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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas
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miércoles, 4 de abril de 2018

Publicaciones: “Sin Título”, Por Alfonso Peláez Bazán (II)

"He aquí un conjunto bastante raro. Tan raro que no ha sido posible encontrarle un nombre. Crónicas, cartas, cuentos, reportajes, estampas, discursos. Una verdadera miscelánea. No hubo para su formación ni propósito ni plan preconcebido. Cada cosa-reportaje, cuento o comentario tuvo su natural y oportuna motivación. Un día un reportaje, otro un cuento o un discurso. Finalmente, el paternal deseo de juntarlos"

(...)

Así inicia el primer párrafo de su prólogo a su libro "Sin Título" el que escribiera en su cuento, LAS HUERTAS DE DON EUGENIO VERA, algo que describe el amor por su pueblo, principalmente por los desposeídos (Acordémonos también de su CAFÉ AL PASO, por ejemplo):

"Mientras todos duermen beatíficamente;
Mientras afuera caen los azares al beso de la luna;
Mientras el viento reza extrañas oraciones,
Yo entrego mi corazón al dolor del mundo"

Y queremos, con la publicación de este primer párrafo, y por la coyuntura política, ya que habla del partido de la estrella, presentar dos de sus textos entintados en las páginas 37, 38 y 93 del libro.

SIN TÍTULO

NOSTALGIA POR LAS TIRANÍAS

Cuando el señor Armando Villanueva, Secretario General del PAP, contradice al Presidente Belaúnde en la apreciación que éste tiene sobre las guerrillas, parece que estuviera insinuando algo. El señor Villanueva abunda en ejemplos de países democráticos en donde -a pesar de eso- se han presentado y prosperado las guerrillas. Paralelamente, cita países gobernados por tiranos en donde -presisamente por eso- nunca se presentaron tales fenómenos. A través de un raciocinio simplísimo se llega a una clara conclusión; no convienen los gobiernos democráticos porque dan lugar a las guerrillas, que son grave amenaza para los gobiernos... En la Cochinchina, en Senegal o en Alaska la conclusión es la misma.

El señor Villanueva, por lo visto, ignora que un buen gobernante, además de ser un demócrata, debe tener un gran sentido humano. Debe tener un conocimiento profundo de los hombres y de las cosas. Todo lo cual equivale a decir que debe tener amor, mucho amor, a su patria. No es, pues, solo cuestión de leyes y mandatos.

Posiblemente, como afirma el Sr, Villanueva, nunca se presentan las guerrillas en los países gobernados por tiranos. Pero hay algo peor: envilecimiento. Las guerrillas, al fin y al cabo, pueden ser terminadas, pero el envilecimiento, que es la desgracia mayor de un país, no se remedia jamás. Es, pues, inaudito desear que un gobernante demócrata se convierta en un tirano porque se presentan inevitables fenómenos sociales como el de las guerrillas.

Se diría que los líderes del partido aprista van sintiendo ya la nostalgia de las tiranías... Como la del Sr. Odría, por ejemplo. ¿Verdad Sr. Villanueva?...

Sí, nostalgia es la palabra que explica tantas cosas paradójicas del apra.

POLÍTICA Y GRAMATICA

Un diputado aprista (no hace falta nombrarlo) habló hace pocos días en su Cámara de la necesidad de aplicar las más duras penas a los delincuentes políticos (Expreso Noviembre 14 de 1965). Se refería -únicamente- a los extremistas o comunistas. La frase, sin embargo, resulta defectuosa.

Los delincuentes políticos -así, con el artículo determinativo- los, tiene un sentido de generalidad. Un sentido que comprende toda la gama de delitos políticos: los que atentan contra el orden público y los que atentan contra el orden moral de la sociedad. Y no es eso, precisamente, lo que quiso significar el señor representante.

Debió, entonces, emplear, en vez del determinativo los, el demostrativo ese (adjetivo). Debió pedir castigo para esos delincuentes políticos. Habría quedado así perfectamente delimitado el deseo del ilustre diputado.


