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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

miércoles, 16 de enero de 2013

YANACOCHA Y LA GUERRA DE LOS MEDIOS



  Por: Marco A. Arana Zegarra
  Una de las estrategias de la política de “buena vecindad” de Yanacocha fue construir alrededor de sí un cerco mediático. Ningún medio de comunicación local podía disentir con la información oficial preparada y distribuida por la Oficina de Comunicaciones de Yanacocha. Yanacocha se curó en salud y no podía permitir que los noticieros locales informaran sobre sus malas prácticas como ocurrió el año 1994 en que GLOBAL TV Local y TV NORTE (el canal municipal) difundieron el video de la entonces independiente Vicaría de Solidaridad que denunciaba los abusos cometidos contra los campesinos y los primeros “descuidos” en las labores de perforación que contaminaron los suelos y aguas de los campesinos del Quilish. Quién no recuerda el video “Yanacocha la Mina que No Contamina”. Dos años y no se sabe cuanto dinero le costó a Yanacocha meterse en el bolsillo a la mayoría de medios de comunicación locales.

El año 1996, esos noticieros televisivos y muchos otros radiales, ya difundían los lemas de Yanacocha: “minería responsable”, “minería ecológica”, “minería forjando progreso”. Cuando en 1998 surgió ECOVIDA haciéndose pública con el Foro Internacional “Agua, Desarrollo y Minería” esta prensa comenzó los ataques a los ambientalistas, los tildaron de “ecovivos”, aunque aún no se ocupaban de ellos todas las semanas como lo hace desde la crisis del Quilish en el 2004.
 

Cuando en junio del año 2000 ocurrió el derrame de mercurio que afectó a miles de personas en Choropampa, Magdalena y San Juan, ya muchos trabajadores de esa prensa era avesados desinformadores a sueldo de la minera: “los campesinos se intoxicaron porque comieron mariscos”, “epidemia de rubéola ataca a camnpesinos”, “obstetriz descerebrada porque cogió mercurio ajeno y lo hirbió”. Choropampa queda a solo media hora de la ciudad de Cajamarca, pero salvo honrosas excepciones, estos periodistas rentados no se molestaban en hacer oir las voces de los campesinos afectados.

Algunas veces, los titulares atacaban a los pobladores que reclamaban: “campesinos manipulados, ignorantes”, “ambientalistas ecoterroristas”, “marcha de cuatro gatos manipulados por ambientalistas” y otras veces paradójicamente atacaban a la empresa minera “todo el pueblo dijo no a Yanacocha”, “defendamos la vida”, “vida sí, oro no”. Solo unos pocos medios se atrevían a mantener una línea firme sea a favor de los derechos ambientales o de la propia empresa minera. El negocio de la prensa sucia era sencillo: alabar a la mina cuando les daba publicidad y atacarla cuando dejaba de hacerlo. Llegaron “periodistas” (“monos con metralleta” que diría Valentín Paniagua) de varias provincias o de otras regiones. De pronto resultaban dirigiendo periódicos, semanarios, quincenarios, en blanco y negro, a todo color; dirigían programas televisivos y radiales atacando en todos ellos a los líderes ambientales. El presidente del Frente de Defensa Ambiental, un alemán que lidera la causa ambiental en Cajamarca, era llamado “nazi”, “ladrón”, “homosexual” por un par de “periodistas” que eran de los más mordaces pues exhibían como hoja de vida el ser familiares de prominentes miembros del poder judicial, compadres o asesores de algún gerente de Yanacocha. La prensa que en solitario asumía la causa ambiental, como el legendario “El Observador” que llegó a tener un tiraje de más de 1000 ejemplares y que era el más creíble (Iván Salas, Robert Santillán, Francisco Cortéz, Reinhard Seifert) fue prontamente objeto de aniquilamiento. El semanario fue clonado, apareció “El Espectador” con el mismo tamaño, los mismos colores, el mismo precio pero con información totalmente contraria a los ambientalistas. Duró poco este clon porque rápidamente cumplió su cometido de sepultar al “Observador” que también atravesaba problemas de conducción, de falta de auspicios.

