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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

miércoles, 10 de mayo de 2017

(“La mitad del cuento es cosa mía. La otra mitad del lector”) ¿EN DÓNDE ANDA LA CONVERSACIÓN?

Por Mario Peláez Pérez.

Ni se te ocurra olvidar… Anota, anota, sábado doce a las cinco de la tarde y hasta el fin de las horas, sentenció Ricardo Grandes. Él, siempre locuaz como su longeva calvicie, me invitaba a pasar un “jodido día” arropado de buenos amigos y vinos. Suerte del vino, me dije, que no solo depende de las cepas, sino de la conversación que lo acompañe.


En efecto, el sábado asomó, y uno a uno fuimos llegando. No faltó quien trajera una botella de vino bajo el brazo, y por cierto el ramo de flores de Beatriz.

—Lo mejor es que son flores de mi jardín, sembradas, abonadas y cortadas con estas veteranas manos, dijo sonriendo.

—Menos mal que no dijiste “y virginales”, exclamó Manuel con cariñosa sonrisa.

—Claro que sí, metafísicamente hablando, agregó Beatriz.

Algunos vestían convencionalmente, otros anárquicamente y dos o tres como los cogió el día anterior. Pero eso sí, todos lucían una espléndida sonrisa, en nada parecida a las recomendadas por los manuales de “buenas costumbres”… Eran sonrisas que con el correr de los minutos se agigantaban como carcajadas, humanísimas carcajadas que nutrían los ánimos. Se conversó de todo, con todos y todos a la vez, y ninguno habló en primera persona, más si con epítomes. Se conversó de política, aunque en puntas de pié y siempre con comillas, como corresponde a los tiempos que corren, donde la política es un asunto policial, colmado de humor negro.

—Les cuento, les cuento, dijo Teresa, hay un político grandote con un ego aún más descomunal, que afirma tener el mismo honor del Espíritu Santo y ser autor de las palabras que se irroga el filósofo Hegel, al afirmar que él redacta los discursos de Dios, mucho antes que la Divinidad decida crear el mundo. Pero lo más hilarante es que muchos le creemos…

Todos rieron. Ninguno arrugó el entrecejo.

También se conversó de fútbol. La mayoría era de la Alianza y de la U. solo dos éramos del Muni. Para sorpresa, las mujeres opinaron sobre tácticas, aunque con temperada afición; idem de cine; del tráfico infernal; de malicias de doble sentido, pero como pié de página. Desde luego se conversó de los tiempos idos que aireaban la memoria y afinaban el espíritu, entonces las vivencias resucitaban en tropel con el apremio de recrearse como realidades surrealistas, de sumar vida. A cual más contadas con inteligente ironía y audacia, y lo mejor, sin suntuosidad de adjetivos.

Pero lo emblemático fue que no hubieron interrupciones o emboscadas subjetivas, que nublen la invisible afectividad del ambiente.

Muy entrada la noche, cuando las sombras encrespaban y no podían ocultar sus pretensiones, sonó caudaloso y estrepitoso un teléfono móvil, que ahora no solo es tecnología sino dispositivo psicológico, y todos al unísono, antes de chequear el propio, lamentamos tan pedestre y vil incursión que dejó al desamparo la reunión. A los rostros retornaron, muy a pesar, la avalancha de las máscaras y los protocolos.

En la puerta de salida, y con un pié en el taxi, escuché a Beatriz.

—Ricardo, ¿cuándo es tu próximo cumpleaños…? 

Es posible que lo dijera como un acto de resistencia, murmuré.

Entonces reinó el silencio de la noche…

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