de las habitaciones comienzan desde el 200.  La puerta se abre silenciosamente cuando manipulo el picaporte. Dentro no se ve nada. Tanteo la pared hasta dar con el interruptor de la luz. Me encuentro en una amplia habitación. Hay una cama enorme pegada a la pared con un somier de madera laqueada. A ambos lados deben de estar las mesitas de noche. No puedo verlas porque están cubiertas por tapetes. La ventana tiene las cortinas corridas. Hay un barcito  forrado con manteles y sobre ellos encuentro unas  copas y una botella de vino, además un   libro. Me detengo delante de la ventana. Es curioso como ocurren algunas cosas. Todo alrededor del libro se encuentra bastante  pulcro.  Al contrario, el libro está asqueroso, está lleno de huellas y escritos con autógrafos y manoseado por muchos  lectores casuales. Este libro se llama Estudios genésicos.

 Tomados de las manos, nuestros deseos se encadenaron: Dos lunas y dos soles… Cuatro elementos mágicos penetraron en la habitación.

–  ¿Quiere quedarse, Abel?
–  Sí, por supuesto.
–  Venga…

Lo tomo de su grácil cintura, se llena mi cuerpo de una felicidad que no puedo explicar. Nos sumergimos en un universo oscuro, un universo negro, un universo helado y clandestino y envueltos en la pasión más lujuriosa nos amamos suavemente y sin prisas, descubriéndose en el calor de la piel el perfume de los cuerpos. Se funden nuestras almas. La ternura nos lleva hasta su éxtasis, con una mezcla de pasión y desesperación por ser uno solo, mientras la noche agota su oscuridad natural, bajo la débil luz de una lámpara detrás de las cortinas de gasa en tono crema tornasol. Nos miramos a los ojos, hasta el embeleso, mientras los suspiros se mezclan con el aire fresco en el silencio de la habitación. Ya relajados entre las sábanas revueltas el sueño nos rinde, abrazados como estamos, nos quedamos exhaustos y mudos.
      

Despierto por el alboroto de un grupo de personas que ingresan violentamente a la habitación. Estoy tirado, semidesnudo sobre la alfombra del piso del cuarto y al pie de la piesera de la cama, la batahola hiere mi cerebro, la cabeza me retumba como si sería martillado por el tropel de mil potros salvajes, pero por todo esto, quedo callado y con los ojos cerrados. Escucho decir: –  La  mujer no ha salido, busquémoslo en algún lugar. Una voz femenina lanza un gritito diciendo: – está debajo de la cama, también semidesnuda. La sacan y nos ponen sobre la cama, unos hombres acompañados por señoritas elegantes, nos revisan todo el cuerpo y después de darnos varios giros sobre la cama, vestirnos con nuestras ropas, manifiestan: no tienen nada, no les ha pasado nada, es raro, no se sabe qué pasó, y parece que no han ingerido nada. Nos miramos y una sonrisa se dibuja en nuestros labios al ver los vasos sobre el barcito, del que nadie se ha dado cuenta; pero mi cerebro seguía lastimado, no quería escuchar la más leve melodía, sólo pensando en la casualidad.
                                                                                                                               

domingo, 24 de julio de 2011

Historias reales y..., de la otras: Silvestre Mendo Carranza

 
Por: Secundino Silva Urquía.

Conversamos con él el 29 de junio del año 2009. En su lecho de enfermo de Villa María del Triunfo y a menos de un mes de su sensible fallecimiento, nos dio algunos datos acerca de su derrotero en este mundo y una de sus últimas imágenes en vida. Hemos estimado conveniente publicar la semblanza de Silvestre Mendo Carranza, como un homenaje postrero a quien fuera uno de los más productivos ciudadanos del ámbito rural de SUCRE.

 
Silvestre Mendo Carranza

Quienes impulsamos esta publicación, creemos que no solamente la vida de los intelectuales, profesionales, militares, empresarios o políticos, merecen notas de exclusividad, titulares o primeras planas. La de un humilde campesino puede tener tanta o mayor repercusión. La historia está en deuda con muchos héroes anónimos de extracción auténticamente popular.

 
Silvestre Mendo C. En su lecho de enfermo
(Foto ECO SUCRENSE 29-06-06)
 
NACIMIENTO Y ANCESTROS.

Nació en La Quinuilla el 31 de diciembre de 1934. Nieto de las primeras parejas que poblaron el lugar, sus abuelos paternos fueron: Mercedes Mendo Cabanillas (Matara) y Dorotea Urquía Zelada (Conga de Urquía); y los maternos: Moisés Carranza (La Encañada) y Rosa Cachay (Guañambra). Sus padres fueron los ya quinuillanos: Gerardo Mendo U. e Isabel Carranza Cachay.