Llegaron los tiempos de la inminencia de la crisis del Cerro Quilish. El año 2002 la oficina de Comunicaciones de Yanacocha trajo a Cajamarca a uno de los periodistas más reaccionariosque tiene el país: Luis Rey de Castro, que con sus años avanzados,por sabe Dios qué salario, desafiaba la altura de los andes cajamarquinos para atacar diariamente, en radio y televisión a los líderes ambientalistas. Desde entonces, su mayor obsesión patológica sería el padre Marco Arana: “extraordinario demagogo profesional y sacha-marxista”, “comunista”, “rojo”, “soberbio”, “ignorante”, “enemigo del desarrollo”, “violentista”, “manipulador de campesinos”, “conflictivo”, “cura desobediente”, cada día un titular nuevo. Su paso por Cajamarca fue catastrófico, prontamente comenzó a ser atacado por los demás “periodistas” aduladores de la minera:, “qué tal raza ha venido a quitarnos chamba”, o como dijo un cínico periodista: “le dijimos a la minera que por menos plata, nosotros lo podíamos hacer mejor, conocemos más a los ambientalistas, sus puntos débiles, sabemos el lenguaje del pueblo”. Rey de Castro cayó en desgracia, ya no era “el tribuno”, “el maestro” de los periodistas locales, sino el enemigo de toda la prensa local que terminó haciendo carga montón contra él.Yanacocha terminó rescindiéndole el contrato que había hecho a través de una empresa de comunicación limeña.

En Yanacocha, eran los tiempos de Federico Schwalb, Dran Hinze, Gonzalo Rojas y Ramón Huapaya, los que habían logrado un más sofisticado sometimiento de la mayoría de la prensa (buffets en reuniones de trabajo, talleres de periodismo ambiental y minero, cursos en lujosos hoteles limeños, reuniones de trabajo en las oficinas de Yanacocha, participación en las fiestas del día del periodismo o en fiestas familiares con wisky financiado, creación de lazos de familiaridad que se tradujeron en compadrazgos entre periodistas y gerentes intermedios de la minera, etc.). El dueño del periódico de mayor circulación de Cajamarca podía tener a sus dos hijos estudiando en el exclusivo colegio inglés de los hijos de los mineros más importantes (600 dólares de pago mensual), los anuncios en su periódico destacaban la política de responsabilidad de Minera Yanacocha discurso que se complementaba con aquel de que “los ambientalistasviven de los conflictos”, “aprovechan la ignorancia de los campesinos para llenarse los bolsillos”, “son mujeriegos”, “terrucos”, y “narcotraficantes”, “distribuyen aguardiente y coca y extorsionan con multas a los campesinos para que protesten en la defensa del Quilish”; ni el clero se salvó,los curas identificados con la defensa de la vida son “inobedientes”, “animistas que creen en apus y otras supersticiones”, “rojos”, “liberacionistas” “mentirosos”, etc, etc.

Los periodistas más hábiles (léase de inteligencia canalla) lograron su dorado sueño de pasar a ser asesores del gerente general de Newmont para América Latina y del gerente local de la minera, fungieron de estrategas en conflictos, escribían bajo seudónimos para insultar a quienes quisieran, recibían y hay quienes dicen que hasta se convirtieron en el mecanismo de pago de sus demás colegas no tan afortunados. Mientras que en las zonas de conflictos mineros, los campesinos comenzaban ya a distinguir qué periodistas dejaban entrar en sus comunidades y qué periodistas no. Se supo que muchos de los periodistas adeptos a Yanacocha llevaban sus filmadoras no para registrar los incidentes e informar, cuanto para filmar los rostros de los campesinos que participaban. Docenas de fotografías que luego pasaban a formar parte de los informes de inteligencia de Yanacocha. Periodistas rebajados a ser soplones.Sin duda, Yanacocha sale perdiendo (y salpicando mugre a las demás empresas mineras de la región) con esta guerra fratricida de sus periodistas más cercanos y leales.

El Consejo Nacional de la Prensa debiera intervenir, tal vez se podría saber entonces quién es Daniel Joako, el anónimo que escribe contra los ambientalistas cajamarquinos, los vínculos de Yanacocha con periodistas limeños vinculados a lo peor de la prensa de la época fujimontesinista, quiénes y con qué fines financian la media docena de periodicuchos locales, otras tantas revistas a todo color, con escasos tirajes, precios de ganga y miles de renglones para alabar a la minera y atacar a los ambientalistas. Tal vez se desbarate también la coartada de Carlos Cáceres y FORZA que dicen que hicieron el operativo de espionaje “El Diablo” para un medio de comunicación limeño y se sepa por qué el Diario El Correo se ha enseñado con los ambientalistas cajamarquinos.

Menos mal que otras empresas mineras como Gold Fields, en Hualgayoc, no han sucumbido a la tentación de prestarse a un mayor envilecemientodel periodismo local (periodistas tocando sus puertas, ofreciendo las mismas condiciones de pago que le dan a Yanacocha seguramente no le habrán faltado) ¿Resistirá Gold Fields la tentación? Hasta ahora lo ha hecho y se ha diferenciado de Yanacocha. Pero sin embargo, no olvidemos que esta empresa forma parte del GRUPO NORTE, cuyo coordinador es Dante Vera, el mentor de las estrategias de enfrentamiento, debilitamiento y descrédito de las organizaciones que defienden derechos ambientales y reclaman mejores prácticas empresariales y un rol más eficiente del Estado en materia ambiental.

