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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

lunes, 30 de mayo de 2016

Narrativa: UNA SOLA CHISPA PUEDE INCENDIAR LA PRADERA, por Jhonatan Ricardo Chávez Boy (Cuento)

AGRADECIMIENTO:


Jhonatan Chávez Boy
 A Matilde Boy Palacios, una vez más. Espero que lo poco que hago te haga sentir orgullosa de mí.
Al Dr. Alex Chamán Portugal, por la amabilidad de absolver mis dudas y consultas y por prologarme el presente escrito con tan buena voluntad.
A Alex Suárez Castañeda, por hablarme por primera vez de marxismo y enseñarme lo importante que es la lectura.
Al Dr. Julio Arnaldo Chavarri Vera, consecuente dirigente del pueblo y verdadero demócrata, por las incontables conversaciones que servirán para continuar el camino que juntos decidimos emprender y por su ejemplo de coraje al combatir hasta el último día de su vida a los representantes de la gran burguesía en nuestro país.


DEDICATORIA:

Desde 1980 hasta 1992, nuestro país vivió un proceso de guerra interna. De un lado, la guerra popular dirigida por el PCP, que tuvo como objetivo conquistar el Poder para transformar la sociedad peruana en beneficio del pueblo y acabar con la explotación, opresión, pobreza, miseria y atraso. Del otro lado, el Estado peruano a través de sus distintos gobiernos de turno, combatieron la insurgencia para mantener a las clases explotadoras en el Poder, aplicando una línea y política genocida contra el pueblo.
Este cuento rinde homenaje a ellos, a los mejores hijos del pueblo peruano, quienes ofrendaron sus valiosas vidas anhelando dejarnos una sociedad mejor: a los fallecidos, desaparecidos y encarcelados, y a los que son víctimas de persecución política hasta nuestros días.

Seguiremos bregando por:

¡SOLUCIÓN POLÍTICA, AMNISTÍA GENERAL Y RECONCILIACIÓN NACIONAL!




“El comunismo no priva al hombre de la libertad de apropiarse del fruto de su trabajo, lo único de lo que lo priva es de la libertad de esclavizar a otros por medio de tales apropiaciones.”

(Karl Marx)


“Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario.” 

 (V.I. Lenin)

  “Luchar, fracasar, volver a luchar, fracasar de nuevo, volver otra vez a la luchar, y así hasta la victoria: ésta es la lógica del pueblo, y él tampoco marchará jamás en contra de ella.”

(Mao Tsé-tung)

“Cuando sobre los hombros de una clase productora, pesa la más dura opresión económica, no falta más que una comprensión sencilla y clara de la situación, para que esta masa se levante como un solo hombre y arroje todas las formas de explotación.”

(José Carlos Mariátegui)

"Nuestra revolución es de los más pobres de los pobres, de los que no tienen un mundo, de los que tienen que hacer ese mundo, porque éste los ha expulsado, los ha marginado, los aniquila todos los días. Nosotros representamos al proletariado y nos unimos con el campesinado pobre; del levantamiento de ellos depende el destino de la revolución". "Nuestro problema es unir a los pobres; los pobres nunca contra los pobres, el pueblo nunca contra el pueblo."
 (Dr. Abimael Guzmán Reinoso)

PRÓLOGO

El relato “Una Sola Chispa Puede Incendiar la Pradera” del compañero Jhonatan Chávez Boy, es sumamente aleccionador en los tiempos que corren, particularmente en el Perú por la sobre explotación económica existente contra las masas populares y la aguda lucha de clases que se desenvuelve. Efectivamente, el mundo afronta la más grande crisis del sistema capitalista y en el Perú los diferentes gobiernos de turno  —en el marco del rapaz neoliberalismo—  desencadenan mayor explotación económica para garantizar la tan necesaria acumulación originaria de capital en favor de las transnacionales y los grupos de poder económico nacionales.

Parafraseando al Presidente Mao Tsé-tung, autor que inspiró retomar su consigna y convertirla en título del presente texto, los tiempos que corren exigen a los comunistas, revolucionarios y luchadores sociales, no solo de sólida formación ideológica y correcto manejo de la política, sino también optimismo de clase y entusiasmo revolucionario.

Chávez Boy destaca cognoscitivamente, la importancia de la teoría del conocimiento, cuyo punto de partida lo constituye el conocimiento sensorial para proseguir con el racional y confrontarla, finalmente, con la práctica social, gracias a la cual establecemos la validez de un saber. Se trata de que las masas conozcan el pasado para comprender el presente y contribuir al futuro. En ese marco, el autor destaca el papel de las masas como hacedoras de la historia, así como el de los individuos; es el caso de Rubén, quien siendo un profesor autodidacta del pueblo profundo, pronto se destacó por su “sed de aprender”, su ejemplar solidaridad de clase, su infatigable espíritu de sacrificio y su principio guía de “Servir al Pueblo con desinterés personal absoluto”.

Rubén era de aquellos hombres muy sensibles a las necesidades y exigencias de la época. Irradiaba humildad y compartía sus saberes de manera sumamente pedagógica, lo que permitía que sus semejantes vean en él una fuente de aprendizaje e inspiración. Se distinguía por sus conocimientos en política, por lo que ilustraba a sus iguales. No lo hacía sólo de manera teórica sino también de manera práctica. Finalmente entendía que para los marxistas “la práctica es el criterio de la verdad”. Así abordó hitos de la historia del proletariado como la Revolución Rusa, la Revolución China y su poderosa Gran Revolución Cultural Proletaria, enfatizando en la importancia de la justa y correcta línea ideológica y política, el papel de la Jefatura, la labor del Partido Comunista, del Ejército y del Frente Revolucionario. También precisó cuestiones que hacen al nefasto papel del revisionismo y oportunismo que pugnaron por la restauración capitalista desde las filas proletarias. Todo lo anterior enmarcado en la contradicción revolución versus contrarrevolución. Deja en claro la notable importancia de la Revolución Cultural Proletaria China para los intereses de la humanidad entera y su emancipación.

Rubén esclarecía lo que acontecía en el planeta, en el subcontinente, en el país, en el departamento y lógicamente, en su pueblo. Por ejemplo, explicaba el proceso de explotación económica y opresión política contra la población y la inminente arremetida por el Estado y sus instituciones represivas en aras de un nuevo saqueo y despojo de los recursos naturales, así como de convertir a los pobladores en mano de obra barata, sumidos a paupérrimas condiciones de vida. Ante ello, sostenía firme y resueltamente, la necesidad de organizar a la población para hacer frente a las políticas antipopulares, entreguistas y proimperialistas de los gobiernos de turno, haciendo notar que el pueblo y solo el pueblo es artífice de su presente y futuro. Dejaba en claro el por qué a la violencia reaccionaria se le tenía que anteponer la violencia revolucionaria.

El texto también nos narra importantes episodios del Partido Comunista del Perú, el heroico combatiente, su fundación por el gran Amauta José Carlos Mariátegui, la reconstitución durante la década del sesenta y parte de los setenta a cargo de la Fracción Roja encabezada por el Dr. Abimael Guzmán Reinoso  —Presidente Gonzalo—  la preparación e inicio de la lucha armada y el torrente revolucionario de los ochenta que se avizoraba. Estudiantes y masas acudían a Rubén, el “maestro del pueblo”, para esclarecer inquietudes y despejar dudas. Así abordaban cuestiones que hacen a la democracia y su carácter, el papel del Estado y su carácter de clase al servicio de los explotadores y opresores. En contraparte destacaba el papel de las masas populares como hacedoras de la historia, así como la del pueblo como fuerza motriz. Por supuesto que todo el análisis y síntesis y su respectiva explicación, lo efectuaba al calor de la lucha de clases (económica, ideológica y política) como motor de la historia.

