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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

martes, 30 de julio de 2013

FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE LIMA, GRAN EMPRESA y ESTADO

Arturo Bolívar Barreto

El reconocimiento público (frustrado finalmente) programado por la Feria Internacional del Libro de Lima a la señora Martha Meier Miro Quesada, miembro del directorio de varios influyentes medios de prensa, homenaje “por su contribución a la cultura… a través de El Dominical de El Comercio”, no ha sido más que una muestra de la arbitrariedad con que actúa el cogollo empresarial que tiene cooptado el Estado.

Especialmente con las políticas neoliberales a partir del gobierno de Fujimori, el Estado fue capturado por los lobbies de las empresas trasnacionales o nacional monopólicas. El espacio del libro y la cultura no ha sido ajeno a ese proceso. La liberación de las importaciones, la apertura del mercado escolar con las reformas de sesgo privatista del sistema educativo (el propio Plan Lector es de un carácter fundamentalmente consumista, sin selección de calidad y sometiendo a las escuelas a las ofertas de la literatura comercial), los onerosos gastos del ministerio de Educación en contratos de edición y compra de libros, etc., han sido funcionales a la obtención de beneficios de los grandes negocios del libro.


Y no hay nada más sintomático de esta cooptación del estado por la empresa -para hablar ya de la Feria de Lima, organizada por la Cámara Peruana del Libro (asociación privada donde tienen mayor peso las grandes editoriales y distribuidoras) con apoyo del Estado, que quien preside la Cámara, el señor James Jaime Carbajal –dueño de las Librerías Crisol- haya estado y esté vinculado a las esferas del poder, primero en el gobierno de Fujimori, pero también posteriormente, directa o indirectamente, a los gobiernos de Toledo y Alan García. (Ver, entre otras informaciones, por ejemplo en digital IDL Reporteros, “De cómo la librería Crisol -empresa del ex ministro de Educación José Antonio Chang y de Jaime Carbajal, que compartió directorio con Alan García- ocultó en 2010 su conflicto de intereses en una millonaria y sobrevalorada venta de libros al Ministerio de Educación”). Y la señora Martha Meier sea, al mismo tiempo, influyente editora y “abyecta” fujimorista (como dijo Mario Vargas Llosa cuando renunció a seguir colaborando en El Comercio, diario puesto al servicio del partido político que implementó ese Estado capturado por los operadores de las grandes empresas).

No habría nada de malo en que la empresa privada fomente eventos cultural-comerciales de amplia cobertura. Al contrario, porque de paso puede hacer algunas concesiones culturales. Lo malo está en que lo haga –como en esta Feria del Libro- con el Estado a su servicio, con gestión de los ministerios de Cultura, Educación y Relaciones Exteriores. Y, en esa medida, no avance en algunos requerimientos culturales de fondo, por ejemplo dando cabida a editoriales menores y a la significativa cantidad de autores peruanos que éstas publican. Las concesiones culturales que da caen por su propio peso, no hay que negar las invitaciones a delegaciones y autores internacionales o las diversas presentaciones importantes de libro. Pero no es su eje. Y su móvil rentista ha tenido poca finura. Así, los actos más publicitados y “exitosos” en esta Feria han sido siempre las presentaciones de libros de personajes de la farándula o muy cercanos a ella (hace dos años, como lo recordaba la revista Miércoles de política, se trajo a Luis Corbacho ex pareja de Jaime Bayly, y este año se presentó, “Yo Pedro”, del cantante Pedro Suárez Vértiz, que había dicho no haber leído más que un solo libro en toda su vida.)

La Feria Internacional del Libro de Lima es, como los aportes culturales de la señora Meier, episódica y con bastante batería puesta a resonar. Si sólo fuera apuesta de la empresa privada, pase, (aunque en algunos países de América Latina la empresa privada, por el contrapeso social y político, es menos prosaica), pero en este caso está involucrado el Estado que se ha convertido en mero facilitador de la inversión privada.

Varios de los escritores que firmaron la carta de disconformidad y rechazo al homenaje a la empresaria fujimorista Martha Meier, lo hacían seguramente desde el celo legítimo del escritor que reclama también merecida atención y desde la ojeriza a un personaje de la derecha intolerante. Pero no ven, o no quieren ver, que el tema no es solamente una oportunista decisión de la organizadora de la Feria, o de una torta que no se quiere compartir. Es mucho más, es la manifestación de cómo se ha ordenado el Estado actual manejado por los lobbies empresariales. Y cómo, a partir de ello, actúan para regodearse y favorecerse entre ellos con impunidad. Es tema político. Ese planeado acto público –hecho simbólico de maltrato a la cultura y a los creadores- no pasó en esta oportunidad, pero pasa todos los días con la exclusión sistemática de la cultura a la población peruana y el exiguo respaldo a sus expresiones creativas y a sus artistas y escritores. Y la respuesta consecuente del escritor debería ser igualmente organizada y política, en la demanda y lucha por la dignidad y la recuperación de un estado nacional y democrático, como han dado ejemplo varios de nuestros vecinos sudamericanos, que esa derecha intolerante combate militantemente.

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