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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

miércoles, 1 de abril de 2015

Diccionario de la lengua: Ficción

Ficción.- 1. f. Acción y efecto de fingir. 2. Invención, cosa fingida. 3. Clase de obras literarias o cinematográficas, generalmente narrativas, que tratan de sucesos y personajes imaginarios.
Ficción procede del verbo latino fingere, que deparó en español el verbo fingir, pero que significaba trabajar con las manos -de ahí que en inglés finger sea dedo-. Hacer ficción consistía pues en trabajar con las manos el barro para hacer jarrones y vasijas: era un verbo de alfareros, esos imitadores de Dios, pues no en vano quiere la leyenda que éste extrajera al hombre del barro después de modelarlo. Por esa razón resulta tan particularmente molesto que se separe a la ficción de la realidad, cuando es una de sus más grandes provincias, y cuando no hay en ella ninguna ambición de independizarse".

Pero no queda ahí la aventura etimológica de la palabra –y no es que yo piense que la etimología es una ciencia exacta-: más bien me parece una de las disciplinas de la magia. La ficción que hacían los alfareros cuando trabajaban el barro para hacer vasijas –para hacer ficciones, para convertir el barro informe en algo útil o decorativo- estaba hecha con un barro especial, llamado terra refractaria. Y refractario es todo aquello que se niega a ser de su condición. O sea, tierra que se niega a ser solo tierra, tierra que aspiraba a ser algo más, y que gracias a los dedos de los alfareros se convertía en ficción, en algo tan real como un jarrón para las flores o una vasija para la comida. La ficción fue, creo que por propia ambición de los que la hacían o por interés adecuado de sus mandatarios, a los que les venía bien que hubiera un mundo aparte donde esconderse cuando la realidad fuera fea –y casi siempre lo es-, apartándose de la realidad, convirtiéndose en un refugio para los malos tiempos, una escapatoria, una república indenpendentista. Es una pena, porque en sus mejores momentos, la ficción mantiene su vínculo de hija con la realidad: tienen la misma sangre, pero son dos personas distintas, parecidas o contrarias, que se aman y se odian.

Todavía hoy quienes hacen ficción deberían recordar que lo que hacen tiene que ver con trabajar con las manos el barro informe para darle alguna forma y obtener un objeto a veces útil, a veces decorativo, a veces, también un arma que se puede estrellar contra la cabeza de alguien. Solo manteniendo esa fidelidad podrá todavía considerarse una parte importante de la realidad, a la que mejora o empeora, dependiendo de las necesidades de los dedos que le dan forma, y de los ojos para los que se hizo esa forma.



De Una palabra de Juan Bonilla

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