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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

viernes, 5 de abril de 2013

Publicaciones: Calidad literaria y compromiso social: El debate / Arturo Bolívar Barreto



 Prólogo

La idea de tratar el tema nace de una rebeldía ante el signo de los tiempos. Así como, desde recientes décadas, se ha legitimado al egoísmo lapidario como valor social, así también ya no cabía cuestionar la creación del escritor en función exclusiva de su posicionamiento en el mercado, sino que había que verlo como legítimo, como expectativa muy natural y humana.

Disputar el éxito mediático de los escritores privilegiados por el poder y llegar a ocupar un lugar en el canon establecido, era toda la aspiración literaria —disfrazada de lucha ideológica— hasta de los que eran, o se proclamaban a sí mismos, herederos de los que nos habían legado la lucha por la utopía.


De manera que así como al socialismo se le había mandado a guardar, para su contemplación como antigualla, al museo de la historia, así también la literatura como acompañamiento del drama y la demolición de más de tres cuartas partes de la humanidad, y como develación de sueños que amanecen el mundo así omnívoramente establecido, era reprochado —por el pragmatismo literario— como comportamiento ya “superado”, pragmatismo visto como conducta intelectual natural, razonable, cínicamente razonable.

La falta de una convencida y redonda respuesta ideológica de quienes defienden los fueros, en la práctica, de una literatura anticanónica y de identidad con lo más profundo de nuestras raíces sociales, se debió también al golpe que había dejado la ofensiva ideológica que desde los 60 habían propinado los escritores y críticos de la nueva literatura vanguardista a la literatura social (en la forma de un ataque a la literatura indigenista), actualizada recurrentemente por Mario Vargas Llosa. Es decir, la abusiva y generalizadora identificación de literatura social con mala literatura. Y predicando el prerrequisito (obvio por lo demás) de calidad estética para hablar de literatura de verdad, pero (y aquí el subterfugio) identificando esta calidad estética con acendramiento en lo formal o en lo técnico-formal. La confusión, el miedo del escritor progresista, estigmatizado a que propenda a la mala literatura, hizo que considerara que ya daba por superado el problema en tanto orientara sus creaciones hacia innovaciones técnicas modernas. El resultado ha sido una postura ideológica defensiva —o, peor aún, las creaciones de algunos se han cargado de formalismo— en lugar de reconocer que los mayores logros artísticos han sido producidos históricamente —en la literatura universal y también en nuestra historia literaria—, por las obras que develaban el proceso social y se identificaban con las tendencias históricas del progreso, es decir, por la “literatura social”.

Pero, como se atestigua ya de un tiempo a esta parte, con el temblor de los pies de barro del capitalismo y el despertar a una pesadilla de millones de personas que protestan, no contra las fatales crisis económicas, sino contra la estructura del orden mundial mismo, actualizándose la urgencia de otro nuevo —a desempolvar ese otro orden social del que habla el socialismo histórico y que lo anunciaba con todos los síntomas del parto que ahora se puede tocar con las manos—, así también los escritores y los intelectuales no pueden eludir los viejos conceptos del arte —de la belleza, de la vitalidad, de la verdad artística— como crítico y revolucionario por naturaleza, en contraposición al malabaresco, al formalista, al puramente lúdico y elusivo, hecho para el aplauso, para el mercado, o el del tecnicismo que le aleja del referente o lo deforma para justificar el orden imperante, tan redivivos e influyentes en los espacios dominantes hoy y en el humor de la época.

(Justamente hoy es aún más urgente la reivindicación de esta literatura crítica y la correspondiente postura política por cuanto, como queda dicho, no sólo sigue subsistente el formalismo literario del pasado, sino que esa negación de la visión humana y social progresiva se ha instalado en el mundo posmoderno —para peor y con carácter totalitario y excluyente— a través de la “cultura de masas” y de la literatura comercial desembozada)

***

La reflexión no preténdela consignación siquiera suficiente de escritores de la historia literaria peruana, que no es su objeto, sino la mención inevitable de los muy representativos de una u otra opción literaria e ideológica, como sostén básico del aserto aquí propuesto, a saber, que la literatura vital que ha develado y se ha consustanciado agudamente con el devenir progresivo, histórico y social, ha sido también la literatura que ha dejado el mayor legado artístico. Y todas las derivaciones conceptuales que permite este postulado.


INDICE


Prólogo / 7

I.UN DEBATE TODAVÍA VIGENTE

La sanción de la historia / 11
Desvelando mitos / 18
Mario Vargas Llosa y el porqué del demérito del indigenismo / 23

II. CALIDAD Y COMPROMISO EN LA HISTORIA LITERARIA PERUANA

COLONIA: Garcilaso de la Vega y Guamán Poma de Ayala / 31
EMANCIPACIÓN: Mariano Melgar / 35
REPÚBLICA: / 40
César Vallejo / 44
El indigenismo literario en cuestión / 48
La literatura post segunda guerra / 50
Javier Heraud / 52
La literatura de Vargas Llosa en el diván / 54
José María Arguedas 62

III. TENDENCIAS DEL PROCESO LITERARIO ACTUAL

Las últimas décadas / 70
La narrativa andina actual y la “ficcionalización del relato”. Oscar Colchado / 74
Un paréntesis: efectos de la “ficcionalización” en la novela de Manuel Scorza / 85
Una literatura por hacer / 88

IV. CONCLUSIONES / 93


Arturo Bolívar Barreto.- Lima, 1953. Narrador, poeta y ensayista. Ha publicado Historia singular del profesor Chicho Rivasplata y otros cuentos. Arteidea Editores, 1997; el relato Gotita en varias ediciones, la última de 2009, Arteidea Editores. Así mismo el libro de poemas Creciente hora nuestra, Grupo Editorial Arteidea, 2010; una edición breve del ensayo Balance de las políticas culturales de Fujimori a García o el vandalismo neoliberal en el Perú, Editorial Mundo Sur, 2011. Y varios artículos en revistas de difusión digital, El escritor y la sociedad peruana, en Revista Rebelión, 2012; Apuntes sobre la literatura peruana actual, en Revista Rebelión y en el blog La alforja de Chuque, 2012.

(*) Del libro Calidad literaria y compromiso social: El debate, de Arturo Bolívar Barreto. Editorial Arteidea, octubre de 2012.

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