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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

martes, 12 de septiembre de 2017

(Conciencia Crítica) A propósito del Eclipse EL EROTISMO DE LA LUNA.

Por Mario Peláez
 
Seguro que por unanimidad reconocemos a la Luna como lideresa de la legión de musas (de esas damas a veces renuentes, otras dadivosas) que subvierten la imaginación de los poetas, de pintores y músicos. También de los enamorados, a pesar del pragmatismo que hoy acosa al amor. Qué miserable sería el espíritu sin la belleza y los afectos.

¿Pero existe realmente la musa, la inspiración?.

Desde luego que sí. Entendiéndola como motivación generada por un acontecimiento, un paisaje, una conducta, un objeto, una sonrisa, un rostro, que potencia la imaginación del artista. Por tanto, la musa, la inspiración, es un proceso de sensibilización: es la traspiración de la conciencia, de disciplinado trabajo y de pasión. Así, por ejemplo, la poesía de Neruda, Vallejo, Rimbaud, Baudelaire; la pintura de Picasso, Goya, Rivera, Humareda; las partituras de Bach, Mozart, Maher no son resultados de un tirón, de una sentada, de una respiración. No. Lo son de muchos sudores espirituales…

En cuanto a la musa Luna, legiones enteras de espíritus de primer nivel son sus deudores. Recordemos, “Romance de la Luna” de García Lorca o “Tierra Luna” de Mario Benedetti:

Ah, Tierra-Luna, Tierra- Luna atrás quedó la suerte perra/atrás los muertos y la guerra. Adiós. Ah Tierra- Luna, Tierra- Luna, me pongo hoy las alas de oro/ y cielo arriba cual meteoro, me voy.

La singularidad de la musa Luna estriba en su rotundidad para incentivar y consagrar amores apasionados, no obstante su apariencia gélida y virginal.

Así, más rápido que pronto, la musa Luna puso a prueba su magisterio erótico: dispuso la postura del Sol (eclipse le llama la astronomía) y arremetió una y otra vez. Sensaciones mágicas fluyeron. Entonces al egocéntrico Sol se lo vió cansado, opaco. Apenas filtró una menguada luminosidad. En cambio la musa Luna lució plena, desafiante, con renovada coquetería y erotismo a flor de piel.

Espectáculo cósmico que la fisgona Tierra, con la doble moral que la caracteriza, contempló con estupor y exaltación. Y más arriba, más arriba, la cofradía celestial de santos, ángeles y arcángeles conjuraban envidiosos.

En hora buena, bella musa (Hasta el próximo domingo amigo lector).

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