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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

viernes, 31 de diciembre de 2010

Reflexiones de año nuevo



Por: José Luis Aliaga Pereyra

 En los primeros días de un nuevo año siempre es importante detenerse para reflexionar sobre todo lo que hicimos, bueno o malo, en el 2010.
¡FELICIDADES!
No me refiero a la autoflagelación que solemos darnos luego de un descarriado fin de semana, o después de los agitados días en una fiesta patronal. Tampoco a aquellas preocupaciones que surgen al devorarnos un delicioso pastel e incumplir así con la rigurosa dieta; o al cometer un error a las pocas horas de haber leído “El vendedor más grande del mundo” de Og Mandino. Creo que es impostergable que vayamos más allá, como lo hace un verdadero ciudadano al analizar concienzudamente cómo su comportamiento afectó al resto de la colectividad.

martes, 28 de diciembre de 2010

Navidad: VILLANCICOS PERUANOS / CARPINTERO FINO


lunes, 27 de diciembre de 2010

LIBROS PÓSTUMOS DE JULIO GARRIDO MALAVER

 1
La frondosa producción literaria que publicó Julio Garrido Malaver (Celendín 1909 – Trujillo 1997), abarca varios géneros: poesía, cuento, novela, teatro. La familia del poeta ha conformado la Fundación Cultural JGM, y uno de sus fundamentales propósitos es continuar con la reedición de los libros publicados y de los inéditos. El escritor trujillano Bethoven Medina Sánchez ha sido designado coordinador editorial y difusor de la obra garrideña.

Dando concreción al optimismo y con el auspicio del gobierno regional de Cajamarca, se han publicado el año 2010  dos libros póstumos de Garrido.

Se trata de los poemarios De los signos y Escudos para mis banderas (Fondo de Promoción Artístico- Cultural Regional de Cajamarca).

sábado, 25 de diciembre de 2010

Historias reales y..., de la otras: BROMAS CRUELES DE SOBRINOS TERRIBLES

(CUENTO)
Autor: Elder Cortéz Oq’as

Rafael, vivía en Calconga, uno de los caseríos del distrito andino conocido como El Huauco. Era un campesino viudo, sin hijos; pero con casi una veintena de sobrinos, descendencia de sus cinco hermanos, que vivían en el mismo pueblo. Ser hombre madrugador, trabajador y ahorrador, le había permitido comprarse, en diferentes altitudes del distrito, varias parcelas. Cada terreno, apto para algún tipo de cultivo; así, Rafael era un agricultor que “sembraba y cosechaba de todo”, según la temporada. Los rastrojos y eriazos de sus parcelas, le permitían contar con buen pasto, el necesario para criar más de veinte cabezas de ganado. Sus terrenos, ganado y cosechas; le otorgaban condiciones económicas, mejores que las del promedio de sus vecinos. Era un hombre respetado, y hasta envidiado, en su comunidad.

Rafael aperaba hasta tres acémilas, los días sábados, para ir temprano a “la plaza”, como popularmente se conocía a la feria semanal. En El Huauco, ciudad capital del distrito, que albergaba a tal feria o mercado, vendía los productos de sus cosechas, visitaba a sus amistades, compraba cosas y productos para su casa; así como, golosinas para sus dos sobrinos engreídos: Artemio y Octavio. Ellos le eran muy serviciales cuando se ausentaba o trabajaba: Llevaban a su ganado a pastar en los potreros, al medio día arriaban la manada hacia el abrevadero; y por la tarde lo regresaban al dormidero.

Entre los demás sobrinos de Rafael; estaban: José, Jeremías y Javier, sendos hijos de tres de sus hermanos. Ellos se sentían ignorados, marginados y discriminados por su tío, por el “tío Rafa”, como familiarmente lo llamaban. Mucho más, cuando los días lunes llegaban a la escuela y allí tenían que soportar las burlas de sus primos Artemio y Octavio, quiénes les sacaban cachita, comiéndose las golosinas que les compraba el mismo tío. Un día, los discriminados acordaron hablar con su tío, para pedirle que a ellos también les diera la oportunidad de ayudarle a cuidar sus animales; a cambio de traerles golosinas. Rafael que tenía, ciertos roces con sus hermanos, padres de los niños que le ofrecieron ayuda, se incomodó y los rechazó diciéndoles: “Cuando trabajo o me ausento, solo confío el cuidao de mis animales, a mi Octavio y a mi Artemio”. Luego agregó, gritándoles: “Ustedes son unos malcriaos, hambreaos e interesaos. Quieren cobrarme por simples mandaos. ¿Dónde se ha visto?”.

“El trío JJJ”, por las iniciales de sus nombres; era el santo y seña de los tres primos unidos, por el sinsabor der ser sobrinos rechazados. Ellos entraron en rebeldía franca y decidieron vengarse del trato discriminador de su tío. “Todos somos sus sobrinos, pero él solo prefiere a dos. Nos la pagará por ser malo con nosotros”, juraron.

Un sábado, como de costumbre, Rafael se levantó antes de que el alba aclarase a los campos y los pájaros iniciaran su jolgorio madrugador. Se dirigió al potrero en pos de sus tres acémilas: Como “caballo de silla” o “corcel negro”, refería a su potro de color negro, con estampa parecida a la de un caballo de paso. La yegua de carga o “yegua macra (1)”, era para él, una de color blanco, con manchas grises en el cuello; y con sus patas delanteras deformadas como agarraderas de alicate, por un accidente que tuvo rodándose por un desfiladero. El burro leñatero o “As negro”, era un asno mañoso, de color predominantemente negro; que por lo general pasaba sus días alquilado; no para darle ingresos a su dueño, sino para desquitar los daños que hacía en los sembríos de los vecinos. Rafael halló a dos acémilas, menos a la “yegua macra”. “Los malditos abigeos han vuelto y me han robado mi yegua”, pensó. De inmediato emprendió su búsqueda, montado en su “corcel negro”. Decidió ir por todos los caminos que comunican a su pueblo, con otros: Por el camino que va hacia El Huauco, llegó hasta La Quintilla, siguió por Uñigán, avanzó hasta Guañambra y de allí regresó a Calconga. Al día siguiente, por el camino que conduce a La Encañada, llegó hasta Quinuamayo. El tercer día, por el camino que va hacia Oxamarca, llegó hasta Cajén. El cuarto día de búsqueda, por el camino que conduce a San Marcos, llegó hasta Guanico. A cuánto transeúnte encontró por los caminos, durante los cuatro días de búsqueda, Rafael lo abordaba cortésmente y les preguntaba, si por casualidad habían visto a una yegua blanca, con características adicionales, que él mismo daba con lujo de detalles. No obtuvo ninguna respuesta positiva.

Al quinto día, miércoles por la mañana, fatigado por tanto cabalgar, Rafael descansaba en el alar de su casa. Lamentaba no haber podido viajar a El Huauco, el último fin de semana. Recordó a Herminia, una viuda huauqueña, buenamoza, de piel blanca y ojos muy claros. Ella le daba pasto para sus acémilas, y algunas veces le invitaba desayuno o almuerzo; él le correspondía con parte de los productos que llevaba al mercado. “La Herminia pensará que soy un mentecato”, se dijo. Pensó en la atracción que ella le inspiraba y en el regalo que él le había ofrecido llevarle. “El próximo sábado le explicaré el atraso que he tenido, ojalá me comprenda”, se consoló. Lamentaba más, la desaparición de su yegua, y los días de trabajo perdidos en su búsqueda infructuosa. “He perdido a mi yegua y cuatro días de trabajo, sin contar el domingo”, renegó.