Rubén, maestro al servicio del pueblo y sus claros objetivos históricos, se fundía en la práctica con su pueblo y servía a él con todas sus energías y convicciones. Eso lo hacía uno más del mismo y se fundía como un perno lo hace a una máquina. Vivía como su propio pueblo, el que lo acogió como a uno de los suyos y él correspondió con creces ese cobijo.

Su pueblo Pukamarca, ante la arremetida de los saqueadores, fue víctima de políticas represivas por parte de las Fuerzas Armadas, quienes una vez más cumplían su papel de “militares mercenarios al servicio del gran capital”. Los campesinos y pobladores en general, conscientes de su responsabilidad histórica, se organizaron y firmemente hicieron frente a la cobarde y feroz represión propia del terrorismo de Estado. Tomaron en sus manos su propio destino y lo hicieron heroicamente aunque a un altísimo costo, puesto que las fuerzas genocidas, tal como lo hicieron a lo largo de la historia, cometieron masacres, desapariciones y detenciones acompañadas de indescriptibles torturas. Entre los detenidos y encarcelados por tiempo muy prolongado figuraba Rubén, quien a pesar de las difamaciones y calumnias convergentes del imperialismo, el revisionismo y las clases dominantes, irradiaba orgullo y aún pesaba como una montaña de pobres. Al pueblo, un porvenir luminoso la historia le deparaba. Entendían muy bien que ¡El largo caminar prueba la fortaleza del alma! ¡Salvo el poder todo es ilusión! Y que el socialismo, como antesala de la sociedad comunista, es la tendencia histórica y política principal a la que marchan irremediablemente las masas y sus mejores hijos.

Dr. Alex Chamán Portugal.
Bolivia, enero 2016.

La revolución liderada por don José Gabriel Túpac Amaru y la lucha armada maoísta conducida por el Partido Comunista del Perú bajo la jefatura del Dr. Abimael Guzmán Reinoso, fueron dos de los más grandes intentos de emancipación en nuestro país. Aunque ambas rebeliones fueron interrumpidas por la detención de sus máximos dirigentes en el momento más cercano a la toma del Poder, sin embargo, dejan grandes lecciones y enseñanzas para el pueblo peruano en su lucha imperecedera por la liberación; experiencias que deben ser estudiadas objetivamente para encontrar el camino correcto que sirva al pueblo en su desarrollo económico, político y social, siguiendo el rumbo al que marcha inconteniblemente nuestra historia.


INTRODUCCIÓN


Al iniciar una fría mañana, militares y campesinos se enfrentaban.

Rubén había sido detenido por un grupo de soldados. Inmediatamente lo redujeron, lo patearon, escupieron y golpearon con la llamada “vara de ley”. Por entre las botas podía ver cómo esas personas que un día estuvieron con él, estudiando, trabajando y en muchas ocasiones luchando, eran golpeadas, maltratadas y asesinadas.

Aturdido por los fuertes golpes, recordó aquella noche fría cuando junto al fogón, Arnaldo le preguntó:

—Compañero, ¿tiene Usted algún tipo de temor?


—Creo que el temor es una contradicción, compañero —respondió, acomodando los leños—; lo que debemos hacer es tomar la ideología del proletariado y potenciar en nosotros el valor, es la ideología la que nos hace valientes. A mi juicio, nadie nace valiente; es la sociedad, la ideología y la lucha de clases las que hacen valientes a los hombres. ¿Cuál podría ser el máximo temor?, ¿morir?; creo que la vida termina algún día. Lo que debe primar en nosotros es ser optimistas, con la convicción de que la labor a la cual servimos, otros la han de proseguir y la llevarán hasta el cumplimiento de nuestras tareas definitivas. El temor que podría tener sería el que no se prosiguiera, pero ese temor se disuelve cuando uno confía en las masas. El peor temor, al fin y al cabo, es no confiar en las masas, es creerse indispensable, centro del mundo, y si uno es formado con la ideología del proletariado, comprende que las masas hacen la historia, y es ahí cuando se esfuma el temor y solamente queda la satisfacción de ser argamasa y, junto a otras argamasas, servir a poner cimientos para que algún día brille la nueva sociedad.


Sus recuerdos se interrumpieron cuando sintió el frío y duro metal asentarse tras su cabeza:
—No te muevas.

Una gruesa voz daba la orden de levantarlo.

CAPÍTULO I

Pukamarka se llamaba el lugar. Un pueblito silencioso y pobre, de calles empedradas alrededor de la Plaza Mayor y de casuchas viejas hechas con tapial. Los techos de paja se cambiaban con frecuencia por el rápido deterioro ocasionado por las fuertes lluvias que también lavaban el pálido yeso de algunas paredes. Una casona hacía de Municipalidad y al frente, un Cristo sobre la iglesia erguía imponente. El canto de las aves y el débil sonido del huayno que chillaba en alguna radio era lo único que amenizaba el lugar, dando bienvenida a las mañanas. Campesinos iban y venían arreando sus burros, transportando el comercio que encargaban los patrones. Con chullos, poncho de lana y alforja en hombro, sacudían los checos en su afán de recoger la cal contenida para chacchar la coca.

Acababa de llegar Rubén Huamaní Vilca, el criado de la hacienda lo había ido a dejar. Su padre muerto a golpes y latigazos por el patrón y su madre fallecida después de un parto complicado, fue llevado a su abuelo, un viejo campesino pobre e iletrado que por su mayor edad habría venido al pueblo a ejercer como artesano.

Rápidamente se adaptó a su nuevo hogar. Ayudaba al abuelo en las labores necesarias que les permitiría obtener el alimento, algunas veces bueno, como muchas otras ausente.

Hizo mucho sacrificio para ingresar a la única escuela del pueblo. A su corta edad, mientras trabajaba y estudiaba, se enfrentó a la escasez, la burla y el trato marginal, situación que le llevó a madurar y a conocer la desigualdad social. A pesar de todo, no hubo impedimento para demostrar ser un alumno destacado.

En el colegio la situación se tornó aún más complicada. Rubén tenía que trabajar más duro y cuidar a su abuelo que postrado en una cama, empeoraba. En la zona no existían hospitales y la pobreza no les permitió trasladarse a otro lugar. El cuerpo de avanzada edad se debilitaba y la vida de quien lo había acogido como a un hijo, no pudo prolongarse más. El abuelo murió y la soledad nuevamente se impuso.

***

          Después de enterrar el cuerpo, Rubén tuvo que enfrentar la vida solo. Sabía que como él, muchos jóvenes también padecían de las mismas necesidades, es por eso que constantemente visitaba los Centros de Ayuda Social, el recién inaugurado asilo, albergue de aquellos ancianos que vagabundeaban por las calles. Y aunque en un principio le quebró el alma al ver a tantas personas abandonadas por una sociedad que margina o ignora al adulto mayor, poco a poco fue ganando amistad y recibiendo buenos consejos y experiencias remotas. De sus trabajos eventuales, separaba algún dinerito para comprar alimento, o pasaba de puerta en puerta recolectando víveres destinados a mejorar la vida de los ancianos.

