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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

martes, 1 de agosto de 2017

(Conciencia Crítica: Suplemento Literario) LA PASIÓN DE MARÍA MAGADALENA

Por Mario Peláez 
 
Una tierna brisa les dio la bienvenida. Todos llegaron minutos antes de la hora convenida. Sin embargo Dante fue el primero, y primero en abordar uno de los más célebres romance.
 
“Y brotó el amor y se humanizó el mundo”, dice la escritura que solo se puede leer en los corazones afirmó Dante con espíritu de poesía. En efecto, continuó, en el Edén los corazones ya inmortales no cesaban de crecer de pasión, al ritmo del apremio de los cuerpos desnudos. Cuerpos bellos y mortales, sin mácula o incoherencias en la lisa tersura de su piel, como la luz que a cada instante encendía todavía más su blancura; y como las flores que presurosas definían sus colores y aromas. Más de pronto la mirada de Eva que lucia ingrávida se colmó de imágenes y su respiración se aceleró y entrecortó. Adán de inmediato entendió el mensaje. Y sin más segundos que perder anudaron sus cuerpos con el auxilio de sus pródigas manos que mutuamente se exploraban y reivindicaban los lugares más recónditos y palpitantes, hasta que un torrente de miel espumosa inundaba sus cuerpos. Entonces se dijeron bellas palabras, poemas de amor y promesas eternas, con tonos benevolentes y reiterados, como desafiando al Creador. No hay porque dudar dijo finalmente Dante fueron Eva y Adán los que le dieron vida al amor, inventaron el lenguaje romántico y descubrieron el erotismo.
 
Pero no solo ellos intervino Emma también Lucifer, el primer rebelde contra el poder absoluto, hizo su parte.
 
Estoy pensando en el cósmico amor de Zeus por Sémele irrumpió Vronshi con voz ronca, algo impostada de Zeus padre de los dioses y soberano del Olimpo y de insaciable apetencia erótica, con la no menos voraz Sémele. Romance que generó pugnas entre los dioses, incentivadas por Hera, la esposa de Zeus.
 
Más de uno de los presentes encrespó la mirada y se frotó las manos
 
Pero que mejor que recordar el romance trágico de Romeo y Julieta, del que todos quisieran tener algo de su plenitud. Quedando, eso sí, por dilucidar si sucumbieron a la pasión de sus cuerpos dijo Tristán.
 
No puede ser clamó Oswaldo que olvidemos el amor de Florentino Ariza por Fermina Daza. El amor de todas las estaciones, de todos los sueños y las horas; y sin ninguna artificialidad.
 
Como en toda buena reunión se instaló una pausa, una recompensada pausa.
 
Por mi parte precisó Frida propongo recordar, con puras imágenes, al amor más terrenal, humano y leal, el amor de María Magdalena por Jesucristo, y los insto Frida recorrió con la mirada los rostros de los demás a evocarlo al unísono, en coro.
 
Empecemos recuperando a María Magdalena advirtió Josefina Ella no fue mujer de la vida, lo que se llama prostituta. Y aun habiéndolo sido en nada mella su amor y su convicción. Acaso el Santo Santiago no fue antes cruel y pérfido. Acaso Pedro no negó tres veces a Jesús. Puede que el corazón de María Magdalena haya sido liviano, coqueto y sus pechos hayan acumulado suspiros de varios registros y su vientre murmullos lascivos. Pero el amor no sería de este mundo si la tragedia y la exaltación de los sentidos no lo acosaran a cada instante.
 
María Magdalena amó con lealtad y convicción a Jesucristo. Ella puso en riesgo su vida por Jesús, durante la crucifixión, el entierro y la resurrección, mientras los discípulos brillaban por su ausencia. En su amor hubo una angustia poética y a veces con asomo de solemnidad sacramental dijo Frida.
 
Se impuso otra pausa, esta vez más prolongada. En los rostros imperaba un macerado remanso.
 
En Jesucristo dijo Dante con tono calmo el amor fue ejemplarmente humano, con goces, con sufrimientos y pletóricas fantasías, y sin duda fue blanco de intrigas. Aquí en la tierra Jesucristo fue hombre de carne y hueso. Sin embargo era novicio en el amor de pareja. Tuvo que aprender con todo su ser, con todas las fuerzas concentradas en su corazón galopante.
 
A mí me gustaría evocar a Jesucristo amando el cuerpo de María Magdalena. Explorando, jadeando, recorriendo cada paraje, cada curvatura, cada recodo y hondonada. Besando y acariciando sin pausa, con infinita naturalidad dijo Simeone, a la vez de recordar el capítulo V. 4 del Cantar de los Cantares, en la Biblia
 
Entonces escuchamos dijo Dante algo aturdido y misterioso unas voces como salidas de ondas que curvan el tiempo queriendo rescatar los primeros instantes del universo, el tiempo antiguo y la memoria; o quién sabe solo imaginamos esas voces que resonaban agradecidas con el hijo de Dios por haber reivindicado el amor y liberado del castigo que impuso el Padre. Pero tampoco sabríamos decir agregó enfático Dante por qué creemos que fueron las voces de los amantes del Paraíso, en coro con nuestras propias voces.
 
 (Hasta el próximo domingo, amigo lector)

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