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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

domingo, 21 de agosto de 2016

(Conciencia Crítica) La bella Geometría del Fútbol: LA CÍNICA PARADOJA, Por Mario Pelaez

Desde hace tiempo vengo sudando la “gota gorda” tratando de encontrar (como respuesta a mí mismo) nuevas pistas de por qué el mundo “anda patas arriba”; desde luego, con los pobres siempre abajo. Y no encontré mejor derrotero que confeccionar listas de las contradicciones y paradojas que más gravitan en la historia y en la vida diaria. Y en este afán me doy de bruces con una de las paradojas más absurdas y cínicas: de como el deporte de los pobres, el futbol, multiplica la riqueza de los ricos.

Confieso que soy un apasionado del futbol. Pertenezco a la “legión de idiotas (como lo llamaba Jorge Luis Borges) que se emocionan viendo a 22 personas correr tras la pelota. Pero lo cierto es que la pelota, al unísono con los cuerpos, también rampan, levitan, vuelan y coquetean con la gravedad. Diseña bellas geometrías con pases surrealistas: de parábolas, rombos, paralelas y triángulos que pugnan tras el relampagueante gol. (Como si la materia le dijera al espacio como curvarse bellamente y el espacio replicara a la materia como galopar aguerridamente, mientras el tiempo espera voluptuoso e irrepetible y Einstein celebra).
¿Ahora bien, cuál es la esencia de la cínica paradoja que envuelve al fútbol?

Todos sabemos que el fútbol es el deporte más popular. Con origen y atuendo franciscanos. Que se juega hasta en terrenos inhóspitos, como equilibristas. Con “pata calata”, con arcos de montículos de piedra y pelota de trapo, tal como hoy mismo juegan millones de niños y jóvenes africanos, asiáticos y latinoamericanos, y sin dejar de potencias sus emociones. Y son los sectores populares los que llenan los estadios y ven imperturbables los partidos por televisión (80% y el 85% respectivamente). Por todo ello, y mucho más, el fútbol es el deporte genuino de los pobres. Pero a medianos del siglo anterior acontece la ilícita expropiación. Es decir, el fútbol deja de ser una exaltación de valores físicos y morales para convertirse en mercancía, en un mercado global con guión neoliberal (disputándose 14 copas a nivel internacional), con millones y millones de dólares en utilidades que van a los bolsillos de los dirigentes mafiosos FIFA, tipo Havelange ó Blatear, en santa alianza con transnacionales como Adidas, Coca Cola, Visa, Kodak, ILS y las cadenas de televisión y demás medios de prensa encargados de fanatizar. Además, obviamente, de contar con paraísos fiscales.

Entonces, una vez más, los pobres multiplican la riqueza de los ricos.

¿Qué hacer? Siempre hay algo que hacer. Aunque solo sea por no dejar de pensar: devolver al fútbol su AMATEURISMO. Promover campeonatos en los barrios, en escuelas, colegios y universidades, como parte del desarrollo de la inteligencia emocional y de la propia educación integral (hasta el próximo domingo, amigo lector).


Publicación autorizada por el autor.

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