Así también colaboró para la construcción de la Casa Hogar Infantil, donde aquellos niños que habían quedado huérfanos o sus padres habían sido dominados por el vicio del alcohol, abandonando su vida y la de su familia, recibirían un techo y alimento. Rubén entendía las necesidades de los humildes y apoyaba en lo que fuera necesario. Acudía a autoridades y familias a solicitar apoyo, y aunque era difícil arrancar algo, persistía hasta alcanzar el objetivo.

El último año del colegio se aproximaba.

CAPÍTULO II

        Por aquellos años, el gobierno del General Velasco había emitido un decreto eliminando la gratuidad de la enseñanza, perjudicando a los estudiantes más humildes y de escasos recursos económicos. En la provincia de Huanta, las distintas organizaciones habían convocado a una marcha, exigiendo al gobierno la eliminación de dicha Ley, sin embargo, se escuchó que habían detenido a varios de sus dirigentes, lo que conllevó al enfurecimiento y levantamiento inmediato de masas campesinas. Desde Huanta, convocaron el apoyo de vecinos aledaños, obreros, campesinos, profesores, estudiantes y padres de familia, quienes se reunieron en la capital de la provincia.

Rubén, aún en el colegio, quiso acompañar a la delegación de campesinos que se aunaba a la marcha y convenció a algunos de sus compañeros para participar en ella. Los padres de algunos muchachos fueron acompañando a sus hijos y al llegar a Huanta la movilización empezaba. La gran cantidad de gente recorría por varias calles de la provincia manifestando su descontento, agitando distintas arengas y reclamos. Cuando de pronto, la marcha pacífica hasta entonces, fue interrumpida por el sonido que emitían las armas de los sinchis, quienes disparaban a quemarropa a las masas, causando desconcierto y alboroto entre la población. Jóvenes heridos, madres caídas y niños desesperados derramaban sus lágrimas.

Rubén pudo presenciar el abuso, la injusticia y la lucha a cuerpo de un pueblo humilde que reclamaba su derecho a ser educado, un pueblo que luchaba por el futuro de los estudiantes y del país y fue testigo de cómo, a pesar de los muertos y heridos, se resistían a ser derrotados.

Por la noche, el fuerte olor a pólvora emanaba de la plazuela de Huanta. Solo quedaron lágrimas y dolor en centenares de familias.

Las marchas se expandieron por todo el país y ante tamaña convulsión, finalmente Velasco dio marcha atrás. Rubén pudo ver cómo las masas, ante el atropello bárbaro, responden con furia incontenible. Comprendió que cuando el pueblo toma las calles y marcha, hace temblar a los más poderosos gobernantes, a pesar de todo su poder.

***

             Al regresar de Huanta, era consciente del papel que cumplía cada ser humano en la sociedad. Traía consigo nuevos libros y periódicos que anunciaban los cambios que se daban en el mundo y el inicio de una sociedad más justa. Al leerlos, su vida empezaba a tener un objetivo y rumbo claro. Pudo comprender las leyes del mundo, las clases sociales y sus luchas constantes, así como resolver las contradicciones internas, la contradicción entre lo bueno y lo malo, llegando a la raíz de los problemas para encontrarles solución. “El conocimiento es incompleto si sólo se lo obtiene de libros, también es incompleto si se lo obtiene sólo de la práctica social. Si unimos el conocimiento teórico y el práctico, nuestro conocimiento será más o menos completo”, había leído en un pequeñísimo libro de tapa roja de un filósofo y político chino llamado Mao Tsé-tung. Con gran espíritu solidario, tomó posición por los de abajo, por los explotados y oprimidos de su pueblo. Las distintas luchas sociales como las luchas personales le llevaron a tomar este camino.

Acabaron los años de colegio y el muchacho a su corta edad estaba ávido de aprender: “Todo conocimiento debe venir de la práctica, y volver a ella. No puede existir teoría sin práctica”, había leído de otro filósofo ruso.  Inquieto por la investigación, se preparaba de manera autodidacta. Por sus buenas calificaciones, le ofrecieron una beca para estudiar en la capital. Mas como en toda cosa que existe en el mundo estaban presentes las contradicciones, tendría que resolver entre: o irse de ese pueblo atrasado y olvidado para superarse y ser un prestigioso analista, economista, o tal vez un politiquero adinerado, o renunciar al individualismo burgués y ser argamasa del pueblo, servir para sacarlo del subdesarrollo apoyado siempre en las masas obreras y campesinas. Resolvió con lucha interna en su mente la contradicción servirse del pueblo - servir al pueblo y optó por la segunda opción.

Rubén era una persona muy hábil, inteligente, con una formación digna de admiración y de servicio a las masas, además de comprometido con las luchas sociales. Era cortés al hablar e incapaz de levantar la voz. Pagaba con honradez todo lo que compraba. Honrado y cumplido en devolver a tiempo lo prestado. Reparaba si dañaba algún objeto y jamás peleaba ni ofendía a la gente.

Iris, su primera pareja, era una muchachita sencilla. Hija de padres humildes y de buenos modales, fue gran apoyo para Rubén. A pesar de ser muy jóvenes se sabían comprender y resolver sus distintos problemas. Cualquier incomprensión o problema que se les presentaba lo solucionaban mediante el diálogo, la crítica y la autocrítica. De esa manera supieron construir una relación fructífera y estable.

Compartían los mismos ideales y trabajan por el bienestar de su pueblo. Mientras Rubén salía a las plazas y mercados a conversar con distintas personas, Iris se encargaba de enseñar a leer y escribir a los hijos de los campesinos que no podían acudir a la escuela por la falta de dinero. Jóvenes y adultos también interesados decidieron construir una casa de estudios donde acudirían en sus cortos tiempos libres en búsqueda del saber.

Con ayuda y colaboración de los mismos pobladores, centenares de manos hicieron del barro un gran salón que anunciaba la nueva educación popular, noble causa a la que se dedicarían una joven pareja veinteañera. Día a día decenas de niños y adultos caminaban a adquirir los conocimientos teóricos, y por supuesto, estando la construcción al centro del terreno comunal, también aplicaban lo que aprendían: sembraban paltas, papas, lechugas; todo lo que podían. Criaban animales y ellos mismos los curaban de alguna enfermedad. El trabajo era colectivo, los beneficios también. Aprendían además a conocer sus derechos y beneficios, lo que a poco tiempo trajo problemas e intranquilidad en los patronos para los cuales trabajaban, ante los justos reclamos de la población.

***

En la nueva escuela no había horario de entrada ni de salida, tampoco se exigía uniforme o útiles escolares innecesarios. Tablas de madera pegadas a las cuatro murallas hacían de asientos. Sin embargo, los concurrentes aprendieron a leer y a escribir rápidamente, el aprendizaje era muy bien asimilado cuando todos participaban de manera activa. Rubén sabía que la enseñanza se impartía a través de la persuasión y jamás por la coacción. “Con la coacción sólo se logra someter, pero jamás educar”, había leído. Se hacían trabajos de investigación histórica y la educación se enfocaba desde una perspectiva nacional, científica y democrática. Las puertas del salón permanecían siempre abiertas.

