Por L.C. (*)
Aunque el
turismo es una actividad relativamente reciente en la historia de la humanidad,
ya que históricamente la gente solía nacer y morir en el mismo lugar sin
moverse demasiado, no podemos negar que actualmente es una gigantesca industria
que mueve astronómicas cantidades de dinero. Esto es cierto hasta el punto de
que el turismo es una de las principales industrias mundiales, y la principal
fuente de riqueza de muchas zonas, que han visto en el turismo una auténtica
salvación. Sin embargo, este boom turístico cuenta con una contrapartida que
puede llegar a ser bastante negativa, sobre todo en el caso de los puntos más
turísticos, que corren el peligro de masificarse hasta el punto de perder
cualquier resquicio de la riqueza que los hizo atrayentes en un primer momento.
Esta situación suele darse en entornos naturales, principalmente en la costa,
donde unas paradisiacas playas situadas en un entorno natural terminan
convirtiéndose en una mera línea de arena frente al mar y escoltada por enormes
construcciones de cemento sin un atisbo de naturaleza. Desgraciadamente, esta
situación se puede encontrar en casi cualquier entorno natural que se haya
convertido en un foco turístico masivo en las últimas décadas, desde la propia
costa hasta zonas montañosas de bosque o selva.
