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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

sábado, 24 de diciembre de 2016

(CONCIANCIA CRÍTICA) Celendina Universal

¡SOLIDARIDAD CON MÁXIMA ACUÑA!

Por Mario Pelaez


La sociedad Inca, bien sabemos, fue una colectividad dedicada fundamentalmente a la agricultura, que con los bellos andenes se extendía hasta los cielos… Así, la tierra y la agricultura constituían la base de su identidad cultural. De la relación con la tierra, siempre armoniosa, respetuosa y solemne, fluyen todas las formas de la conciencia social. La religión en primer lugar, a cuyos dioses les rendían culto para lograr tierras fértiles, cosechas generosas, lluvias leales, vientos nobles y justos procesos de reciprocidad. Propiamente eran dioses terrenales (el más allá, la trascendencia, es un fundamento teológico que trae España con la religión católica).

Fue con la Conquista, entonces, que devenimos en sociedad minera hasta el día de hoy. Y es justamente en Cajamarca donde primero se evidencia la voracidad del viejo colonialismo español por los metales preciosos, principalmente oro. El “rescate” de Atahualpa perpetúa históricamente su cínica conducta. Desde luego que desde las culturas pre incas se conocía las técnicas de extracción de metales, que solo tenían función decorativa. Únicamente con valor de uso. España convierte los metales en mercancías (con valor de uso más valor de cambio).

Hoy, 500 años después, se repite en el mismo escenario la confrontación histórica: de un lado, los pueblos de Cajamarca, liderados por los celendinos, que defienden la salud de la tierra, del medio ambiente: de las aguas, de la flora y la fauna; y del otro, la minera Yanacocha – Newmont Mining, que prescinde de consideraciónes en favor de la vida saludable. Y en este épico proceso singulariza la presencia de Máxima Acuña, no solo por defender lo suyo, sus tierras colindantes con la Laguna Azul, sino defendiendo el derecho de todos a vivir sin contaminaciones. Comportamiento que trasciende las fronteras regionales y nacionales. Máxima Acuña lucha por la salud del ser humano. Viva en el país que viva. Es decir, su accionar tiene implicancia global.

Precisamente Amnistía Internacional, en el Día de los Derechos Humanos, celebrado el diez del presente, rindió cálido homenaje a Máxima Acuña. Para el caso editaron un bello video SucasaMicasa que todos debemos disfrutarlo. Celendín debe añadir lo propio. A la Municipalidad Provincial y centros educativos les corresponde multiplicar su solidaridad con ella.

Efectivamente, Máxima Acuña es la leal acción pero también el sentimiento: el aliento a la conciencia solidaria en la lucha por la supervivencia. En hora buena, celendina universal.

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