Salvo que éste crea sinceramente que no hay más delincuentes políticos que los extremistas o comunista. Que crea sinceramente que, fuera de éstos, todos los demás políticos son querubes y serafines.

viernes, 23 de marzo de 2018

Publicaciones: “Sin Título”, Por Alfonso Peláez Bazán (I)

Lo recuerdo con claridad, como si hoy mismo lo estaría escuchando. Hasta ahora la tengo grabada. Imaginé la escena: el campesino tras el cerco de pencas, de poncho bayo igual que el que me regaló mi abuelo, los animales saliendo en tropel, idéntica a nuestra salida del colegio al terminar un día de clase (lo digo por lo traviesos y divertidos), y al profesor, feliz, observándolo todo, esperando las metáforas de los labios de don Sisostres o las sabias palabras de don Leandro Zegarra.



Fueron los años los que escondieron este recuerdo que hoy aparece nítido.

La lectura de la anécdota, la escena de la conversación leída y el libro de colores pálidos, tenues, en manos del profesor de clase que leía emocionado, como si fuera él el que hubiera redactado el texto o escuchado al campesino.

Busqué el libro por las librerías de Celendín, Sucre y otros lugares; algunos, al preguntarles, me miraban sorprendidos. No creían que existiera. Hasta la bibliotecaria de la provincia me dijo que consulte bien porque, seguramente, ese no es el título.

Ahora lo tengo en mis manos, deshojándolo como mi profesor, con cariño; esperando terminar su lectura para compartir con ustedes, queridos amigos. Lo encontré en el lugar que, pensé, no estaría: en la biblioteca de mi sobrino Kike Chávez, un lector empedernido. Cómo pude ser tan tonto, me dije, la biblioteca en mis narices y yo buscando por otros lugares. “La curiosidad mató al gato”, reza una expresión popular, en mi caso fue todo lo contrario: me alimentó. ¿Será por eso que estoy gordo? ¿Ustedes creen que la lectura engorde? Bueno, bueno, eso es otra cosa; dejémonos de bromas que hoy estamos para presentar los textos del libro “Sin título” de don Alfonso Peláez Bazán. (NdlR)


“Sín Título”

Por Alfonso Peláez Bazán

Del paisaje Peruano
EL DÍA EN DOS METÁFORAS

Un alegre sendero, poblado de mariposas y avecillas, une las poblaciones de Celendín, Huacapampa y Sucre. A ambos lados de aquél, hay pequeñas propiedades con sus casitas de paredes blancas y techos rosados.

Las gentes son afanosas e inteligentes. Quedan todavía entre ellas algunos viejos magníficos que ordinariamente se expresan en hermosas y cabales metáforas. Se diría que viven en función de metáforas.

“Haciendo la vía…”, llegamos junto con el alba a la casa de don Sisostres Zegarra, para quien no parecen ser carga pesada sus ochenta y pico de años. Desde la cerca de pencas, le dimos en voz alta los buenos días.

El momento es hermoso y reconciliador. En bullicioso y desordenado tropel, una heterogénea fauna abandona el espacioso corral. Mientras de las “cargadoras” y de los árboles, en cortos vuelos, bajan las cariocas, las papujas y las polancas. Alegres, “Sultán”, “Rayo” y “Terrible” reparten rápidos mordiscos a diestra y siniestra.

Clara y vigorosa, se oye en medio del bullicio la voz de don Sisostres: “¡Abre las trancas, Ezequiel”! —“¡Tú, Celinda, separa los becerros!” —“Isidro, arrea las mulas al rastrojo” —“¡Saca el yugo y desata las coyuntas, Ideal!” —“¡Crisálida, el maíz para las aves!”. —Voy yo a abrir la compuerta!”.

Pronto estuvimos al lado del viejo.

—¿Y qué tal, don Sisostres?...

Este nos mira y responde al instante:

—Aquí mi señor, como Ud., lo ve, soltando el día…

Sonriendo amablemente, repetimos la frase:

—Soltando el día…

Minutos después, cuando las pampas y laderas resplandecen hermosas bajo el sol, nos alejamos del solar jocundo.

De regreso por la tarde —con las últimas luces— alcanzamos a encontrar a don Sisostres dando las últimas “rayas”. Los bueyes parecen más lentos y pesados.

—Uss… Uss… Tess… Tess…

Por supuesto que no podíamos pasar sin darle la voz. —¡Hola, don Sisostres!... dándole siempre duro usted…

Sin soltar el arado ni mirarnos, grave, casi solemne, nos contesta:

—Aquí, mi señor, empujando la tarde…

Sin sonreir ahora, no podemos menos que repetir la frase.