Aún es prematuro saber cómo terminará la guerra de los medios adeptos a Yanacocha, como lo es también para saber si las empresas mineras que están en Cajamarca terminarán formando espíritu de cuerpo para encubrir sus malas prácticas. Concedamos el beneficio de la duda y esperemos que el gremio periodístico, desde dentro y desde la presión ciudadana de fuera, pueda sacudirse de la inmundicia a la que le ha sometido el poder y el dinero de Minera Yanacocha. Los ciudadanos cajamarquinos nos merecemos mejor prensa, mejor información. Que los pocos periodistas que quedan, no nos defrauden, no porque se les reclame sometimiento al discurso y la práctica ambientalista, sino simplemente porque sepan distinguir la mentira de la verdad y utilicen sus medios para el discernimiento desde una clara opción ética por la defensa de la vida, de los derechos humanos y ambientales. Creemos que es una tarea difícil, pero que sin embargo no puede esperar más.

Una de las estrategias de la política de “buena vecindad” de Yanacocha fue construir alrededor de sí un cerco mediático. Ningún medio de comunicación local podía disentir con la información oficial preparada y distribuida por la Oficina de Comunicaciones de Yanacocha. Yanacocha se curó en salud y no podía permitir que los noticieros locales informaran sobre sus malas prácticas como ocurrió el año 1994 en que GLOBAL TV Local y TV NORTE (el canal municipal) difundieron el video de la entonces independiente Vicaría de Solidaridad que denunciaba los abusos cometidos contra los campesinos y los primeros “descuidos” en las labores de perforación que contaminaron los suelos y aguas de los campesinos del Quilish. Quién no recuerda el video “Yanacocha la Mina que No Contamina”. Dos años y no se sabe cuanto dinero le costó a Yanacocha meterse en el bolsillo a la mayoría de medios de comunicación locales. El año 1996, esos noticieros televisivos y muchos otros radiales, ya difundían los lemas de Yanacocha: “minería responsable”, “minería ecológica”, “minería forjando progreso”. Cuando en 1998 surgió ECOVIDA haciéndose pública con el Foro Internacional “Agua, Desarrollo y Minería” esta prensa comenzó los ataques a los ambientalistas, los tildaron de “ecovivos”, aunque aún no se ocupaban de ellos todas las semanas como lo hace desde la crisis del Quilish en el 2004.

Cuando en junio del año 2000 ocurrió el derrame de mercurio que afectó a miles de personas en Choropampa, Magdalena y San Juan, ya muchos trabajadores de esa prensa era avesados desinformadores a sueldo de la minera: “los campesinos se intoxicaron porque comieron mariscos”, “epidemia de rubéola ataca a camnpesinos”, “obstetriz descerebrada porque cogió mercurio ajeno y lo hirbió”. Choropampa queda a solo media hora de la ciudad de Cajamarca, pero salvo honrosas excepciones, estos periodistas rentados no se molestaban en hacer oir las voces de los campesinos afectados.

Algunas veces, los titulares atacaban a los pobladores que reclamaban: “campesinos manipulados, ignorantes”, “ambientalistas ecoterroristas”, “marcha de cuatro gatos manipulados por ambientalistas” y otras veces paradójicamente atacaban a la empresa minera “todo el pueblo dijo no a Yanacocha”, “defendamos la vida”, “vida sí, oro no”. Solo unos pocos medios se atrevían a mantener una línea firme sea a favor de los derechos ambientales o de la propia empresa minera. El negocio de la prensa sucia era sencillo: alabar a la mina cuando les daba publicidad y atacarla cuando dejaba de hacerlo. Llegaron “periodistas” (“monos con metralleta” que diría Valentín Paniagua) de varias provincias o de otras regiones. De pronto resultaban dirigiendo periódicos, semanarios, quincenarios, en blanco y negro, a todo color; dirigían programas televisivos y radiales atacando en todos ellos a los líderes ambientales. El presidente del Frente de Defensa Ambiental, un alemán que lidera la causa ambiental en Cajamarca, era llamado “nazi”, “ladrón”, “homosexual” por un par de “periodistas” que eran de los más mordaces pues exhibían como hoja de vida el ser familiares de prominentes miembros del poder judicial, compadres o asesores de algún gerente de Yanacocha. La prensa que en solitario asumía la causa ambiental, como el legendario “El Observador” que llegó a tener un tiraje de más de 1000 ejemplares y que era el más creíble (Iván Salas, Robert Santillán, Francisco Cortéz, Reinhard Seifert) fue prontamente objeto de aniquilamiento. El semanario fue clonado, apareció “El Espectador” con el mismo tamaño, los mismos colores, el mismo precio pero con información totalmente contraria a los ambientalistas. Duró poco este clon porque rápidamente cumplió su cometido de sepultar al “Observador” que también atravesaba problemas de conducción, de falta de auspicios.

