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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas
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martes, 28 de agosto de 2018

El retablo ayacuchano y el sombrero celendino, por ejemplo. NUESTRA IDENTIDAD CULTURAL ( * )

Por Mario Peláez

No hay duda que el arte –ese universo de la imaginación- es el mejor nutriente del espíritu. Como lo serían la religión para el alma. Y mucho más si con el arte se consolida la identidad cultural. Tal es el caso del arte popular en el Perú. Arte que se tutea con la historia. Así, la creación artística no es neutra. Nunca lo ha sido.

Quién no se ha maravillado con la creación artística en cerámica, en platería, en textilería, en mueblería, en orfebrería, en pintura, en bisutería, sombrerería. Por ejemplo, con los retablos ayacuchanos. Los hay de pureza mística (de Dios y su corte), de religiosidad social (fiestas patronales) y de motivos laicos (con evidente motivación social). Pero eso sí en todos hay un denominador común: el colorido mutante y la energía comunal. En el Cusco los niños manuelitos (haciendo alarde de las primeras sonrisas), las vírgenes de cuello largo (¿evidencia emancipadora?), las mamachas (más atentas con los afectos que con las oraciones). En Puno el Santo Cristo de cuero de vaca (con inconfundible gesto épico). 

O con las cerámicas de Chulucanas, de Quinua, de Pisac que nada tiene que envidiar a los jarrones chinos y persas. O los cofres de Andahuaylas. O los sombreros celendinos (“Tan andariegos que hasta San Pedro lleva uno puesto”) o las mantas Hualhuas, los textiles chótanos y por supuesto las sin par tinajas de los shipibos. 

Pero hay otra experiencia fascinante: Los talleres instalados (y los atelieres) en todos los rincones del país. En ellos se recrea la realidad tomando el pulso a la conciencia. Aquí están animando la historia indios-cholos-amazonas-afros y demás mestizos. Están en cuerpo o alma, Antero Olave, Hilario Mendivil, Santiago Rojas, Andrés Gonzáles, López Antay, Urbano Rojas, Edilberto Mérida y las celendinas de ojos verdes que tejen el mundo en cada sombrero, entre muchos otros. 

Así, entonces, el arte popular en el Perú tiene una triple propuesta: embellecer, ser un arte que piensa y el de la utilidad comunal y familiar, constituyéndose en la base cultural de la identidad nacional; y a ella se suma otras creaciones. (Pero cuidado con las trampas ideológicas del multiculturalismo del Tío Sam).

Ahora bien, alguien en su sano juicio, dejaría de sumarse a la emoción y admiración del poeta Antonio Machado y del pintor Pablo Picasso por las creaciones artísticas de los paisanos de Guamán Poma de Ayala y del Inca Garcilaso de la Vega. 

No olvidemos. De la creación artística nace la luz, y con ella embellecemos…

(Hasta el próximo domingo, amigo lector). 

( * ) Yo no celebro el día de la madre el día domingo porque yo lo celebro todos los días…

domingo, 17 de junio de 2018

(CONCIENCIA CRITICA) LOS NUEVOS DIOSES (II PARTE)

Por Mario Peláez

Como parece que Dios ha abandonado a sus criaturas…, hoy, oportunistamente, nuevos dioses se han constituido en hacedores y líderes de la historia: de la cultura. De los elementos espirituales y materiales que caracterizan a la sociedad, en consecuencia de nuestro cerebro. Me refiero a la televisión y a internet, y que el algoritmo los convierten en cautivante magia…. 
 
La televisión en el país –no es novedad– ha devenido en superpoder, con lenguaje achorado, cacofónico y policial, más en publicidad, rechoncha de mercancías. La escuela, el colegio y la universidad (con cinco o seis excepciones) sucumben en la mediocridad. Razón tiene Sartori cuando confirma la presencia de una nueva persona, del HOMO VIDENS, incapaz de comprender abstracciones, guiños conceptuales, ironías y menos asumir comportamiento crítico. 
 
¿Y qué de internet? Qué de la revolución digital (que los pesimistas le denominan “ciénaga digital”). Sin duda, en la red encontramos, con un solo clic, hasta el vademécum de maldades de Satanás… Océanos de datos, montañas de información; no de conocimientos. Situación que hace difícil distinguir la verdad de la mentira. Acontece más de las veces, que las emociones en las redes enlodan la realidad. Y nadie mejor para tal despropósito que los “mineros de datos”. 
 
De otro lado, las grandes plataformas, comenzando con Facebook, se adueñan de nuestra privacidad para convertirlo en mercancía. De lo cual cada uno también es responsable de no poder contener el estriptis que se hace en la pantalla. Pura apetencia del ego. Sin que ello descalifique los grandes atributos y beneficios.
 
¿Qué hacer? ¿Cuál es el antídoto?
 
Educación y cultura de calidad. Empezando por el amor a la lectura. El poeta y escritor Richard Ford, asegura que el libro siempre ofrece un lugar seguro en la que a la vida se le concede un latido extra… 
 
(Hasta el próximo domingo, amigo lector)

domingo, 10 de junio de 2018

(CONCIENCIA CRÍTICA: CUENTO) EL ESPEJO QUE RETRATÓ LA CONCIENCIA…

 Por Mario Peláez.
 
La fotografía era su pasión. Decía que nada es mejor para conocer las intimidades del alma que una foto del rostro en primer plano, a pesar del engañador maquillaje y de la mágica tecnología digital. Que los infiernos y los paraísos acampan como diminutos gestos, como leves sonrisas y tenues sombras. También la angustia y la soledad dejan ver sus huellas a la primera mirada. Él no dudaba que el arte de la fotografía es el arte de la conciencia en reposo, capaz de hacernos reír de nosotros mismos, también de llorar.
 
El padre de César Morán, don Melquiades, fue el fotógrafo y ADIVINADOR más refutado de la región sur del país. Siempre pulcramente relajado. Cómodamente instalado en sí mismo; solía tomar por asalto el centro de la plaza principal de los pueblos que visitaba con su cámara de fuelle de manga larga, reposando en un trípode. Se ufanaba de ser amigo de Martín Chambi, “siempre nos carteamos”, decía inflando el tórax. Y con tono de experto argumentaba: “Nada como una foto a los cuatro vientos, permite captar hasta el sarro del inconsciente. Don Melquiades no era letrado pero si era sensible. 
 
Así, con foto en mano leía el futuro. “Si la cámara hablara recomendaría construir varios infiernos”, decía. Sumaban docenas de frustradas lunas de miel apenas empezadas, divorcios prematuros y duelos a machete limpio, certificando sus predicciones… 
 
César heredó de su padre dos cámaras cuidadas como la niña de sus ojos. Por su parte compró, en pocos años, cuatro de última generación. Pero prefería la Rochester. Con ella inclusive registraba rostros ahítos de contradicciones: de alegrías y angustias amalgamadas, siempre que resolviera el conflicto entre la luz y la oscuridad. “En efecto – recordaba las palabras de su padre – nada como el blanco y el negro y la luz juntos. Se adueñan del misterio, del silencio y de la nocturnidad”. 
 
Cualquier día era bueno para emprender su “safari”. Una vez que ponía los pies en la calle se dejaba llevar por los vientos de la intuición. A veces se internaba en Miraflores, otras en Huaycán. Lo propio hacía en ministerios, centros comerciales, prostíbulos, mercados, estadios y mítines, “donde hierve el espíritu”. No siempre los resultados eran complacientes. Numerosas veces se enredó en líos y en comisarías. Pero por sobre todo era un artista de la fotografía peatonal. 
 
También viajaba a provincias. Una vez se le vio en Celendín (José Gálvez y Sucre), “tras de los ojos que ensombrecen al sol”. 
 
Adicionalmente cultivaba la fotografía Familiar. Tenía tres álbumes (1980 – 2001), cuidadosamente fechados, mes día y hora. “La mejor hora es aquella de 5 a 6 de la tarde, lapso en la que la luz concentran todos los matices. No olvidemos que la luz es el espíritu de la foto”. En la última página de cada álbum había una nota con letra bien redonda: “Ausencia de vivencias afectivas: sin densidad psicológica. Ni interrogan, ni perturban”. 
 
