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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

sábado, 19 de abril de 2014

EL CRONISTA MARAVILLOSO YA ES INMORTAL

Por Julio Yovera. 

Se fue Gabriel García Márquez, y con Vallejo decimos: “Cuando alguien se va, alguien se queda. El punto por donde pasó un hombre, ya no está solo”

García Márquez pasó y dejó una vida y una obra que ahora llamará más la atención del mundo, que atraerá –estamos seguros- a los jóvenes, y, entonces, su pensamiento lleno de humanidad, nos ayudará a ser mejores. Por los caminos de lo mágico, podremos encontrarnos con nosotros mismos, para ser mejores y comprometernos en la transformación de un mundo que requiere con urgencia hacerse respirable, vivible, saludable.

La cultura de la humanidad es un largo proceso cíclico de ruptura y continuidad. Este devenir dialéctico proyecta a las personas en sus respectivos ámbitos. En el caso de la literatura, este fenómeno es relativamente joven, pues, la escritura apenas llega a los 6,000 años de existencia.

En la lengua española o castellana si se quiere, en el desarrollo de la literatura existen hitos como Cervantes, que al crear El Quijote, le dio la estocada de gracia a las novelas de caballería. El andante de la triste figura es inmortal porque se mueve en función de dos ideales: la justicia y el amor (o viceversa).

Entre los escritores de nuestro continente, todos los estudiosos, coinciden que el caso de más significativo es el de César Vallejo, que rompió con el convencionalismo lingüístico y estético para poder expresarse libremente desde su yo poético. Es así como su poesía llega a dimensiones hasta entonces desconocidas.

El realismo socialista hizo aportes muy importantes. Basta recordar a Máximo Gorki, el autor de La Madre, que llevó a definir a muchas generaciones; a Gladkov, autor de Cemento; a Sholojov, conocido entre nosotros por su célebre El Don Apacible; pero, cuando reemplazó el concepto artista creador por el de propagandista o “ingeniero de almas”, el realismo socialista empezó a morir.

Cuando García Márquez apareció en el panorama literario, junto a figuras como Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, fue para emprender un camino nuevo: el realismo mágico. No estaba clara la ruta hacia dónde llegarían, pero lo cierto es que toman un camino distinto al señalado por el modelo soviético.

Es importante tener en cuenta, a quien se interese por conocer mejor a García Márquez, el siguiente dato: su formación en el Liceo de Zipaquirá tuvo una decisiva influencia marxista. “Cuando salí de aquel calabozo glacial –declaró en una conocida entrevista -, no sabía ni donde quedaba el norte, ni dónde quedaba el sur, pero tenía ya dos convicciones profundas: que las buenas novelas deben ser una trasposición poética de la realidad y que el destino inmediato de la humanidad es el socialismo”.

Nunca la historia cotidiana de los pueblos, las creencias, la mitología popular colombiana y latinoamericana, los sueños, tuvieron tanto espacio en la imaginación de un escritor; de modo tal que todas las páginas en blanco eran insuficientes para agotar la vena creadora. Cada crítico ha dicho lo suyo. Para nosotros, la obra de García Márquez la resumimos del siguiente modo: él no inventa a Macondo; todo lo contrario, Macondo, que es cualquier pueblo de Colombia y de América Latina, convirtió en escritor al periodista. El general Buendía es el prototipo del guerrero que no se rinde, así pierda todas las batallas. El poner por escrito los nombres de las cosas más sencillas es una recomendación a no dejar sin escribir las cosas sencillas para no extraviar ni olvidar la memoria.

Su obra es inmensa no solo por su cantidad. La Hojarasca, Cien años de soledad, El Otoño del patriarca, Crónica de una muerta anunciada, El general en su Laberinto, el amor en los tiempos del cólera, Del Amor y otros demonios; lo convierten en un cronista poeta del siglo XX y de la primera década del siglo XXI. Su inmortalidad está garantizada por la calidad de su obra que envuelve, recrea, forma y deja huella; pero, además, porque para ser lo que fue, no renunció en lo más mínimo a sus convicciones.

Desde cuando joven estuvo identificado con su pueblo, y cuando ya era ciudadano del mundo, escritor reconocido, admitió que: “… por influencia familiar estuve más cerca de la rebeldía que del orden tradicional”. Y esa actitud marcó su cercanía y simpatía con un nuevo orden.

Y por eso, nosotros, continuadores y discípulos de Mariátegui, decimos que García Márquez tuvo una apreciación genial de lo que es la literatura y la política:

“Mi convicción es que tenemos que inventar soluciones nuestras, en las cuales se aprovechan hasta donde sea posible las que en otros continentes han logrado a través de una historia larga y accidentada, pero sin tratar de copiarlas de un modo mecánico, que es lo que hemos hecho hasta ahora. Al final, sin remedio, esa será una forma propia de socialismo”

Esa visión corresponde a estos tiempos. Se ha ido García Márquez. Lamentable porque deja un vacío enorme; sin embargo, nos deja una obra inmensa y nos deja también su actitud coherente y solidaria frente a una vida 

Nota: Las citas en entrecomillas aparecen en El olor de la guayaba. Conversación entre Plinio Apuleyo y Gabriel García Márquez.

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