La tarde del mismo miércoles, Rafael llevó, a su “corcel negro” para soltarlo en el potrero. Debido al cansancio lo retuvo a pastar cerca a su casa, desde la noche anterior, en la que dio por culminada la búsqueda de su yegua. Regresaba de su fundo, con la soga del potro enrollada sobre su hombro. Se paraba de trecho en trecho, en el camino. Miraba al horizonte y oteaba en los campos comunales y chacras de sus vecinos, por si apareciera por allí su yegua. De pronto, a orillas de un bosque de alisos, colindante con su propiedad, distinguió el movimiento de un animal de color negro. Su curiosidad subió a tope, era raro que un animal esté semioculto allí, a ésa hora. Observó pacientemente, hasta que el animal movió su cola y luego levantó su cabeza. “Parece un caballo o una yegua”, pensó. “Pero, mi vecino no los tiene”, “Quizás sea de otra persona”, seguía pensando. “Quizás los abigeos robaban a otro animal, y al verme lo abandonaron y fugaron”, se dijo, envalentonándose. Decidió cruzar campos y sembríos, e ir hacia la posición del animal. Llegó y lo primero que llamó su atención, fue la soga. Era la que él mismo hizo, de las propias crines de sus acémilas, y que las torció y trenzó, con unas tarabillas de madera que le regaló su abuelo. Desenredó la soga de un tronco y jaló al animal hacia un claro. Rafael se asombró más, cuando comprobó, que el animal era una yegua con sus patas delanteras igual de deformadas, como las de su “yegua macra”. Solitario y confundido, y con la tarde que ya moría, tuvo cierto miedo. Luego, jaló a la yegua con más prisa, observando sus pasos. “Trota como mi yegua, solo que ésta es negra”, pensó. Entonces, examinó al animal minuciosamente: orejas, ojos, cuello, cascos, cola, lomo, etc. Todo era igual, en la forma, a lo de su yegua; pero el negro no era su color. Decide pasar la palma de su mano por el pelambre de la yegua, así comprobaría si era tan mansa, como la suya. La piel del animal, en vez de mostrar su suavidad habitual, se sintió áspera y pegajosa. Instintivamente miró a la palma de su mano, estaba manchada con pintura negra. Era anilina, ése tinte que las mujeres del pueblo, usan para teñir a sus tejidos de lana. Rafael, quedó convencido que encontró a su yegua. Luego, sin saber a quiénes, los maldijo: “¡Desgraciaos! aquellos que han pintao a mi yegua. No tendrán perdón de Dios, por hacerle esto a un ser indefenso. De mí que se burlen cómo quieran, pero no de mi animal”.

El paraje denominado La conga, en la periferia del pueblo, fue el lugar elegido por “El trío JJJ”, para reunirse y evaluar los resultados de su primera acción de venganza en contra del “tío Rafa”. Allí y a la misma hora, ocho de la noche, habrían de reunirse siempre, en lo sucesivo. “Todo nos salió bacán”, dijo José, el mayor de los tres, líder del grupo y autor de la idea de pintar con anilina negra a la “yegua macra”. “El tío Rafa anda, haciendo averiguaciones”, informó Jeremías. “Nadie contará esto a nadie, hasta después que el tío muera algún día”, apuntó Javier, invitándoles a que aprueben sus palabras como un juramento. “! Nadie carajo. A lo macho!”, dijo José. “! A lo macho!”, respondieron los otros, en coro. “Cada uno dará una idea con su respectivo plan, de las siguientes perradas que le haremos al tío. Te toca a ti, Jeremías”, sentenció José. “Denme un tiempito, debo cranear”, contestó éste.

Los sobrinos terribles, convinieron en que para la próxima reunión no había fecha. Se haría cuando el “tío Rafa”, de muestras estar trabajando con su tranquilidad, empeño y distracción de siempre.

Rafael continuó con sus viajes sabatinos a El Huauco. Su yegua de carga, mostró por varias semanas, algunas manchas negras. Bañó varias veces al animal, como detergente para desmanchar, usó frutos de una planta silvestre llamada aylambo; pero en algunas partes de su cuerpo, la pintura se afirmó. Algunos vecinos salían de sus casas, solo para ver pasar a la acémila raramente manchada, luego se metían riéndose. Por las constantes burlas, Rafael se mostraba distante y desconfiado con sus vecinos de Calconga. Paralelamente, tomó interés especial por sus viajes semanales a El Huauco; debido a que sus acercamientos y conversaciones con Herminia, cada vez, eran más interesantes.

__Herminia, ¿Podrías darme posadita para venir los viernes? __le dijo Rafael, en su última visita__. Los caminos, cuando llueve, se ponen feos e intransitables. Los sábados, madrugo mucho para llegar temprano a la plaza. A veces vengo, sin dormir nada.

__ ¡Cate, vos estás loco! __le respondió Herminia, sorprendida__. Acaso no sabes que aquí la gente es muy mal pensada. Hablarían: “Miren, la Herminia ya está de amores con ese jalqueño”.

Con buen reflejo, Rafael, tomó aquellas frases de Herminia, como la gran oportunidad para declararle su amor.

__Mira Hermiñita, vos y yo no vivimos de la gente __le dijo muy sereno__. Vivimos de nuestro trabajo. Además, somos personas adultas y libres. Yo soy un jalqueño, sí, pero de buen corazón. ¿Qué importa que la gente sepa. Tengo las mejores intenciones para convivir contigo”

__No es tan fácil para mí. Hay asuntos que puedo decidirlo sola; pero otros, debo consultarlo con mis hijos __le respondió Herminia__. Aunque ellos están en Lima, deben saberlo.

“Lo tengo. Tengo la idea para la próxima perrada”, le dijo, un día, Jeremías a José. Éste le respondió, al paso: “Entonces, avísale a Javier, el viernes por la noche tendremos reunión”. Al día siguiente, sábado, Jeremías merodeaba por la parte posterior de la casa de Rafael. Allí, bajo la protección de un alero empalmado al tejado principal de la casa, estaban los aperos de labranza: arados, yugos, garrochas; manceras y timones de repuesto. Jeremías, con el pretexto de cazar pájaros, disparaba adrede hacia los saucos, piedras menudas con su honda de jebe. Así, quien lo viera, pensaría que su presencia allí, solo obedecía a esa travesura o deporte de niño. Pero, su misión verdadera, era obtener el espesor del “mate” del yugo. Por la tarde del mismo día, con un palito de shinshil (2), delgado y de tamaño apenas mayor que una pulgada, llegó a La Quinuilla, al taller del carpintero Marciano Marín.

__Por favor ño (3) Marciano, véndame dos clavitos de éste tamaño y sin cabeza __dijo Jeremías, mostrándole al palito delgado y diminuto en la palma de su mano.

__ ¿Y para qué lo quieres? __preguntó el carpintero, curioseando y mirándolo con sus ojos pequeños y achinados.

__Para clavar una repisa __mintió Jeremías, muy sereno__. Un trabajo manual que nos pidió hacer, nuestra profesora.

El carpintero, abrió el cajón de una mesa de su taller, arañó e hizo sonar a los clavos, cogió a dos y los juntó con el palito. Seguidamente, aprisionó a los objetos con una prensa de palanca, separándolos de tal manera que las cabezas de los clavos no chocaran entre sí. De cuatro pasadas, con una sierra de cortar metales, voló la cabeza a los dos clavos.

__Toma. No te cuesta nada, tu padre es mi amigo __dijo el carpintero, palmeándole la espalda __.Ojalá que la profesora te ponga buena nota.

__Dios se lo pague ño Marciano. __dijo Jeremías. Entre contento y avergonzado, bajó la mirada, giró y aceleró sus pasos, retirándose del taller.

Rafael decidió dar las primeras aradas, al terreno eriazo que había designado para sembrar papas guagalinas (4). Una mañana iba, por el camino, arreando a sus bueyes, al “negro” y al “pinto”, como él los llamaba. Iba hacia la estancia conocida como “Los chochos”. Llevaba al yugo inclinado contra su espalda, atado con las coyuntas, como a un gran fusil. Al hombro, llevaba al arado, cogiéndolo de la punta de la mancera con su mano derecha y con el timón largo, inclinado en forma ascendente desde su hombro hacia el vacío. Ya en la chacra, se dispuso a uncir a sus bueyes. Pero el “pinto”, al que acostumbraba uncir al lado derecho, saltaba como un chivo chúcaro, apenas le colocaba el yugo en la cabeza. Luego de varios intentos, Rafael desistió de trabajar aquel día. “Este buey viejísimo se ha vuelto marrajo”, se dijo. Esa misma tarde lo vendió, a un negociante sanmarquino, que estuvo de paso por el pueblo.

Aprovechando la ausencia de Rafael, por su viaje acostumbrado a El Huauco; Jeremías, regresó al lugar donde guardaba sus aperos. Su misión era poner el otro clavo, al otro lado del yugo; justo allí donde hay una concavidad, en la que se acomoda la protuberancia mayor de la cabeza del buey. La punta del clavo, apenas sobresaliente sobre la madera labrada, lo ensució hasta mimetizarlo con un poco de arcilla. Al clavo que había colocado antes, lo hundió convenientemente, mimetizando también a sus dos extremos. Finalmente para un mejor camuflaje, con el mismo material, ensució al yugo por otras partes.

