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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

jueves, 13 de junio de 2013

La metamorfosis de Ollanta Humala

 Por Alberto Adrianzén M. (*)

Sería bueno preguntarnos si los que asistieron a Palacio de Gobierno el lunes y martes últimos, políticos y empresarios, representan y expresan la llamada “unidad nacional”, y si no es así a quiénes, entonces, representan. 

Estas preguntas no son ociosas ni tampoco ingenuas. Para comenzar diremos que ahí estaban los que fueron derrotados por Ollanta Humala en las últimas elecciones presidenciales. Muchos de ellos con serios problemas con la justicia y con procesos abiertos por temas vinculados a la corrupción.


También se puede decir lo mismo de aquellos que asistieron el martes. Ellos, los grandes empresarios, al igual que los primeros, fueron los perdedores en las últimas elecciones. Son los mismos que decían que con Humala el Perú marchaba a convertirse en otra Cuba o Venezuela, y cuyas esposas recolectaban canastas de alimentos para repartirlas entre los pobres a cambio del voto contra Gana Perú.

Sin embargo, estas reuniones, más allá de ser patéticas, muestran hacia dónde caminamos. Estamos en la fase final del viraje hacia la derecha como lo demuestran no solo estos encuentros sino también el último paquete de medidas para enfrentar el “enfriamiento de la economía”.

Ahora será más fácil depredar el medio ambiente, los restos arqueológicos que tanto se publicitan en el extranjero, los recursos naturales, incluyendo el agua, flexibilizar aún más el mercado laboral privado y estatal, desnaturalizar la ley de consulta previa y la reforma de salud. Asimismo, “torpedear” a Unasur y fortalecer la Alianza del Pacífico, etc.

Sin embargo, lo que expresa mejor este viraje, es la nueva ley de expropiaciones (Ley N° 30025). En la Constitución de 1979 el Estado podía expropiar por razones de “interés social”, es decir en función del interés de la sociedad. Con la Constitución neoliberal de 1993 esta posibilidad fue eliminada al limitarse a causas de seguridad nacional o de necesidad pública. Con ello se evitaba cualquier expropiación en favor de los pobres, como sucedió con la reforma agraria en el “velasquismo”.

Ahora, como anota Germán Alarco (La Primera, 31/05/13) se puede expropiar para beneficiar a privados gracias a “las asociaciones públicas privadas. Es decir, que nos podrían expropiar para beneficiar a un privado que lucraría con mi antigua propiedad”. Hemos pasado de la promoción del “interés social”, que es mayoritario, a la promoción del “interés privado”, que es de una minoría, defendido y apoyado por el Estado.

Se podría decir que esta es la última etapa de la “colonización” o “captura” del Estado por aquellos que perdieron elecciones y que hoy son invitados de honor al Palacio de Gobierno. Hoy una minoría terminó de expropiar el Estado a la mayoría de peruanos. Por ello no es para nada extraño que la izquierda haya sido marginada de estas reuniones.

En este cruce del Rubicón del gobierno hay un hecho que ha permitido el tránsito hacia esta última etapa. Es el arrinconamiento y acoso de la derecha y de algunos medios a un gobierno con claros signos de debilidad. La derecha nos ha hecho creer que el actual enfriamiento de la economía se debe a una falta de confianza de los inversionistas hacia el gobierno por un supuesto “chavismo” de Humala expresado en el intento de compra de Repsol, en la ley contra la “comida chatarra”, en el hasta ahora no probado espionaje a la oposición, en el apoyo a la Unasur y a Venezuela, y en la famosa “reelección conyugal”. Cuando se sabe perfectamente que dicho enfriamiento tiene que ver más con la crisis económica internacional y muy poco con la supuesta falta de confianza de los empresarios. Según Alarco “en el primer trimestre del 2013 se tuvo el récord de 24.7% de inversión privada sobre el PBI”, lo que demuestra cuán falso es este argumento.

En realidad, a lo que hemos asistido es a un operativo de la derecha que ha tenido tres fases: a) crear un clima mediático y político en la opinión pública para que esta asocie enfriamiento de la economía con falta de confianza; b) ratificar mediante una serie de encuestas, casi todas ellas direccionadas, esta supuesta falta de confianza, y legitimar así la necesidad de futuras medidas económicas; y c) lograr la aplicación del paquete de medidas. Las fotos del lunes y martes en Palacio de Gobierno son el colorario de este proceso bajo la aureola de un supuesto patriotismo para “enfrentarnos unidos” al fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Sin embargo, lo que esconde este operativo político, que la derecha y el gobierno no quieren reconocer, es que el malestar económico, social y político se mantiene en la mayoría de los peruanos.

Que un 60% diga que el Presidente no cumple con sus promesas y que otro 69% afirme que confía poco o no confía nada en él, no es porque sea un potencial “chavista”, como nos quieren hacer creer la derecha, sus medios de comunicación y sus agencias encuestadoras, sino más bien por la renuncia del gobierno a transformar este país, por la continuidad de la política neoliberal y por la existencia de una clase política en franca decadencia que hoy está unida, incluyendo al propio Humala, contra lo que fue inicialmente la propuesta nacionalista. Asistimos, pues, a la consolidación del mismo bloque en el poder que nos gobierno hace varias décadas. Toda una tragedia para el pueblo y para el país. La tarea de transformar el país queda hoy en manos de la izquierda. 

Fuente: Diario La Primera, domingo 9 de junio de 2013

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