Pasados los días, antes de iniciar la nueva clase, una de sus jóvenes compañeras le preguntó:

—Profesor ¿usted por qué no estudió ninguna carrera técnica o profesional?

Con una sonrisa carismática, habló hacia todos:

—No me digan profesor. Aquí todos somos compañeros. Todos aprendemos mutuamente. Yo aprendo mucho de ustedes y ustedes de mí. El Presidente Mao Tsé-tung enseña que hay que ser alumnos de las masas a la vez que sus maestros. Para responder la pregunta de la compañera Edith: primero, porque creo que hoy en día la educación que se imparte en la universidad está mal enfocada y al servicio de las clases dominantes. Las circunstancias me han obligado a ser autodidacta, a tener dedicación y ganas de querer aprender; además, creo que las lecturas que se aprenden no son las que se imponen, sino las que se lee por convicción propia. Y, segundo, porque más aprendo del pueblo. El verdadero conocimiento está dentro del pueblo.

—¿Mao?  —En esos momentos todos quisieron saber quién era ese tal Mao Tsé-ni sé qué y aprovecharon para preguntarle.

—¿Y quién es ese señor que dice que somos maestros y alumnos a la vez?  —preguntó el compañero Sixto.

—Es Mao Tsé-tung  —respondió Rubén, mostrando un libro de pasta amarilla—.  A través de unos amigos que viven en Ayacucho he podido conseguir sus libros, algunas de sus obras escogidas, las tesis filosóficas y un libro con algunas pequeñas citas. Sus obras son muy difíciles de conseguir, ya que el gobierno peruano prohíbe su circulación, así como de las obras de Carlos Marx y del gran Lenin. Con lo que he podido leer me ha ayudado bastante para poder comprender los problemas, afrontarlos y resolverlos. Sus obras son muy valiosas. Sobre Mao, fue quien dirigió una revolución para sacar a su pueblo del atraso, y ahora China es un pueblo gobernado por el mismo pueblo, con una verdadera democracia, donde no existe la explotación del hombre por el hombre. No hay pobres ni mendigos y tienen educación y salud de calidad y al servicio de las grandes mayorías. El pueblo chino marcha rumbo al comunismo, así como hasta hace poco marchaba también Rusia.

—¿Comunismo? ¿Qué es eso?  —preguntó Arnaldo.

—Comunismo es la sociedad de la eterna armonía, compañero; donde ya no habrá ricos ni pobres. Donde a cada uno se le dará según su necesidad y cada uno dará según su capacidad. Ya no habrá más guerras ni opresión, ni explotadores ni explotados. Será la sociedad justa, avanzada y de igualdad, estimado compañero.

—Eso es imposible, suena como a una fantasía.

—Aparentemente, María  —declaró Iris—.  Marx y Engels lo sustentan de manera científica. Las sociedades que se basaron en la explotación, como el esclavismo y el feudalismo cayeron. Ahora, por ejemplo, la sociedad capitalista que aún domina cierta parte del mundo y que también se basa en la explotación, ya está siendo reemplaza por el socialismo, un nuevo sistema más justo y equitativo.

—La historia de la humanidad  —prosiguió Rubén—  ha demostrado que mientras haya explotación, las masas pobres y oprimidas siempre van a luchar por su bienestar y liberación, como también lucharán los explotadores para defender sus riquezas. Pero esta lucha entre opresores y oprimidos termina produciendo transformaciones hacia un nuevo tipo de sociedad. A eso se refiere Iris cuando habla del socialismo, un nuevo modelo económico donde ya no existe la propiedad privada y que es la etapa previa al comunismo.

—Pero yo no creo que eso suceda, además siempre ha habido explotación y siempre será así. Es una ley natural.

—No siempre, compañero. Eso nos hacen creer las clases dominantes para continuar con su dominio. La sociedad primaria, hace miles de años, fue la sociedad del comunismo primitivo, que se basaba en una economía colectiva, donde el hombre dominaba a la naturaleza y no al hombre. ¿Quién dividió esa sociedad y esa economía? Un pequeño grupo de personas que empezaron a acumular riquezas y que fueron instaurando la esclavitud, luego el feudalismo y hoy el capitalismo. ¿Qué busca el pobre? El esclavo, el siervo y el obrero siempre buscaron la justicia, la igualdad y la libertad, es decir, el comunismo. Esta es una ley natural, la ley de la materia cambiante.

—¿Y qué garantiza que en el comunismo ya no habrá explotación, si todas las sociedades han sido explotadoras?

—En el comunismo ya no existe la propiedad privada sobre la tierra ni sobre los otros medios de producción, y al no existir la propiedad privada, tampoco existe la división social entre explotadores y explotados, ni la explotación del hombre por el hombre; el hombre ya no sería solo un instrumento para la producción o una cosa más que se puede vender y comprar en el mercado, sino un fin en sí mismo; además eso conlleva a la extinción del Estado, ya que el Estado es una máquina utilizada por la clase dominante para defender sus propios intereses, y al no haber diferencia de clases, tampoco habría Estado.

—Usted hace un momento dijo que el pueblo ruso marchaba rumbo al comunismo. ¿Ahora ya no marcha?

—No, estimada compañera. A la muerte del gran Stalin, el Partido que dirigía esa gran marcha fue usurpado por el revisionismo. Es así como la burguesía vuelve a tomar el control de ese país. Y como ya les había dicho que en todo lo que existe en el universo existe la contradicción, en esta oportunidad la contradicción fue de restauración - contrarrestauración, de lucha de la nueva sociedad contra la vieja sociedad que se resistía a morir. La sociedad capitalista se restauró nuevamente. En el caso del pueblo chino, es el mismo presidente Mao quien está realizando la Gran Revolución Cultural Proletaria para evitar que el capitalismo se vuelva a restaurar. Esperemos que el revisionismo no usurpe el Poder y que el Gran Timonel viva por muchos años más.

—Compañero profesor ¿Y cómo se llama el Partido que dirige esa revolución?

—El Partido Comunista de China, apreciado compañero.

—¿Y qué significa burguesía y revisionismo?

—Buena pregunta para poder entender mejor, compañera Norah. Burgués significa propietario. Burguesía, conjunto de propietarios de los medios de producción, ya sean grandes cantidades de tierras o muchas fábricas. La gran burguesía tiene muchísimas propiedades. Son los dueños del país. En contradicción a eso están los proletarios, que son los trabajadores asalariados que han sido privados de sus medios de producción y se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder existir. Los burgueses se apropian y alimentan del trabajo de los proletarios. Por otra parte, el revisionismo es una corriente burguesa. Son los burgueses explotadores y opresores dentro de las filas del pueblo, que aceptan la ideología del proletariado de palabra, pero que en sus hechos la niegan. Embaucan a nuestro pueblo con consignas libertarias, vistiendo camisas rojas y haciéndose llamar comunistas. Cumplen su papel al servicio de los de arriba y destruyen la imagen de los maestros y jefes del proletariado. Esto, como parte de su negación. En la práctica, refuerzan y sostienen al capitalismo que dicen combatir.

—Usted conoce bastante compañero profesor  —le dijo el compañero más pequeñito de todos, apuntando todo lo dicho en unas hojas sueltas.

Discrepancias e intervenciones hacían cada vez más interesante la plática. Era un tema nuevo y tenía que ver con sus necesidades, por lo que después del almuerzo, quien había hecho las anotaciones, preguntó:

—Compañero, ¿y qué es esa ideología del proletariado?

