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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

martes, 8 de abril de 2014

Publicaciones: REFLEXIONES DE UN POETA Y UN CUENTO, Gary Jimy Alminagorta Cabezas.


Para mí la literatura es silencio absoluto y sol
ardiente en un cielo azul.
Bendita seas mujer porque eres
la esposa de un artista.



Un hombre pobre

Soy un hombre muy pobre y un hombre que no cree en Dios, sin embargo, me sostengo a la vida porque puedo mirar la danza de un jabalí, la ternura de una flor, la delicadeza del cielo azul, la conversación de dos gorgojos, la mirada tierna del eucalipto, la sonrisa de un molle frondoso, la brisa angelical del aire de la sierra, la cálida noche de la selva en que un búho ojón me sonríe.

Y la vida es hermosa y dulce porque me llama el río para que me dé un chapuzón en sus aguas, porque el grillo me cuenta sus nostalgias nocturnas, porque el picaflor me dice algo que no le entiendo, porque el silvestre puma me hace ver su mano herida, porque la vizcacha se esconde cuando deseo hablarle, porque la quebrada llora de alegría al verme venir, porque la lluvia es mi compañera que siempre me anima, porque cuando me siento triste, una mujer acaricia mis lágrimas... Por esto y mucho más, aunque soy un hombre muy pobre y un hombre que no cree en Dios, amo la vida.

Mi Perú

Era uno de los días más esperados; se presentaría el homenajeado, que cumpliría una centuria y cuyo aporte más extraordinario, según un destacado catedrático, es la creación de
la crítica literaria en nuestro Perú.

Sucedió en un centro cultural de Miraflores, la hora de presentación 7:00 p.m., como siempre ingreso libre. Llegué puntual, no había nadie, pregunté: «Se realizará una presentación hoy», «sí, pase». Me encontraba solo en la sala, a los minutos escuché el sonido de un motor de limpieza, lo vi, cesó. 7:15 p.m., aparecieron 3 personas, eran familiares del homenajeado. Minutos después llegaron 4 reconocidos catedráticos acompañando al que iban a homenajear; luego, un fotógrafo. 7:40 p.m., 4 ponentes más; a los minutos ingresó un extraño, estaba despeinado y con la ropa descolorida; se sentó al final con su bolsa de mercado; empezó a parpadear por el sueño. 8:10 p.m., inicio de la ceremonia y el respectivo homenaje a este gran creador de la crítica literaria en el Perú. Observando la sala conté; éramos 15 personas en total y, como público, en realidad 2, el extraño y yo. Bueno, siempre es
así, no es novedad.

Terminó la ceremonia, me fui a casa, prendí el televisor, noticias: «Esta noche fue el clímax de la euforia, concierto de Shakira, asistencia rebasada, 20 000 fanáticos coreando sus canciones, entrada mínima 25 dólares, zona vip 205 dólares, cientos de jóvenes se quedaron con su boleto en la mano sin poder ingresar». Bueno, siempre es así, no es novedad, este es mi Perú.


Una reflexión personal sobre el poeta
Juan Ramírez Ruiz

La noche que me enteré, por un noticiero televisivo, de la muerte de Juan Ramírez Ruiz, la información me causó un impacto tal que esa noche sólo pensé en la muerte del poeta, sin poder conciliar el sueño.

Lo vi varias veces en algunas tertulias de Lima. Confesaré que no conozco su obra, ni a él mismo, sin embargo un saludo breve y un apretón de manos en varias ocasiones me hizo familiar su rostro.

Una voz amoscardonada (gruesa) y una sonrisa singular me hacía preguntarme «¿este poeta es alegre?, ¿por qué siempre lo veo alegre?»

Llego a pensar a veces que todos los poetas y narradores vivirán eternamente, pero cuando mueren físicamente regreso a la realidad de que los poetas somos seres humanos, y que en algún momento nos toca la muerte, y cuando esto sucede, como en el caso del poeta Juan Ramírez Ruiz, una nostalgia e insomnio de varios días se apodera de mí. Y sentí la necesidad de escribir sobre la muerte de Juan, aún cuando recuerdo que un día un artista me dijo: «¿De qué te preocupas?, ¿de la muerte?. Eso no interesa en este país; no interesa cómo vivas, ni dónde comas, ni qué cosa hagas. Interesa tu obra; el artista trasciende cuando muere: sus obras se hacen grandes» Me pregunto «¿así puede ser la vida de un artista. Se espera que se muera para que sus obras entren a la historia o a la grandiosidad? ¿qué país es este?» Un artista extranjero decía: «Huyan de ese país de mierda, asesino de poetas y artistas», pero este país es hermoso con todo lo que tiene. La mierda son los gobernantes de turno quienes se han olvidado del arte y del artista en general, y no me voy de este país aunque viva y muera en la miseria, porque aquí está el Sacsayhuamán, las líneas de Nazca, el Boquerón del Padre Abad, el nevado Huascarán, el río Marañón, el Valle del Saposoa, Chiclayo y mil cosas más.

Recordándote, hermano Juan Ramírez Ruiz.

Gary Jimy Alminagorta Cabezas.- Es licenciado en Educación, en Lengua y Literatura, por la Universidad Nacional Enrique Guzmán y Valle -La Cantuta-. Concluyó estudios de Maestría en la UNMSM, en Literatura Peruana y Latinoamericana. Ha publicado el libro El enajenado y otros cuentos 2007.

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