Estudió en Calconga solo hasta tercer año de primaria, con cuya base siendo joven se atrevió a salir de su tierra natal, oficiando de comerciante entre Tacna y Toquepala; y entre Lima, Cajamarca y Chachapoyas.

Con poco más de veinte años, a fines de los años cincuenta se casó con Sabina Sánchez Silva, con quien tuvo ocho hijos. La carga familiar no fue del peso suficiente como para hacer de él un campesino común y corriente, resignado a solo labrar la tierra. El era alguien que tenía una visión de progreso para su pueblo. Su periplo y experiencia de comerciante seguramente lo forjó para la lucha, le otorgaron sensibilidad social y facilidad para desenvolverse y perfilarse más tarde como dirigente y líder campesino.

VELASCO, LA REFORMA AGRARIA Y SU PARTICIPACIÓN.

El golpe militar del Gral. Velasco en 1968, lo encontró con sus vitales 34 años. Estableció contactos con el Sistema Nacional de Movilización Social (SINAMOS) gracias a Neptalí Chávez Carranza, quien entonces ya residía en Cajamarca. Silvestre Mendo siempre resaltó el apoyo que este le dio en sus gestiones y pidió la gratitud del pueblo para él.

Era autodidacta, siempre leía los diarios en sus viajes a la ciudad, talvez por eso se enteró pronto de los objetivos y alcances de la Ley de Reforma Agraria del Gobierno Militar e inició la difícil tarea de organizar a los campesinos de la zona para fundar la “Cooperativa de Producción Agropecuaria La Florida”, con sede en La Quinuilla, de la que fue su primer Presidente. Su misión como Dirigente lo obligaba a realizar continuos viajes a Celendín, Cajamarca y Lima, y asistir a múltiples reuniones de campesinos de la provincia. De este modo los primeros años de la década de los setenta llegó a ser un experimentado orador y uno de los pocos que vivió y conoció de cerca la problemática del campesinado cajamarquino y peruano; condiciones de liderazgo que lo encumbraron, al importante cargo de Presidente de la Liga Agraria Provincial de Celendín, base de la Confederación Nacional Agraria (CNA). Se sabe que como tal, luchó contra la injusticia, la discriminación y exclusión a la clase campesina; y validó el respeto a su dignidad que dispuso el Gral. Velasco Alvarado, defenestrando del cargo por abuso de autoridad, a dos Subprefectos provinciales; a uno de ellos porque lo vio meterle un puntapié a un humilde campesino en el mercado de Celendín. Según contaba en sus memorias habladas, nunca en su vida había sentido tanta indignación contra el abuso, como en aquella ocasión; la que después fuera recompensada con satisfacción por la sanción a esa mala autoridad.

TINCAT: UN INTERESANTE PROYECTO QUE NO SE DIO:

El objetivo de que el gobierno adjudicara las tierras de la ex hacienda Tincat de propiedad de David Reyna, a la “Cooperativa de Producción Agropecuaria La Florida”, que Silvestre Mendo fundó no se dio. Pues la corrupción que siempre estuvo y está presente en las instituciones del estado, jugó su papel en contra; así las sobornadas autoridades del Ministerio de Agricultura de entonces reconocieron como beneficiarios a campesinos del entonces caserío Calconga, quienes a sugerencia del Ing. Carlos Mori, constituyeron a la hora undécima una organización a la que le denominaron “Grupo Campesino San Juan de Tincat”. Lo resto es historia conocida:

Los campesinos de Calconga recibieron las tierras y ganado de la ex hacienda Tincat. Su dirigencia, improvisada, sin visión y sin asesoramiento, se dejó llevar por los apetitos individualistas de la mayoría, desecharon al cooperativismo para marcar bien las diferencias, fundaron el caserío “San Juan de Tincat” y se repartieron las tierras. Paulatinamente fueron excavando zanjas y canales para drenar el agua de los pantanos del valle hacia el río Tincat; quemaran los totorales y sembraron heno. Todo esto en nombre de una supuestamente lucrativa actividad ganadera. Con la destrucción de casi toda la flora y fauna, produjeron un cambio dramático y daño irreparable en el ecosistema del valle del río Tincat; el ejemplo más patético es la extinción del cuy silvestre (“cuy illuay”). Sin embargo, el objetivo de progreso no se había alcanzado. Pues la mayoría de campesinos de la zona, no ha salido de la pobreza por sembrar heno y criar ganado. Los apenas setenta centavos de nuevo sol que las empresas INCALAC y CARNILAC les pagan por cada litro de leche, apenas cubren los costos de producción y sustentan su sobrevivencia.