Rafael regresó a su chacra, en el paraje “Los Chochos”, llevando al buey que se había comprado el último fin de semana. El reemplazante del buey “pinto”, era un “mulato”, con menos años y mejor estampa. Lo unció sin problemas al lado derecho. “He hecho una buena compra, éste buey es mansito”, se felicitó. Pero cuando se dispuso a uncir al buey “negro”, al lado izquierdo, éste reaccionó como antes el buey “pinto”. Tras la última de las insistencias, el buey “negro” saltó y corrió asustado, dando vueltas con el yugo semiatado a su cabeza, enredando con las coyuntas al cuerpo de su dueño y arrastrándolo un buen trecho. Rafael quedó mal herido, a consecuencia del accidente y estuvo postrado en cama, durante quince días. “¡Qué desgracia la mía. Quizás ya estaré brujeao”, se lamentaba. “El tiempo pasa y chacra no hay. Sembrar papas postreras, es paque lo acabe la rancha”, reflexionaba. Preocupado, contrató a un peón, al que él mismo decidió orientarlo desde un extremo del eriazo, pese a que aún estaba con el tórax completamente vendado y un brazo horizontalmente colgado de su cuello, con un mantel.

El peón tampoco pudo uncir a los bueyes, el problema era el mismo, ninguno de los bueyes se consentía cargar el lado izquierdo del yugo. Un campesino experimentado, que pasaba por allí, se detuvo al costado del camino, para mirar la escena y luego gritó: “¡Oigan, parece que el yugo le llega al buey! ¡Revisen al yugo! ¡No sean más torpes quel animal”. El peón hizo caso al transeúnte, revisó la parte cóncava del yugo, vio un puntillo brilloso, sacó el machete de la funda colgante de su cintura, y lo despejó. Hizo señas a Rafael, para que se acercara. “Mire usté ño Rafa, al yugo le han puesto clavos, justo aquí. Pero el del lado izquierdo sobresale, esto le llega al buey”, le dijo, raspando y haciendo sonar al clavo con su machete. Rafael, corto de vista, e incrédulo aún, pidió al peón que levantara al yugo para tocar al clavo con su índice derecho. Convencido, volvió a maldecir, ésta vez más iracundo; pero siempre, sin saber a quiénes.

A las pocas semanas, luego de mejorar de su accidente, Rafael, efectivamente sembró las papas en tiempo postrero. Lo bueno es que por esos días conquistó a Herminia. Ella comprendió la vida solitaria de aquel hombre trabajador, llegó a quererlo y lo aceptó por compañero. Ante la posible consulta, seguramente sus hijos, dieron luz verde a la relación. Ellos trabajaban y vivían con sus propias familias en Lima; y a la distancia, les era difícil velar por su madre. Pero Herminia, para aceptar ser conviviente de Rafael, habló claro y puso sus condiciones:

__En primer lugar, __le dijo__ yo no me iré, por nada, a vivir a Calconga. En la jalca no me acostumbro, no aguanto al frío. “Bien decía mi madre. Las huauqueñas, son de decir: añañau (5) papas, pero achichín (6) jalcas”, recordó y dijo para sí, Rafael. Pero el amor por la mujer que tenía enfrente, que lo sentía muy intenso, lo resignó de inmediato.

__No hay problema Hermiñita, si no quieres o no puedes, no irás, te quedarás en tu casa __contestó Rafael, decidido__. Total, yo estoy acostumbrao a trabajar y asistirme solo. Agregó envalentonado, como impresionando a su flamante y simpática pareja.

Rafael, además de trabajador, era hábil e ingenioso en muchos aspectos, era el artesano del pueblo. Diestro para transformar a la madera en aperos de labranza: yugos, arados, palas, mangos de picos y lampas. También hacía utensilios para las casas como: cucharas de palo, molinillos, plateros y bateas. Con el cuero de res, hacía reatas, riendas, coyuntas y balsones. Por alguno de sus trabajos, los vecinos, le pagaban como podían y con lo que tenían. Cierta vez, luego de descubrir a los inconvenientes de trasladar huevos de gallinas, en canastas; ideó una forma muy segura, para que no se rompiesen: Liaba a los huevos, en serie, con manteles o costalillos; luego los ataba uno por uno, con cordeles cortos, para que no escaparan de la envoltura, ni rosaran entre sí. Finalmente, a las hileras de los huevos envueltos, que parecían orugas de cuerpo eslabonado, los amarraba al cuello de las acémilas, uniéndolas por sus extremos. Casi siempre, el “As negro” y la “yegua macra”, llegaban y transitaban semanalmente, por algunas calles empedradas de El Huauco, con su carga y varios collares peculiares, llamando la atención de algunos transeúntes curiosos, y arrancando las sonrisas de otros.

Pasados casi dos años, Javier avisó a sus cómplices, que tenía finalmente planificada, la última gran perrada contra el “tío Rafa”. Tres meses atrás, un día viernes, él mismo, se fue a un recodo del camino que conduce a El Huauco, un lugar con alisos frondosos y abundantes, conocido como “El vaquero”. Escondido tras árboles y arbustos, esperaba el paso de la “yegua macra” y del “As negro”, que siempre iban adelante; mientras Rafael jalando al “corcel negro”, del que se apeaba por lo accidentado del camino, iba un tanto retrasado. En el momento oportuno, Javier salió de su escondite y en un santiamén, apretujó a los “collares” de la yegua y del asno, rompió a todos los huevos que transportaban, y volvió al bosque, a reírse a cachetes sueltos; tanto que, a su paso, Rafael casi detecta su presencia. Javier contó de ésta acción a sus primos José y Jeremías, pero ellos no la convalidaron, alegaron que no les constaba. “Tú no puedes actuar por tu cuenta. El grupo tiene sus reglas”, sentenció José.

El nuevo plan de Javier, tenía que ser aprobado en reunión de “El trío JJJ”. Entonces, debieron ir al paraje La Conga, para la reunión de esa noche.

--- Estamos en mayo. Me enteré que el “tío Rafa”, irá al pueblo, a la fiesta de San Isidro Labrador. ---informó Javier, a oscuras--- La tía Herminia, le encargó que compre un carnero y lo lleve vivo. Para ésa fiesta, siempre vienen sus hijos, los limeños, y con ellos piensan comerse al capón.

__ ¿Y qué planteas? _preguntó con sorna, Jeremías. ¿Qué les madruguemos y lo comamos nosotros?

__No. Recordemos que el tío se va los viernes __dijo Javier__. El jueves por la noche debemos robarle el carnero y esconderlo. Hay un lugar. Lo subiremos al alto, al terrao de la casa abandonada, que ño Arturo tiene en la pampa, cerca del campo de fútbol. Le pondremos harta yerba y agua, paque el carnero deje de balar, siquiera por dos o tres días.

El plan se aprobó con algunos agregados. Se ejecutaría a media noche, a horas en que Rafael dormía profundamente. La preocupación mayor de los sobrinos terribles, era que el perro “Shibilay”, que dormía en el alar de la casa; ladrara y despertara a su amo. Felizmente, “Shibilay” conocía bien a José, y él fue designado para llevarle comida y distraerlo, mientras los otros llevaban al carnero. Todo salió según lo planificado.

Rafael tuvo que, por enésima vez, presentarse ante su amada Herminia, para darle malas noticias. Herminia, que ya lo conocía, sabía por la expresión de su rostro, que algo malo le había pasado. De todos modos, terminó de escuchar las explicaciones de su marido, luego lo miró de pies a cabeza y fuera de sí, le gritó sin parar:

__! Ya me tienes harta con tus sonseras! ¡Esos jalqueños te han agarrao de punto!. Acuérdate, antes que me pretendas, me ofreciste traerme harina de trigo pa mi amasijo; me quedé sin panes porque a tu yegua lo escondieron y lo pintaron. Cuando ya eras mi marido, sembraste papas postreras, por no poder uncir a tus bueyes; debido a la rancha, cosechaste y me trajiste unas papas tan chiquitas, que ni podía agarrarlas para pelarlas; esas shishllas (7) que no sirvieron ni para papa seca, tuve que darles a los chanchos. En otra vez, no llegaron los huevos, porque se hicieron sopa, en el cuello del burro y de la yegua. Y ahora, sin tener vergüenza, vienes a decirme, que te han robado el carnero. ¡Bien sabes, que carne y menudencias los quiero para hoy catorce de mayo, vísperas de la fiesta del patrón San Isidro! ¿Con qué voy a agasajar a mis hijos y visitas que han venido de Lima? ¡Ellos están acostumbraos a comer bien! ¿Qué carne les voy a dar? ¡Esto se acabó! ¡Te me largas! ¡Fuera del alcance de mi vista, so jalqueño llanquetejo (8) y tarjoso (9)! ¡No quiero verte nunca más! ¡Lárgate so potochejo (10)! ¡Contigo pierdo mi tiempo. Vos no me sirves pa nada!

