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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

lunes, 15 de septiembre de 2014

Publicaciones: El arado del alma y otros cuentos de Celendín.

Nuestros ancestros trasmitían sus tradiciones, costumbres, conocimientos, creencias, en suma toda su vivencia, a través del lenguaje oral. Es así como muchos de nosotros hemos disfrutado de los cuentos que nuestros abuelos nos relataban noche tras noche, como sobremesa después de haber degustado la cena con la presencia de todos los integrantes de la familia.

Recuerdo que era ley que todos nosotros grandes y pequeños nos acomodáramos en torno a los abuelos para escuchar maravillados historias mil y, de manera personal, me sentía transportada a los variados escenarios de las historias que contaban nuestros mayores, las cuales, con respeto y admiración, eran escuchadas devota y atentamente por todos nosotros.


No sé explicar claramente cuándo se rompió este hechizo de los relatos; creo que con la llegada cruel de la televisión se anularon todos estos momentos de cercanía familiar que era común denominador de las familias de mi tierra. Lo cierto es que nuestras tradiciones orales han ido cayendo casi en el olvido y nuestros niños han perdido la costumbre de que sus abuelos o sus padres se sienten junto a ellos y los embelesen con algún cuento que despierte sus fantasías y cubra sus ensueños.

Siento hoy especial alegría y honda satisfacción al ver que en el interior del magisterio celendino todavía existe ese niño soñador y el espíritu sano para recordar, contar y escribir muchas de las historias con las que nos adormecíamos inocentemente al calor del hogar.

Es profunda mi nostalgia al leer muchos de los cuentos contenidos en la presente adición y paréceme ser nuevamente niña con el alma sana y la mente ávida de escuchar estos relatos.

Estoy doblemente satisfecha porque como docentes debemos incentivar esta práctica no sólo con nuestros hijos, sino también con nuestras comunidades y nuestros alumnos y me conmueve que en estos talleres magistrales se trabaje con esta orientación para mostrar que los maestros podemos y debemos reafirmar nuestras costumbres y comprometernos celosamente a velar porque nuestras tradiciones, nuestros cuentos e historias, no se pierdan ni caigan en el olvido sino que cada día tomen más fuerza y recuperen la vigencia casi perdida.

Considero de manera casi imprescindible que asumamos el reto de difundir el material logrado que es exquisito y variado y que nos hará amar más a nuestra querida patria chica: Celendín, cielo azul del edén y que, fuera de nuestras fronteras, logrará que los que lean la presente edición se sientan atraídos a nuestro hermoso terruño, bello no sólo por su geografía sino también por el calor de su gente.

Con la plena seguridad de que el presente trabajo, fruto del trabajo docente, será del agrado de todas aquellas personas que gustan de un buen relato que nos identifique aún más con lo nuestro, concluyo diciendo: ¡Amemos al Perú que es nuestro más grande tesoro!

Narda Silva Sánchez
Secretaria general
SUTECEL

Cajamarca, abril 2003

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