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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

martes, 24 de junio de 2014

Una lectura de la ética vargallosista

Ensayo. Jorge Valenzuela es el autor de Principios comprometidos. Vargas Llosa entre la literatura y la política, libro que intenta analizar el pensamiento cívico del Nobel en sus textos no literarios.

Rubén Quiroz Ávila

Jorge Valenzuela (Lima, 1962) es uno de los más talentosos escritores de la generación narrativa de los 80. Es antologable, en cualquier selección exigente, con ese magnífico cuento “El secreto de Marion”, que revela su maestría en las técnicas narrativas. 

Doctorado en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Complutense de Madrid, a su regreso de España se consagró también, además del cultivo de la creación literaria, a la vida académica en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En esta última dirige la ya mítica revista Letras y es actualmente jefe del departamento de Literatura. Esa posición de docente e investigador universitario lo ha llevado a ser un activo partícipe de la vida intelectual limeña. Su propia trayectoria revela una constante inquietud por repensar el sentido de la literatura nacional. Sus ensayos sobre la experiencia literaria del Grupo Narración hasta las vicisitudes de la narrativa peruana contemporánea, muestran su preocupación por comprender las manivelas de nuestros procesos literarios. Ahora, con su libro Principios comprometidos. Mario Vargas Llosa entre la literatura y la política (Cátedra Vargas Llosa, 2013) nos presenta sus reflexiones, sin complacencias, sobre un sanmarquino glorioso, el Nobel Mario Vargas Llosa. 

Como el título señala, el argumento es mostrar la ética del escritor a nivel de su praxis como ciudadano. En esencia, el libro busca articular la labor profesional escritural de Vargas Llosa con su conciencia cívica. De esa manera, Valenzuela revela la profunda relación ideológica que gobierna ambos aspectos en el autor de El pez en el agua a través de preocupaciones como la búsqueda moderna del bien común, la propia libertad o el compromiso del intelectual con las causas justas. El análisis se realiza atendiendo el proceso desarrollado por Vargas Llosa desde sus convicciones socialistas aurorales (acaso una tendencia naturalizada del intelectual latinoamericano sesentero) hasta su conversión al liberalismo en el lado más conservador y duro de esta línea de pensamiento. Es decir, Valenzuela cartografía la evolución ideológica del autor arequipeño y concluye que el prestigio de un escritor bajo las dinámicas de intervención del intelectual comprometido, ha llegado a su nivel de contradicción más alto. Que lo queda de esa idea de compromiso sartreano, más bien, es una notoria retorización del compromiso, a tal punto que Vargas Llosa termina construyendo, con habilidad, un espejismo modernizante que esconde una opción más bien de sesgo colonial. 

De esa manera, Vargas Llosa defiende la tesis de los centros culturales y políticos hegemónicos que instalan políticas de dominio global bajo el pretexto de razones libertarias. Políticas que (como la invasión a Irak, analizada en el libro) son legitimadas por el novelista bajo una lectura que radicaliza y falsea la tesis del liberalismo clásico, a pesar de que la predica como la matriz principal de sus ideas. 
A partir del libro, queda claro cómo la república literaria latinoamericana, de la cual formaba parte el juvenil Vargas Llosa (que soñaba con esa hermandad ecuménica prodigada desde Cuba y auspiciaba las resistencias anticoloniales de todo tipo), ha pasado a ser parte de esa utopía arcaica que ahora nuestro celebrado autor desprecia y ataca furibundo, no sin brillantez estilística, por supuesto. 

Para terminar, dejemos claro que Valenzuela contextualiza la genealogía ideológica-literaria del autor, traza con agudeza la evolución del pensamiento vargasllosiano y genera un mapa que nos permite, a todos los lectores, desmenuzar los silogismos que emplea y acercarnos a su ethos. Entiendo que este es uno de los mejores homenajes que, en vida, se le puede hacer a un autor, ya que a diferencia de las lecturas apologéticas o concesivas, estos ensayos interpelan, cuestionan y sitúan al autor analizado.

Fuente: Diario La República, domingo 27 de abril 2014

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