Sin importarle la fiesta, Rafael regresó a su natal Calconga. Allí, efectivamente, pasados tres días, el carnero apareció. Había acabado la yerba y como aburrido, trataba de salir de su escondite. Uno de los hermanos de Rafael, al pasar cerca de la casa abandonada, escuchó los balidos y vio al carnero dejando aparecer su cabeza por la puerta del terrado.

Rafael maldijo, como nunca antes, a quienes estaban haciéndole todas esas acciones, a las que él llamó maldades. Lloró amargamente por el desprecio que le hizo la mujer que tanto amaba, y por la que tanto se sacrificó los últimos años de su vida. Había intentado, hasta en dos oportunidades reconquistarla, pero Herminia se reafirmó en su última decisión. Las siembras y cosechas de sus cultivos, más la crianza de sus animales, fueron ocupaciones que le ayudaron a sobrellevar su soledad, y resignarse por la pérdida de su mujer. No llegó a comprometerse con otra, porque nunca llegó a olvidar a su amada Herminia.

Rafael murió a los ochenta y ocho años. Herminia lo sobrevivió, y murió siete meses después. Los primos, miembros del memorable trío de las jotas, ya adultos y con familia, acudieron muy formales, al velorio de su tío. Se aunaron a las condolencias de la familia, mostrando la congoja, seriedad y compostura de dolientes. Luego de tomar su café, y como había mucha gente en el alar principal de la casa, se alejaron y fueron a chacchar coca, como era costumbre en el pueblo, justo allí donde se guardaban los aperos del ya occiso, “tío Rafa”. Los tres se sentaron, en fila, en el yugo, al que años atrás le pusieron clavos. Pese a lo trágico del momento, no pudieron evitar reírse recordando sus palomilladas, y también a las perradas, que en vida, le hicieron a su tío. Recordaron el susto que se llevaron, cuando desde Ventanillas, lugar a dónde fueron con el pretexto de traer leña; presenciaron de cerro a cerro y nítidamente, el accidente del “tío Rafa”; aquel día, en que fue arrastrado por el buey “negro”. “Aquella vez, se nos pasó la mano. Quizá hubiera bastao con un clavo”, dijo Jeremías. “Mañana, a la hora del entierro, cada uno rezará mentalmente una oración, pidiendo perdón al pobre tío”, dijo José. “Y también, perdonándole nosotros por no invitarnos las golosinas, cuando éramos niños. Así descansará en paz”, apuntó Javier.

Fue José, quien narró ésta historia, a cada uno de sus cuatro hijos, cuando éstos eran pequeños. Así sobrevivió para escribirse y contarse. Era una de las narraciones de fondo, que más concentraba la atención de los niños, antes de que durmieran. Alguna vez, recordó con todos, las bromas crueles y la conducta de los “sobrinos terribles”; José, como buen padre, les aconsejó: “La vida nos enseña muchas cosas buenas y siempre nos da oportunidad para cambiar y ser mejores. Por eso, en nuestra adultez, mis primos y yo, nos arrepentimos de lo que ideamos y le hicimos a nuestro “tío Rafa”. Una broma cruel puede hacer perder mucho, y hasta causar una desgracia. Ustedes, mis queridos hijos, siempre han de ser personas de bien, compartirán aún lo poquito que tuvieran, y nunca serán envidiosos, rencorosos, ni vengativos”.

Glosario:

(1) Macro (a). Chueco. Con extremidades deformadas.

(2) Shinshil. Planta pequeña, cuyo tallo es delgado como un uso.

(3) Ño. Voz de la lengua materna, que en el lugar, reemplaza a la palabra “don”.

(4) Guagalinas. Especie de papa amarilla, “arenosa”, cotizada por su buen sabor.

(5) Añañau. Interjección que denota buen sabor o buen gusto.

(6) Achichín. Interjección que denota temor o miedo.

(7) Shishllas. Dícese de los tubérculos demasiado pequeños.

(8) Llanquetejo. Modo despectivo para referirse a la persona que usa llanques (especie de ojotas).

(9) Tarjoso.- Modo despectivo para referirse a quien acumula cierta suciedad en alguna parte de sus pies.

(10) Potochejo. Modo despectivo para referirse a quien usa un sombrero viejo.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Navidad: Una Niña Sin Juguetes - Felipe La Voz Rodriguez


 Hermosa canción del álbum Felicidades de Felipe La Voz Rodríguez. Una de las canciones más tristes que el artista interpretó; le rompe el corazón hasta al más fuerte. En tiempos de la segunda guerra mundial, Puerto Rico se vio en mucha pobreza y gran depresión. Muchas familias sufrieron de extrema pobreza y lo único que le podían regalar a sus hijos, eran muñecas de trapo, carritos de madera, o aviones de cartón. Mientras que la inocencia de los niños no entiende de pobreza, que en realidad son sus padres los que ahorran para comprarle un juguete. Muchos no saben hasta que crecen a una edad más avanzada, no entienden que los Reyes Magos ya no existen.

Esta canción fácilmente le puede traer lagrimas a cualquiera. Muchos se identifican con ella, y aunque muchos de nosotros no hubiéramos estado en extrema pobreza, nuestros padres, abuelos y otros seres queridos tuvieron que pasar por esto. Esto esta dedicado a todos los niños, padres, abuelos, o cualquier persona que sufre o ha sufrido de pobreza; para recordarles que la Fé es lo último que se pierde.

Navidad: Pastoras Sucre / Dardanelos

Navidad: Pastoras Sucre / Dardanelos

Opinión libre: Estocolmo: Del mito al logos

Por Hugo Neira

Un laureado del Nobel dice “lo que piensa sobre la literatura, el mundo y la vida”. Esto es lo que sostuve en artículo anterior, antes del acto de Estocolmo, en estas mismas páginas. De mi primera conjetura algo se cumplió. Vargas Llosa mencionó a Borges, a Cervantes, el papel de la ficción en su propio territorio discursivo, lo cual era predecible, pero también citó a  Balzac, Tolstoi, a Conrad acaso por los viajes, y a Thomas Mann, cuyos Buddenbrook, aquella saga de una familia sigue inspirando a escritores más allá del alemán. Era predecible la referencia a Vallejo, y erré, no citó a Garcilaso, pero sí y con énfasis, a Arguedas. En fin, cabe destacar la primera línea del discurso. “Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en Cochabamba”. Es decir, el papel decisivo de la lectura en aula, tema que comentaré al final.

Hoy todos conocemos su discurso en Estocolmo. Cabe ahora comentarlo con las artes del oficio. ¿Qué es, sin embargo, comentar? Es descubrir el vínculo entre argumentos, el movimiento de la prosa y hacer explícita la problemática central que todo texto lleva consigo. Para cumplir tal cometido no dispongo de mucho espacio. Lo intentaré sugiriendo que hay varios ejes en el discurso de Estocolmo. Como este Nobel además de narrador es un “scholar”, no es difícil seguirlo: su orden es cronológico. El primer eje es el aprendizaje de la lectura, la infancia, el colegio de La Salle, el inicial deslumbramiento, “el sueño en vida y la vida en sueño”; la madre, “me gustaría que estuviera aquí”. El segundo eje cuenta la dificultad, “no es fácil escribir historias”. El tercero enlaza literatura y política libertaria, contra “el tirano, la ideología, la religión”. El cuarto, “la buena literatura”, una humanidad en lectura planetaria, “en Tokio, Lima o Tombuctú”. Hay otros ejes, “nunca me he sentido un extranjero en Europa”. La revelación de Popper y de Raymond Aron se entremezcla con lo personal, esposa, hijos. Sí, la emoción, en algún momento se le quiebra la voz, pero la pausa fue corta y continuó con “volvamos a la literatura”. ¿Cómo se llama este tipo de discurso? Cuando se combina autobiografía y episodios intelectuales, estamos ante un itinerario. El escritor se ve a sí mismo, sus experiencias, y como dijo Ortega y Gasset, toda vida es navegación.