Su afán por la calidad de la fotografía, dependía también del dominio de la técnica. El minimalismo era lo suyo por excelencia. “Esa técnica que busca el todo de la conciencia desde una sola manifestación, de una sonrisa, de una arrobada mirada”.
 
Aunque nunca habló de ellos, tenía dos álbumes llenos de fotos de su rostro, de todos los ángulos y miradas y gestos posibles. Eran fotos con seis meses de diferencia una de otra; con el propósito de registrar nuevas vejeces: nuevas arrugas, nuevos lunares y nuevas canas. Cada vez con menos brillo en la mirada y más perplejidades. “Solo guiños macabros” – murmuraba. 
 
Sin duda las fotos constituían una franca provocación, un endemoniado desafío al tiempo. La primera foto fechada el 5 de enero de 1998 y la última el 21 de diciembre del 2006. Álbumes guardados bajo 7 llaves. 
 
Los domingos por la tarde se dedicaba a mirar las fotos con sus sucesivos rostros, asociando algún hecho o estado de ánimo; y siempre se decía, “Cada día me recuerdo menos”. Entonces sus ojos ardían pero sin objetivo que mirar. Sentía que vivía a medias, solo al abrigo de una vetusta metafísica.
 
II
 
Al cumplir 59 años César Morán abandonó el arte de la fotografía. Embaló en cajas las cámaras fotográficas, los álbumes, el material fotográfico, miles de fotos, recortes, revistas y libros relacionados con la fotografía. Nunca comentó porque tomó la decisión, que en buena medida era renunciar a él mismo. 
 
¿Acaso el algorismo, la digitación, la alta definición y el adios del celuloide derrotaron a su espíritu creativo? ¿O sintió en demasía la malignidad del tiempo, a punto de convertirlo en víctima de una depresión perversa?
 
Sin embargo César no dejaba de pensar en su rostro; pero dónde mirarlo siquiera un instante. “En alguna fuente de agua, en algunos ojos benevolentes, o en la luna llena”, monologada. Y como buscando una confirmación repasaba minuciosamente sus facciones con ambas manos. 
 
Una mañana (siempre el futuro gobierna el tiempo). El ex fotógrafo decidió rescatar su rostro, mirarlo cara a cara. El espejo, su viejo espejo, el insobornable y secreto testigo ocular, sería el proscenio de la cruzada, de la épica. 
 
Dubitó unos segundos. Avanzó unos pasos, luego retrocedió unos más largos. Pero ya era tarde para emprender la retirada. “Contradicción en estado puro”, alcanzó a meditar. 
 
Primero miró el espejo con la trayectoria de una curva y lo percibió pequeño. Luego posó frontalmente su mirada, y solo vio un vaho, cual nebulosa que le cubría totalmente, y en cuyo centro había un minúsculo hoyo negro que atrapaba todo lo que se le acercaba. “Como hoyo negro cuya fuerza gravitacional atrapa inclusive la luz”, contó tiempo después. 
 
Se frotó los ojos, endureció la mirada, pero a penas distinguió sombras que se congestionaba. Entonces se percató que su persona se desdoblaba. Que él, César Moran, hijo de don Melquiades el ADIVINADOR, solo se quedaba con su cuerpo; y al frente, en las profundidades del espejo, su conciencia apunto de emerger y tomarle cuentas sin medias palabras.
 
Le llegaron las voces como ecos, sin intermediación de los sentidos, como si provinieran de lugares más allá del tiempo, de un mundo sin horizonte, pero eso si nítidamente: 
 
“¿Sabes cuál es la causa de la situación que vives?
Tú mismo, nadie más. Yo, responsable de tu mundo
Interior, muchas veces toqué la puerta de tu corazón,
que empezaba a latir menesterosamente, para sensibilizarte;
y tú no querías escuchar. Para ti el tiempo solo es presente
continuado…

(En el viejo espejo hervían sombras cada minuto más negras)

…En vez de encausar la vida, como corresponde,
y dar el gran salto, solo atinabas a ajustar el entrecejo.
Oportunidades tenías. La Bienal de Rio de Janeiro fue
una de ellas. Pero tú continuastes mirando la vida con
antigua mirada, sin considerar que el arte
cotidianamente debe enriquecer sus dones. Algo más
grave: Me forzabas para dispensarte y te brinde
inmerecidos elogios. Palabras altisonantes. Olvidando
que se trata de vivir realmente y no tan solo de
subsistir.

(El cuerpo de César se contrajo acompañado de menudos escalofríos )

Fue entonces la insensibilidad y el tiempo quienes te
derrotaron. por eso tiemblas como una hoja al descubrir
alguna nueva vejez en tu rostro; y ni siquiera tuviste valor
de celebrar un pacto con Lucifer…

Como el azar y la necesidad no descansan, aconteció algo singular. César Morán cerró los ojos con toda la fuerza acumulada en sus músculos faciales y vio en su conciencia deambular una imagen vidriada de luz. Incrédulo abrió los ojos y observó su rostro en el espejo que sonriendo le devolvía su mirada, permitiéndole enlazar con la mirada del ADIVINADOR…

(Hasta el próximo domingo, amigo lector).

jueves, 17 de mayo de 2018

(Conciencia crítica) Tras la igualdad de género LA DERROTA DEL PECADO ORIGINAL…

Por Mario Pelàez.

(No hace mucho participé en la mesa redonda, La Mujer en la Sociedad Contemporánea, organizado por la Universidad de solo mujeres. Abordé lo relacionado con la educación sexual. Espero que el Cardenal Cipriani no emprenda ni excomunión, como entre bromas se dijo. Estas son las ideas centrales de mi intervención, que generaron muchas preguntas)

Increíble: el acto humano más longevo, más trascendental y cotidiano es el menos comprendido y pocas veces abordado responsablemente. Me refiero a la sexualidad. No hay justificación idónea para convertirlo en acto misterioso, pecaminoso y avalado moralmente como sola función reproductiva y al interior del matrimonio, tal como se sustentan las tres religiosas monoteístas (judaísmo, cristianismo y el islam), y cuya punta de lanza es el machismo, uno de los pilares de la sociedad patriarcal.

La vida sexual, propiamente las relaciones sexuales, sin el erotismo siguen manteniendo su naturaleza instintiva, y nada más. Recién con el erotismo el encuentro de los sexos se humaniza. Mucho mejor considerando que el erotismo tiene rica fertilidad en sutilezas y en capacidad innovadora no conocerlo y no aprovecharlo empobrece al amor romántico y al conjunto de relaciones interpersonales. Y son las mujeres quienes cargan el déficit. Al punto que la mayoría no disfrutan del orgasmo.

¿Pero cuáles son los nutrientes del erotismo?.

En primer término la IMAGINACIÓN (que todos tenemos pero no siempre la potenciamos). Con ella podemos lograr que la pasión se multiplique y que hasta leviten los cuerpos…

La COMUNICACIÓN, permite un cabal entendimiento en los ritmos corporales; en la dosificación de las caricias, y en la búsqueda de nuevos predios sensibles. No olvidemos que el lenguaje es el mundo en el cerebro.

La LIBERTAD, voluntad soberana y responsable de la razón, entonces del consentimiento amoroso.

Por cierto que hay muchos más nutrientes del erotismo. Formidables nutrientes: 

La POESIA, sí la poesía. Ella colma de sensibilidad al espíritu y afina el tacto de la piel… Pongamos como ejemplo la poesía de Pablo Neruda: “Beso a beso recorro tu pequeño infinito, tus márgenes, tus ríos, tus pueblos diminutos y el fuego genital transformado en delicia”.

La MUSICA, contumaz amante del amor. Nada como la música para prodigar de dones a los cuerpos. Quién no ha subvertido sus diástoles con un bolero, con el jazz, con los mambos de Pérez Prado, con la música andina y criolla, con las sinfonías (el premio Nobel Camilo Cela aseguraba una masturbación apoteósica con la Novena Sinfonía de Beethoven, en re menor, Op. 125).

