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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

jueves, 21 de julio de 2011

Historias reales y..., de la otras: Jazmín

Por Enrique Chávez A.
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Recuerdo que jugábamos a ser infieles, a romper las reglas que imponían nuestros adolescentes idilios. Y fueron varios los encuentros furtivos, planeados cuidadosamente. No podía saberlo nadie, no. Hubiera sido un escándalo. Ella tenía un romance hermoso con un hombre que la quería. Ella también lo quería, con el alma, lo sé. Y yo, yo adoraba a la muchacha de dulce mirar que era mi enamorada. Pero que tentadores eran aquellos besos clandestinos.

 
"Amor a escondidas" (el beso, 1858)
Ferdinand Georg Waldmüller(15 enero 1793 en Vienna – 23 Agosto 1865 en
Hinterbrühl, Austria)

Sabíamos que era prohibido, que estábamos – ¡Dios mío! – siendo infieles. Pero era inútil resistirse. Una mirada bastaba, sólo una, y no tardaban nuestros labios en buscarse para confundirse en un beso. “¡Pero qué estamos haciendo! ¡Yo no puedo…!”, musitaba ella mientras yo mordía sus labios y mis manos atrevidas buscaban cobijo debajo de su falda. “¡Esto es una locura! ¡Deberíamos alejarnos!”, le decía yo, mientras ella arañaba mi espalda y besaba mi cuello desesperadamente.

Nunca hubo un “te quiero”, menos una promesa de estar juntos para siempre. No, no… Aquello fue mucho más verdadero que tanta cursilería. Después de todo, quién puede prometer sentimientos, si éstos son casi siempre involuntarios. Aquello, sin ser amor, fue mágico, verdadero y vesánico.

Aquellas tardes se extinguieron, como también se extinguieron aquellos romances adolescentes; y sin embargo, el sabor de esos besos robados al jardín de lo prohibido, sigue vagando silencioso en el laberinto de mis pasiones. ¡Qué misteriosa esencia de eternidad se escondía en lo pasajero de aquellas tardes difuntas!

Jazmín, entre nosotros nunca hubo un “te quiero”, es cierto; y menos una promesa de estar juntos para siempre; pero hay algo entre los dos que no ha muerto: algo en ti que es mío todavía; y mucho de mí que no deja de pertenecerte.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola:
Felicitaciones Enrique, una historia por la cual muchos pasamos.
Un abrazo.
Elmer Castillo Díaz.

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