Abordemos, es hora, la problemática del texto entero. Algunos han dicho que gira sobre vida y literatura. Sin embargo algo desborda la cita misma de Estocolmo. ¿Cuál es la propuesta gigantesca, no solo de MVLL sino de García Márquez, de Cortázar, de Carlos Fuentes, del propio Borges con sus cuentos filosóficos? Ese algo, me parece, va más allá de la literatura. Dicho de otra manera, ¿una civilización puede dotarse de un discurso literario propio en espera de tener uno en el campo filosófico y científico? La respuesta, comparando civilizaciones, es sí. Eso es posible. Dos obras literarias fundan el saber griego. Los trabajos y los días de Hesíodo y La Iliada y La Odisea de Homero. Ellas preceden por siglos al “logos” de Platón y Aristóteles. Aquella civilización del saber se inició con la literatura. La obra de Vargas Llosa –y la totalidad del “boom”– prepara la libertad del espíritu tras enfrentar lo mitológico de este continente, incluyendo dictadores. Así, la apuesta de la ficción de América Latina es convocar el caos de lo irrazonable para vencerlo. Para que aparezcan los Kant, los Hegel y los Albert Einstein de este lado del mundo. Pero nuestro templo preferido tendría que ser el de Atenea-Minerva, y no lo es. Escuela y lectura andan divorciadas. Mario a los cinco años aprende a leer porque hay, por fortuna, un profesor de La Salle, el hermano Justiniano. Esa frase, esa vida, ese Nobel, es un vivo reproche a la seudoescuela actual (y parte de la universidad) que forma neoanalfabetos que cree que leer está pasado de moda. (P.D. Sobre política, dentro de 15 días. Pero hay buenas noticias: la alcaldesa Susana Villarán sabe decir no).

Opinión libre: El sueño del Celta


Por Nelson Manrique
I
La República 07/12/2010

Confieso que El sueño del celta no me atrapó como las otras novelas de MVLl. Cuando se le otorgó el Óscar a Martin Scorsese por Los infiltrados, muchos de sus admiradores lamentaron que ese merecidísimo reconocimiento no hubiera llegado con algunas de sus obras mayores, como Taxi Driver o El toro salvaje. Siento algo similar con relación a Vargas Llosa y el Nobel que premia su trayectoria literaria.

En El sueño del celta sorprende que Vargas Llosa no lograra construir una gran novela escribiendo sobre un personaje con una vida absolutamente novelesca, como Roger Casement. Las dos primeras partes del libro, dedicadas a la redacción de los informes de Casement sobre la inicua explotación colonial de los nativos del Congo Belga y de la Amazonía, no logran conmover, a pesar de la minuciosa -y por momentos morosa- descripción de las atrocidades cometidas contra los indígenas. Se trata de descripciones abstractas, que no encarnan en grandes personajes literarios, como aquellos que pueblan sus mejores obras. Los negros congoleses y los nativos amazónicos son seres unidimensionales, aterrorizados e incapaces de ninguna respuesta, y sus verdugos son igualmente unidimensionales: seres motivados exclusivamente por la codicia. El antropólogo australiano Michael Taussig provocó un gran debate académico sobre la naturaleza multidimensional del terror colonial justamente tomando como caso las atrocidades cometidas contra los nativos en el Putumayo, pero no existe ningún eco de estas preocupaciones en los seres que pueblan El sueño del celta.

Esto acontece también con el entorno del protagonista; Casement está rodeado de malvados alucinados o de personas bondadosas al extremo, pero estas no constituyen personajes memorables, como aquellos que forman la fauna humana que rodea al Consejero en La guerra del fin del mundo  -María Quadrado, el León de Natuba, el Beatito, etc.- o la corte de los milagros que componen los que rodean a Trujillo en La fiesta del Chivo (Cerebrito Cabral, el Constitucionalista Beodo, por ejemplo). 

Las motivaciones vitales de Casement en la novela no son convincentes. Las iniquidades que él observa en el Congo y la Amazonía lo llevan a odiar el colonialismo y su odio se extiende contra el imperialismo británico que sojuzga a Irlanda convirtiéndolo en un ardiente nacionalista. Esta conversión resulta poco convincente. Casement ha sido testigo de innumerables atrocidades en el Congo y en la Amazonía, pero no hay en la novela un solo caso de atropellos cometidos por los ingleses. Por el contrario: el gobierno de Gran Bretaña patrocina las investigaciones de Casement (que es su funcionario) y cuando este informa a las autoridades de las atrocidades cometidas contra los nativos estas se horrorizan. Cubren a Casement de honores, lo hacen noble, y se empeñan de inmediato en encontrar remedio a estos males, denunciando ante la comunidad internacional las maldades cometidas por los súbditos del rey Leopoldo de Bélgica (que es cómplice de estas), y sometiendo a un juicio ejemplar a Julio C. Arana, el peruano propietario de la casa comercial de su nombre, responsable de las matanzas en el Putumayo. El castigo de este mal individuo se concreta en su ruina. 

No existe, en cambio, una sola escena que registre atrocidad alguna cometida por Inglaterra contra los irlandeses y por eso cuando un amigo del protagonista le señala que no puede comparar el papel de Inglaterra con lo que han visto que los belgas hacen con los congoleses, Casement se limita a señalar que los métodos coloniales ingleses son “más sofisticados”. Demasiado poco para la magnitud de las opciones que su conversión desencadena. 

Casement fue ahorcado por los ingleses, luego de ser declarado traidor por cooperar activamente con el enemigo, los alemanes, durante la Primera Guerra Mundial, propiciando hasta la formación de una brigada irlandesa para combatir junto con ellos contra Inglaterra, lo que le ganó el desprecio de muchos compatriotas y perder la amistad de entrañables amigos entre los que destaca Joseph Conrad. Por eso sus motivaciones aparecen poco convincentes. 

II

La República 21/12/2010

Señalé en un artículo anterior que me sorprendía que en su última novela MVLl no lograra construir un gran personaje literario escribiendo sobre un hombre con una vida absolutamente novelesca, como Roger Casement. Escribir sobre hechos verdaderos no necesariamente produce un texto literariamente convincente porque la literatura trabaja no sobre la verdad (esa es una preocupación de la historia) sino sobre la verosimilitud. Que algo haya sucedido en verdad no es garantía de que un texto literario sea verosímil, y, a la inversa, hechos manifiestamente falsos pueden ser convertidos en perfectamente verosímiles por un gran escritor. ¿Qué falló?

Propongo una hipótesis: MVLl simpatiza racionalmente con Roger Casement, al que en El sueño… define como: “uno de los grandes luchadores anticolonialistas y defensores de los derechos humanos y de las culturas indígenas de su tiempo y un sacrificado combatiente por la emancipación de Irlanda” (p. 449). Pero a un nivel más profundo las motivaciones de su personaje le son no solo extrañas sino repudiables. 

En un evento realizado hace un año en Colombia (paralelo a la redacción de El sueño…) MVLl leyó un discurso, en su condición de presidente de la Fundación Internacional para la Libertad . Allí, señaló al indigenismo como el gran enemigo de la democracia en AL. El “indigenismo”, afirma, es una de las expresiones del colectivismo, que es incompatible con el desarrollo y la civilización. 

El indigenismo, dice VLl, “está brotando en América Latina de una manera muy sinuosa y revistiéndose con unos ropajes que no parecen ofensivos sino prestigiosos”. Este mal amenaza también a nuestra patria: “En el Perú está brotando con dos o tres hermanitos que en nombre de esa identidad colectiva, la identidad indígena, autóctona, genuina, la de la verdadera peruanidad, ha lanzado una campaña que cuando uno la examina racionalmente parece que fuera tonta, casi cómica, pero que toca un centro neurológico llamado el espíritu de la tribu, que nunca desaparece incluso en sociedades que han avanzado más en el camino de la civilización” (debe ponerse esta reflexión en el contexto de los hechos de Bagua). 

Para MVLl el indigenismo es una amenaza ubicua, “que está detrás de fenómenos como el señor Evo Morales en Bolivia”, y constituye una grave amenaza para el orden constituido: “El indigenismo en Ecuador, Perú y Bolivia está provocando un verdadero desorden político y social, y por eso hay que combatirlo”. Su rechazo del indigenismo no es solo intelectual sino político; MVLl convoca a una cruzada para erradicarlo: “Si queremos alcanzar el desarrollo y elegir la civilización y la moralidad, tenemos que combatir resueltamente esos brotes de colectivismo. Creo que en el movimiento indígena hay un elemento profundamente perturbador que apela a los bajos instintos, a los peores instintos del individuo como la desconfianza hacia el otro, al que es distinto. Entonces se encierran en sí mismos”.

