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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

martes, 4 de junio de 2013

Narrativa: Walter Lingán y la minificción

1.

La niña, sentada a orillas del andén, miraba fascinada como el tren de alta velocidad se acercaba vertiginosamente… Contrajo el rostro. Cerró los ojos.
Después, nada.

2.

La muchachita asomó su rostro por la ventana.

El chico le pidió que saliera para que vayan a desenredar los colores del arco iris más allá del cerro Quilish.

La muchachita vino y se colocó a su lado.

Se percataron de la fiereza del sol. El calor flameaba sobre sus cabezas.

—O’e —le dijo ella—, más mejor vamos a jugar a la guerra popular.

—Ya pe’ —le contestó él, alzó los hombros y la siguió.


3.

Era la época del gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado. Los mineros del centro llegaron a Lima en marcha de sacrificio. Sudorosos. Agotados. Famélicos. Era un desfile de cascos de color rojo/naranja avejentado y puños en alto. Por la avenida Grau pasaron junto a sus mujeres y sus hijos. Gritaban consignas contra la explotación en las minas y las malas condiciones de vida. Desfilaron armados de optimismo. Combativos. Desafiantes.

A los pocos días los vimos estacionados en los jardines de la facultad de medicina de la Universidad de San Marcos. La olla común humeaba. Cuartillas de papel volaban dando a conocer sus aflicciones y sus esperanzas. Los hijos de los mineros, muchachitos inocentes, indefensos, correteaban jugando a la gallinita ciega, a las escondidas.

—Ahora vamos a jugar a la marcha contra los patrones de las minas dijo uno de ellos.

—Sí —contestó el coro de loquillos traviesos.

Se repartieron las tareas. Ahí surgió el gran problema y se armó la discusión.

Nadie quería hacer de policía o de soldado.

4.

Una noche soñé que me perseguía una mosca. Trataba de escapar escondiéndome entre árboles y montes. Pero la mosca, sin tregua, estaba de nuevo, amenazando meter sus patas peludas en mis ojos.

Cuando creí que había escapado y entré a casa, la mosca, veloz, por una rendija de la puerta, ya volaba detrás de mí. Entonces, abriendo la ventana, me lancé hacia la calle, pero la mosca, zumbando en mis orejas, me advertía que estaba a punto de darme caza.

En eso desperté, agotado de tanto correr y, frente a mí, sobre la frazada, la mosca me miraba muy tranquila. De un manotazo la aplasté. Pero, en verdad, no sabré decirles si maté a la mosca o al sueño.

5.

Mi hermana soñaba con la más amplia libertad.

Se veía volando más allá de fronteras y todo tipo de atajos. Sonriendo remontaba valles y montañas, se confundía con la humedad de las nubes. Feliz cruzaba la grandeza de los ríos y la inmensidad de los mares.

Entonces, una mañana se despertó optimista, salió al balcón y convertida en paloma se echó a volar.

Cuando en raudo vuelo se acercaba al viejo molino del pueblo un certero disparo le partió el corazón en dos. Su exagerado entusiasmo la hizo olvidar que los soldados, apostados abajo en el río, poseían una endiablada puntería.

1 comentarios:

Lupa Sívori dijo...

Hola!! Excelentes microrelatos! Lo bueno, si breve, dos veces bueno. La minificción es mágica y muy atrapante. Es increíble la complejidad literaria que puede lograrse en solo un par de lineas

Justamente también hable de los microrelatos en mi blog, donde menciono algunos detalles y características generales.



Te invito a leer mi nota y comentarla!!

http://www.viajarleyendo451.blogspot.com.ar/2013/07/una-caracterizacion-vertiginosa-de-la.html


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Subo notas de literatura, cine, humor y cultura en general. Saludos!!

Luciano

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