—La ideología es una manera de concebir el mundo, es un sistema organizado de ideas, completo, y que se desarrolla o evoluciona según el proceso histórico. Ésta no puede ser ni espontánea ni desordenada. Es una concepción científica que nos permite comprender las leyes del mundo, para aplicarlas y transformarlo. Esta ideología es el materialismo dialéctico.

—¿Y en nuestro país existe un Partido Comunista?

—Así es, compañera Elena. Fue fundado por José Carlos Mariátegui en 1928, bajo sólidas bases marxista-leninistas. Lamentablemente el fundador falleció muy pronto y el Partido, al igual que en Rusia, fue usurpado por el revisionismo y los oportunistas y convertido en un Partido electorero. Hoy en día no sé nada del que fuera el Partido de Mariátegui, ya que por su naturaleza antisistema, el Partido es clandestino; pero de que existe, sí existe.

—¿Y ese Partido también participa en elecciones?

—Las elecciones son una forma de gobierno en la cual cada cierto número de años se cambia de opresor. También el revisionismo y los oportunistas que dicen defender al pueblo postulan a elecciones para intentar ganar un cargo, un puesto o ser gobernantes opresores; pero el gobierno está en manos de la gran burguesía y es ella quien sigue teniendo el Poder económico y militar y por ende, político. El verdadero Partido del proletariado lo que busca es derrocar el Poder burocrático-militar burgués con lucha armada y transformar la sociedad construyendo un nuevo Estado. Aunque en tiempos de lucha económica, que tarde o temprano se va elevando a lucha por el Poder, el Partido necesita participar en el parlamento burgués para ilustrar a las masas; y esto se consigue mediante las elecciones y la lucha de los partidos en el parlamento. Pero limitar la lucha de clases a la lucha dentro del parlamento, o considerar que las elecciones son la forma superior y decisiva de lucha y que todas las demás formas están supeditadas a ella, significa, de hecho, pasarse al lado de la burguesía, contra el proletariado. Significa revisionismo, concretamente. El presidente Mao cita algo al respecto: “El proletariado preferiría obtener el poder con medios pacíficos. Pero abundantes pruebas históricas indican que las clases opresoras no abandonan jamás voluntariamente el poder y que ellas son siempre las primeras en usar la violencia para reprimir el movimiento revolucionario del pueblo y en provocar la guerra civil.”

—Ah ya. ¿Y cree que algún día el verdadero Partido Comunista del Perú llegue al Poder?

—Claro que sí. El pueblo y la misma lucha de clases generan a sus líderes. Ya habrá un hijo predilecto del proletariado que retome el camino de Mariátegui, reconstituya el Partido y lo lleve a cumplir su papel histórico de tomar el Poder para el beneficio de las grandes mayorías. No sabemos aun cuándo será ese día.

***

          La situación en el país se tornaba crítica. La Reforma Agraria de Velasco había sido una farsa y en Andahuaylas más de veinte mil campesinos habían ocupado sesenta y ocho haciendas firmando un acta donde el Gobierno se comprometía a respetar las ocupaciones; pero una vez desmovilizado el campesinado, se produjo una fuerte represión con desalojos. Cientos de presos y perseguidos se anunciaban en los diarios. Varios dirigentes habían sido aniquilados.

El aumento de precios, la desocupación creciente, las fuertes represalias y la crisis económica acentuada por la crisis mundial, eran algunas de las causas para una serie de paros y huelgas indefinidas que hacían evidenciar el descontento de la población. Hacía casi una década que las guerrillas del MIR y del ELN habían sido aniquiladas, y en medio de persecuciones sangrientas que incluía a civiles y campesinos que no habían participado en ellas, pretendían dar escarmiento a los rebeldes. Pero aún así no podían menguar las protestas.

En Pukamarka la situación no era distinta. Masas, campesinas en su mayoría, denunciaban los abusos de los patrones y reclamaban mayores salarios y mejores condiciones de trabajo. La organización se concretó sin dificultades, pero rápidamente fue desarticulada y perseguida por la traición y delación de un mal dirigente.

—Así son pues, los procesos sociales  —aclaró Iris, con optimismo—,  más aún si de transformaciones se trata. Marx nos dice: qué fácil sería hacer lograr la transformación social si tuviésemos la absoluta certeza de triunfar. Y es que los cambios no se hacen con seguros de vida sino con desinterés absoluto, sirviendo al pueblo de todo corazón y extendiéndose por nuevos caminos.

 Con esa nueva experiencia pudieron cohesionar mejor a la organización y en medio de fuertes reclamos, lograron validar sus derechos.

***

             Rubén, en medio de preguntas académicas, también absolvía las preguntas de sus compañeros. Cada vez las conversaciones eran más interesantes. Les explicaba qué era el materialismo dialéctico, la lucha de clases, qué y cómo se había desarrollado el marxismo, el leninismo y ahora, el pensamiento Mao Tsé-tung. Les comentaba que en una sociedad dividida en clases, no podría hablarse de democracia pura, sino sólo de democracia de clase: 


          —¿Digamos que "democracia pura” es sólo una frase de quien no comprende ni la lucha de clases ni la esencia del Estado? ¿Una frase completamente vacía?

         —Así es, compañera Elisa. Hablar de "democracia pura" es un engaño de la clase opresora que embauca a los obreros. La historia conoce la democracia burguesa, que reemplaza al feudalismo, y la democracia proletaria, que sustituye a la burguesa. La democracia burguesa es el orden establecido por la burguesía y se convierte en una dictadura frente a la otra clase. Por otro lado, está la democracia proletaria. Esta es la democracia de las grandes masas oprimidas, la gran mayoría; y es necesario que llegando esta clase al Poder, deba defenderse mediante la dictadura del proletariado para protegerla de la agresión burguesa, así como hoy se protege la dictadura de la burguesía. Hoy en día el Partido del proletariado que representa los verdaderos intereses del pueblo, no puede llegar al Poder vía elecciones, ya que el Partido dominante de la democracia burguesa sólo cede el Poder a otro Partido burgués, para no afectar sus intereses.

Sobre el pizarrón de clase, con letras grandes se podía leer la cita de Mao: “Que se abran cien flores y compitan cien escuelas”. La escasa literatura marxista fue creciendo. Poco a poco la biblioteca se fue enriqueciendo y era reproducida por todos los compañeros. Había fuertes luchas ideológicas que, en medio de críticas y autocríticas, derrocaban a las posiciones burguesas. Era inevitable dejar de notar el gran avance que pudo obtener el pueblo en tan poco tiempo. Se organizaron las rondas campesinas, se creó el Comité Femenino del Pueblo, a cargo de la compañera Iris, organismo encargado de luchar por las reivindicaciones de la mujer. También se creó el Comité Popular de Juventudes. Para ambas organizaciones se construyeron dos aulas más y mucho más grandes, donde los compañeros más avanzados compartían sus conocimientos y confrontaban sus distintos puntos de vista. En las paredes del local juvenil se podían leer citas como “la juventud es la fuerza más activa y vital de la sociedad, los jóvenes son los más ansiosos de aprender y los menos conservadores en su pensamiento”. En los demás salones también se apreciaban distintas citas maoístas. Sin pensarlo, la correcta ideología se impuso sobre las ideas incorrectas que eran barridas por la conciencia y voluntad del mismo pueblo. Poco después se concretó el Sindicato Obrero Popular. Todas estas organizaciones luchaban por la defensa de los derechos fundamentales y por las reivindicaciones económicas que, como ya sabían, le había costado a nuestro pueblo sangre, sudor y lágrimas. No fue fácil hacerse respetar, pero en medio de estas luchas, se forjaban para las futuras jornadas por venir.