Este texto constituye una muestra antológica de etnocentrismo occidental. No en vano varios escritores europeos han definido a VLl –con el fin de elogiarlo, por supuesto– como “el más europeo de los escritores latinoamericanos”. Esto es lo que otro Nobel, el europeo José Saramago, declaró sobre sus posiciones: “Decir que el movimiento indígena es un peligro para la democracia me parece algo increíble. Cómo de una cabeza inteligente puede salir una afirmación tan monstruosa como esa”. Para el etnocentrismo lo propio es “lo humano”, y lo de los otros “lo inhumano”, y debe ser leído desde nuestra escala de valores: ellos son desconfiados y cerrados sobre sí mismos en la misma medida en que nosotros somos confiados y abiertos.

Tampoco el anticolonialismo de Casement se salva de la condena visceral de MVLl. En el discurso que vengo citando él señala al nacionalismo y los integrismos religiosos como parte del mal que se debe combatir. Y los personajes de El sueño… se encargan de subrayar que las luchas independentistas de Irlanda se nutren precisamente de estas dos fuentes ideológicas.  ¿Cómo podría pues Vargas Llosa, más allá de lo racional, identificarse con su personaje?

Opinión libre: Vargas llosa y el Perú


Por Nelson Manrique

El premio Nobel de Mario Vargas Llosa llega, desde el punto de vista de su relación con el Perú, en el mejor momento, aunque todos consideren que demoró demasiado, si se atiende a sus indiscutibles méritos literarios.

MVLl ha tenido una relación conflictiva con el Perú que no se remonta a los intentos de la dictadura de Fujimori de despojarlo de la ciudadanía. Alguna vez declaró que varias veces había intentado desentenderse del Perú pero que le había sido imposible. En cierta manera, se podría decir que lo inverso fue también verdad; él constituyó siempre para el Perú una especie de presencia incómoda no solo para la izquierda sino también para la derecha, a la que no pinta precisamente con los mejores colores en El pez en el agua, el libro que recoge sus experiencias como candidato presidencial en las elecciones de 1990. Un problema de partida en esa campaña electoral radicaba en que AP y el PPC, sus aliados en el Fredemo, constituían la más cabal representación de la “derecha tradicional” a la que él descalificaba en cada uno de sus discursos presidenciales. 

Pero la desilusión de MVLl tuvo causas más profundas, de aquellas que comprometen la fe en las personas. Es arquetípico el caso de su paisano Enrique Chirinos: inicialmente un entusiasta adherente de su candidatura y un feroz detractor de su rival, Fujimori, que luego se convirtió en un fujimorista furibundo en cuanto este ganó las elecciones, una experiencia común a muchos otros integrantes de esa derecha en la que MVLl había confiado. La caricatura literaria plasmada en el personaje de Henry Chirinos, “el constitucionalista beodo” de La fiesta del Chivo, constituye la más cabal representación de la impresión que le dejó encabezar una cruzada con lo que él creyó era una derecha moderna, democrática y liberal.

La relación entre MVLl y el Perú ha sido accidentada y pasionalmente ambivalente: una suerte de amor-odio generosamente correspondido desde su temprana afiliación izquierdista, cuando radicando en París, a mediados de los 60, promovió una carta de solidaridad internacional con los guerrilleros del MIR y el ELN que se alzaron en la selva peruana, pasando por su ruptura con la revolución cubana –luego del caso Padilla– y su posterior abandono de esta causa (todavía a comienzos de los años 70 escribía: “aprieto los dientes y digo socialismo”), para arribar al liberalismo social y económico que se convirtió en la nueva divisa a la que se afilió con la misma pasión vital con la que siempre abraza sus compromisos políticos e intelectuales. Me pregunto si, de ser MVLl limeño y no arequipeño, lo tendríamos con esa vena apasionada que siempre pone en opciones, sean cuales estas sean. Por eso es conmovedora la frase con la que ha definido su relación con su país: “Soy Perú”.

Aquietadas las pasiones sobrevino el tiempo de la reconciliación. Antes del Nobel, MVLl ha recibido todos (o casi todos) los homenajes que se le podían conceder en el Perú. Me enorgullece especialmente que mi universidad, la Católica, le otorgara un doctorado honoris causa que lo convirtió en miembro de nuestro claustro. Signo de los tiempos: que él visitara San Marcos hace años fue noticia, que lo hiciera ahora no tendría nada de llamativo, y es de alegrarse de que así sea.

Aparte del placer y del enriquecimiento personal que me han brindado sus libros (me sumo a los rankings anotando como mis favoritos Conversación en La Catedral y La guerra del fin del mundo) hace tiempo MVLl me brindó la gran lección de que la calidad literaria no tiene relación con las opciones políticas. Me enseñó asimismo a matizar mi visión de la derecha, reconociendo su admirable defensa de los DDHH y su oposición a las dictaduras, sin que comparta otras posiciones suyas, como la defensa de la invasión de EEUU a Irak, o un liberalismo económico indiscriminado, del que el propio gobierno USA ha tomado distancia al enfrentar la crisis mundial con un programa de nacionalizaciones que Lenin habría envidiado.
Luego de las deudas acumuladas que le tenemos, nos queda añadir el agradecimiento a MVLl por este Nobel que nos enorgullece a todos.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Poesía: LLUEVE A CÁNTAROS de Jorge Horna



Publicamos las palabras de presentación del referido poemario, escritas por Víctor Tataje, crítico literario sanmarquino:

Carátula de Llueve a cántaros
                       “Impregnados de luz y del matiz púrpura de la sangre como elemento vital, los versos de Llueve a cántaros no dejan de aludir al paisaje y a la cotidianeidad contemplativa del hombre andino, para quien el agua es fiesta y augurio de fecundidad. Brotan de la tierra como acontece después de las lluvias, cuando renace el verdor y el oro natural de las espigas del trigo. En ellos, igual que en cerros y quebradas, cada palabra será crepúsculo encendido, coloquio, precisos rayos de sol que los maestros tallan en la letra de los niños. Al leerlos lloverá a cántaros una interminable hemorragia de humanidad, en olor de celebración y comunión de la especie.
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Opinión libre: LOS DISCURSOS DE GARCÍA MÁRQUEZ


A Gabriel García Márquez no le gusta hablar en público y mucho menos dar discursos. Y cuando lo ha hecho ha sido empujado por las circunstancias o por el cariño a un amigo. Algunas de esas intervenciones son conocidas y otras no tanto por el gran público que ahora podrá acceder a esa memoria oral del Nobel colombiano en el volumen Yo no vengo a decir un discurso. El título corresponde a una de las frases que García Márquez pronunció cuando tenía 17 años.

Yo no vengo a decir un discurso reúne 22 intervenciones públicas y conferencias de García Márquez donde ha abordado todos los temas: literarios, políticos, sociales, artísticos o ecológicos. La primera de ellas pronunciada en 1944, con 17 años, en la despedida a la clase un año superior a la suya, en la “nevera” del Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá, en mitad de los Andes y lejos de su costa caribeña. En ella, el autor de cuentos como El ahogado más hermoso del mundo hace una breve aproximación sobre lo que es la amistad, pero, sobre todo, invita a compartir entre todos el “doloroso instante de la despedida”. Con unas cuantas pinceladas describe a los compañeros de quienes dice que “todos van en busca de la luz impulsados por un mismo ideal”

Así, García Márquez fue escuchado antes que leído. Tras esta intervención de 1944, el libro trae los siguientes discursos: Cómo comencé a escribir (reproducido por el diario El Espectador de Bogotá en 1972 y que ha servido de material a sus biógrafos y estudiosos); también está la pieza titulada Por ustedes, cuando recibió en Caracas, en 1972, el II Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos por Cien años de soledad; sus reflexiones sobre el futuro en Palabras para un nuevo milenio que compartió en La Habana durante el II Encuentro de Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos de Nuestra América, en 1985; su preocupación por el medio ambiente queda reflejada en Una alianza ecológica de América Latina, en Guadalajara (México), en 1991; no faltan sus homenajes a amigos como Álvaro Mutis, Belisario Betancur y Julio Cortázar; su pasión por el reporterismo queda patente en Periodismo: el mejor oficio del mundo, durante la LII Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en Los Ángeles en 1996; no falta su provocador discurso de 1997 en el I Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Zacatecas, México: Botella al mar para el dios de las palabras; sobre Colombia habló en La patria amada aunque distante, en Medellín en 2003; y, claro, el discurso que dio en Cartagena de Indias en 2007 con motivo del IV Congreso Internacional de la Lengua Española donde se le rindió homenaje por sus ochenta años: Un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano. Todas estas piezas han sido revisadas por el autor y corregidas de manera mínima.