El OLOR, los griegos de Sócrates sostienen que el olfato es el anfitrión de los grandes disfrutes. Capaz de catar hasta los olores del alma… 

¿Y el COLOR?. La presencia de un oportuno color puede desencadenar cataclismo de pasión… 

Entonces, el sexo sin erotismo apenas compromete algunos músculos y a medias los sentidos. Con el erotismo la relación involucra a todo el cuerpo y a la conciencia. La relación sin erotismo es monótona y conformista. El erotismo rechaza la pornografía y la prostitución; en cambio el sexo sin erotismo los convierte en aliados. El erotismo multiplica la comunicación; sin él las relaciones solo amplifican gruñidos.

A modo de epílogo: con el erotismo las relaciones sexuales agigantan la comunicación, el respeto y las delicias. Se democratizan las demás relaciones interpersonales. 

Pero fundamentalmente se derrota a la concepción del pecado original y a la ideología de género machista, como parte de la consolidación de la igualdad de género. 

(Hasta el próximo domingo, amigo lector)

sábado, 28 de abril de 2018

(Conciencia crítica: CUENTO) CUANDO EL PASADO ES HOY (*)

Por Mario Peláez

En el sentido más liviano de la palabra, de ésa que nace con el solo aliento, estoy agradecida de la vida. De todas mis edades, con sus altas y bajas. Aunque no deja de causarme zozobra la futura celada del tiempo. Pero como repito a mis hijos, mi desanimo, y a ratos pesimismo, rápidamente lo supero evocando mi niñez, los años de la “pecosa Simone”, como me llamaban en la escuela, o de la “precoz Simone” decía mi madre.

Ya no importa cómo sucedieron los hechos, y cuáles sus efectos, importa como hoy los recuerdo, en el momento en que acampan en mi conciencia.

Transcurría la década de los setenta: la guerra fría estaba en su punto; los hippies definían el paisaje citadino; el gobierno de Velasco Alvarado enloquecía a la aristocracia; Lima glotona se gratificaba como el Perú. Pero también la carrera espacial acaparaba las conversaciones.

A pesar de que tenía 8 años recuerdo bien las discusiones de mi abuelo paterno, “Don Porfirio”, con el Dr. Montalvo, quien una vez a la semana pasaba por casa. Entonces decíamos, “nuestro médico de cabecera”. 

-Esta sí es proeza científica que dignifica al ser humano y que desmiente nuestro origen animal; y de paso cuestiona la afirmación de los comunistas que dizque alunizaron con su perra Layka- chillaba mi tío Aurelio.

Yo siempre me encontraba como clandestina en una esquina de la sala, usurpando la conversación de los adultos.

-Abuelo – irrumpí audazmente sin darle oportunidad a que intervenga el doctor – quiénes son los comunistas.

Mi padre abrió los ojos como loco y sentenció 
-Ve de inmediato a llamar a tus hermanos para que saluden al doctor, y no demores.
Mi madre desde el umbral tomó partido por mí: “espero que el juicio final o el apocalipsis no tengan rostro de mujer”.

Esa fue mi primera pregunta y mi primera rebeldía, pues no me moví de la sala a pesar de los afanes de mi padre. Años después entendí que nosotras las mujeres vivimos cercadas por impalpables murallas: por gestos inapelables; por miradas dobles; y por voces sin pentagrama que los cobije. Por eso mismo, me digo ahora, las mujeres debemos consolidar nuestro yo social, más que el otro yo de la individualidad.

En casa los roles y escenarios estaban aritméticamente establecidos. Mi padre, de escasa sonrisa, como si siempre estuviera posando para la cámara, tenía la palabra definitiva en todo, y obviamente monitoreaba la vida diaria desde la cabecera de la mesa; mi madre lideraba la cocina y demás interiores, pero, eso sí, hacia denodados esfuerzos por no ser invisible; mi hermana Analuz tras las faldas de ella; mis hermanos, Felipe de 10 años y Roberto de 9 siempre jugando en la calle y con la palabra justa para prolongar su ausencia, además de nunca saber dónde dejaban sus cosas; y yo en todos los rincones de mi mente y de la casa.

No recuerdo un solo permiso para pasar una tarde en casa de alguna amiga. Mi padre decía que yo era desobediente y descuidada. El carácter de él tendía al alza; nunca pudo entibiarlo. Pero aquella vez desbordó “como un huayco”, comentó a media voz mi madre. 
Estábamos en la sala-comedor. Como siempre el doctor. Montalvo y esposa y sus dos hijos de la edad de mis hermanos; el alcalde y esposa y su hija de mi edad. Desde luego los niños almorzábamos en mesa aparte. A esa edad poco nos interesaba las palabras de los adultos y menos las nuestras a ellos.

Cuando la conversación de “temas importantes” se agotaron y los bostezos irrumpieron, se le ocurrió al alcalde preguntarnos (con su clásica voz de alcalde) “qué deseábamos ser cuando seamos grandes”. Todos sonrieron. Ocasión que me permitió saber que los niños sí tenían espíritu. 

- Haber tu Renancito, dijo la esposa del alcalde
- Yo astronauta 
- Yo bombero - gritó Matias
- Enfermera - precisó María Rosaura

Las miradas se congelaron viniendo hacia a mí.

- Y tú Simone que deseas ser– me preguntó el alcalde
- Yo quiero ser varón, pero sin bigote. – dije gritando.

Al instante se borraron las sonrisas. Entonces la “vergüenza familiar” se abrió con paso marcial.

En la noche (supuestamente dormidos los críos) mi padre dijo a mi madre con timbre poco amistoso. “A partir de hoy debes doblegar la vigilancia a Simone, y nada de concesiones. Que papelón el que nos hizo pasar. Viste la cara del alcalde. Y no me vengas con discursos feminista”. 

Apagó la luz del velador. Estoy segura que mi madre apenas lo escuchaba. A mí el sueño tardaba en llegar, no eran minutos de insomnio sino de magia y sin el pulgar en la boca. Más bien una dulzura se agolpaba en mi corazón. Yo me desquitaba en la escuela con preguntas a mis profesoras, a muchas no les gustaba, o jugando con los chicos y a veces peleando con mis amigas que llevaban en su mochila una Barbie con lindo vestido que le había regalado Ken. También me desquitaba leyendo cuentos.

Pero era en mis sueños donde me imponía a discreción, sobre todo soñando despierta. Soñaba que ponía en aprietos a mi padre, preguntándole: “papi por qué las niñas no tienen pipi”, o “papi qué tamaño es el universo”. Sin pretender, como dice el poeta, que el niño sea el padre del hombre, y sin historia de que arrepentirse.

Como si adivinara mi padre mis sueños y pensamientos, al día siguiente reiteraba a mi madre aquello de la disciplina. Y ella, no tengo duda, se reía en sus adentros, sabía que lo que yo quería era los privilegios de mis hermanos.

II

La abuela Simone reiteraba que se casó con la vigilancia patrialcal. “El tiempo siempre será futuro, sin que nadie encare su amnesia”.

-Felizmente su padre fue una persona reflexiva – dijo Simeone a sus hijas – esto facilitó que los criáramos sin importar el color rosado o celeste de sus ropas, y si jugaban con yases o pelotas. Queríamos que el mundo se expanda por igual para todos ustedes. 

- Otra vez mamá con el mismo rollo – alegó Felipe con tono apacible.
- Les digo esto, una y otra vez, no por chochera, sino porque quiero que llegue a los oídos de sus maridos y mujeres. En especial de Raúl que parece papá del medievo.
- Por suerte Rusita tiene una excelente profesora – argumentó Analuz.

Días antes la abuela Simone fue advertida que celebrarían el cumpleaños de su nieta junto con el suyo. “será un día espléndido mamá”.

Simone por supuesto no creía en el corsi y ricorsi, en el eterno retorno, del que hablaba el filósofo Vico. Ella decía, “no es bueno negar la dialéctica, como tampoco que la memoria sustituya a la historia, que sería como mirarse al ombligo o de estirar gratuitamente los límites de la realidad”. Pero, pero inexorablemente sucedieron los hechos. 

