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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

jueves, 24 de septiembre de 2015

Chapa tu candidato y que postule como sea.

Por: Manuel Guerra


Que la política ha sido degradada y envilecida por obra y gracia de los valores neoliberales es algo que ya no se discute. Basta constatar que la corrupción y el narcotráfico han penetrado en el conjunto de instituciones del Estado, que muchas organizaciones políticas están siendo financiadas por fondos provenientes de actividades delictivas, que gran parte de autoridades elegidas por voto popular terminan procesadas por sus trapacerías. El pragmatismo, que sustenta una lógica de comportamiento de obtención del éxito y la utilidad individual a cualquier costo, conduce a la descomposición moral, a la fragmentación social, al debilitamiento de las instituciones, a la legitimación del transfuguismo, a la destrucción de valores como la solidaridad, el colectivismo, la vocación de servicio a los demás. El terreno ideal para que la irracionalidad capitalista sea llevada hasta el extremo, como ocurre en estos tiempos.

En este ambiente, el proyecto de país y el debate de programas carecen de sentido. En lugar de ello, domina la visión estrecha, el coyunturalismo, el interés por obtener ventajas pasajeras. En la lógica neoliberal, los partidos políticos se convierten en maquinarias electorales; las personas, de ciudadanos se transforman en simples electores a los que se manipula a través del poder mediático, o se los seduce mediante el uso de prebendas.

Siendo el Perú un país de fuerte tradición caudillista y débil cultura democrática, el pragmatismo neoliberal ha encontrado un terreno favorable para su expansión. “Yo candidato” se ha convertido en la razón de ser y la obsesión de muchos personajes, para quienes la postulación se convierte en un fin en sí mismo, y para lograrlo son capaces de vender su alma al diablo.

Las dificultades para construir la unidad de las fuerzas de la izquierda y el progresismo, tiene mucho que ver con este achatamiento de la política y la asimilación de los valores neoliberales. Si se colocara el proyecto de país como eje de este proceso, y, en función de ello, definir las fuerzas a las que hay que convocar, las alianzas que hay que llevar a cabo y, por último, las candidaturas que mejor representen al proyecto, otra sería la historia. Lamentablemente ocurre al revés. Se parte por la candidatura, y en función de ella, se pretende arreglar todo lo demás.

En estas condiciones lo inexorable es el camino a la fragmentación; y la derecha cavernaria, a pesar de sus problemas, del cuestionamiento y desprestigio de sus principales cartas, será la gran favorecida. Pero al “Yo candidato” no le preocupa esto, ni le interesa la aspiración al cambio de vastos sectores de la población. Si se refiere a las masas y habla en nombre de ellas, lo hace para validar su candidatura. En tiempos de predominio del pensamiento neoliberal, son pocos los capaces de renuncia, pocos los que se atreven a remontar sus apetitos egoístas.

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