—Empujando la tarde…

Y tras unos segundos de silencio, dijimos adiós a don Sisostres Zegarra.

Páginas 15 y 16 del libro “Sin Título”.

REPORTAJE A DON
LEANDRO ZEGARRA

No esperéis saber de un personaje importante de la política, de la ciencia o de las artes. No. Don Leandro Zegarra es solo un rudo labrador, de quien, sin embargo, hemos querido obtener unas respuestas sobre un problema de palpitante actualidad nacional: la huelga magisterial.

Por lo demás, a nadie debe sorprender que entre las gentes modestas, haya casi siempre el mejor discernimiento y la mejor disposición para el bien. Tenemos un hecho innegable: los refranes han salido del pueblo. Y los refranes no son simples frases académicas o literarias, sino magníficos cofres de virtud y sabiduría.

Por eso hemos creído conveniente acercarnos a un hijo del pueblo para hacerle dos o tres preguntas sobre la referida huelga. Orgullosos de tener un compatriota como don Leandro Zegarra, reproducimos el breve diálogo que con él sostuvimos un atardecer hermoso al borde de su chacra.

—Buenas tardes, don Leandro. Disculpe que vengamos a distraerlo de sus labores. Pero nos interesan unas respuestas suyas. Le prometemos ser breves.

—Muy buenas tardes, señores—. Y al tiempo de secarse con la manga el sudor de la frente y dejar la lampa—: Estoy a vuestras órdenes.

Nos acercamos un poco más al espinoso cerco y le hacemos la primera pregunta, que, en verdad, nos salió infortunada.

—¿Está Ud. enterado, don Leandro, de la huelga de maestros en toda la república?...

Don Leandro toma un aire de extrañeza y nos responde al instante:

—Pero, señores… ¿No sabían ustedes que soy padre de varios hijos que aun cursan estudios en las escuelas y colegios?

—Disculpe, don Leandro. Cuestión de forma, quizá.

—Comprendo, señores. Estoy, pues, a vuestras órdenes.

-Díganos, don Leandro, ¿qué concepto le merece la extrema actitud tomada por el Magisterio Nacional?

Don Leandro nos mira fijamente y al instante nos da la respuesta:

—Sí, extrema actitud. Pero pienso yo que no quedaba otro remedio… Pues, según aseguran los maestros, desde hace años solo recibían ofertas… Y así, de tal forma, no solo que se cometía contra los maestros una injusticia, sino que, al mismo tiempo, se daba un desdichado ejemplo de incumplimiento y desconsideración… Estos son mis pensamientos, señores.

Nos llenamos de admiración y cariño por este hombre del pueblo y lo abrazamos efusivamente.

Un silencio grave nos envuelve en medio de la serenidad del campo.

Al cabo hacemos la tercera pregunta:

—¿Y cree Ud., don Leandro, que, en aras de la niñez y la juventud, debe el Magisterio deponer su actitud, sin antes ver satisfechas sus justas expectativas?...

—Don Leandro se afirma en el terreno y abriendo enérgico los ojos, exclama:

—No se imagine, señor, que voy a responderle en sentido afirmativo, no. Ni honrosa sería tal determinación. Aparte del fracaso que ello significaría, vendría a ser un mal ejemplo para nuestros hijos y para la ciudadanía en general. Un mal ejemplo, señor.

—Desde luego, don Leandro.

—Nuestros hijos necesitan —y muy urgentemente- lecciones vivas de dignidad, de valor y de sacrificio. Queremos hijos que más tarde sepan luchar por la verdad y el bien. Hijos que dignifiquen a la Patria y a la Humanidad.

—¡Oh!... ¡Qué cosas más hermosas dice Ud., don Leandro.

—Es hermoso, señor, todo lo que sale del corazón…

No tiene límites nuestra admiración por este hombre rudo y franco. Deseándole una larga vida para el bien de los suyos y de la Patria, nos despedimos con un fuerte abrazo.

Páginas 83, 84 y 85 del libro “Sin Título”.

Continuará…
Alfonso Peláez Bazán.

Este gran escritor, ganador del Premio Nacional de Narrativa en su primera convocación, en 1944, nació y murió en Celendín (1904-96). Sus padres fueron don Eleuterio Peláez Portocarrero y doña Celia Bazán Velásquez.