Aconteció fulgurante, como si el tiempo hubiese sido clonado.

En efecto, celebrábamos los siete años de mi nieta Ruth y los tantos y tantos míos, y debo confesar que sentí ráfagas de emoción, de incontaminada emoción propia de los siete años. Estuvieron presente la familia en pleno, más dos profesoras de mi nieta, algunos adultos más y la pandilla de niños que se desplazaban por todos los rincones.

Aconteció minutos antes de cortar la torta y cantar el “cumpleaños feliz…” 
Parada en la silla y abriendo de par en par sus ojos negros mi nieta me devolvió la mirada; y aviva voz dijo:

- Abuela Simone ¡regálame un pipi!, como el que tiene mis amiguitos. 

Entonces despuntó un frenético segundo de silencio, pero enseguida todos rieron a mandíbula batiente, chispeante como pequeñas luces de bengala… (Hasta el próximo domingo, amigo lector)

(* ). Mi simbólico homenaje a Simone de Beauvoir, una de las mentes más lúcidas de Occidente. Mi personaje se enorgullece de llevar su nombre

martes, 3 de abril de 2018

(CONCIENCIA CRÍTICA) El lobista y el pendejo LOS CIMIENTOS DE LA DEMOCRACIA…

Por Mario Peláez

Sabemos que la política en el Perú es tóxica, acciona con desperdicios: con caudillos y genuflexiones a las transnacionales, con demagógicos discursos y fajines, con corrupción, felonías y oportunismo y con solo coyunturas. Sin embargo lo acontecido en los últimos días es una “novedad”… 

Es singular que “un cholo, cetrino de un metro cincuenta de estatura y de apellido Mamani” sea el “héroe” de la jornada democrática”, a costa de convertir en cholitos a la rancia burguesía de los PPK. Desde luego el “héroe” está bien asesorado y protegido por criollazos con chaveta y misas negras, que conocen todas sus aguas sucias…

Para adivinar cómo se cocinó la “épica democrática” solo es necesario aguzar, afinar el oído, más una pizca de lógica. Faena consumada simultáneamente en dos escenarios. Oído, entonces. 

DOMICILIO DEL PRESIDENTE PPK (día lunes)

Aunque despunta por todos lados ostentación, barroquismo decorativo, la sala principal donde se reunían tiene un halo de misterio…

- Es necesario asegurar la votación. No importa el costo. Requerimos de un sagaz operador. Entonces nadie mejor que nuestro ministro de transportes – dijo el presidente acompañado de media sonrisa.

- A sus órdenes, señor presidente. Yo ya vengo trabajando a fondo en ello – contestó el ministro de transporte levantando el mentón hasta el cielo.

- Brindemos por nuestro ministro que sabiamente ha interpretado la realidad y la estrategia de defensa de la democracia. ¡Salud! – dijo a viva voz la primer ministro.
 
- Salud, salud exclamaron los demás ministros presentes.

LOCAL PARTIDARIO DE FUERZA POPULAR (día martes)

Sala de reuniones: una mesa grande rodeada de confortables sillas, a los costados pequeños muebles llenos de teléfonos y computadoras.

- Qué novedades, qué novedades… espero que sean muy buenas. La democracia lo exige. Las páginas de la historia nos espera – dijo con el rostro encendido la jefa del partido.

- Sí mi querida jefa y lideresa absoluta. Todos son buenas noticias. En este momento Mamani está dando los últimos toques. Ya los contactos están garantizados. De Mamani ni lucifer podría sospechar. – confirmo el vocero de la mayoría parlamentaria.

DOMICILIO DEL PRESIDENTE PPK (martes, 3 pm)

- No está demás reiterar el cuidado que se debe tener en cada paso y con cada palabra. La serenidad es la llave maestra – dijo el presidente mirando al ministro de transportes.

- No se preocupe, señor presidente, ya lo tengo del cuello a Mamani. No sé si usted vio alguna vez su cara. Es un cholito cerdudo, pero eso sí ambicioso como nadie- afirmó con tono grave el ministro de transporte.

- No te confíes del todo. Los cholos son traidores por naturaleza- precisó acompañado de una sonrisa la primer ministro.

- Por lo demás yo me encargo de remachar- dijo levantado las manos el abogado defensor
- Pero el cholo de M quiere darse el lujo de conversar con usted, señor presidente. ¿Me autoriza traerlo? – preguntó de corrido el ministro de trabajo.

- De inmediato, de inmediato – contestó el presidente

- Pero primero sería bueno desinfectarlo y rosearlo con alguna loción – enfatizó la primer ministro; y todos celebraron.
LOCAL PARTIDARIO DE FUERZA POPULAR (miércoles 8 pm)

- Mí querida jefa y absoluta lideresa. El material atómico debe estar listo como a la media noche. Conviene que usted precise a que medios entregamos parte del material- dijo extasiado el vocero de la mayoría parlamentaria.

- Sobre el particular ya hay un acuerdo. Reúnase con el secretario de organización. Igualmente en relación al asunto Kenji.- confirmó la jefa del partido con gesto adusto.

DOMICILIO DEL PRESIDENTE PPK (miércoles, 12pm)

- Mucho gusto amigo parlamentario. Bienvenido. Sírvale un whisky, blended scoteh de 12 años – dijo derrochando alegría el presidente.

- O si prefiere un buen cañazo- intervino con tono burlón la premier.

- Gracias señor presidente. Es un honor estrechar su mano; y mucho más visitar su linda casa. Me pongo a sus órdenes incondicionalmente, señor presidente - dijo Mamani con voz algo quebrada, con irregulares movimientos de brazos y curiosidad letal.

- La premier y el ministro de transportes tienen instrucciones de atenderlo en lo que usted requiera. Así Puno estará eternamente agradecido con su persona – dijo con tono impersonal el presidente.

- Mil gracias mi presidente. Puno lo declarará su hijo predilecto y hasta la capital de Puno podría llamarse PPK, señor presidente – exclamó hechizado Mamani, a la par de comentar para sus adentros, “te jodistes gringo de mierda. Me quisiste hacer tu cholito, y al final tú fuiste el cojudazo”.

- ¡Viva el Perú!. ¡Viva la democracia! ¡Viva eternamente en la historia nuestro querido presidente!- dijo fascinado el ministro de transporte.

Salud, salud, salud, exclamaron los demás.

LOCAL PARTIDARIO DE FUERZA POPULAR (miércoles 2 am)

- ¡Viva el Perú! ¡Viva la democracia!. ¡Dicha eterna para nuestra querida lideresa!- dijo gritando el vocero de la mayoría parlamentaria.

- Felicitemos a todos los que han hecho posible esta hazaña. El Perú sabrá reconocer su heroísmo mi estimado parlamentario Moisés Mamani. ¡Viva la democracia! –argumentó emocionada con la copa en alto la jefa del partido.

Salud, salud, salud – dijeron alucinados uno a uno mirando a su lideresa.

CONGRESO DE LA REPÚBLICA (jueves, 11 am) 

Muchas almas rumorando y levitando.

Aplausos, vítores, sonrisas y patrióticos discursos retumban en el recinto parlamentario. Entonces la democracia sobrexcitada y vestida de fiesta nacional, a punto de que los cholos se conviertan en cholos ciudadano y la historia empiece a tener memoria…

(Hasta el próximo domingo, amigo lector)

lunes, 26 de marzo de 2018

(CONCIENCIA CRÍTICA) IMAGINACIÓN : LA DOÑA DE LA FELICIDAD (*)

Por Mario Peláez

Nada más incesante, libérrimo y vorazmente audaz que la imaginación. Que pobre resulta el espíritu sin su motivación. Sin ella solo queda el bostezo… Y bien, cómo lograr una fértil imaginación: consumiendo arte, viajando con espíritu de aventura, con prolija lectura que permita conocer el mundo a través de imágenes, además de reforzar nuestra subjetividad encaminada más a la sabiduría que al solo conocimiento.

