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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

domingo, 23 de abril de 2017

Autocrítica en Semana Santa ¡ BIENVENIDO A LOS PARAÍSOS !

Por Mario Peláez Bazán.

El futuro siempre es la preocupación fundamental del hombre a pesar de que consagra todo su ser (deseos y energías) en el presente. Siempre ha sido así, solo que hoy el presente multiplica sus ofertas adheridas a una robótica sensualidad que acosa sin tregua.
También desde los albores se brega por un futuro de doble alcance: el Paraíso Celestial y el paraíso terrenal… Corresponde a la imaginación el protagonismo, que unas veces celebra alianza con la razón, otras con la fe, y que finalmente perduran como factores culturales.

En cuanto al Paraíso Celestial lo imagino (no obstante mi agnosticismo) como un gran escenario rebosante de primavera y de bellas artes. Donde todo fluye como estreno; donde sinnúmero de arco iris pintan y vuelven a pintar con renovados colores los interiores; donde la música con notas excelsas enaltece el alma (pienso en “La pasión según San Mateo” de Bach, “El Mesìas” de Hendel, y por qué no el “Cóndor Pasa” de Daniel Alomía Robles); donde las flores levitan al son de poemas destellantes de amor de Sor Juana Inés de la Cruz; donde el tiempo, no el tiempo físico, sino el tiempo espiritual, trascurre sin impaciencia, con amorosa quietud; y donde el corazón solo sabe de solidaridad.
Entonces cabe preguntar, ¿Qué conductas se debemos realizar en la vida terrenal para gozar de tanta fortuna espiritual y de la gracia divina ?

Es posible (solo conjeturo) que a Dios no le convence la multitud de liturgias, de oraciones, de golpes de pecho, de misas, de retiros, de peregrinaciones y procesiones, pues podrían configurar un excesivo culto al ego, que Dios no lo requeriría. Tampoco bastarían los ocasionales actos de caridad. En cambio la solidaridad efectiva y permanente con los pobres y la defensa de la justicia sí abriría el paraíso de par en par, y Pedro, con la mayor disposición, daría la bienvenida… 

Y en cuanto al paraíso terrenal: desde las primeras utopías hasta las ideologías y doctrinas contemporáneas reclaman la igualdad entre los seres humanos, más libertad y justicia: la panacea histórica. Sin embargo esta concepción de paraíso se aleja cada vez más. Actualmente somos 8 mil millones, el 84% vive en la pobreza y extrema pobreza. Así, lo único que de verdad crece son las desigualdades.

En fin: el paraíso terrenal solo es una hermosa posibilidad; pero eso sí, dependerá de lo bueno que hagamos para que sea una viva realidad.

Que Semana Santa signifique también una feliz oportunidad para sopesar nuestros actos desde la saludable autocrítica; y así evitar las exequias del alma... (Hasta el próximo domingo, amigo lector).

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