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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

domingo, 11 de junio de 2017

Narrativa: SANTOPIÑUÑO: Crónica sin tiempo, por Luis Humberto Chávez Silva - Clavittex.

Nuestro amigo Clavittex, adentrándose en sus recuerdos, nos regala esta tierna estampa que apuntala las costumbres y la identidad celendina...


SANTOPIÑUÑO

Crónica sin tiempo

Todavía era bien chico cuando, una tarde de hace muchos años, escuché unos gritos ¡UUUHHH!!... ¡UUUHHH!!... como de los toros, ¿no pue? Estaba yo jugando en la puerta de mi casa, de pronto: ¡WISHHH PUMMM!... ¡WISHHH PUMMM!... por la calle Gálvez bajaba harta gente. Entre la densa humareda del incienso, se notaba apenas, en andas, una pequeña imagen. Dos cabezas con cachos y refulgentes ojos daban vueltas por arriba y por abajo, entre la bulla y el alboroto…

Sin saber qué hacer, das das me metí pa dentro y… ¡PLUMMM!... cerrando la puerta corrí por el zaguán hasta el empredrado patio:

-¡Cabo!...¡Cabito!...-Llamé a mi Javo-. ¡Ee… eshe me shuta!... ¡qué será, qué será!... pasaron cantando, bailando y ¡WISHHH!... ¡PUMM!... ¡WISHHH!... ¡PUMM!, los cuentes –agregué muy asustau.

–No, no tenga miedo mi niño, mi Javito –apaciguó el abuelo mientras con paternal cariño me alzó a sus hombros–. ¡Vamos!... ¡Vamos a ver cholito!... ¿Sí? …

A la carrera apuramos cortando en chaquiñán, de frente por la “Dos de Mayo”.
En la plaza mayor ya se apretujaba la gente amontonada, esperando a las danzas con todos sus santos.

Desde lejos mis licuadas emociones crecían más y más; como desesperando, creyendo que nunca íbamos a poder llegar, ansioso taloneé los ijares de mi corcel…

–¡Rápido!... ¡más rápido Cabo, que se nos escapan¡…

Los redondos ojos de espejo de los monigotes, reflejaban sus brillos dorados en las blancas paredes de las altas casas enloqueciendo mucho más el loco loquerío.

Con el corazón agitado, más asustau pero protegido con la fortaleza de mi abuelo; recién pude darme perfecta cuenta de cómo eran esos fantásticos seres “mita-mita”: mitad toro, mitad hombre, arriba y abajo (Mmmm).

¡UUUHHH!...¡UUUHHH!...¡UUUHHH!...

La escuálida y pintarrajeada vieja corría atolondrada tras los escurridizos animales que se le escapaban, ora por acá, ora por allá.

–¡TESA!!!... ¡TESA, TORO!!.. –Aullaba con atiplada voz de falcete.

–¡ABRISHE!... ¡ABRISHE!...¡ABRISHEEEEEEE!... –con ira, el viejo reventaba su rebenque sacándole chispas al duro suelo; anchando el cerrado círculo de espectadores, insuflando aire al ordenado ritmo coreográfico de los danzantes que suda, suda, sin cansancio, bailaban con sublime arte, arrancando emotivos aplausos de los boquiabiertos admiradores: ¡OHHH!!!...

Todo estaba matemáticamente calculado, emparejado con el compás infrigido al golpe de la caja de cuero con madera hormada y la melodía ancestral que con maestría lograba arrancar el anciano músico de la antigua flauta de tibia humana y que el travieso viento regalaba por doquier.

¡UUUHHH!!!... ¡UUUHHH!!!... ¡UUUHHH!!!... mugían los toros en sostenido desafío de guerra, queriendo pelear, no sé por qué.

Los danzantes bailaban y bailaban cada vez con mayor intensidad y devoción a prueba de todo.

Los cachos de los toros y las cachipolvoras ya vacíos, pasaban rosando mi pequeña nariz. Desorbitadamente abiertos, mis ojos blanqueaban como platos y… Ahí pue otra vez me cogía de los crespos de mi cabo.

–¡MAAAHHH…! ¡Estos ya están borrachos! –murmuré bajito en medio de tremenda bulla –borrachos de caña, de baile, de fiesta… y de pueblo.

Sería por mi peso o por el cansancio… ¡ZUMMM! de golpe mi abuelo me bajó de sus hombros. Debajo de las torres y del cielo, me veía más bajo aún y solo, desolado en la sucia calle y entre tanta gente… ¡Ahoritita se vienen abajo las torres… y ahí si que pue, carajo –apostaba.

En medio de mi miedo cerquita y nítido: ¡SHILL!... ¡SHILL!... ¡SHILL!...¡SHILL!... ¡SHILL!... Como chicharras chillaban los maichiles, que colgaban en pellejos amarrados a las aceradas pantorrillas de los danzaks.

Ganando el vivo a todos, en temerario y espectacular mano a mano, valientemente me tiré al suelo para salvar uno, que suelto en plaza saltaba libre y que hasta hoy guardo como inapreciable joya, justo premio a mi prematura intrepidez; en suma, el más valioso recuerdo de las danzas: ¡EL CORPUS CRHISTY DE MI CELENDÍN!... ¡Sí señor!

Sobándolo en mí pecho como sacándole brillo y acompasándolo con el lip-dup de mi inmenso corazón lo guardé justo en el bolsillo izquierdo de mi camisa, para protegerlo de la codicia de todo el mundo.

Ahí, al desgaire pude fijarme… o creo que ella se fijó en mí; pues, clarito, sentí el lumen de su tierna mirada, enmarcada en carita de niña, con sus rosas en la frente… Por una interminable fracción de segundo coincidió con mí mirar, congelando mi alma, signando mi vida para siempre…

¡AJÁ!... LA SANTA ROSITA de las guayabas.


Con carño para Javi y Javo.
@CLAVITTEX… ¡Es pura imaginación!

La acuarela pertenece a Jorge Chávez Silva, Charro. Gracias

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