Con la imaginación visitamos hasta las recamaras de otros mundos, nos prodigamos dioses con quienes establecemos alianzas estratégicas, al estilo de los griegos y los incas; lideramos el tiempo a nuestro antojo: viajamos al pasado con la alforja llena de presente, y acampamos en el futuro solventando nuevos acontecimientos. El gran Stephen Hawking decía lo insípida que sería la vida sin nada más que imaginar.

También la imaginación nos provee de excelsitudes como caminar sobre el agua o el simbolismo de la Santísima Trinidad o el Génesis.

Gracias a la imaginación gozamos de la creación artística: de la música, la pintura, la literatura, del teatro, la escultura, la artesanía, la arquitectura, la decoración, del cine. Correspondiendo a cada uno elegir sus preferencias. El propio conocimiento científico se nutre de la imaginación. Releamos a Julio Verne, por ejemplo, o hurguemos en la astronomía la geometría y en la propia filosofía.

Aún más: la imaginación agiganta los linderos del amor. Quien no ha sido visitado por la pasión de los amores platónicos. Empero la huella cimera de la imaginación es el erotismo. Ese caudal de inventivas, de sutilezas y ternuras. Sin ella el encuentro de los cuerpos termina en un menesteroso orgasmo. Sin capacidad de incendiar el corazón, y olvidando que el ser humano vale lo que vale el conjunto de sus afectos.

En bella suma: La imaginación nos permite pasear por el infinito, acariciar las estrellas, dialogar con los dioses y soñar despiertos que todos somos felices…

(Hasta el próximo domingo, amigo lector)

(*) Felizmente la materia fecal, como el actual acontecer político, no es insumo de la imaginación.

lunes, 19 de marzo de 2018

(Conciencia Crítica) Celendín un buen ejemplo LIMA NO ES LA CAPITAL DE LA CULTURA

Por Mario Peláez

No hay manera de que Lima disimule su gordura de cemento y empacho de avisos publicitarios. Realidad que solo genera menos espacios públicos y menos vegetación. Aunque muchos incautos a este despropósito llaman modernidad, y otros pobres de espíritu, posmodernidad (y hasta sueñan verla parecida a Miami…).

Pero es a nivel de la cultura que Lima deja ver su carencia absoluta, su devaluación espiritual. El centralismo crece en arrogancia y la informalidad ha terminado lumpenizada. Al criollo, al vivaso, al maletero (enquistados en el poder político y económico) no le interesa la cultura, esa que porta pensamiento crítico, que defienden las identidades y fomenta el cambio. Lo que patrocina es la “cultura” de entretenimiento, del vedetismo, que no exige al cerebro reflexiones, dudas, preguntas y sensibilidades.

Y mucho peor, hoy los capitalinos o limeños viven “menos en sus cuerpos y más en el interior del ordenador”.

De allí entonces las superlativa importancia de las provincias. En ellas todavía hay tiempo, espacio, disposición y querencias por lo propio. Es decir todavía hay tiempo para pensar, defender y crear.

A modo de ejemplo me referiré al patrimonio cultural de la provincia de Celendín, en su recodo de la literatura y de las artes plásticas, de los dueños de la belleza, “sin la cual la cultura no podría vivir”, dice Freud.

Empezaré nombrando a sus “clásicos”, Armando Bazán, Julio Garrido Malaver y Alfonso Pelaéz, todos con premios nacionales y traducidos a varios idiomas. Con iguales pergaminos y calidad, Alfredo Pita, Jorge Díaz Herrera y Gregor Díaz Díaz. También Antonieta Inga y Malena Pelaéz. 

Ídem en calidad, Gutenberg Aliaga Zegarra, Tito Zegarra Marín, Jorge Horna, José Luis Aliaga Pereyra, (seguro que son muchos más, lamentablemente no los he leído).

En cuanto a artistas plásticos, Alfredo Rocha, cuyos cuadros andan por todo el mundo. Miguel Díaz Dávila, escultor y pintor de obras extraordinarias. Sin duda uno de los mejores artistas plásticos del país. 

No podría dejar de mencionar a un científico cuyos libros se leen y discuten en las mejores universidades del país y del extranjero. Me refiero al neurocientífico social Pedro Ortiz Cabanillas.

Ahora bien. ¿Cuánto hemos leído y gozado de todos ellos?. ¿Cuánto se difunden su creación a nivel regional y nacional?. ¿Cuántas otras expresiones culturales han sido investigadas?. Etcétera. 

Así, entonces, como Celendín, hay muchas provincias con valiosos aportes. Contribuciones que enriquecen la diversidad y fortalecen la resistencia al neoliberalismo cultural. 

(Me permito formular una sugerencia: crear LA CÁTEDRA CELENDÍN para el desarrollo cultural, para el amor a la lectura y de la investigación del patrimonio intelectual y artístico de la provincia, al seno del proceso intercultural. CÁTEDRA a donde pueden concurrir amas de casa, estudiantes, profesionales y trabajadores en general. Ya es tiempo de nutrir los afectos con otras riquezas espirituales que trasciendan lo puramente decorativo y del adjetivo emocional… ).

(Hasta el próximo domingo, amigo lector)

viernes, 16 de marzo de 2018

(Conciencia crítica) ¿Celebramos? EL DÍA DEL SEGUNDO SEXO…

Por Mario Pelàez

El diálogo conlleva (además del ceño fruncido…) reflexiones y responsabilidades de calibre mayor, al decir de los griegos. Más tratándose de un tema tan sensible y controversial como la igualdad de género. 

Los amigos Benjamín, Mateo y Ramiro, muy sueltos de huesos y locuaces, se enfrascaron en una discusión sin interesarles un comino el “señorío académico”. Entonces mejor sería afirmar que solo se trata de una conversación de fin de semana, en una tarde de verano. Escuchémoslos.

- En fechas trascendentales, Lima se viste de gala espiritual. No es para menos tratándose del Día de la Mujer. De esa santa mujer- dijo emocionado Benjamín.

- Por qué no decir con propiedad que se trata del día de la comercialización de sus encantos, de la servidumbre doméstica y de la desigualdad salarial – precisó con tono calmo Mateo.

- Ya empiezas con tus arrebatos ideológicos, cual letanía- replicó Benjamín. 

- Por mi parte celebro a todo dar el Día de la Mujer. Al menos ese día la mía no me jode. Posiblemente porque siente, más que otros días, su rol de madre, de esposa. Y si las observamos bien, este día multiplican sus atenciones, y hasta lucen mejor sus atributos, a la medida del infernal verano; entonces la calentura de los cuerpos empiezan a escalar y el Don Juan asoma presto- dijo sonriendo Ramiro.

- No vulgarices la reunión. Tú vas al extremo, a la mujer objeto y Mateo al otro extremo, al de idealizarla- reiteró Benjamín con gesto adusto.

- En cambio tú Benjamín solo quieres condenarlas de por vida en el rol de abnegadas esposas, de sacrificadas madres y de superlativo ejemplo para las hijas. Argumentación penosa, injusta y cínica. En tales condiciones la mujer pierde su libertad, deja de ser ella, pues solo vive a través de los otros, del marido y de los hijos, sin emociones propias, y así hasta el fin de sus días. Situación que empeora con la otra explotación, la de su centro laboral, donde el peaje carnal sigue siendo requisito de empleo y de ascenso. En buena cuenta, la mujer pierde su identidad. Repetiré lo que dice una extraordinaria mujer: “NO SE NACE MUJER: LLEGA UNA A SERLO”- argumentó pausadamente Mateo.

- Y sigues con la misma cantaleta. Escucha, y bien: Dios precisó el rol de la mujer, inclusive su sacrificio y el dolor le fueron asignados. Escucha: “PARIRÁS CON DOLOR, TU MARIDO SE SEÑOREARÁ SOBRE TÍ”, Génesis 3:16- contestó a viva voz Benjamín.

Hubo una pausa, quién sabe para mejor afilar sus argumentos.

- En el fondo los dos hablan cojudeces. Si en este momento tendríamos un detector otro sería el dictado de sus conciencias. En los dos, y yo me sumo. Entonces en los tres predomina el interés carnal. Salvo que hayan decidido entrar al convento, ni así… -dijo Ramiro sonriendo.

