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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

martes, 6 de julio de 2010

HOMENAJE: DIA DEL MAESTRO


Desde Chungo y batán saludamos a todos los MAESTROS del mundo, hombres que se identificaron e identifican con la realidad social de sus alumnos y de su pueblo: "aquellos que conocen el barrio donde viven, saben a qué huelen sus calles, qué pasa en sus esquinas, cómo son por dentro las caras de sus  gentes, en qué sueñan, cuál es su dios, quién su esperanza, dónde se encuentran sus alegrías y dónde sus tristezas”.  

A continuación algo de las obras de dos auténticos MAESTROS de nuestra tierra:

Caramelos para endulzar la vida
(Cuento)

En memoria de mi padre 
Purificación Culqui Puiquín


Cómo recuerdo clarito aquellos tiempos.
Tenía seis años y unas ganas inmensas de ir a la escuela.
Mi espíritu infantil se había llenado de ilusiones. Aprender a leer, a escribir, a sumar, tener varios amigos con quienes jugar y, sobre todo, conversar con el profesor, de quien me habían dicho sabía muchas cosas bonitas.
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Así fue mi idea; pero mis padres, en un inicio, no estuvieron de acuerdo.
En aquel entonces, la mayoría de la gente del pueblo decía: “ir a la escuela es perder el tiempo”, “solamente se van a jugar y no aprenden nada”, los profesores son unos haraganes”. Éstos y muchos pretextos más argumentaban para no enviar a sus hijos a la escuela.
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Transcurría, pues, el mes de marzo en el pueblo de La Jalca, golpeado por torrenciales lluvias. Muy pocos se acercaban a la matrícula. Había poco interés por la educación.
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A pesar de mis súplicas y ruegos, acompañados incluso con abundantes lágrimas, mi padre me dijo que nunca me enviaría a ese lugar de haraganes.
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Por eso perdí la esperanza de ir a la escuela.
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Estaba desconsolado. Muy triste estaba, aunque también tenía harta rabia.
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Iba ya a terminar el mes de marzo, cuando como una chispa una gran noticia encendió nuevamente la alegría de mi corazón.
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A La Jalca había llegado el profesor Purificación, llamado cariñosamente Puri, quien como jalquino había tomado la iniciativa y determinación de que todo padre de familia matricule a su hijo en forma obligatoria. Luego se supo también que él, más un Policía, el Juez y el Presidente de la Comunidad, irían casa por casa exigiendo que cumplan el deber de educar a sus hijos, caso contrario, las autoridades iban a castigar severamente su irresponsabilidad.
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Con esta noticia, como les cuento, bastante me alegré.
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Dije entre mí: “Mi papá, seguro, teniendo miedo al castigo me matriculará”.
Pero todo no fue así.
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Al conocer el propósito y la misión del Profe Puri, mi padre, una tarde me llamó:
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-       ¡Ven acá!, quiero que me escuches muy bien.
-       Ya tayta –le contesté medio tembloroso.
-     Mañana, pasado o cualquiera de estos días seguro vendrán a visitarnos el nuevo profesor y las autoridades del pueblo para exigirme que te ponga en la escuela; pero como no quiero que te vayas, tú te harás el mudo. No hablarás nada. Cuando te pregunten algo, como si no entendieras, no respondes nada. En señas puedes indicar algo; pero por ningún motivo debes hablar. Tienes que comportarte así como el Conshe upa que solamente mueve las manos y grita. ¿Escuchaste?
-       Sí Taitita –contesté. Pues tenía que obedecer las órdenes de mi padre.

Efectivamente, al segundo día, llegó el profesor Puri acompañado de varias personas, de las autoridades seguramente. Mi papá viéndoles venir por la calle quiso esconderse, pero ya no pudo. Les recibió de muy mala gana, diciéndoles que no tiene más que un hijo mudo y cómo le iba a poner así en la escuela.
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Ya quisieron retirarse, pero de repente el profe Puri dijo:
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-       Primo, déjanos verlo. Quiero conocer a mi sobrino aunque sea mudo.
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Yo, como escuchaba todo, ahí recién me enteré de que el profe Puri era mi tío. Esto más alegría me dio, pues, pensé “me escaparé algún día y le contaré a mi tío mis anhelos de estudiar”.
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Me hicieron toda clase de preguntas y yo, solamente, respondía con señas. Pero seguramente no lo hacía igual que los mudos de verdad, por esa razón, tío Puri se dio cuenta seguro que todo era una mentira.
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Entonces buscó la manera de hacerme hablar.
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Clarito me acuerdo que, delante de mi padre y de las autoridades, sacó un caramelo anaranjado. Luego le acercó un poco a mí.
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Una sola vez había probado caramelo y ¡qué rico había sido! Acordándome de esto, la tentación y las ganas de probar otra vez el caramelo que me ofrecía tío Puri hizo que me olvide por completo de la orden de mi padre:
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-       ¡Sí, profe! ¡Alla llau, profe! ¡Mishque es! ¡Démeste tiito!
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Entonces, él, sacándole su plastiquito, me alcanzó como una hostia a la boca:
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-       Esto te hará hablar más hijito.
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Probé en ese instante la dulzura del caramelo, sin pensar siquiera en la paliza que podría recibir más tarde.
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Mi padre se puso rojo. No sabía qué decir. Serenándose un poco pidió muchas disculpas.
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Entonces mi tío Puri, perdonando la mentira de mi padre, habló harto sobre la importancia de la educación en el desarrollo y progreso de la persona y de los pueblos. Además dijo que cuidadito me esté pegando y que él iba a ser mi maestro.

Al saber todo eso, mi padre, se quedó convencido de que yo iría a la escuela.

Los seis años de escuela los llevé con mi tío Purificación.
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Seis años agradables que pasaron volando. De aquí lo que más recuerdo son los maravillosos cuentos que nos narraba.
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Recuerdo clarito que antes de comenzar a narrar un cuento nos solía decir:
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-       Hijos, los cuentos son los caramelos para endulzar la vida.
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(*) De “Los cuentos del tío Puri” Napoleón Culqui Valdez (La Jalca, 1969). Es profesor de Lengua y Literatura. Ha publicado el 2000 el poemario “Perfil de mi palabra” y la obra teatral “La madre Lupita y la vocación como expresión de la voluntad divina”.
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“Cuentos del tío Puri” es la colección de relatos que nacen de la savia popular y que ya tienen un méritop propio, no sólo por el humor, la frescura y la belleza, sino también porque han sido recreados respetando la tradición oral”.
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Caritas Chachapoyas.
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Lápiz
(Poema)

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Lápiz de piedra dura
que ablandas corazones
dame la suerte pronto
para dibujar sin nubarrones
en el cielo, en mi plana

Rayos y relámpagos
serán mis primeros signos;
luego escribiré el nombre
de mamá y los luceros
Ya tengo en orden mis ideas
Con mi lápiz compañero
Ágil escribo en el aire
        y en el agua
         palabras dulces
Colgaré macetas en mi escuela
de pensamientos floridos
dibujaré seguro, agradecido,
un lápiz de siete colores

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(*) Del libro “Llueve a cántaros” de Jorge Horna. “Maestro que hace confluir, en este poemario…, la blancura universal de las tizas y de la paz con el arco iris inmarcesiblemente humano de todas las sangres…” Víctor T. Rioja Arteidea Revista de Cultura Nº 3.

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