Son 22 textos que conforman una biblioteca y memoria oral de Gabriel García Márquez. De 66 años de escritura de un clásico de la literatura universal que antes que empezar a ser leído fue escuchado. Y ahora, silencio por favor que Gabo inicia su discurso.

CÓMO COMENCÉ A ESCRIBIR

Caracas, Venezuela, 3 de mayo de 1970

Primero que todo, perdóneme que hable sentado, pero la verdad es que si me levanto corro el riesgo de caerme de miedo. De veras. Yo siempre creí que los cinco minutos más terribles de mi vida me tocaría pasarlos en un avión y delante de 20 a 30 personas, no delante de 200 amigos como ahora. Afortunadamente, lo que me sucede en este momento me permite empezar a hablar de mi literatura, ya que estaba pensando que yo comencé a ser escritor en la misma forma que me subí a este estrado: a la fuerza. Confieso que hice todo lo posible por no asistir a esta asamblea: traté de enfermarme, busqué que me diera una pulmonía, fui a donde el peluquero con la esperanza de que me degollara y, por último, se me ocurrió la idea de venir sin saco y sin corbata para que no me permitieran entrar en una reunión tan formal como esta, pero olvidaba que estaba en Venezuela, en donde a todas partes se puede ir en camisa. Resultado: que aquí estoy y no sé por dónde empezar. Pero les puedo contar, por ejemplo, cómo comencé a escribir.

A mí nunca se me había ocurrido que pudiera ser escritor pero, en mis tiempos de estudiante, Eduardo Zalamea Borda, director del suplemento literario de El Espectador de Bogotá, publicó una nota donde decía que las nuevas generaciones de escritores no ofrecían nada, que no se veía por ninguna parte un nuevo cuentista ni un nuevo novelista. Y concluía afirmando que a él se le reprochaba porque en su periódico no publicaba sino firmas muy conocidas de escritores viejos, y nada de jóvenes en cambio, cuando la verdad —dijo— es que no hay jóvenes que escriban.

A mí me salió entonces un sentimiento de solidaridad para con mis compañeros de generación y resolví escribir un cuento, no más por taparle la boca a Eduardo Zalamea Borda, que era mi gran amigo, o al menos que después llegó a ser mi gran amigo. Me senté y escribí el cuento, lo mandé a El Espectador. El segundo susto lo obtuve el domingo siguiente cuando abrí el periódico y a toda página estaba mi cuento con una nota donde Eduardo Zalamea Borda reconocía que se había equivocado, porque evidentemente con “ese cuento surgía el genio de la literatura colombiana” o algo parecido.

Esta vez sí que me enfermé y me dije: ¡En qué lío me he metido!” ¿Y ahora qué hago para no hacer quedar mal a Eduardo Zalamea Borda?” Seguir escribiendo, era la respuesta. Siempre tenía frente a mí el problema de los temas: estaba obligado a buscarme el cuento para poderlo escribir.

Y esto me permite decirles una cosa que compruebo ahora, después de haber publicado cinco libros: el oficio de escritor es tal vez el único que se hace más difícil a medida que más se practica. La facilidad con que yo me senté a escribir aquel cuento una tarde no puede compararse con el trabajo que me cuesta ahora escribir una página. En cuanto a mi método de trabajo, es bastante coherente con esto que les estoy diciendo. Nunca sé cuánto voy a poder escribir ni qué voy a escribir. Espero que se me ocurra algo y, cuando se me ocurre una idea que juzgo buena para escribirla, me pongo a darle vueltas en la cabeza y dejo que se vaya madurando. Cuando la tenga terminada (y a veces pasan muchos años, como en el caso de Cien años de soledad que pasé diez y nueve años pensándola), cuando la tengo terminada repito, entonces me siento a escribirla y ahí empieza la parte más difícil y la que más me aburre. Porque lo más delicioso de la historia es concebirla, irla redondeando, dándole vueltas y revueltas, de manera que a la hora de sentarse a escribirla ya no le interesa a uno mucho, o al menos a mí no me interesa mucho. La idea que le da vueltas.

Les voy a contar, por ejemplo, la idea que me está dando vueltas en la cabeza hace ya varios años y sospecho que la tengo ya bastante redonda. Se las cuento ahora, porque seguramente cuando la escriba, no sé cuando, ustedes la van a encontrar completamente distinta y podrán observar en qué forma evolucionó. Imagínense un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija menor de 14. Está sirviéndoles el desayuno a sus hijos y se le advierte una expresión muy preocupada. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella responde: No sé, pero he amanecido con el pensamiento de que algo muy grave va a suceder en este pueblo”.

Ellos se ríen de ella, dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el adversario le dice: “Te apuesto un peso a que no la haces”. Todos se ríen, él se ríe, tira la carambola y no la hace. Pago un peso y le pregunta: ¿Pero qué pasó, si era una carambola tan sencilla? Dice: “Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi mamá esta mañana sobre algo grave que va a suceder en este pueblo”. Todos se ríen de él y el que se ha ganado el peso regresa a su casa, donde está su mamá y una prima o una nieta o en fin, cualquier parienta. Feliz con su peso dice: “Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla, porque es un tonto”. “¿Y por qué es un tonto?”. Dice: “Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado por la preocupación de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo”.

Entonces le dice la mamá: “No te burles de los presentimientos de los viejos, porque a veces salen”. La parienta lo oye y va a comprar carne. Ella dice al carnicero: “véndame una libra de carne” y, en el momento en que está cortando, agrega: “Mejor véndame dos porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado”. El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice: “Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se está preparando, y andan comprando cosas”.

Entonces la vieja responde: “Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras”. Se lleva cuatro libras y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice: “Se han dado cuenta del calor que está haciendo?”. “Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor”. Tanto calor que es un pueblo donde todos los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos. “Sin embargo —dice uno— nunca a esta hora ha hecho tanto calor”, “sí, pero no tanto calor como ahora”. Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un parajito y se corre la voz: “hay un pajarito en la plaza”. Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.

“Pero, señores, siempre ha habido pajaritos que bajan”. “Sí, pero nunca a esta hora”. Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo. “Yo sí soy muy macho —grita uno— yo me voy”. Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen: “Si este se atreve a irse, pues nosotros también nos vamos”, y empiezan a desmantelar literalmente al pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo. Y uno de los últimos que abandona el pueblo dice: “Que no venga la desgracia a caer sobre todo lo que queda de nuestra casa” y entonces incendia la casa y otros incendian otras casas. Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio clamando: “Yo lo dije, que algo muy grave iba a pasar y me dijeron que estaba loca”.

* Discurso pronunciado el 3 de mayo de 1970 en Caracas, Venezuela.

Opinión libre: Gobierno aprista manipula el diálogo en la región Ancash


Las organizaciones representativas de la Región Ancash (Perú) advirtieron hoy que no acatarán los acuerdos a que llegue el pseudo-diálogo que realiza en estos momentos la comisión del Poder Ejecutivo porque han sido excluidas de la reunión, los integrantes de la comisión carecen de capacidad de decisión y la defensa de la laguna de Conococha es innegociable.

Por Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas CAOI
Huaraz, dic. 20.- Las organizaciones representativas de la Región Ancash (Perú) advirtieron hoy que no acatarán los acuerdos a que llegue el pseudo-diálogo que realiza en estos momentos la comisión del Poder Ejecutivo porque han sido excluidas de la reunión, los integrantes de la comisión carecen de capacidad de decisión y la defensa de la laguna de Conococha es innegociable.

Estas organizaciones, que llevaron adelante una huelga de siete días que paralizó Huaraz, capital de la Región Ancash, informaron que recién anoche las autoridades del gobierno confirmaron su arribo y advirtieron que solo participarían en la reunión las organizaciones que cuentan con personería jurídica, lo cual excluye a la gran mayoría de organizaciones representativas de diversos sectores (indígenas, campesinos, sindicatos, estudiantes universitarios y movimientos sociales en general) que llevaron adelante el paro y que habían otorgado plazo hasta hoy para iniciar el diálogo con una comisión de alto nivel. De lo contario, retomarán la medida de fuerza mañana, martes 21.

