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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

lunes, 10 de diciembre de 2012

Narrativa: Alfonso Peláez Bazán, "Querencia" (Cuento)

Por Alfonso Peláez Bazán

Amarrado al tronco de un corpulento sapote viejo hermano de la choza de don Juan Chalcahuana, devora el mohíno su porción de fresca grama. Don Juan ¡valga Dios! cortó del borde de la acequia las plantas más verdes y lozanas.
Llévelo, pues, don Nemesio. Trato es trato. Ya sabe que todo de bueno tiene: manso, fuerte, bien avenido. En esta choza, señor, ¿quién podrá olvidarlo? Algo me consuela saber que pasa a buen "cristiano".

Don Nemesio Garrido se apresura a desatar el lazo del macizo tronco.
Ojalá que todo sea cierto, don Juan.

La mujer y los hijos de éste se van tras el burro hasta la tranca, que al abrirse y volver a cerrarse, cruje extrañamente...

El vocerío alegre de seis chicuelos y la bulla jubilosa de tres hermosos canes reciben una tarde a don Nemesio Garrido. Tras muchos días, vuelve de nuevo a casa.

Todos reparan inmediatamente en el burro “mohíno.
Es un magnífico burro, hijos míos.

Dos largas jornadas, atravesando la cuenca del Marañón, le han probado suficientemente a don Nemesio Garrido que, en efecto, dijo verdad don Juan Chalcahuana.

Luego se abre la tranca del extenso potrero para dar paso al burro de suave pelambre y bonachonas orejas. Allí se entropará con un caballo huaicho, un burro paclo, una vaca condorilla y un toro casullo. Y la cena humeante, junto al fuego rezongón, espera a don Nemesio Garrido.

Corrían los días. El gran burro mohíno soñaba en las tierras distantes y buenas… al tiempo que iba reconociendo todos los paraderos y todos los portillos.

Y la oportunidad no se hizo esperar demasiado. Una mañana, por el portillo más fácil, el burro mohíno saltó afuera del potrero.

Cuando don Nemesio Garrido, tras larga y afanosa búsqueda, encontró los rastros que hablaban, exclamó colérico:
Ah, era volvedor…

Tres días después llega don Nemesio Garrido a casa de don Juan Chalcahuana. Junto al gallardo sapote está el ínclito volvedor.
No me advirtió usted, don Juan, de tan fea maña…

Y don Juan responde con firmeza:

-No tuve ocasión de saberlo, don Nemesio. Era la primera vez que dejaba su querencia. Y quién iba a adivinar lo que había en sus adentros…


"devora el mohíno su porción de fresca grama..."

Con lentos giros mueve la cola el inefable burro.
Me lo llevaré siempre. Antes, sin embargo, tendremos que “sacarle” la querencia. ¿Usted “sabe” eso, don Juan?
No… Pero ya me lo imagino… responde afligido el viejo Chalcahuana.

Y en efecto, al otro día, junto a la tranca, le “sacaron” la querencia al desventurado burro. Por los belfos, por los ijares, por las ancas, se la “sacaron” sangrante.
Fuerte mal éste de la querencia, don Juan. Mas con “esto” no hay burro que no sane… y hasta la vista, don Juan.

Y partió don Nemesio, tirando de la ensangrentada soga, diríase que no un burro, sino una tragedia.

Dos días después, el caballo huaicho, el burro paclo, la vaca condorilla, y el toro casullo reciben de nuevo al burro mohíno. Se llenó de jubilosos gritos el extenso potrero.
Por si acaso, don Nemesio Garrido, reparó todos los portillos.

Todo hacía presumir que el burro mohíno ya no tendría más remedio que aceptar su suerte.
Don Nemesio habló a sus hijos de su gran terapéutica contra el mal de la querencia.

Más nadie estuvo en lo cierto… Ocurrió la noche de San Juan… Había en el cielo extraños resplandores. Por los cerros distantes, veíanse las fogatas litúrgicas y el viento hablaba de raros sortilegios.

En una contracción maravillosa de sus carnes, dio el gran mohíno un salto elástico, magnífico.
Desde el otro lado del cerco, las viejas heridas sonrieron triunfalmente y una tarde tibia, de un claro día, se oyó de pronto, frente a la tranca de don Juan Chalcahuana, un largo y alborozado rebuzno.
 Biografía:
 
Alfonso Peláez Bazán.- Nacional de Narrativa en su primera convocación, en 1944, nació y murió en Celendín (1904-96). Sus padres fueron don Eleuterio Peláez Portocarrero y doña Celia Bazán Velásquez.

