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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

martes, 5 de septiembre de 2017

(Conciencia Crítica) Los Seres Queridos CUANDO LA VIDA NO MUERE.

Hace poco, y en poco tiempo, fallecieron estupendos seres humanos: tres hermanos, Edwin, Malena y Alberto; tres amigos de mi niñez y juventud, los hermanos Juan Cristóbal, César y David; y tres amigos de la madurez y del quehacer intelectual, Osvaldo, Miguel y Gregorio.

Sí, dramática paradoja acompaña a nuestro destino: nacer para morir (aunque no exclusivamente si se vive para dignificar la vida). Y expectante es saberlo desde muy temprano, felizmente no cuando somos niños, la edad de la inmortalidad y la dicha.

Sobre la vida, sobre su significado y valor sabemos lo suficiente. A tiempo aceptamos que ella es la más extraordinaria presencia en la Tierra (¿o del Universo?); y que hay que vivirla a plenitud, con entera vocación del espíritu y encarando solidariamente el futuro (para mejor expresarlo, más como Quijote que como Mac Pato o Tío Rico). En cambio en relaciona a la trascendencia y la muerte seguimos interrogándonos, y al final podríamos decir “solo sé que no sé nada” (Sócrates) . Aunque sí se ha llegado a la conclusión de no saber nada, es porque se logró un nivel de conocimiento, de lo contrario no sabríamos que no conocemos nada. La muerte de un ser querido solo es una ausencia física. Bien podríamos compensarla invocándolos con intensidad, recordándolos singularmente, imaginándolos con lo mejor de nuestra lírica y sobre todo soñándolos. No se requiere de un don especial para anidarlos en el sueño.
Aquí están, como nobles ejemplos.

Mis hermanos: Malena, creyente fervorosa. Fervor consolidado con solidaridades y afectos y poesía, y no tanto con liturgias y oraciones. Especial amiga, excelente hermana y mejor hija y madre. Alberto y Edwin, escépticos, lectores infatigables, maestros universitarios que han dejado huella. De gran inteligencia emocional, muy querido por sus amigos. Mi hermano Gardenia solía decir, “son los mejorcitos”.

Los amigos Camacho Sánchez son parte importante en mi niñez. Difícil pensar en Celendín sin evocarlos. Juan Cristóbal, de peculiar mansedumbre, contumaz enamorado del amor platónico. David, de fina ironía y risa arrolladora. César, portador de una seriedad convencional que invitaba a la alegría. Co-fundadores de una bohemia caracterizada como fiesta de la fina ironía.

Los amigos Oswaldo Reynoso, Miguel Gutiérrez y Gregorio Martínez, escritores como pocos; dueños de una genuina estética; en sus novelas conocí la belleza de la historia. Amigos entrañables. Tengo recuerdos vivos para todos los días. Jamás vi en ellos arrogancia alguna.

Entonces depende de uno, que los seres queridos sigan con nosotros, inclusive que ni siquiera se ausenten…

Sin duda, la vida siempre saldrá victoriosa. Acaso Miguel Ángel, Bach, Dante, Shakespeare, Vallejo, Marx, Einstein, Goethe, Tolstoi, Goya, etcétera no han derrotado a la muerte; y más apoteósico y multitudinario será el triunfo de la vida cuando los seres humanos dejen de ser valorados como herramientas productivas. Entonces la muerte física solo será una vulgaridad al alcance de cualquiera generando tristeza histérica; en tanto la vida es dignidad, dueña de mil aventuras de los mil caminos y siempre en compañía de la solidaridad asida de la imaginación. (Hasta el próximo domingo, amigo lector)

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