***

Así fue pasando el tiempo. Ahora eran todos como una familia. Rubén les enseñaba a preparar unos exquisitos platos:
—Compañero Rubén, ¿dónde aprendió usted a cocinar? Cocina Usted muy bien.
—Muchas gracias compañeros. Cuando era más muchacho iba a visitar a muchos de mis vecinos, ahí les ayudaba a hacer lo que hacía falta y ellos me enseñaron a cocinar. Como verán, éste conocimiento también lo adquirí del mismo pueblo. De hecho, hay que tener presente que los platos o potajes son creaciones del pueblo, que la burguesía les ha arrancado y las ha hecho suyas para beneficios comerciales, como lo hacen también con otras expresiones del arte popular.

—Usted siempre poniendo la política al mando, compañero Rubén.

—Así nos enseña el presidente Mao, compañero.

—Y qué opina sobre el amor  —preguntó un muchacho, a quien enseguida se le enrojeció el rostro.

—El amor  —respondió Rubén, sirviendo los platos de comida—.  En una sociedad de clases el amor tiene un sello de clase. Un burgués ama la plata, el lujo, el prestigio. Ama como burgués. Mientras que un proletario ama de verdad y ese amor le sirve para dar impulso a combatir decididamente contra las viejas ideas, contra todo lo que nos atrasa y ata a este caduco sistema; sirve para trabajar arduamente por nuestra hermosa mañana, por un futuro mejor para todos nosotros. Sirve para destrabar el pasado, atizar el presente y conquistar el futuro.

Iris asintió con una delicada sonrisa.

—Compañero, ¿Usted alguna vez se deprime?

—No, para nada. Creo que tengo un optimismo casi orgánico y me muevo más en problemas de comprensión y voluntad, que en problemas de sentimientos y de depresión. Al contrario, soy bastante optimista, es el marxismo, el Presidente Mao quien nos ha hecho entender que los hombres debemos ser optimistas. Siempre que me encuentro en momentos difíciles, me esfuerzo por encontrar qué hay de positivo, o qué es lo poquísimo, incluso, que puede tener un momento para desarrollarse; porque nunca todo puede ser negro, ni todo puede ser rojo. Incluso si hubiera una gran derrota, siempre habrá una parte buena; el problema está en sacar la lección y sobre eso bueno seguir trabajando; cuando sirves al pueblo, siempre encontrarás quien apoye, quien ayude al desarrollo.

—¿Y qué opina sobre la religión?

—La religión, compañero, defiende los intereses de los opresores y explotadores. Es como un escudo reaccionario que sofrena la lucha popular. La iglesia, por ejemplo, defendió tenazmente a la feudalidad, luego, a través de muchas contiendas y después de haber sido derrocada la feudalidad, se acomodó al nuevo orden burgués y otra vez pasó a ser un instrumento al servicio de los nuevos explotadores y opresores. Siempre busca adaptarse al servicio de los nuevos amos del mundo. Al respecto, Marx estableció: la religión se irá disolviendo conforme se vaya destruyendo la explotación y la opresión; y como la religión sirve a clase explotadora, en el socialismo, donde la clase dominante es el proletariado y ésta no es una clase explotadora, la religión tendrá que irse disolviendo. Entretanto, hay que reconocer la libertad de conciencia religiosa hasta que los hombres puedan tener una conciencia clara, científica y transformadora del mundo. La religiosidad jamás ha sido ni será un obstáculo para que el pueblo luche por sus profundos intereses de clase sirviendo a la transformación social; por tal razón, debemos respetar la religiosidad del pueblo.

En otra ocasión, celebrando un aniversario más del proletariado, Rubén explicó sobre el desarrollo de clase obrera y su papel histórico a cumplir en la sociedad. La cantidad de asistentes a su exposición superó lo previsto. La comida preparada para ese día faltó, mas no por eso las masas dejaron de comer. “Debemos ser los primeros en sacrificio y últimos en beneficio. Recuérdenlo bien, últimos en beneficio”, dijo a sus más allegados.

CAPÍTULO III

Por aquella época se escuchaba que en el pueblo de Pukamarka existía el precioso metal dorado codiciado siempre por los extranjeros, y que el gobierno ya había otorgado las concesiones mineras a una empresa norteamericana para que empezaran a realizar sus trabajos. Ellos se encargarían de buscar la forma en que la población acepte de buena voluntad la convivencia con la empresa minera.

—Dicen que han descubierto mineral en nuestros terrenos y que el gobierno ya lo entregó a una empresa minera para que lo explote  —dijo un compañero a Rubén, mientras se encontraban en plena cosecha.

—Pero…  ¿y nosotros? ¿nuestras chacras?  —habló otro.

—Dicen que nos las van a comprar, y que tenemos que irnos a otro lugar.

—Pero nosotros acá hemos nacido y crecido y este pueblo lo hemos construido nosotros mismos.
En una de las aulas se reunieron las rondas campesinas, el sindicato y las otras organizaciones.
Los alborotos empezaron en la reunión y Rubén estaba al frente, tratando de encontrar posibles soluciones.

—Esperen compañeros  —dijo Rubén, levantando las manos—, tranquilos, así no podemos conversar.

El vocerío empezó a disiparse.  

 —Queda claro que el gobierno viene desarrollando su plan económico entreguista de nuestros recursos naturales a la gran burguesía. Eso va a traer como consecuencia el despojo de nuestro pueblo para entregar estas tierras a manos de los empresarios extranjeros y convertirnos a nosotros en obreros asalariados. Si nosotros lo impedimos, estoy seguro que no van a poder hacer nada. Hoy en día, compañeros, es cuando más debemos de entender que las masas organizadas son todopoderosas. La voluntad de las masas, cuando es justa y correcta, siempre va a ser la voluntad vencedora.

—Pero ¿qué? Ellos traen a los cachacos para que nos boten y con sus fierros al toque nos matan y nos sacan de aquí  —replicó Frank, quien antes se llamaba Francisco, un estudiante costero que regresaba a su pueblo de tiempo de tiempo.

—Sí pe, mi hermano tiene razón  —dijo otro joven.

—A ver señores, si lo que queremos es defender lo nuestro, sólo nos queda ponernos firmes ante lo que pueda suceder. Sin luchas no hay victorias  —dijo Rubén, con voz firme.

—Yo estoy con el compañero Rubén  —se escuchó una voz del fondo.

—Sí, yo también  —dijo otro.

—Y yo.

—Yo también.

—Muchas gracias por contar con su apoyo  —dijo Rubén levantando la palma de la mano para silenciar a las masas—, ahora lo que debemos hacer es conformar un Frente de Defensa de Pukamarka, que incluya a diversas organizaciones y poblaciones aledañas. Hay que organizarnos con todo el pueblo, incluso con los que discrepen con nosotros y hacerles ver que está en juego nuestra tierra y la contaminación de nuestro ambiente. Hay que ver qué medida tomar en caso empiece a venir gente de afuera con miras a quedarse con lo nuestro. De ser así, marcharemos por la defensa de la tierra, demostrando el total desacuerdo con la actitud tomada por el gobierno y exigiendo el retiro definitivo de los yanquis.