Estudió primaria en Celendín y la secundaria en los colegios San José de Chiclayo y Guadalupe de Lima, que fueron escenario de sus primeras inquietudes, puesto que ya en aquel timepo incursionaba en el periodismo local.

Sus primeros años de vida transcurrieron en el campo, en las haciendas Chorobamba y Opaván, propiedad de sus padres. Allí nació su amor por la naturaleza y su identificación con el hombre del campo. Sus principales cuentos: “Querencia”, “Truhan” y “Maximino”, se inspiraron en aquellos lares.

Casado con la profesora Blanca Pérez Quevedo, tuvo ocho hijos. Su principal actividad fue la docencia y enseñó en el  colegio Celendín, que luego se llamó Javier Prado y, hoy Coronel Cortegana. Su identificación con los jóvenes fue proverbial. Fue subprefecto de Celendín en dos ocasiones. Su opción por los campesinos explotados, como fue el caso de los de la hacienda Pallán, y su inconformismo frente a lo incorrecto, hicieron fugaz su permanencia en el cargo.

El año 1944 se presenta al CONCURSO NACIONAL DE FOMENTO A LA CULTURA. El jurado calificador estuvo conformado por José María Arguedas y Clemente Palma entre otros. Alfonso Peláez Bazán al obtener la más alta calificación en el referido evento se hizo acreedor al máximo honor cultural en el campo de la literatura: PREMIO NACIONAL RICARDO PALMA. El Ministerio de Educación publicó entonces el libro "Tierra mía", que recoge su producción literaria de entonces, junto a las de Porfirio Meneses y de Francisco Izquierdo Ríos.

Tres cuentos fueron suficiente para darlo a conocer a nivel nacional: “Truhán”, “Querencia” y “Máximino”. Hermosas historias que fueron traducidos a varios idiomas y están insertos en antologías peruanas y americanas. Los libros de lectura y textos secundarios los tienen en sus páginas.

Las principales características de su estilo —según lo puntualiza José María Arguedas— son un admirable poder de síntesis y un manejo perfecto del idioma junto a su ancestral amor al terruño.

En vida sólo publicó las siguientes obras:

“Tierra Mía”, “Cuando recién se hace santo”, “Naticha”, “Reportaje en tres dimensiones”, “Espina de Maram”, “Sin título”.

Ha dejado novelas inéditas y una colección de cuentos, que incluye la hermosa historia “El niño y la mariposa” y los agudísimos relatos “El Chino” y “Los sobres”.

Al leer sus cuentos cobran vida inusitada el cerro, el río, la piedra, el campo; se siente fresco el aroma de las retamas, los eucaliptos, la leche recién ordeñada, el pan cocido en horno de barro; se escucha estentóreo el bramido del toro, el ladrar mañanero de un perro, el rebuzno del burro mohíno, el canto de la mozuela que lleva el ganado al bebedero; el griterío alegre de los niños; la voz ruda del hombre del campo. Y los niños, siempre los niños, dan la nota de ternura a las historias de don Alfonso Peláez Bazán, uno de los grandes talentos celendinos.

Recientemente en el  XI Encuentro Nacional de Escritores "Manuel Baquerizo" realizado en Cajamarca se le rindió merecido homenaje a cargo del poeta, también celendino, Jorge Horna. Estuvo presente en este importante evento el señor  Guillermo Peláez Pérez. 

HOMENAJE:

En el presente artículo hay una muestra ejemplar de ternura y cariño filiales, a la par de una semblanza y una aproximación a la filosofía vital de un personaje valioso para la intelectualidad celendina en el contexto de la literatura y la cultura. (Notade redacción. Trotamundos)

 ALFONSO PELÁEZ BAZÁN

                                              Escribe: Luis Alberto Peláez Pérez

Murió humilde y silenciosamente, como había vivido, con dignidad, sin aferrarse a la vida, llevándose  tan sólo la imborrable imagen de su tierra querida, junto al amor de todos sus hijos.

Quienes hayan leído con detenimiento ese hermoso e inigualable cuento que ha perennizado su nombre en la literatura latinoamericana –QUERENCIA-, deben de haber descubierto que su autor se retrató en el personaje central del relato, el humilde y pertinaz “mohíno” de don Juan Chalcahuana, el “ínclito volvedor”.

