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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

domingo, 4 de mayo de 2014

Bajo Estado de Excepción

Por Alberto Adrianzen

En el 2006, el filósofo norteamericano Morris Berman publicó en EE.UU., acaso, un libro premonitorio, sobre lo que ocurría en ese país luego del 11 de setiembre de 2001. En Edad oscura americana: la fase final del Imperio [Edit. Sextopiso, México, 2007], Berman señala cuatro factores que definen esa “edad oscura”: a) el triunfo de la religión sobre la razón; b) la crisis de la educación y la caída del pensamiento crítico; c) la legalización de la tortura; y d) la marginación de Estados Unidos de la escena internacional. Si bien estas características se mantienen, es posible plantear una nueva tipificación de factores de esta suerte de decadencia imperial.


El primero es la continuación, bajo la administración de Obama, de una política exterior neoconservadora que se refleja en una diplomacia militarizada como respuesta a la pérdida de hegemonía internacional y del dominio del complejo militar-industrial. El núcleo de esta política -como anota Fukuyama- es que las intervenciones en otros países están orientadas a cambiar de régimen político para así implantar “gobiernos amigos” sin tomar en cuenta el costo humano. Los ejemplos son varios: Afganistán, Irak, Siria y, en los últimos días, el intento en Ucrania.

Segundo, la persistencia de una crisis económica que no solo tiene relación con que -hasta ahora- no se ha superado la crisis del 2008 (lento crecimiento, bajo consumo, persistencia del desempleo, incremento de la deuda, etc.) sino también por la existencia de visiones irreconciliables de los demócratas y los republicanos sobre el modelo de sociedad y el papel del Estado que les hace prácticamente imposible llegar a acuerdos sobre cómo salir de la crisis. Ello ha terminado por bloquear una política bipartidista y poner a EE.UU. frente, a lo que muchos han llamado, “el abismo de la crisis”.

El tercer factor es el crecimiento explosivo de la desigualdad en varias dimensiones:

a) El incremento de la desigualdad social. Como señala el diario español El País [28/01/14] las cifras son dramáticas: “Durante las tres últimas décadas… la mayor parte de la riqueza ha sido amasada por el 1% de los estadounidenses, con ingresos medios de 27 millones de dólares anuales por familia, mientras que ese mismo índice se ha quedado clavado en unos 31,000 dólares para el 90% de los hogares estadounidenses, según datos de la Universidad de California, Berkeley”.

b) El regreso de la segregación racial. Este proceso, segúna afirman Amy Goodman y Denis Moynihan en un artículo de Democracy Now [15/04/14], se está produciendo luego del fallo de la Corte Suprema, la semana pasada, de prohibir la acción afirmativa en la admisión a las universidades estatales de Michigan, y debido a la nueva ola de segregación racial en las escuelas. El sueño de George Wallace, la “segregación por siempre”, parece estar más vivo que nunca.

c) La implantación de una democracia para los ricos o lo que José Frisancho ha llamado “la democracia desigual”. Este hecho se produce luego que la Corte Suprema de EE.UU. fallara, a principios de abril, a favor de la anulación de las limitaciones sobre el monto agregado total que un individuo puede donar a candidatos políticos, partidos y comités políticos. Hay quemencionar que en el 2010 la misma Corte Suprema eliminó los límites a los montos que las empresas podrían contribuir para influir –de manera independiente– en elecciones federales, sobre el principio de que esas contribuciones son protegidas por la libertad de expresión. El humorista Andy Borowitz, en The New Yorker, afirma: “Por una decisión de cinco contra cuatro, la Suprema Corte de EstadosUnidos defendió hoy el derecho de los estadounidenses más ricos de adueñarse del gobierno de Estados Unidos” [La Jornada: 07/04/14].

El cuarto factor se refiere a la persistencia y aumento de una derecha radical que combina extrañamente un cristianismo integrista con un fundamentalismo neoliberal. Ello ha permitido, por un lado, el incremento del conservadurismo en la vida cotidiana (aumento de la homofobia, del antifeminismo y de los antiabortistas) como consecuencia del peso de la religión en la política y, por otro, una especie de neomarcartismo, que -como señala Krugman- se dedica a “hostigar o perseguir por supuestamente simpatizar con el comunismo a cualquiera que cuestione algún aspecto del libremercado” [La Nación: 28/04/14]. Es cierto que a todos estos factores se le pueden añadir otros, como el desarrollo de una agresiva política antimigratoria.

Y aunque EE.UU.aún tiene recursos para enfrentar esta situación como es su actual estrategia militar que busca contener el ascenso de China y el resurgimiento de Rusia, acompañada de una dimensión comercial, con la firma del AcuerdoTranspacífico (TPP) y el AcuerdoTransatlántico sobre Comercio e Inversión (ATCI), para defender el dólar a nivel mundial, lo que interesa subrayar, sin embargo, es que estamosfrente al nacimiento de un “nuevo excepcionalismo” estadounidense.

Es decir, un Estado que crea supropia legalidad para violar tanto la justicia interna con la aceptación de la tortura y vigilancia interna, como el derecho internacional, con el uso de “drones” o aviones no piloteados, paravigilar o asesinar a supuestos “enemigos” de EE.UU., la intervención en Siria, en Ucrania, y el “chuponeo” y vigilancia mundial, etc. Esta decadencia externa coincide con el deterioro interno de la Antigua democracia americana y se constituye en síntoma más visible de una “edad oscura” que será lenta y peligrosa. No es extraño que hoy, a raíz de la crisis ucraniana, se hable del peligro de una Tercera Guerra Mundial.

Fuente: Diario La Primera, 4 de mayo de 2014

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