Estudió primaria en Celendín y la secundaria en los colegios San José de Chiclayo y Guadalupe de Lima, que fueron escenario de sus primeras inquietudes, puesto que ya en aquel tiempo incursionaba en el periodismo local.

Sus primeros años de vida transcurrieron en el campo, en las haciendas Chorobamba y Opaván, propiedad de sus padres. Allí nació su amor por la naturaleza y su identificación con el hombre del campo. Sus principales cuentos: “Querencia”, “Truhan” y “Maximino”, se inspiraron en aquellos lares.

Casado con la profesora Blanca Pérez Quevedo, tuvo ocho hijos. Su principal actividad fue la docencia y enseñó en el colegio Celendín, que luego se llamó Javier Prado y, hoy Coronel Cortegana. Su identificación con los jóvenes fue proverbial. Fue subprefecto de Celendín en dos ocasiones. Su opción por los campesinos explotados, como fue el caso de los de la hacienda Pallán, y su inconformismo frente a lo incorrecto, hicieron fugaz su permanencia en el cargo.

El año 1944 se presenta al CONCURSO NACIONAL DE FOMENTO A LA CULTURA. El jurado calificador estuvo conformado por José María Arguedas y Clemente Palma entre otros. Alfonso Peláez Bazán al obtener la más alta calificación en el referido evento se hizo acreedor al máximo honor cultural en el campo de la literatura: PREMIO NACIONAL RICARDO PALMA. El Ministerio de Educación publicó entonces el libro "Tierra mía", que recoge su producción literaria de entonces, junto a las de Porfirio Meneses y de Francisco Izquierdo Ríos.

Tres cuentos fueron suficiente para darlo a conocer a nivel nacional: “Truhán”, “Querencia” y “Máximino”. Hermosas historias que fueron traducidos a varios idiomas y están insertos en antologías peruanas y americanas. Los libros de lectura y textos secundarios los tienen en sus páginas.

Las principales características de su estilo -según lo puntualiza José María Arguedas- son un admirable poder de síntesis y un manejo perfecto del idioma junto a su ancestral amor al terruño.

En vida sólo publicó las siguientes obras:

“Tierra Mía”, “Cuando recién se hace santo”, “Naticha”, “Reportaje en tres dimensiones”, “Espina de Maram”, “Sin título”.

Ha dejado novelas inéditas y una colección de cuentos, que incluye la hermosa historia “El niño y la mariposa” y los agudísimos relatos “El Chino” y “Los sobres”.

sábado, 18 de febrero de 2017

Narrativa: Un burro magistral, por Alfonso Peláez Bazán

Narrativa: Muchas veces los animalitos, con los que convivimos en este mundo, nos hacen reflexionar y hasta nos dan ejemplo de comportamiento, nos enseñan. Este podría ser el caso de un borriquito al que no le gustó que nuestro primer escritor celendino, un hombre inteligente, interrumpiera su camino. El texto fue publicado en 1986 por la revista "Fulgor" que el Instituto Superior Pedagógico "Aristides Merino" editó por sus "Bodas de Plata". (NdlR)


En las carreteras o sendas anchas inmediatas a las poblaciones, el paso continuo de las gentes forma caminitos llanos, suaves, aunque estrechos. Para el caminante resulta un alivio, y hasta un placer.

Un día, de regreso a la ciudad, después de mi habitual paseo por el campo, me ocurrió algo extraordinario y despampanante, en relación con aquellos caminitos. Algo para recordarlo siempre.

El hecho ocurrió en la "Avenida Amazonas" de mi tierra (que de avenida no tiene nada). Y fue a la hora en que los campesinos que vinieron a la ciudad por la mañana, vuelven contentos a sus lares, a veces, entonando bucólicas canciones.

Aquella tarde, como lo hacia siempre, tome uno de los caminitos que el diario caminar de las gentes ha formado en aquel estrecho de la carretera al río Marañón. Desde cierta distancia advertí que por el mismo caminito, en dirección contraria a la mía, venia un burro cargado de alforjas y cestos vacíos. Su paso era calmado, tranquilo.

A medida que se acortaba la distancia, yo iba descubriendo las excelentes condiciones del burro: tierno aún, bien formado, pardo oscuro el color, lustrosa la pelambre, ojos claros y profundos, avizoras las orejas, firme y segura la pisada. Era un burro de estimación, como suelen calificar las gentes a los animales que, afortunadamente, reúnen buenas cualidades.

