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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

jueves, 11 de septiembre de 2014

Publicaciones: Vallejo, echóse a andar, Jorge Wilson Izquierdo

PRELABIA

Este libro tomó contextura a través de mucho tiempo, de muchos años en que he alternado la labor impuesta con angustiosos percances que me han precipitado muy adentro, sin perder por eso el aliento de continuarlo pacientemente. Ahora, que el misterio siniestro, cansado al fin, me permite volver a mirar con serenidad, sólo ansío llevar a todas las almas el eco, los pasos de un genio que ha pasado desgranándolos dolorosos y cordiales como las cuentas penitentes de algún absurdo rosario.

Le tocó vivir a fondo los acontecimientos más espectaculares de la historia contemporánea. Allí, la primera guerra mundial, los primeros años de la revolución soviética, la postguerra europea y la guerra civil de España. Estuvo comprometido en acción y pensamiento, como el gran taumaturgo de UN DÍA que aún estaremos esperando… Su amor por todo lo humano, su amor que estaba “lleno de mundo”, se alargó en dos infinitas extremidades que abarcarían la lengua ecuménica del hombre.

Quisiera llevar en las mayormente nubladas páginas de este libro, el toque jadeante por las injusticias que muchos sienten como una cruel necesidad. No pretendo ser el último que biografía a CÉSAR VALLEJO, porque siendo eternos dolor y sufrimiento, irán llamando el tiempo, las cosas, las gentes, a otras plumas que irán ocupándose, ensanchando el horizonte que yo, solamente identificado en el dolor, apenas podría dar un anónimo reflejo, pero ceñido estrictamente a la verdad de los mejores testigos de su tiempo, del espacio y la historia.



La lección de la vida es interminable e imborrable la cicatriz del infortunio. De qué vale la gloria si se alza sobre restos del naufragio inaudito de un hombre que fue. De qué vale la pena, la tribulación, el llanto –en carne viva- si después sólo va a consignarlos un poco de papel. Por eso, Vallejo, con toda la claridad de su pensamiento, no encontraba explicación ni posibilidad sino en la muerte. Ella, sí, acaba con el yunque, siega con la misma hoz… y acaba.

Acaba físicamente al hombre que en apariencia descansa. Pero cuántas veces su historia sigue repercutiendo porque un pensamiento y unas manos lanzadas en gesto de amor universal, resucitan a quienes han partido. Y está entre nosotros la eucaristía de su verbo, aunque su voz haya consumido por siempre la tumba o bogue errante en otra ciega eternidad.


El autor

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