- Lo que manifiesta Ramiro, más allá de la ironía, no deja de tener razón. Por eso la igualdad entre hombres y mujeres en esta sociedad patrialcal, solo será posible si los hombres derrotamos el machismo. Si dejamos de considerarnos dueños y señores de ellas. En el fondo de privatizarlas, como “señora de…”. Inclusive la prostitución existe por el machismo. El problema no es de vaginas más o de vaginas menos, tampoco de penes más o de penes menos o quién lidera (incluyendo el orgasmo), sino de la igualdad entre seres humanos, igualdad de géneros. Para lo cual también se requiere una suerte de revolución doméstica, cuya primera conquista sea un nuevo contrato sexual, diferente de lo establecido en el patriarcal derecho canónico y del propio derecho civil - dijo Mateo.

- Pero acaso la mujer no ha logrado ya derechos importantes de carácter laboral y político. Hoy hay cientos de gerentas, de presidentas, y hasta de futbolistas, solo la demagogia de los comunistas desconocen estas conquistas democráticas – replicó Benjamín.
- Por supuesto. Las mujeres han logrado derechos, sobre todo en Occidente. Salvo uno: decidir su destino por ellas mismas. Entonces la mujer seguirá siendo mujer desde que se levanta (a preparar el desayuno y demás tareas domésticas) hasta que se acuesta (más el tiempo suplementario de la emboscada carnal del marido). Por lo tanto las mujeres seguirán siendo el segundo sexo, como las denomina Simone de Beauvoir - dijo pausadamente Mateo. 

Esta vez se impuso una larga pausa. Ramiro aclaró la voz, levantó el mentón y dijo: 
- Brindemos por las Evas, sin ellas no disfrutaríamos los supremos placeres, y no tendríamos la imprescindible mano de obra en casa.

Los amigos sonrieron y sus labios deletreaban, “s a l u d, s s a l u d…”.

(Hasta el próximo domingo, amigo lector)

miércoles, 7 de marzo de 2018

(CONCIENCIA CRÍTICA: CUENTO) LA PASIÓN VIRGINAL DE LA VIUDA J…(*)

Por Mario Peláez


“¿Me recuerda usted, soy Augusto Mendo?”

Él regresaba al pueblo de muchos años, tantos que a la propia memoria le resultaba difícil contarlos. No le acompañaba ninguna emoción, aunque sí una bien disimulada angina. Todo sigue igual – pensó –, las calles largas y desiertas como si en ellas hubiesen brotado el olvido – murmuró reflexivamente.

Apenas se escuchaba como ecos el trajín de los carros que desde hace tiempo obviaban sus calles. Ahora cruzaba por el Pueblo Nuevo. Por unos segundos, Augusto creyó que nunca había abandonado el pueblo. Que solo estaba viviendo otra mañana del viejo pasado.

Arriba el sol estaba en apuros y lucía algo deprimido. Las nubes se negaban a migrar. 

Dos personas, distanciadas una de otra, caminaban por la otra vereda, solo Dios sabe a dónde iban. Augusto sentía que de reojo lo miraban, y él hacía lo propio a pesar de que sus ojos estaban aturdidos. El viaje tomó 19 horas de un tirón, poniendo en aprietos sus crujientes huesos.

Entonces Augusto giró a la derecha con dirección a la Plaza de Armas convencido que allí le darían razón; y sabría cuánto ha envejecido.

Instintivamente Él repasó su rostro con la palma de su mano izquierda. 

En la plaza las palmeras se esforzaban por mantenerse en pie, como si hubiesen decidido agonizar erguidas; la Iglesia, abierta de par en par, optimista esperaba a la feligresía; y al frente el viejo edificio municipal que se resistía a perder su prestancia.

Augusto tomó asiento en una tibia banca de cemento y en tropel llegaron los recuerdos. Los generosos huertos, la crecida del río, los árboles coposos a los que trepaba, la lluvia con granito y el olor a guayaba. Sin embargo en su mente no asomaba ningún rostro. Aún así ratificó lo feliz que había sido su niñez. 

-¿Me recuerda usted, soy Augusto Mendo?- le dijo con voz apacible.

La mujer lo miró un segundo y se deslizó cuesta abajo como una leve brisa. Él apenas pudo ver unos mechones, tenía puesta una mantilla negra. 

Segundos después se acercó un hombre de contextura fibrosa de unos 65 años que lo miró como si quisiera rescatar alguna filiación. 

Augusto al instante vio en el rostro del hombre mucho de su propio rostro.

- Disculpe, señor, son tantos años que deje el pueblo, más el cansancio del viaje, no ubico la casa de Ricardo Mendo, esposo de la Sra. Domitila. 
- A tus órdenes, soy Ricardo Mendo, tu primo hermano. Te aseguro que de niños hemos jugado sin parar. He venido tras tuyo, yo sabía de tu llegada, en el Pueblo Nuevo me informó el Alcalde de tu llamada telefónica.

Se abrazaron como para toda la vida. Y si no cargaran prejuicios hubiesen llorado como niños.
Sus miradas reciprocas repasaban sus rostros.

-De toda la familia – continuó Ricardo – sólo yo quedó en el pueblo. Mi mujer, Domitila, murió hace 3 años. Mis dos hijos levantaron vuelo. Uno anda en Chile y el otro en Piura. Tengo lista la caja para entregarte. Sé que contiene 297 cartas, Josefina me lo dijo. Cartas que ella escribió a su difunto esposo, desde el segundo día que lo mataron. Ella, ya muy delicada, reiteradamente me decía, “Ricardo por favor, no dejes de poner en manos de Augusto estas cartas. Él sabrá darles un buen destino”. Y yo contestaba como buen cristiano. “No te preocupes, Josefina, que a sus buenas manos llegarán”.

Los ojos de Ricardo se nublaron y sus manos se enlazaron; Augusto posó su mano derecha en el hombro del primo. 

-Fueron cinco balazos. El reloj marcaba las siete de la noche –retomó la conversación– nunca se supo quiénes fueron los asesinos ni por qué lo mataron. Aconteció en la misma puerta de la iglesia, terminada la ceremonia; había una multitud de invitados y curiosos, y juegos artificiales, como se acostumbra en estos casos. 

- Pero a lo mejor todavía hay una sospecha en pie- preguntó con voz quebrada Augusto. 
Muchas veces el tono de la voz sustituye oportunistamente a la reflexión.

- Nada de nada. Cuatro años de intensas investigaciones – agregó con ironía – salvo las ocurrencias y los decires de lenguas largas: “Como que fue una banda de apasionados y platónicos enamorados que no soportaban ver privatizada la belleza. (Ricardo hizo un breve silencio como si convocara viejas imágenes, y continúo). De verdad que Josefina era extraordinariamente bella. Como decía el maestro Roberto Sáenz, “alta, de piernas largas, ojos sarcos que alumbran al sol, de senos turgentes, con pezones como cabeza de colibrí, con cintura de viento y andar ondulante. Una real mujer santa en celo”.

En la mente de Augusto se agitaba su memoria buscando algún recuerdo que lo asocie a Josefina. No fue posible.

- Pero lo mejor de todo – argumentó Ricardo con tono firme – fue su conducta ejemplar, su naturalidad. Nada en ella era artificial. Sus gestos siempre coquetos eran expresión de felicidad. Jacobo, el difunto esposo, fue su única experiencia sentimental. Por eso mismo el único placer que ella conoció fue el beso de la ceremonia. Ella fue virgen al regazo de Dios. No olvides la época. Entonces las piedras de alumbre servían como desodorante, y ni hablar de las compresas desechables.

En el trayecto a la casa de Ricardo, Augusto sintió que su andar llevaba pisadas de cuando niño, y pensó “cómo no decir lo formidable que a veces es la vida.

- En mi casa también tengo los libros, ella me los obsequió. En algún momento pensé donarlos, en su nombre, al municipio. Pero no. Ella adoraba los libros, muchos mandó empastar. Los leía y releía.