***

 Pocos días después se instaló un campamento en las faldas del pequeño pueblo. Alertaron inmediatamente a la población.

***

        Hicieron una marcha pacífica donde salieron ronderos, madres, jóvenes y hasta algunos ancianos que insistían en apoyar la movilización. Días y noches cuidaban sus terrenos y controlaban el pase a la carretera. Mientras algunos de los pueblerinos cansados dormían entre carpas y cartones, Rubén vigilaba la seguridad de sus compañeros. Iris, junto con otras compañeras, cumplían la misma labor al otro lado del camino.

Un día, luego de desplazarse por las calles principales, se establecieron en la Plaza Mayor:

—Señores del pueblo de Pukamarka  —dijo Rubén, tomando la palabra—, estamos reunidos para hacer de manifiesto nuestra incomodidad frente a la medida tomada por el gobierno en la entrega de nuestras tierras que, con tanto esfuerzo, hemos sabido cuidarlas, aprovecharlas y defenderlas, hoy más que nunca. Ahora pretenden despojarnos y convertirnos a todos, incluidos los campesinos, en obreros asalariados al servicio de los explotadores norteamericanos.

Rubén vio que un artefacto de grabación estaba captando sus palabras.

—Sabemos que la intención del gobierno de concesionar nuestras tierras, trae en el fondo intereses de la gran burguesía que maneja este país, y hacemos saber que no vamos a permitir que se vulneren nuestros derechos  —prosiguió, levantando la voz—  y vamos a defender nuestro suelo y nuestros cultivos a como dé lugar y, si es posible, dando nuestra vida por ello.

Todos aplaudieron y arengaban repetidas veces: ¡El pueblo unido, jamás será vencido! ¡El pueblo unido, jamás será vencido!

—Somos un pueblo  —prosiguió con el discurso—  que con lo único que se ha mantenido ha sido con nuestros propios recursos. Hoy el gobierno se ha acordado de nosotros haciendo carreteras y trayendo regalos. ¡No queremos migajas, compañeros! Nos meterán tras las rejas, pero jamás comprarán nuestra conciencia, compañeros.

El alcalde de Pukamarka, que era casi inexistente hasta ese momento, había llegado con el Gobernador Regional y resguardado por un escuadrón de sinchis. La prensa limeña corrió a entrevistarlos.

—Sí pues, señores periodistas  —manifestó el alcalde—, lo que pasa es que hay un revoltoso que está instigando a la población para que desestabilicen nuestro Estado de Derecho. Eso atenta contra la democracia que tanto trabajo nos ha costado consolidarla.

El Gobernador Regional, un izquierdista caviar que había llegado vestido con camisa roja y sombrero de junco y que pretendía postular en las próximas elecciones presidenciales, aprovechó el momento para tomar la palabra frente al pueblo:

—Queridos camaradas. Queremos un cambio de verdad, pero no debemos de alterar el orden. Debemos respetar la democracia y en las próximas elecciones votar por un verdadero gobierno de izquierda, necesitamos un nuevo gobernante…

El pueblo consciente empezó a gritar:

—¡Abajo los oportunistas!

—¡Abajo!

—¡Vivan las luchas del pueblo!

—¡Vivan!

***

          Cierto día llegaron en carros y helicópteros gran cantidad de sinchis y soldados del ejército para calmar a los manifestantes, pero lo que lograron fue empeorar la situación. Algunos abusaban de las mujeres y  golpeaban a los ancianos y niños indefensos. El maltrato colmó la ira de los pobladores, quienes no permitieron más este tipo de abusos y las protestas se radicalizaron.

Al iniciar una fría mañana, campesinos marcharon rumbo al campamento minero, pero los militares impidieron su pase. Un disparo al aire, anunció el inicio del conflicto.

Las fuerzas armadas con fusiles AKM y balas de fuego se abalanzaron sobre la población. El palo y las patadas eran repartidos también para mujeres y adultos. Las bombas lacrimógenas nublaron de inmediato el ambiente. El estallido de las balas, el llanto y los gritos, ensordecían el lugar. El conflicto se tornó bastante cruento. Varios manifestantes morían acribillados.

Rubén fue sacado a rastras del corazón de la masa, había sido detenido por varios soldados. Inmediatamente llegaron más y lo tumbaron al piso, lo patearon, escupieron y golpearon con la llamada “vara de ley”. Por entre las botas podía ver cómo esas personas que un día estuvieron con él, estudiando, riendo, trabajando y acompañándolo en buenos y malos momentos, eran golpeadas, maltratadas y asesinadas. El recuerdo se interrumpió cuando sintió el frío y duro metal asentarse tras su cabeza:

—No te muevas.

Rubén volteó la mirada y un hombre dio la orden de levantarlo.

***

          A pesar del humo que era causado por las bombas lacrimógenas, Pedro Huamaní Vilca, hermano menor de Rubén, vio que su hermano era arrastrado por los sinchis. Tenía la cara moreteada. Los hombres de verde le obligaban a coger un arma. Rubén puso resistencia y le pegaron. Nuevamente le pusieron el arma en la mano:

—No voy a coger eso.

—Huevón, ¿quieres que te mate?  —dijo el militar—.  Indio de mierda.

—¡No, no lo voy a hacer!  —respondió con ira.

—Pobre cojudo, vas a respetar  —le dijo mientras lo sujetaba del cuello, y lo empujó hacia el suelo frío y pedregoso—.  Agarra, comunista de mierda  —le decía el verdugo, y de inmediato la prensa limeña tomó fotografías.

Pedro corrió a la defensa de su hermano, pero fue acribillado en el camino. Muchos se dieron cuenta de eso y se lanzaron con más ira sobre la multitud de militares. Una mujer se encargó de recoger el cuerpo inerte de Pedro.

Después de tomarle varias fotografías, Rubén fue subido a un carro, y de ahí, al helicóptero.

Desde lo alto, fue testigo de la cantidad de masas organizadas y de pensamiento firme que sabía, lucharían hasta el final. Ganarían. “El pueblo y sólo el pueblo, es la fuerza motriz que hace la historia. Las masas son los verdaderos héroes que poseen un poder ilimitado y organizadas pueden dirigir sus propios esfuerzos” recordó.

***

          Rubén miraba la capital desde lo alto del helicóptero. Unos edificios inmensos y carros circulaban a lo largo de una ciudad que era empañada por el humo negro y contaminante que hacía de Lima un lugar triste. Ese lugar al que fue invitado desde mucho antes para que pueda estudiar y que nunca aceptó por servir a su pueblo. Ahora la contemplaba mientras descendía de su cielo húmedo y asfixiante, tal vez para quedarse ahí para siempre.

Poco antes de ser recluido en el penal, los periódicos y los canales de televisión informaban que violentistas se habían rebelado en la sierra del Perú, que ya habían capturado a sus dirigentes, entre ellos a Iris, una mujer de ideas radicales y comportamiento delincuencial. Del líder se decía que era un vago sin oficio ni beneficio, delincuente probado y repudiado por la población y a quien además, se le incautó armas, material explosivo y droga, como constaba en las fotografías del periódico. Era responsable de la muerte de veinte policías y tres pobladores. “La prensa no sólo está al servicio de la burguesía, sino que también sirve para consolidar el Estado burgués”, pensó.

