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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

martes, 7 de abril de 2015

Márgenes de ECO SUCRENSE: REQUIEM PARA MILTON ODILON


Humildemente se acerca mi palabra a esta hora, humildemente se inclina sobre su tumba querida, sobre la cual se mantiene aún fresca la tierra y algunos pétalos de hortensias se mueven en lúgubre movimiento por efectos del viento que corre por entre los monumentos funerarios.

Imposible querer mantener la calma, pretender la serenidad, o que la palabra no se quiebre al referirnos a Milton Odilón a quien le lloramos juntos: Fue el amigo total, amigo de todos.

La noticia cierta e irreparable me sorprendió grandemente; confieso que al enterarme de tu muerte sentí un tremendo dolor, como si hubiera muerto una parte de mi cuerpo; empero sentí también pesar y recriminación por mi negligencia, por negligente no fui a verte al hospital, aunque no te gustaba las visitas, ese remordimiento me costara olvidarlo.

Este sucrense locuaz de talla pequeña, de rostro alegre y boca llena de risa vino a este mundo con un sino: ser maestro y la pedagogía la cumplió con apostolado no como otros que son rudimentos de profesores.

De su calidad profesional y entrega a sus alumnos doy testimonio y puedo aseverar que de su mística profesional fui admirador y me serví.

Hombre guía, meticuloso, cuidadoso y muy cauteloso, así lo entendí siempre cuando me alcanzaba un libro con una hoja, a modo de sobre todo, para que no se ensuciara o estropeará.

Me vincule a él cuando tenía 17 años y fue el primer amigo consejero, en breve esa amistad fue creciendo construyéndose en base a una mutua afición por los libros. Cariñoso y agradecido guardo muchas vivencias, esos recuerdos están gravados en mí mente con una claridad diamantina que solo tiene lo inolvidable.

No terminaba aun sus estudios en el Instituto Pedagógico de Celendín y ya era respetado como un maestro, sus compañeros de aula lo llamaron el gordito, cuando hablaba sabia subrayar las palabras con gestos expresivos y a veces acerbos.

Amigo de todos, amigo siempre amigo, en su corazón abierto no dejaba nunca cruzar los disgustos y los distanciamientos momentáneos; era tal su generosidad y su nobleza que parecía animado por la pasión de ignorar los pequeños defectos y la acre animosidad. Tuvo un maravilloso don de la amistad, en su compañía no era posible por días, caer en mezquindad.

Su predilección por conservar cosas lo llevo apiñar antigüedades en su casa, suficientemente amplia y que albergaba a su hogar, holgado, libre de urgencias.

Esa casa ubicada en la intersección de las calles Simón Bolívar y Cajamarca era alegre, profundamente humana y católica dominada por la figura vivaz y siempre creadora de su padre a quien el pueblo gusto en llamarle “Sancho” o “Pepito”, hombre bonachón, carismático y laborioso, y de su madre no menos creativa, doña Efigenia Sánchez, modista admirada por la confección de vestidos con pedrería y encajes.

El destino tuvo la gentileza que este pequeño hombre misterioso, taciturno, anacoreta e impredecible no solamente tuviera la aureola orgullosa del título de maestro, también le prodigo dotes de artista, fue pintor y tiene en su colección varias acuarelas, en el campo de la letras pergeñó alguno poemas y cultivo con verdadero placer la música; las notas de las Vírgenes del Sol y el Cóndor Pasa revolotearan en su tumba; la tradición de su pueblo lo hizo amante de sus costumbres y compositor.

A pesar de sus muchas habilidades artísticas nunca presumió, ni pretendió la gloria del campeón, se distinguió por su perfil bajo.

El éxito le abrió los brazos al ser declarado ganador del concurso municipal al mejor trabajo sobre el Escudo de Sucre.

En la edad madura se entrego con santa paciencia y sacra impaciencia a la formación de lo que llamo azas jubilosamente su museo.

En ese anticuario se encuentran piezas arqueológicas, famosas fotografiaos de antiguos personajes y de la tradición sucrense, pertenencias de antiguos huanuqueños y piezas raras rescatadas por el malogrado Milton.

Los que han visitado el museo coincidirán que ese anticuario es un viaje, en retrospectiva por los anales de Sucre antiguo.

 El 2014 es intervenido quirúrgicamente de una enfermedad mortal, después de esa intervención médica el mal amainó su voraz avance, reviviendo en el mes de enero del 2015 y no cedió hasta llevarlo a la muerte, callando su voz y dejando sin latido su corazón.

Su desaparición física es una perdida insondable para la cultura del pueblo.

El amigo total, el amigo de todos se fue para no volver; hoy sé cuanto le debo y solo ignoro si lograré reafirmar mi gratitud mediante la palabra, lo que esta claro es que los muertos inolvidables son para nosotros totalmente vivientes, con esta ultima aserción pido gloria y respeto por la obra de Milton Odilón.

Lima, febrero 2015.


O.A

Fotografía: Blog Sucremus

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