- Ricardo, sabes por qué Josefina nunca quiso dejar el pueblo, no obstante el ruego de sus hermanas.

- Yo mismo sin número de veces le decía: “Pero Josefina, en Lima está tu lugar. Allí están las mejores universidades y bibliotecas, además de tus hermanas”, y ella con voz grave y ronca argumentaba: “el amor es un absoluto que solo merece más amor. Entonces yo no puedo dejar solo a Jacobo; sería un cruel desamor”. Y bien que cumplió. Ahora están juntos para siempre en el viejo cementerio. 

Augusto no pegó los ojos. Toda la noche navegó en un nostálgico insomnio.

En la mañana los primos se miraron con ternura y se comprometieron a escribirse. “Lima y el Pueblo deben estar comunicados” –dijo sonriendo- Augusto. “Sí, sí”, contestó Ricardo.

Ambos deseaban que el tiempo volviese atrás. La tristeza los acosaba. Ya no hubo abrazo de despedida.

Varias veces postergaba la lectura de las 297 cartas – decía a sus amigos. Solo una era para un tal Juan José, que al principio me desconcertó. Ninguna de las cartas tenía fecha, pero estaban ordenadas con una lógica invisible: al crecimiento de la pasión. 

Había una nota que asumo era para mí: “Primo, evocando al gran Víctor Hugo, estoy segura de que es en las cartas de una persona donde hace falta buscar el sello del corazón y el rastro de la vida”. En ellas se expresa la intimidad del espíritu. 

Algunas cartas son copiosas, otras breves, pero igualmente dadivosas de pasión. Leeré algunos fragmentos – advertía Augusto.

Esposo mío, adorado Jacobo: 

¿Recuerdas cómo nos conocimos, amor mío?. Seguro que sí. Tú me mirabas con miradas colmadas de malicia, propias de hombres que no saben cultivar el amor, que no saben pacientemente dar la bienvenida a las delicias del amor. 
Entonces yo te miré recusando tu mirada, y tú bien entendiste. Ambos comprendimos que otra era la manera de empezar nuestro amor, y así renació un nuevo ser, tú mi amor. Te adora.

Josefina.

Augusto leía en voz alta, inclusive cuando estaba solo. Decía que así levita la música que subyace en cada palabra.

Jacobo mío, tesoro: 

A veces me pregunto si el amor puede existir sin la exaltación de los sentidos, sin el loco deseo de los cuerpos. Y al unísono los dos sabemos que tal desventura no es posible. Sí, el amor es el distintivo de la vida.

Así, me increpo cuando mi cuerpo no es lo suficiente pródigo; y te reprocho cuando el tuyo inoportuno se rezaga. Pero luego (¡Oh felicidad!) hasta la propia Afrodita bendice y celebra nuestra apoteósica embriaguez. Por eso las palabras que no expresan amor son amargas, indigestas. Con eterna ternura.
Josefina

De súbito se instaló en la mente de Augusto el rostro de Emma Bovany. Cosas del inconsciente, se dijo: y continuó leyendo.

Mi tierno e incansable diablito: 

¡Qué noche por Dios!. ¡Qué noche!. Una noche eterna soñando como hacíamos crecer el placer. Y tú como Adonis retando a la lujuria, a mi lujuria amorosa. Al son de cósmicos gemidos germinaba mi orgasmo virginal. 

Pero al despertar supimos que podíamos vencer a esa noche vanidosa. En nuestro placer se perpetua toda la pasión. Ven, tengo sed de ti. Te quiere eternamente.
Josefina.

La noche siempre es dueña de las exaltaciones; pero es en el día cuando destilan sin temores, monologó Augusto. 

Fue a esta altura que asomó la carta dirigida a Juan José que heló su cuerpo. ¿Quién era Juan José?. ¿Acaso un potencial sospechoso del crimen?.

Recordado Juan José: 

He meditado mucho antes de escribir estas líneas, y más para enviarlas. No estoy eludiendo mi responsabilidad y menos culpándote. Reconozco algún exceso en mi parte. Haber coqueteado con el peligro.

Sí mi amor, si mi adorado esposo, también los celos se convierten en manantial de gozo, como si fuese otro concurrente del amor. Nuestro amor, ante todo. 
Josefina

Augusto solo supo decirse, recordando a Rimbaud, que en las lides del amor no hay un solo derrotero, ni regla establecida, como tampoco delirios prohibidos, cual celos simbólicos.

Esposo mío, mi osito panda:

Mi imaginación no cesa de fustigarme para que multiplique más y más la voracidad a mi cuerpo, cual relámpago. Auxíliame amor mío que yo sabré devolverte con mucho más amor. Deja que me extravié en el interior de tu placer. Mi carne quiere carne obedeciendo el mandato del corazón. Con eterna pasión.
Josefina

¿Cuál es el significado y cuál el significante en el lenguaje del amor?. Josefina tuvo la feliz insolencia de celebrar el erotismo amoroso con lo mejor de su espíritu. Por lo demás el erotismo siempre es subversivo y no hay poda en el lenguaje – meditó prolijamente Augusto.

Entonces cogió la carta 297 y leyó pausadamente.

Mi amigo, mi amante, mi adorado esposo: 

No recuerdo qué poeta es dueño de estas sabias palabras, que ahora las hago mías: “Sí vale la pena morir por amor. Pero mucho más vale vivir por más amor”, como el nuestro que jamás conoció la tristeza. Y sabe que el pasado no se puede cambiar, pero si redimir. Como dice Eliot: “aquello que solo vive / puede solo morir”. Con infinito amor.
Josefina

Numerosas imágenes se superponían en el cerebro de Augusto, algunas de su niñez, otras del viaje al pueblo, pero el rostro de Josefina estaba en primer plano. Reordenó el manojo de cartas y levantó cuanto pudo la mirada. Entonces una sonrisa encendió su rostro, evidenciando que a J no le habían cortado las alas…

(Hasta el próximo domingo, amigo lector) 

* Este cuento con el correr del tiempo se convirtió en novela que espero publicarla en algún momento. Pero el cuento tiene vida propia.

martes, 27 de febrero de 2018

(Conciencia crítica) En torno al carnaval GLOBALIZACIÓN Y CULTURA DEMOCRÁTICA

Por Mario Peláez

Bien sabemos que la historia ha traído una nueva presencia con pretensiones de ser conciencia hegemónica, pensamiento único. Que para mejor identificación tiene nombre imperial: Globalización Neoliberal. Presencia que no podemos ignorarla y que obliga a mantenernos en guardia.


Ocurre que la cultura neoliberal está concebida y luego potenciada como mercancía, como negocio, y como mediocre entretenimiento. Lejos, muy lejos del espíritu; pero cerca, muy cerca de los instintos, de las respuestas primarias, de las emociones elementales. Desde luego no se trata de aislarse o de endiosar lo propio como exclusivo. Proceder así terminaría congelando la cultura y consolidando enfermizos nacionalismos. 

El Perú es una potencia cultural. Su diversidad tiene raíces milenarias. Aquí conviven (aunque no amorosamente por culpa del Estado) lo andino, lo amazónico, lo afro, lo español, lo italiano, entre otras culturas. Entonces tenemos garantizada nuestra parecencia universal.

Sin embargo, el acecho del neoliberalismo cultural requiere de reforzar nuestras defensas culturales. No bastan los cientos de fiestas patronales y los escenarios arqueológicos, que muchas veces tienen un rol pasivo, de promoción turística. De allí la necesidad de incorporar nuevos escenarios culturales que afinen nuestro espíritu crítico.


El CARNAVAL es potencialmente uno de ellos. Espacio cultural absolutamente laico, de puertas abiertas y receptivo a nuevas iniciativas sociológicas y al espíritu crítico con el statu quo, sin que nada de ello enturbie su alegría, su coqueto colorido y erotismo (“batán, batán”, dicen los celendinos mofándose del machismo). Desconozco cuánto de andino se ha sumado al carnaval, sobre todo en la Sierra y en los clubs provinciales y distritales con sede en Lima. Pero sí sé que ni la feudalidad, ni el capitalismo y menos el clero pudieron con el carnaval, no obstante los intentos de satanizarlo y prohibirlo. 