Fue condenado a treinta y cinco años de prisión por el delito de traición a la patria y narcotráfico  —para que nunca más se rebelen, le había dicho el Magistrado—.  Con la frente y puño en alto, aceptó la condena.

***

            Un domingo, desde su pequeña radio y en su celda, escuchó la misa en homenaje a los héroes caídos.

—Roguemos a Dios por el alma de nuestros compatriotas asesinados en manos de radicales y endemoniados violentistas  —hablaba el Cardenal—  que, dando su vida al servicio de la patria, la democracia y la paz social, han dejado de existir, dejando a su familia con un gran vacío y dolor, pero a la vez con un gran orgullo porque han cumplido una misión que debe ser admirada.

Escuchó que el Presidente de la República presenciaba la misa con preocupación y dolor. “Servir a la burguesía les vuelve hipócritas”, pensó. Horas más tarde interrumpieron la señal para anunciar que los militares fallecidos serán declarados héroes nacionales.

EPÍLOGO

            A poco más de un año, Arnaldo logró conseguir una visita a Rubén. El comandante de la prisión lo condujo hasta la celda. El recuerdo de Rubén le hizo brotar algunas lágrimas. De pronto escucha abrir no sé cuántos candados y cerrojos.

—Adelante  —le dijo, y Arnaldo pasó.

La celda no medía más de seis metros cuadrados: en el techo un pequeño tragaluz y al lado la tenue luz de un foco que era todo el alumbrado. No tenía ventanas ni televisor, el olor fétido y húmedo le golpeó el rostro. A un costado, la tarima de cemento que hacía de cama estaba cubierta con un colchón de esponja y frazadas; en una esquina la letrina y una ducha que se manipulaban desde el exterior. Un pequeño radio dejaba oír una aguda y débil melodía. Rubén, más delgado que antes y con la barba crecida abrió sus brazos y Arnaldo caminó sobre el piso de tierra para abrazarlo cálidamente. La conmoción en que se encontraba se tornó en indescriptible emoción. Rubén le preguntó por su salud y por cómo habría afrontado la condición de perseguido. Mientras Arnaldo, con lágrimas de alegría le informaba, él lo escuchaba con atención y mirada luminosa. En la celda ya había algunos libros, le contó que era producto de la lucha política emprendida, libros que generosamente se los mostró y expuso, haciendo un análisis marxista de cada uno de ellos. Arnaldo pudo observar que Rubén no dejaba de pensar en su gente, en su pueblo, en lo que se debe de hacer. Sus principios estaban intactos, demostrando una vez más su condición de maestro, asumiendo la defensa del marxismo y resolviendo sus nuevos problemas en esta etapa de su vida.

—¡Almuerzo!  —interrumpió una voz ronca, mientras abrían una pequeña ventanilla ubicada a la mitad de la gruesa puerta metálica, para pasar por allí los alimentos que ingirieron en medio de una conversación cálida y familiar.

—¡Cepillo!  —dijo la misma voz, mientras entregaba un cepillo untado con pasta dental.

Los custodios cubiertos con pasamontañas los observaban constantemente.
Arnaldo, por fin le contó:

—Rubén, déjame decirte que me siento muy orgulloso de ser tu amigo. En estos momentos tal vez estaríamos muertos, pero fuimos muy valientes. Gracias a Ustedes entendimos que es la ideología y la misma lucha de clases las que hacen valientes a los hombres, y ahora estamos vivos y puedo visitarte después de tanto batallar. Luchamos y...

—Pudimos ganar ¿verdad?

—Sí. No nos quitaron nuestras tierras. Se fueron Rubén…

Rubén no perdía la sonrisa. Era la fortaleza misma del alma
.
—Por las condiciones de aislamiento en que estás  —continuó Arnaldo—  no sé si sabrás que costó el sacrificio de tu hermano y aún no se sabe cuántos más serán los fallecidos. La versión oficial dice que son sólo tres, pero recientemente se están abriendo fosas comunes y se encuentran cuerpos que fueron torturados y luego asesinados a manos de los militares. Iris recibió la misma sentencia que tú y dijo que si luchar contra el abuso y a favor de los pobres era un delito, aceptaba su condena. Además, hay muchos de los nuestros desaparecidos, además de perseguidos. Yo mismo afronto un proceso judicial, pero en libertad.

—Así es compañero, a lo largo de nuestra historia ha habido perseguidos, encarcelados, torturados, fusilados y muertos por el Estado represor; pero también a lo largo de la historia, hemos visto que el Estado represor le teme al pueblo organizado, y más aún, si es bajo la ideología del proletariado.

—En los medios de comunicación pudimos escuchar los cargos que se te imputan y lamentamos que toda la información haya sido tergiversada.

Arnaldo levantó el rostro y se animó a decirle:

—Quisiera agradecerte Rubén, tú nos enseñaste que en esta vida nada cae del cielo y que todo se consigue con luchas, es por eso que ahora estamos luchando por tu libertad y estamos seguros que la justicia para ti llegará pronto, ya que siempre estuviste preparado para dar la vida por tu pueblo y aún tienes mucho que aportar…

—¿Hay otras noticias, compañero?  —cortó Rubén, sonriente.

—La convulsión social es cada vez más fuerte: marchas y protestas a diario. ¡Ah! por cierto, me olvidaba: hace algunas semanas quemaron las ánforas electorales en el poblado de Chuschi, Ayacucho. El Partido Comunista del Perú ha dado inicio a la lucha armada. Dicen bajo la dirección de un camarada Gonzalo.

—¡Carambas! Esa sí que es una excelente noticia  —exclamó Rubén—El pueblo ahora sí empezó a escribir su verdadera historia y espero que lo por nosotros hecho, sirva para contribuir en algo a la noble causa proletaria  —dijo, más sonriente que nunca.

Llegó la hora de la despedida, Rubén lo estrechó y dijo cosas muy valiosas, las que Arnaldo guardó en lo hondo de su alma. Sin desear retirarse, caminó lentamente. Cuando volteó por última vez se le estrujó el alma al ver cómo cerraban la metálica puerta de la celda con incontables cerrojos y candados. Al final alcanzó a ver la cadena que colgaba al exterior de la celda y que se jalaba para hacer pasar agua a la letrina.

Al salir a la calle lo recuerda en su pueblo, con su cálida presencia, su sonrisa y sus brazos abiertos, sus palabras suaves, profundas y alentadoras y sus trabajos escritos, listos para entregar a sus camaradas.

Había llegado al Penal perturbado y se iba con la mente clara y el corazón ardiente. La nueva lucha volvía a empezar.


Cajamarca, 2016.


Nota: Cuento enviado por el autor a quien conocimos en el XII Encuentro de Escritores "Manuel Jesùs Baquerizo" en Tarma, el año 2013.

1 comentarios:

AlexChamán dijo...

¡Felicitaciones por poner lo mejor de ti al servicio del pueblo!

Apreciado cpro. le deseamos un millón de éxitos y a seguir bregando y forjándose ne medio de problemas, limitaciones y adversidades.

Como decía el camarada Stalin usted tiene madera y llegará muy lejos en su servicio con la historia y sus implicancias.

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