Ver ese panorama siempre fue la gran frustración de Silvestre Mendo C. y también de Neptalí Chávez C. Pero mientras para el primero todo se consumó con estos hechos, para el segundo, la lucha debía continuar y apoyado por el también ya extinto campesino de Cajén llamado Inocente Rojas, emprendió una infructuosa pelea judicial con el “Grupo Campesino San Juan de Tincat” que duró desde fines de la década de los setenta hasta fines de la de los ochenta. Inocente Rojas tuvo la oportunidad incluso de llegar a palacio de gobierno y ser recibido por Alan García en el despacho presidencial en julio de 1986, pero ni eso ayudó a que la justicia fallara a su favor.

Finalmente en el gobierno de Alberto Fujimori, los ciudadanos de Calconga y Tincat recibieron sus títulos de Propiedad, consolidando definitivamente, incluso con la visita del ex Ministro de Agricultura Absalón Vásquez Villanueva, su derecho a la propiedad sobre los terrenos de la ex hacienda Tincat.

La partida de Silvestre Mendo Carranza, hace necesaria una explicación acerca de los objetivos de la organización campesina y comunal que él fundara al amparo de la Ley de Reforma Agraria: Convertir a Tincat y alrededores en propiedad de una empresa cooperativista, con varias Unidades de Producción: Crianza de ganado vacuno, ovino, auquénido; crianza de truchas; producción de lácteos, reforestación con especies maderables, etc.; de manera similar a lo que hoy es “La Cooperativa Agraria ATAHULPA JERUSALEN de Trabajadores Ltda. Cajamarca- Perú”. (“Granja Porcón”); pues la estructura estatutaria como organización cooperativista era la misma. Pero Tincat y alrededores por su menor altitud, cuenta con inmejorables condiciones climáticas y mayores especies de flora y fauna que la zona de Porcón que está a 3, 500 m.s.n.m. Estas ventajas, sumadas a su excelente ubicación en la ruta de viaje terrestre hacia Leymebamba y Kuelap, no solo hubieran facilitado la instalación de esas unidades de producción agropecuaria; sino que adicionalmente, hubiera permitido la construcción de un centro especial de ecoturismo y turismo vivencial, que le hubiera dado un valor agregado a esas tierras y mejores ingresos para los campesinos asociados.

VIDA Y OBRA DE SILVESTRE MENDO:

Silvestre Mendo C, luego de ver frustrado el proyecto cooperativista se presentó en una de las Asambleas del entonces “Grupo Campesino San Juan de Tincat”, previas a la repartición de tierras; forzó con su personalidad a que le dieran el uso de la palabra, para recomendar al grupo algo que se resume en la siguiente frase: “cuiden y den el mejor trato a esta herencia de la Reforma Agraria, porque otro General Velasco jamás volverá a nacer”. El grupo campesino no tomó en cuenta sus palabras, y de todas maneras hizo la lotización y repartición de las tierras. Un lote de terreno fue asignado para Silvestre Mendo en reconocimiento a su labor gestora o talvez para mellar la moral de un posible opositor. Para los amigos que lo apreciaban este fue su error. Ya que por este hecho le salieron detractores; precisamente del grupo de los que nunca apoyaron sus luchas y gestiones, so pretexto de que “estaba buscando la vida fácil en vez de trabajar”. Lo vapulearon subjetiva y malintencionadamente, deslizando el rumor de que había “traicionado a su pueblo a cambio de un pedazo de tierra”. Lo cierto es que él era un hombre realista, reconoció que después de hechos consumados ya nada se podía hacer. El tiempo se encargó de darle la razón, no solamente porque Neptalí Chávez C. e Inocente Rojas perdieron el juicio.

Ante los errores que pudo haber cometido, mayores fueron sus aciertos. Era un visionario y adelantado para su tiempo, incomprendido por una generación de campesinos de precaria formación, que no estaban preparados para entender que uno de ellos mismos se había superado y tenía la posibilidad de conducirlos por el camino del abandono a la pobreza. Fue un hombre de ideas solidarias, tolerante y con vocación de servicio a los demás. No temía a la crítica desleal o destructiva, a las injustas calumnias las tomó como de quien venían y afrontó el reto de vivir en su pueblo natal, La Quinuilla. Intentó hacer realidad parte de su más caro sueño a menor escala; así en los primeros años de la década de los ochenta fue el primero en introducir alpacas en el fundo de su hermano Pedro en Tincat, en gestionar la construcción de un canal de regadío para el mismo Tincat; y en reforestar gran parte de La Quinuilla y alrededores con plantaciones de pinos, eucaliptos, queñuales y cipreses, a través de una gestión que personalmente hizo en 1985, cediendo incluso gratuitamente el terreno de su casa para la instalación del vivero forestal.