El carnaval es una fiesta popular que a todos nos convoca y coteja. ¡Tal es la magia de la calle!

Parafraseando al poeta: todo lo que viene del pueblo debe regresar a él para activar su espíritu crítico y democrático;



(Hasta el próximo domingo amigo lector)

Fotografías de Angela Lindt, carnavales en Celendín y El lirio (Huasmín).

martes, 20 de febrero de 2018

(CONCIENCIA CRÍTICA) LOS INTELECTUALES EN EL TRASPATIO

Por Mario Peláez

Hasta fines del siglo pasado, el intelectual concitaba el interés ciudadano; las universidades requerían de él; las mejores editoriales disputaban su palabra; y para mejor prueba de su importancia, el poder político y económico le teme, le tiene pánico y no pierde la ocasión de reprimirlo (inclusive, sin proponérselo, el intelectual generó un nuevo erotismo, el sapiosexual o enamoramiento de la inteligencia. O para decirlo coloquialmente atracción por el “buen coco”). Y es que el intelectual desarrolla nuevos conceptos, sutiles abstracciones, nuevas propuestas y objetivos en función de la inteligencia y el espíritu.

El intelectual siempre está unos pasos adelante del conocimiento establecido y del statu quo. Con su lenguaje descubrimos y entendemos mejor los misterios del universo y de la vida. Él corre detrás de la sabiduría.

Sin embargo, ahora los intelectuales están en los traspatios, junto a los trastos, o en el mejor de los casos son vistos como curiosidades. La posmodernidad neoliberal los proscribe y ningunea con la lógica del mercado, con la sofisticada tecnología ( “¡oh!, las redes sociales”), y con la posverdad como verdad. Porque al final hoy solo interesa potenciar la oferta y la demanda; y entonces las relaciones humanas son reemplazadas por conexiones jefaturadas por el ordenador con ADN del algoritmo. Es decir, privilegia la sociedad digital en desmedro de la sociedad real. El click en vez del pensar. Por tanto una galopante despersonalización. 

Así, hoy lideran el quehacer de la mente y del entendimiento los OPINÓLOGOS. Fulanos y sutanos de pensar corto y siempre a disposición del mejor postor. Expertos en manipular pasiones y crear cortinas de humo. Escribanos de la posverdad.

Conversaba con el historiador Pablo Macera sobre esta regresión mental y espiritual; y la conclusión y respuesta no puede ser otra: doblegar la resistencia con investigaciones, con eventos culturales genuinos, con más lectura y libros, especialmente en jóvenes y niños. No olvidemos que la lectura es el cimiento del pensamiento y del diálogo. Y serán las provincias, los provincianos los pioneros de la nueva épica. Como antes lo fueron, Mariátegui, Tello, Vallejo, Haya, Valcárcel, Arguedas, Basadre, Vargas Llosa, entre otros.
De las provincias saldrán los nuevos pensadores. Intelectuales no de escritorios y de torres de marfil sino de la dialéctica y de la solidaridad.

(Hasta el próximo domingo, amigo lector)

viernes, 16 de febrero de 2018

(Conciencia Crítica: CUENTO) LA VIDA SIEMPRE SERÁ UN DESAFÍO

Por Mario Peláez.

“No pocas veces los rutinarios y frágiles hechos, los que nunca interesan a las doctrinas, son los que mejor aportan al entendimiento de la vida. Con el añadido de que también no pocas veces es el azar el gestor”- me dije con apremio. 

Acababa de leer el estupendo libro “La Enfermedad como Metáforas” de Susan Sontag, donde con proverbial serenidad reflexiona sobre el cáncer que padece. Y como suele sucederme, toma un buen tiempo para que la argumentación y las imágenes se ahuyenten de mi mente y dejen de espolear mis pensamientos.

En ese trance me encontraba cuando sonó el teléfono.

Julio, amigo de antaño, me informaba que Gerardo otro viejo amigo, estaba delicado de salud; se encontraba en Neoplásicas. Y me sugería visitarlo. “Por lo demás el cáncer – agregó- no es necesariamente una sentencia de muerte”. Por mi parte argumenté. “Cierto. Pero los precios de la nueva terapia, de las dianas moleculares traen la sentencia”. Y julio retrucó “mejor sería contar con medidas preventivas eficaces; así, no solamente en la muerte seriamos iguales.

En la tarde Julio me recogió en su camioneta 4x4 de color platinado. Lucía una transgresora camisa hawaiana, la barba arquitectónicamente dibujada y roseado de perfume ratificando su presencia. No eran frecuentes nuestros encuentros, aunque no descuidábamos tener reciprocas noticias. Luego del efusivo saludo y de un par de generalidades, Julio, con tono altisonante, enumeró el “rosario de problemas” que viene enturbiando su tranquilidad. 

- Mira, Arturo, para empezar, debo cuadrar fechas, agenda y horarios, y no tengo la fórmula de solución, y las olimpiadas están a la vuelta. Los pasajes están comprados. Pero en estas fechas han programado audiencias a las que debo asistir, sí o sí. De otro lado, tengo que desaduanar maquinaria y eso toma día de días. Amén de ir a la Sunat. Terrible, terrible. Y si fuera poco, a mi mujer se le ha ocurrido que vayamos al Teatro “Vargas Llosa” a ver no sé qué guevada. Y no te enumero otros compromisos- dijo finalmente acompañado de una maliciosa sonrisa.

La presencia de Julio en Neoplásicas fue breve, bulliciosa y amena. Él era cálido y solidario, se despidió con un “hasta la vista”.

No fue fácil retomar la conversación, romper el silencio, a pesar de que las palabras se columpiaban en nuestros labios; y sobretodo las manos de Ernesto siempre muy expresivas.

- Arturo - me dijo por fin – a lo mejor tienes el libro de Susan Sontag, “La Enfermedad como Metáforas”, me han hablado muy bien del libro.

- Te lo presto – contesté; y en paralelo recordé un pasaje que precisa que el amor, el mucho afecto es un primer gran antídoto.

Una enfermera desde el umbral advirtió que la visita ha terminado. Gerardo no se dio por enterado y siguió hablando.

- Tengo pendiente, Arturo, sin número de quehaceres y no sé cómo concretarlo, pasear descalzo por la playa; oler a discreción las plantas, en especial las flores; jugar con Trome, mi perro que debe estar pendiente de mi retorno; patonear por las calles del Rímac, escenarios de mis amores juveniles; devorar un buen ceviche (entonces sonríe); traer a mi mente las sonrisas de mis padres, antes que la penumbra copen mis ojos; reunirme con amigos y hurgar en los recuerdos, en la trastienda de la conciencia; y por qué no, alguna aventura trepitante… y gozar de un tiempo propio.

Mi mente estaba en blanco, solo atine a decir con el tono más laico y menos dramático, “mañana traigo el libro”.

En los pasadizos se multiplicaban los pasos de las visitas, en los umbrales de las habitaciones, algunos pacientes levemente sonreían y levantaban la mano despidiendo a los suyos. Lucían batas y turbante color crema algo raídos, quien sabe de tanto pesar. Daba la impresión de que se les había “caído el alma a los pies”. De lugares invisible llegaban agudos quejidos en escala infinita. ¿No sé qué dirán los dioses? – me pregunto a modo de digresión.

Opté bajar por las escaleras; desconfiaba de los quejumbrosos ascensores.

Cómo exorcizar tanta pesadumbre – seguí preguntándome -. Ni siquiera lo imagino. Pero sí sé que ningún paciente aceptaría asumir la identidad de víctima. Ellos atesoran una sobria dialéctica de supervivencia.

Entonces recordé a un viejo sabio (todos los viejos son siempre sabios) que argumentaba que el primordial conocimiento es saber bien vivir y saber bien morir: la cara y el sello de la vida.

- Sí, murmuré; y mentalmente repetí las palabras de Ernesto: “la vida siempre será un desafío”
 
(Hasta el próximo domingo, amigo lector)

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