Sus alumnos le recuerdan con afecto y admiración. Él les enseñó con el ejemplo dos actitudes humanas sencillas: amar al terruño y vivir con humildad. Y les enseñó que conquistar la humildad y vivir conforme a ella, es uno de los más grandes logros del hombre y talvez el mejor camino en pos de la belleza.

No recuerdo a mi padre buscando un status que le diera holgura material, tampoco envidiando los éxitos de los demás, menos simulando una condición de la que careciera. Era verdaderamente, en el más exacto y elevado sentido de la expresión, un artista excepcional, un ilustre humilde.

Esa condición humana, asumida con convicción de su trascendencia, también le llevó a humanizar, a convertir en personajes humanos de su narrativa a los animales, colocándolos al centro de un mundo bucólico reflejo de  ese otro que él había escogido en reemplazo de las urbes esplendorosas que otro celendino, Armando Bazán, gemelo espiritual suyo, escogió para realizarse como escritor.

 Y así, el burro “Mohíno”, “Truhán” y el “Toro Bayo” –un burro querencioso, un perro inconforme y vagabundo y un toro “paradigma de una eglógica heroicidad”- se convierten en tres expresiones de su propia dimensión esencial.

 Muchos se preguntan: ¿cómo puede este destacado hombre de letras, escritor de prestigio internacional, resignarse a vivir en pueblo pequeño, demasiado quedo y sencillo? ¿Quedarse a vivir en él haciendo las cosas más comunes y hasta tribales y mundanas : caminar incansablemente, libro bajo el brazo, por los caminos de su campiña sin par; sentarse en su plaza principal, horas y horas sin hacer nada visible, dejando viajar a su espíritu por lontananza; jugar noches enteras a las cartas con las gentes más sencillas pero más humanas  de su pueblo; dialogar intensamente con personajes extraños o desvalidos, mirándoles a los ojos; seguir de cerca la travesía humana y espiritual de sus jóvenes alumnos; criticar aceradamente la incuria y la insensibilidad de algunas autoridades pueblerinas…?

A esas personas que así se interrogaban, yo puedo decirles que leyendo sus cuentos y narraciones encontrarán la respuesta a su inquietud. Podrán, por ejemplo, descubrir que el escritor es el más esforzado y sufrido trabajador del espíritu en su empeño por crear la belleza.

Sólo viviendo así se podía producir un cuento como QUERENCIA, que ha dado la vuelta al mundo y figura en las más exigentes antologías de la narrativa de habla castellana, con traducciones en varios idiomas; pues en ese cuento el escritor volcó toda su filosofía de vida, su arte y su amor.

El mohíno, “el ínclito volvedor” de la choza de don Juan Chalcahuana, es nada menos que el mismísimo creador que sólo se aleja transitoriamente del terruño amado y retorna a él porfiadamente atraído por la fuerza telúrica, el paisaje, las gentes que conocía, sus costumbres, su modo de vivir… Nada hay que se le pueda apartar definitivamente de esa suerte de paraíso que descubrió para dar entorno y sustento a su vida y a su estro narrativo.

Como el “mohíno” de su cuento QUERENCIA, nunca dejó que le apartaran de Celendín y murió en él queda, tranquila y humildemente. Sin duda, el día que alguien se decida a escribir la historia de este pueblo, reconocerá en el malogrado escritor al personaje más auténtico y representativo de Celendín.
 
Esta semblanza aconsejada por el amor filial, talvez no sería completa si olvidara recordar uno de sus gestos característicos, en el aula o en la calle: el deliberado desaliño de su cabellera, desaliño promovido intencionadamente y a despecho de quienes le observaran; el desaliño que perenniza un gesto contrario a la formalidad habitual de las gentes; un gesto que no era otra cosa que una forma sencilla pero simbólica de protesta contra la fatua formalidad. La sensibilidad de sus alumnos lo habían descubierto y consideran hasta ahora ese gesto como un símbolo de insondable personalidad.

 He recordado en estas líneas, con amor y gratitud, a mi padre y maestro de vida.

(TOMADO DE “EL TOTAMUNDOS”. REVISTA DE ASOCIACIÓN CELENDINA, No.4. Lima 1996) 
NOTA: Cualquier información acerca del autor celendino podría encontrarlo en la página web Celendín Pueblo Mágico o en el Blog Espina de Maram.


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