En la comisión enviada por el Ejecutivo no hay un solo ministro. Están el viceministro de Minas, Daniel Camac Gutiérrez, la viceministra del Ambiente, Ana María Gonzáles del Valle, y un funcionario del Ministerio del Interior. Participan también los congresistas por Ancash Freddy Otárola Peñaranda y Nena Escalante León.

Ninguno de ellos garantiza que los acuerdos a los cuales se arribe sean cumplidos. Además, estos no están siendo tomados por las organizaciones realmente representativas. Se sospecha incluso que algunos participantes serían cercanos al partido de gobierno. Además la reunión se ha improvisado, sin una agenda previa y sin consultar a la población. Con todo esto, todo acuerdo carece de legitimidad.

No hay información acerca de lo que ocurre al interior del local donde se realiza la reunión en la comunidad campesina de Catac. Los dirigentes de las diversas organizaciones advirtieron que el Ejecutivo está intentando romper la unidad lograda por todos los sectores sociales en la defensa de sus derechos y del medio ambiente.

Finalmente, advirtieron que hay un punto innegociable y es el retiro de todas las concesiones mineras otorgadas en cabeceras de cuencas de la región Ancash. Lo único que debe hacer el gobierno es anular esas concesiones, en particular la entregada a la empresa minera Chancadora Centauro SAC en la laguna Conococha, cabecera de cuenca de los tres ríos principales de la región: Santa, Fortaleza y Pativilca.

Miércoles 22 de Diciembre de 2010 12:31

domingo, 19 de diciembre de 2010

Opinión libre: Minería y futuro: agua o muerte


Por: Rodrigo Montoya Rojas.

El libreto es ya suficientemente conocido: una empresa minera tiene la concesión en tierras de comunidades campesinas para explotar yacimientos; valiéndose de un simulacro de información al que le llaman consulta, sin tomar en cuenta las opiniones de las personas que pueblan las comunidades, sostiene que cuenta con las autorizaciones oficiales, que todo está en orden, y procede a iniciar los trabajos de exploración o explotación.

¿Será posible parar esa voracidad y que un gobierno sea capaz de pensar en beneficiar al Perú y no a las grandes empresas multinacionales?

Por su parte, funcionarios del Ministerio de energía y minas, declaran que la inversión “traerá el desarrollo que el país necesita”. Esto es lo que acaba de ocurrir con la empresa Chancadora Centauro en Ancash.
 Con argumentos muy sencillos los campesinos y comuneros de Bolognesi, Catacc, Recuay, expresaron su rechazo a la nueva empresa minera: la empresa contaminará el agua de las cuencas de varios ríos, entre éstos el Santa -río grande y mayor que da vida al callejón de Huaylas y los valles de la costa hasta Chimbote- el Fortaleza y su cuenca por Chavín de Huántar. La laguna de Conococha y la Cordillera blanca correrían grave peligro. Se trata de una amenaza en un lugar emblemático de los Andes. Sordos y ciegos, los funcionarios del gobierno respaldaron plenamente a la empresa. La protesta se multiplicó y comprometió a la población de Huaraz y otras provincias con tomas de carreteras y un paro total en Huaraz. Se formó el Frente de Defensa de la laguna de Conococha, al lado el Frente de defensa de Huaraz. La policía hizo lo suyo, reprimiendo y el comunero Willy Castillo Vergara murió con una bala. Finalmente, el gobierno tuvo que dar marcha atrás y el permiso de la minera ha sido suspendido, no sabemos si cancelado.
 Antes del conflicto en Ancash se produjeron los de Moquegua, Cajamarca, Cusco y Arequipa y parece que el reinicio del conflicto no resuelto entre Arequipa y Cusco es inminente. El presente va mostrando el futuro y creo que es inevitable recordar que hace 50 años las tomas de tierras abrieron el ciclo “Tierra y muerte” que culminó con las reformas agrarias y la desaparición de los hacendados de horca y cuchillo, herederos directos de los españoles que despojaron de sus tierras a quechuas y aimaras.
Después de un siglo de luchas por la tierra, el agua es objeto de una profunda preocupación tanto por su apropiación indebida por una minoría de terratenientes como por el daño causado por las empresas mineras en las cuencas y por el calentamiento global que está dejando sin nieve a nuestras cordilleras. No es atrevido suponer que empieza a abrirse un ciclo que podría llamarse de “Agua o muerte”, si sabemos que la escasez de agua elevará exponencialmente sus precios y dará lugar a una o más guerras ya anunciadas.
 Con la voracidad de las grandes empresas mineras y la abierta complicidad de los gobiernos se están sumando, uno a uno, los leños de un gravísimo conflicto que multiplicarán las llamas de la hoguera. ¿Será posible parar esa voracidad y que un gobierno sea capaz de pensar en beneficiar al Perú y no a las grandes empresas multinacionales? ¿Hasta cuándo seguirá siendo el Perú un país productor de violencia? Volveré sobre el tema.
Fuente: Diario La Primera

LA OBRA INÉDITA DE JUAN TEJADA SÁNCHEZ (JUATESÁN)


Por Jorge Horna

Indagaciones

Juan Tejada y su hermana Angélica
Después de todo, el tiempo tornado en esperanza se hace generoso inesperadamente. Tenía la convicción de que Juan Tejada Sánchez tenía inédita su poesía, y felizmente ésta ha sido guardada con comprensible reserva por sus familiares, después del deceso del poeta ocurrido en 1981.

Sólo uno o dos textos poéticos fueron publicados en la revista “Marañón” por el año 1971, cuando Juan aún vivía en Celendín. Después de su fallecimiento en la revista “Jelij” aparecieron otros dos poemas. A estas señales siguió un silencio prolongado. Hace dos años conversé por teléfono con Ramón Tejada (sobrino del vate), pero no conseguí tener acceso a datos sobre la producción literaria de Juatesán.

En el mes de noviembre de 2010 redacté una breve nota con el exigüo material que se conoce sobre Juan, para ser publicada en el blog Chungo y batan; a la vez ese texto envié al correo de Ramón. A los pocos días recibo, vía Internet, la semblanza biográfica (resulta que Sorochuco es su cuna legítima) y cincuenta poemas inéditos, enviados desde Canadá por su hermano Joel Tejada.

Sorochuco, el terruño del poeta

viernes, 17 de diciembre de 2010

Opinión libre: Cercenamiento de territorio de Huasmín

Un grupo de pobladores de Bambamarca acompañaron a su alcalde, Esteban Campos, a la sede del Gobierno Regional de Cajamarca para exigirle al presidente regional y a sus asesores cumplan con la realización de la consulta popular en cinco caseríos los cuales debaten pertenecer a Hualgayoc o Celendín, la comitiva llegó en horas de la mañana a la sede central del Gobierno Regional, donde no fueron atendidos a pesar que habían sido citados.

Esteban Campos, al no ser recibido entregó un documento dirigido al presidente regional haciéndole recordar el compromiso de solucionar el tema limítrofe entre estas dos provincias cajamarquinas que podría terminar en un conflicto.

Según el alcalde saliente, este problema ya tiene 4 años y hasta le fecha no hay solución, a pesar que ellos han mostrado la posición de los moradores de la zona en disputa, esperando solamente que se haga la consulta popular para definir este problema que cada día se hace más grande. “en los próximos días terminaré mi gestión como alcalde pero sigo siendo un ciudadano bambamarquino y seguiré apoyando esta lucha” expresó Campos Benavides.

Tal como detalló el alcalde bambamarquino, todos los trámites se han concluido y desde el primero de diciembre ya se debería empezar con la consulta popular, la misma que ha quedado de lado; campos estima que las autoridades de la provincia de Celendín se han adelantado, y se ha valido de algunos medios para influenciar ante el Gobierno Regional.

“Nosotros hemos venido al Gobierno Regional y no nos atienden, nos dicen que el presidente y todo su equipo han viajado a San Ignacio. No puede ser posible que nadie nos atienda, y que un asesor de la presidencia nos haya tratado de manera déspota” señaló el alcalde.

Finalmente expresó que en los próximos días se estarán organizando para protestar contra el Gobierno Regional y contra las autoridades de la provincia de Celendín cuya única intención es entregar sus tierras a la minería y beneficiarse personalmente.


Fuente: O.V.Z.

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