"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

sábado, 24 de septiembre de 2011

Opinión libre: CELENDÍN: POCOS AVANCES EN SU ANIVERSARIO



Escribe: Tito Zegarra Marín

En este aniversario previo a la conmemoración del sesquicentenario de creación política de la provincia (30-09-1862), bien vale recordar algo de   su pasado y analizar críticamente su situación actual.

En sus orígenes, nuestra provincia fue poblada por gente trashumante venida de las serranías del sur del país (evidencias de pintura rupestre en las cavernas de El Granizo, Quillamachay y El Idulo), y por pequeños pueblos preincas asentados en los alrededores de los sitios arqueológicos La Chocta, La Lechuga y Las Portadas. Con la conquista, hombres extraños, españoles principalmente, pisaron y se apropiaron de sus tierras convirtiéndolas en Encomiendas y grandes haciendas (Llamadín entre otras), consecuentemente los pobladores primigenios pasaron a la condición de sirvientes, yanaconas y mitayos.
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Algunos de esos migrantes europeos o sus descendientes se asentaron en lo que lo que es hoy la localidad de Celendín, se juntaron con algunas familias aborígenes y de la mano del insigne Obispo Martínez de Compañón (compra de tierras y trazo urbano de la futura ciudad), gestaron la actual villa o ciudad, fundada el 19 de diciembre 1802. Esa gente europea que llegó a estos territorios lo hizo siguiendo las huellas de Pizarro y sus huestes y no como erróneamente lo sostienen Einer Pereira y Víctor R. Díaz Chávez en sus libros publicados, surcando las caudalosas aguas del río Amazonas y Marañón hasta la cuenca del río Mayo y Balsas.

La ciudad de Celendín, hasta mediados del siglo pasado fue gran  puerta de entrada a Chachapoyas y la Amazonía, vía Balsas,  generando importante y sostenida fluidez social y comercial que solo se truncó cuando se construyó la carretera de penetración Olmos - Corral Quemado hacia los departamentos de Amazonas y San Martín y se abandonó el proyecto ferroviario que partía de Pacasmayo con dirección a Moyobamba y Tarapoto, pasando por Cajamarca y Celendín.

     Después de casi siglo y medio de creación política y de más de 200 años de gestación como ciudad, nuestra provincia algo ha cambiado pero no lo suficiente: seguimos con una población mayoritariamente rural (75 %), la producción ganadero lechera sin ser rentable se ha extendido (producimos 70 mil litros de leche por día), la pobreza (64 %)  y la carencia de servicios básicos (40 %) siguen altas, solo el 16 % de las tierras tienen regadío. Y a nivel de la ciudad capital, vemos que  hay  mucho cemento, más comercio, mototaxis internet, tv cable, pero hay gruesas carencias, vacios y obras truncas que nos hacen sentirnos a la zaga. Veamos:

1)           Las pozas de oxidación para tratamiento de aguas servidas, siguen a medio construir. 2) El llamado río Chico, que recorre parte importante de la ciudad, de aspecto  degradante y antihigiénico, no es tenido en cuenta para nada. 3) La reconstrucción de la iglesia La Purísima, en el centro de la ciudad, parece abandonada a su suerte por cerca de medio siglo. 4) Los parques La Alameda y el de la capilla San Cayetano, desde hace décadas han dejado de ser tales y dan pena por decir lo menos. 5) La Colina y el Mirador de San Isidro, de tanta atracción para visitantes y turistas, requiere de urgencia reestructurarse y darle verdor y belleza 6). La culminación del  Estadio Municipal, anhelado por la juventud deportiva, continúa  en compás de espera. 7) La forma tradicional de las edificaciones del centro de la ciudad es incontrolablemente modificada por etilos tipo costa (chimbotanos o chiclayanos), poniendo fin a la belleza y sobriedad que exhibían. 8) La calle 2 de Mayo (El Comercio), tan venida a menos, exige  ser reconvertida en solo peatonal, rescatando su prestancia tradicional.

Es cierto sí que hemos soportado burdos y mafiosos engaños: entrega del asfaltado de la carretera a la UNI y de un facsímil por más de 9 millones de soles para el mercado central que nunca se concretizó, con las consecuencias que todos conocemos Y ojalá, que el cambio de tubería del sistema de agua potable y alcantarillado que tantos fastidios viene ocasionando,  no quede inconcluso.

2)    El  punto 7 trae a la memoria la regia restauración que se ha hecho de la Plaza de Armas y calle principal (Amazonas) de la ciudad  de Chachapoyas: reconstrucción de su Iglesia Matriz, conversión de su calle principal  en solo peatonal adoquinada con material lítico de la zona,  puertas y balcones de madera, techado de teja, paredes blancas, letreros de un solo color y tamaños apropiados, cableado eléctrico subterráneo, entre otros. Creo que Celendín también lo merece.

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