Unos segundos más y solo nos separaba un paso. Y ahí paramos en seco, el burro y yo, el uno frente al otro. Nos miramos, con sorpresa primero, y luego con hostilidad.

Todo parecía indicar que jamás, por nada del mundo, iba a ocurrir que uno de nosotros - el burro y yo- cediera el paso. Se había producido un rotundo enfrentamiento, y que no por insólito, era desestimable.

Así pasaron largos y tensos instantes, hasta que llegó el retrasado e incauto dueño, quien aplicó a su burro fuerte y sonora palmada en el anca. El burro entonces se salió del caminito, volvió a entrar en aquél. Problema resuelto, pensé orgullosamente.

Mas no estuve en lo cierto. Mi accidental contrincante, al tiempo de reiniciar la marcha, consideró del caso, muy del caso, aplicarme, aunque sin ferocidad ni alarde, una fuerte patada en las posaderas... haciéndome avanzar dos o tres pasos, hasta hacerme caer finalmente fuera de la carretera.

Incorporado apenas sobre el duro suelo, me quedé mirando - sin rencor ni soberbia- a aquel extraordinario burro que tan sabiamente supo castigar la descortesía y la petulancia de un infeliz mortal.


Chungo y batán...

jueves, 5 de septiembre de 2013

Narrativa: Alfonso Peláez Bazán, ESTAMPAS DEL MARAÑÓN

Publicamos una nota informativa sobre el libro Tierra Mía de don Alfonso Peláez Bazán, uno de los primeros escritores celendinos que ha publicado varios libros de relatos y cuentos.

La referida glosa ha aparecido en el diario de circulación nacional LA PRIMERA, trinchera de la prensa independiente y popular, el día domingo 5 de setiembre del presente año.

lunes, 2 de septiembre de 2013

A LA VITALIDAD LITERARIA DE DON ALFONSO PELÁEZ BAZÁN

La revista “Bellamar” No. 7 editada en Chimbote por la Universidad Nacional del Santa, publicó la siguiente entrevista a don Alfonso Peláez Bazán, realizada en Celendín el año 1992.

 Carátula de la revista donde se publicó la entrevista.

ENTREVISTA A DON ALFONSO PELÁEZ

Leonidas Delgado León

Por especial encargo del director de la revista “Bellamar”, he realizado un largo viaje recorriendo valles y luego bordeando los Andes de la sierra norte del Perú, cuya vegetación en esta época del año semejan alfombras multicolores, que llenan de indescriptible emotividad a todos los visitantes, hasta llegar a este maravilloso pueblo andino, Celendín, tierra que tiene historia propia, porque sus habitantes conservan sus usos y costumbres: todos saludan amablemente y responden  mis preguntas. Me hallo tocando la puerta signada con el número 713 en la calle José Gálvez en busca de nuestro personaje, y acude al llamado, precisamente, don Alfonso Peláez, a quien deseamos entrevistar.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Narrativa: Alfonso Peláez Bazán, "Querencia" (Cuento)

Por Alfonso Peláez Bazán

Amarrado al tronco de un corpulento sapote —viejo hermano de la choza de don Juan Chalcahuana—, devora el mohíno su porción de fresca grama. Don Juan —¡valga Dios!— cortó del borde de la acequia las plantas más verdes y lozanas.
—Llévelo, pues, don Nemesio. Trato es trato. Ya sabe que todo de bueno tiene: manso, fuerte, bien avenido. En esta choza, señor, ¿quién podrá olvidarlo? Algo me consuela saber que pasa a buen "cristiano".

viernes, 5 de marzo de 2010

Publicaciones: REEDICIÓN DE TIERRA MÍA, Alfonso Peláez Bazán

REEDICIÓN DE TIERRA MÍA


El libro de cuentos Tierra mía del narrador celendino Alfonso Peláez Bazán fue publicado por primera vez el año 1946, en Lima, por la Dirección de Educación Artística y Extensión Cultural del Ministerio respectivo.

A partir de la aparición de este libro, los relatos y cuentos que lo conforman han sido dados a conocer de modo disperso en revistas celendinas. Uno de los que tiene notoriedad por su calidad es “Querencia”, un cuento considerado de antología, y en diversos libros de texto para Primaria y Secundaria está incluido, mostrando su vigor telúrico y su profunda atmósfera conmovedora.

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