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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

martes, 26 de abril de 2011

Poema LXV de Trílce (César Vallejo)


Publicamos el hermoso poema LXV (Trilce) de César Vallejo dedicado a la madre y aprovechamos también para conocer el análisis (exégesis) que hiciera del mismo el escritor Xavier Abril (Lima, Perú, 4 de noviembre de 1905 - † Montevideo, Uruguay, 1 de enero de 1990) en su libro Exégesis Trílcica:

Poema LXV

Madre, voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.
Acomodando estoy mis desengaños y el rosado
de llaga de mis falsos trajines.

Me esperará tu arco de asombro,
las tonsuradas columnas de tus ansias
que se acaban la vida. Me esperará el patio,
el corredor de abajo con sus tondos y repulgos
de fiesta. Me esperará mi sillón ayo,
aquel buen quijarudo trasto de dinástico
cuero, que para no más rezongando a las nalgas
tataranietas, de correa a correhuela.

Estoy cribando mis cariños más puros.
Estoy ojeando ¿no oyes jadear la sonda?
            ¿no oyes tascar dianas?
estoy plasmando tu fórmula de amor
para todos los huecos de este suelo.

Oh si se dispusieran los tácitos volantes
para todas las cintas más distantes,
para todas las citas más distintas.

Así, muerta inmortal. Así.
Bajo los dobles arcos de tu sangre, por donde
hay que pasar tan de puntillas, que hasta mi padre
para ir por allí,
humildóse hasta menos de la mitad del hombre,
hasta ser el primer pequeño que tuviste.

Así, muerta inmortal.
Entre la columnata de tus huesos
que no puede caer ni a lloros,
y a cuyo lado ni el Destino pudo entrometer
ni un solo dedo suyo.

Así muerta inmortal.
Así.


Exégesis del poema:

En este notable y emocionante poema dedicado a la madre desaparecida, vinculado al mundo de Los heraldos negros, se suman, significativamente, las experiencias propias de la tradición lingüística del espíritu castellano, desenvueltas en las dos primeras estrofas con la máxima plenitud de que era capaz Vallejo en su circunstancia más dolorosa. La estrofa que sigue constituye una superación del escenario, al mismo tiempo que indica, paralelamente, el hecho de que el sentimiento filial no es óbice para que el poeta lo eleve, lo expanda y lo confunda dentro del ritmo que es propio de la Naturaleza. La pasión del hijo hará posible cubrir todos los huecos de este suelo, vacíos de contenido amoroso.

Vallejo, poeta, transpone, incluso, esta zona inmediata de su dimensión sufriente y recurre para ello, silencioso, en contraposición al ejear, jadear la sonda y el tascar dianas, a los volantes, los únicos aptos y posibles, en medio de la impotencia, a fin de suprimir la distancia con sus cintas de duelo distantes y las citas distintas, que hostigan y cercan al deudo. Vallejo sentía, de modo enfático, la primera persona del indicativo presente del verbo estar, de ahí que repita, anafóricamente, tres veces, Estoy, que es la oposición, lo contrario de la muerte. En chino se dice no está para sugerir que un familiar ha fallecido.

Los dos versos últimos de la cuarta estrofa, podrían parecer ingeniosos a primera vista, luego de una lectura superficial, sin duda debido a las aliteraciones paralelísticas dobles, que se desprenden de cintas más distantes = citas más distintas o sea cc cd dd. El pensamiento, la idea, la imagen, no bastaba a satisfacer la expresividad del poeta. Era necesario, por lo mismo, el coronamiento fonológico que prolonga, alterado, angustioso, el lenguaje poético.

Superada la fase, en el fondo angustiosa, de la orfandad e impotencia, pero en la que se manifiestan los afanes temporales y especiales del movimiento comunicativo, el poema ingresa en la parte final. Se diría que el contraste fue necesario.

A partir de la quinta estrofa hasta la séptima, el adverbio Así, reiterativamente, vendrá a simbolizar de manera formal, en el primer caso, sobre todo, la representación alegórica de las quimeras funerarias en los extremos del verbo o del mausoleo de estilo egipcio que el procedimiento sugiere. En torno a dicha palabra, cargada de un nuevo rol semántico, se descubre la grave entonación del proceso mortal e inmortal. Renueva, pues, el poeta, los alcances limitados, hasta la víspera, del vocablo. Este, idiomática y sentimentalmente, agudiza su contenido de comprobada resignación. El poema termina, sin agotarse, gracias al remate de Así. La constante anafórica incide en la gravedad de lo que parece el eco de un coro de ultratumba, para resonar, al fin, sola, eterna, única: Así.

Vallejo habla del arco de asombro, el que, sin duda, definía el carácter físico y humano de su muerta inmortal, sólo en un momento menciona como madre viva al principio y muerta al mediar la composición. Termina por relacionar el arco de la sien con los dobles arcos de (su) sangre (las entrañas), para representarse la aventura creadora de su padre, con fundamento enlazada al vástago primigenio: el primer pequeño que tuviste.

La penúltima estrofa retrotráese a las columnas personales, logrando su unificación superior en columnata de (…) huesos, cuya vigencia no puede caer ni a lloros. El poeta comprueba –en un fondo que renueva la grandeza antigua- que ni el Destino pudo entrometer / ni un solo dedo suyo.

Insiste el poema en la prolongación de la muerta inmortal. Esta antítesis que pregona la perduración, parecería estar inspirada en el fragmento B2 de Heráclito (Véase Hippolito, Refut. IX, 10.6 inmortales mortales, mortales inmortales, viviendo la muerte de aquéllos, muriendo la vida de aquéllos. Cf. Rodolfo Mondolfo, Heráclito, textos y problemas de su interpretación, p. 38. Siglo XXI Editores, Méjico, D.F. 1966.

El esquema de la configuración geométrica, el cuadrado, es el siguiente:

Así,                             Así.

Así,

Así,
Así.

La figura humana, la columnata, se desarrolla sostenida en dicho vocablo. Y permanece.

Del libro Exégesis Trílcica (1981) de Xabriel Abril, páginas 88, 89, 90 y 91.

(*) Xabriel Abril.- (Xavier Abril de Vivero; Lima, 1905 - Montevideo, 1990) Poeta y narrador peruano, introductor del surrealismo en la poesía de su país, y cuya evolución creativa transcurrió por diversas propuestas estéticas.

Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Alemán de Lima (1911-1923) y completó su formación en el Instituto Lima, donde se especializó en el estudio de la literatura española. En 1926, a los veintiún años de edad, se trasladó a España y estudió durante un año en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

A su regreso a Lima, emprendió estudios superiores en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; pero los abandonó para regresar a Europa y establecerse en Francia, donde entró en contacto con las voces más representativas de las vanguardias. Posteriormente se estableció en España, donde participó activamente en los foros literarios e intelectuales de la época. Con el estallido de la Guerra Civil española regresó a su Perú natal. Desde 1948 residió en Montevideo, donde sería de agregado cultural de la Embajada Peruana en Uruguay (1958-1990).

3 comentarios:

luis antonio guevara aredo dijo...

es muy grato leer algo así

Freddy Felipe Fredes dijo...

Muy buena exégesis, felicitaciones :)

Victor Leyva dijo...

Tremendo análisis

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