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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

martes, 8 de enero de 2013

Cada quién decide su sueldo


 Por  Raúl Wiener

A propósito de la histórica frase del congresista José Luna, mencionado muchas veces como el financista de la revocatoria: “si quieren un buen Congreso páguenle más”, que se complementa con el concepto de que otros funcionarios del Estado ganan aún mejor que los llamados “padres de la patria” e incumplen la norma que los obliga a tener un salario menor que el Presidente de la República, me vienen a la cabeza varias ideas que expongo a continuación:


a. Efectivamente existe un gran desorden remunerativo en los cargos altos del Estado, que se ha ido produciendo a partir de decisiones unilaterales de los finalmente beneficiados, desconociendo normas vigentes y las indicaciones explícitas del llamado órgano rector de servicio público (SERVIR).

b. Curiosamente el que arrancó este caos, lindante con el aprovechamiento indebido del cargo y la corrupción, es el Contralor Khoury que recibió varias advertencias explícitas de las instancias encargadas para que no siguiera con su intención de doblarse su sueldo y el de sus allegados, y lo que hizo es cambiar a su gerente de administración e ignorar al SERVIR.
c. Como el Contralor hace lo que le da la gana y las denuncias en su contra se quedan atracadas, ha habido otros altos funcionarios que han imitado su gesto omnipotente como el presidente del BCR, el Superintendente de Banca, la jefa de la SUNAT y otros, que estando en falta siguen cobrando lo que les da la gana.

d. El Congreso ha sido incapaz de poner freno a estos actos unilaterales, empezando por el caso del señor Khoury al que citó sin mayores consecuencias. El gobierno tampoco hizo nada y prefirió usar la suspensión de la denuncia para tener al contralor bajo presión y negociar sobre el curso de sus denuncias, consolidando el método de tener a todo el mundo en falta para intercambiar impunidades.

e. El problema real del Congreso es su desperfilamiento político y por más que se le pague mucho más a sus integrantes nunca será mejor si nadie tiene claro para qué sirve. Una representación que no responde a las necesidades de la lucha política, sino al poder del número; que se conforma al gusto de los caudillos y de intereses subalternos (los que tienen dinero, los incondicionales, los familiares, etc.); y que no se siente expresión de sus electores no puede dar sino el producto que vemos todos los días.

f. La idea de que democracia es un presidente que se elige ofreciendo lo que después no se cumplirá y parlamentarios que quieren escalar rápidamente en la pirámide social pisoteando el voto que los eligió, es muy deleznable como concepto y propicia para el desafecto popular. Habiendo visto en los últimos meses lo duro que es para un maestro conseguir 300 soles de aumento, o lo poco que gana un médico, un trabajador judicial, un Policía o un empleado del INPE, resulta por cierto chocante que el Congreso se aumente 7 mil 500 soles de golpe, que es mucho más que el sueldo total de cada uno de los otros.

g. La escena del Consejo Directivo del Congreso y su presidente dando a conocer su acuerdo de ratificar el aumento, como si se tratara del rescate de algún principio, quedará grabada como uno de los momentos claves de la crisis de la democracia post-Fujimorista que marcha cuesta abajo. Lo triste es que en esta caída destaca la inconciencia del partido de Humala que ofreció una transformación de la política peruana. Y todo por unos cuantos soles.

Fuente: Diario La Primera,  lunes 7 de enero de 2013

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