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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

domingo, 8 de octubre de 2017

CONCIENCIA CRÍTICA El gool de Kuczynski – Fujimori

Por Mario Peláez

EL PATRIOTERISMO AL TOPE…

El deporte es sin duda uno de los principales factores de la buena educación. Más aún, de la vida misma. Con el deporte hasta los catatónicos se enardecen. Entonces practicar algún deporte no solo es conducta solidaria con el cuerpo sino también un imperativo cívico.

Tampoco hay duda de que el fútbol es el “deporte rey” (o reina), capaz de competir con la propia geometría. El fútbol diseña, dibuja y transforma, en un segundo, las figuras geométricas al ras del suelo y por los aires. Convierte, por ejemplo el círculo en rombo, el pentágono en icoságono y viceversa. Belleza y destreza de los cuerpo en franco desafío a la gravedad… Para tal mágica escenificación se conjugan varios elementos: la intuición con la inteligencia; la sutileza con la rudeza; lo individual con lo colectivo; el amor propio con la identidad de la camiseta; el peso histórico del equipo con el presente; la estrategia con el azar. A lo que se suma la universalidad (se juega en los cinco continentes), la transversalidad y socialización (lo juegan todas las clases sociales), sus franciscanos recursos (una pelota, un terreno cualquiera y chimpunes, incluso a “pata calata”; la disciplina de los jugadores y la idoneidad de los dirigentes y periodistas deportivos).

Lamentablemente hoy el deporte en su conjunto en un sucio y cínico negocio. En especial el fútbol. Aquí la putrefacción lo ha infectado de punta a punta. Desde la FIFA hasta los dirigentes nativos y patrocinadores.
Pandemia que ha enlodado la esencia del futbol. Ahora luce como malabarismo, como ultra individualismo “preciosista”, a la defensiva (ya no con cinco delanteros, sino, uno o dos) y con cepo táctico; pero eso si condimentado con subliminal publicidad y argumentación llena de barata adjetivación y empalagosa retórica.

Pandemia que ha institucionalizado la estupidez: el patrioterismo que putea y maldice al contrincante, y eleva a los suyos a los altares celestiales sin importar la calidad de su juego. Pero donde mejor percibimos la estupidez es en la televisión, en las radios, en los periódicos en las declaraciones de los políticos y gobernantes. Qué espanto escuchar a Kuczynski y compañía decir “contigo Perú”, “por sobre todo el Perú”, “la voz de la patria reclama unidad en el momento de triunfo”. En este pantano se exhala profusamente oportunismo, huachafería y patrioterismo; peor: ha convertido el fervor por el fútbol en coyuntura política, en telón que esconde los problemas nacionales, comenzando por Odebrecht y la amnistía a Fujimori. Gool.

Desde luego todos tenemos alegría, y hasta felicidad, con los triunfos de la selección, podemos cantar, gritar, saltar, corear, desfilar y libar por los triunfos de la selección, pero sin perder de vista que solo se trata de partidos de fútbol, que la cruda e injusta realidad está a la vuelta de la esquina. (Hasta el próximo domingo, amigo lector)

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