Con la firmeza de sus convicciones participó en las asambleas para la elección de autoridades, y en casi todas resultaba democráticamente electo para alguna función. Además de dirigente campesino e impulsor cooperativista, fue Teniente Gobernador de La Quinuilla (1967- 1973); Juez de Paz, Presidente del “Club Deportivo San Juan Bautista” (1977- 1979) (*), Coordinador Provincial de las Rondas Campesinas(**), Presidente del Comité Central de Desarrollo del Pueblo (1991-1997), Presidente de la Junta Administradora del Agua Potable, Presidente del Comité Pro Construcción de la Iglesia (2002-2004), etc. Entendía que “el desarrollo de los pueblos es sinónimo de gestión y acción organizada”; por eso, como autoridad o ciudadano participó decididamente en la gestión y construcción de las más importantes obras de su pueblo: Desde la carretera Las Quinuilla - Cruzconga, el sistema de Agua potable, Puesto de Salud, local Comunal, la electrificación, la iglesia, la antena parabólica y últimamente la plataforma deportiva.

 
(**) Credencial de Silvestre Mendo.

COORDINADOR PROVINCIAL de las Rondas Campesinas
 
Supo cultivar muchas amistades. Cuando se trató de construir el progreso común para tres pueblos cercanos: Calconga, La Quinuilla y Tincat, inculcaba a la gente a olvidar rencores del pasado y trabajar unidos por el progreso. Así en la primera mitad de la década de los noventa, participó entusiastamente apoyando la gestión del proyecto de la construcción de la “Minicentral Hidroeléctrica de Cajapotrero”, cuyo Comité de Gestión lo presidía su hijo Arquímedes Mendo Silva, y también de un Colegio Secundario equidistante a estos tres anexos de Sucre, que era solución al problema económico de los padres de familia que podían evitarse los considerables gastos que significa solventar la educación de sus hijos en Sucre, Celendín o Cajamarca. El financiamiento de ambas obras se aprobó y en el caso de la minicentral, su ejecución se inició con el movimiento de tierras para las obras civiles. En el caso del colegio, las aulas se llegaron a construir y se techaron, cerca del paraje ”Agua Amarilla”, en Tincat. Actualmente, aún se ven huellas y ruinas de estas obras, como un monumento vergonzoso al individualismo y egoísmo de quienes miran con recelo injustificable a las propuestas y acciones de unidad de los pueblos, y hacen lo imposible por boicotearlas y destruirlas.

Podemos seguir dando algunos alcances más acerca de la vida y obra de Silvestre Mendo C, pero el espacio no lo permite.

 
Restos del colegio secundario en Tincat.
Un fallido intento de la integración educativa
para Calconga, La Quinuilla y Tincat.

 
Tincat y sus secos pastizales en el mes de agosto.
Al fondo la ex casa hacienda donde vivió David Reyna.

ENFERMEDAD Y DECESO.

Apático e indiferente a sus dolencias, casi nunca visitó al médico y como millones de hombres del campo nunca tuvo un seguro. Así cayó gravemente enfermo en mayo del presente año y resultó ser víctima de un cáncer generalizado. Fue llevado a Cajamarca, Trujillo y Lima, en cuya ciudad fue desahuciado en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas. Con gran resignación, su hijo Arquímedes lo regresó a su tierra natal en la que falleció a los 72 años, el pasado 19 de julio del presente año.

Se ha ido uno de los hombres más útiles y productivos del ámbito rural de Sucre. No sin razón el ex Alcalde Julio Juvenal Horna A. dijo alguna vez, que el distrito en su ámbito rural, tuvo dos importantes líderes en el siglo XX: Silvestre Mendo Carranza y su opositor, el también ex Teniente Gobernador de La Quinuilla Víctor Silva Sánchez; quien incluso fue uno más de los que le rindieron postrero homenaje en su velorio.

En su sepelio, además de sus familiares y amigos se hicieron presentes también varios pobladores de Calconga, San Juan de Tincat y otros anexos del distrito de Sucre, en loable gesto de homenaje y reconocimiento a quien trabajó y luchó para que en la vida tuvieran algo que les permita hacerla un tanto más llevadera.

SILVESTRE MENDO CARRANZA… DESCANZA EN PAZ.

Lima. Septiembre del 2006

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Notas:

(*). Ver Revista “El Labrador”, edición N°. 06 de 1997. Pág. 60. Artículo: Historia del Futbol sucrense…, de Elmer Castillo Díaz.
(**). Ver Credencial que se adjunta.
 
Fuente: Revista Ecosucrense

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