Llegaron los tiempos de la inminencia de la crisis del Cerro Quilish. El año 2002 la oficina de Comunicaciones de Yanacocha trajo a Cajamarca a uno de los periodistas más reaccionariosque tiene el país: Luis Rey de Castro, que con sus años avanzados,por sabe Dios qué salario, desafiaba la altura de los andes cajamarquinos para atacar diariamente, en radio y televisión a los líderes ambientalistas. Desde entonces, su mayor obsesión patológica sería el padre Marco Arana: “extraordinario demagogo profesional y sacha-marxista”, “comunista”, “rojo”, “soberbio”, “ignorante”, “enemigo del desarrollo”, “violentista”, “manipulador de campesinos”, “conflictivo”, “cura desobediente”, cada día un titular nuevo. Su paso por Cajamarca fue catastrófico, prontamente comenzó a ser atacado por los demás “periodistas” aduladores de la minera:, “qué tal raza ha venido a quitarnos chamba”, o como dijo un cínico periodista: “le dijimos a la minera que por menos plata, nosotros lo podíamos hacer mejor, conocemos más a los ambientalistas, sus puntos débiles, sabemos el lenguaje del pueblo”. Rey de Castro cayó en desgracia, ya no era “el tribuno”, “el maestro” de los periodistas locales, sino el enemigo de toda la prensa local que terminó haciendo carga montón contra él.Yanacocha terminó rescindiéndole el contrato que había hecho a través de una empresa de comunicación limeña.

En Yanacocha, eran los tiempos de Federico Schwalb, Dran Hinze, Gonzalo Rojas y Ramón Huapaya, los que habían logrado un más sofisticado sometimiento de la mayoría de la prensa (buffets en reuniones de trabajo, talleres de periodismo ambiental y minero, cursos en lujosos hoteles limeños, reuniones de trabajo en las oficinas de Yanacocha, participación en las fiestas del día del periodismo o en fiestas familiares con wisky financiado, creación de lazos de familiaridad que se tradujeron en compadrazgos entre periodistas y gerentes intermedios de la minera, etc.). El dueño del periódico de mayor circulación de Cajamarca podía tener a sus dos hijos estudiando en el exclusivo colegio inglés de los hijos de los mineros más importantes (600 dólares de pago mensual), los anuncios en su periódico destacaban la política de responsabilidad de Minera Yanacocha discurso que se complementaba con aquel de que “los ambientalistasviven de los conflictos”, “aprovechan la ignorancia de los campesinos para llenarse los bolsillos”, “son mujeriegos”, “terrucos”, y “narcotraficantes”, “distribuyen aguardiente y coca y extorsionan con multas a los campesinos para que protesten en la defensa del Quilish”; ni el clero se salvó,los curas identificados con la defensa de la vida son “inobedientes”, “animistas que creen en apus y otras supersticiones”, “rojos”, “liberacionistas” “mentirosos”, etc, etc.

Los periodistas más hábiles (léase de inteligencia canalla) lograron su dorado sueño de pasar a ser asesores del gerente general de Newmont para América Latina y del gerente local de la minera, fungieron de estrategas en conflictos, escribían bajo seudónimos para insultar a quienes quisieran, recibían y hay quienes dicen que hasta se convirtieron en el mecanismo de pago de sus demás colegas no tan afortunados. Mientras que en las zonas de conflictos mineros, los campesinos comenzaban ya a distinguir qué periodistas dejaban entrar en sus comunidades y qué periodistas no. Se supo que muchos de los periodistas adeptos a Yanacocha llevaban sus filmadoras no para registrar los incidentes e informar, cuanto para filmar los rostros de los campesinos que participaban. Docenas de fotografías que luego pasaban a formar parte de los informes de inteligencia de Yanacocha. Periodistas rebajados a ser soplones.Sin duda, Yanacocha sale perdiendo (y salpicando mugre a las demás empresas mineras de la región) con esta guerra fratricida de sus periodistas más cercanos y leales.

El Consejo Nacional de la Prensa debiera intervenir, tal vez se podría saber entonces quién es Daniel Joako, el anónimo que escribe contra los ambientalistas cajamarquinos, los vínculos de Yanacocha con periodistas limeños vinculados a lo peor de la prensa de la época fujimontesinista, quiénes y con qué fines financian la media docena de periodicuchos locales, otras tantas revistas a todo color, con escasos tirajes, precios de ganga y miles de renglones para alabar a la minera y atacar a los ambientalistas. Tal vez se desbarate también la coartada de Carlos Cáceres y FORZA que dicen que hicieron el operativo de espionaje “El Diablo” para un medio de comunicación limeño y se sepa por qué el Diario El Correo se ha enseñado con los ambientalistas cajamarquinos.

Menos mal que otras empresas mineras como Gold Fields, en Hualgayoc, no han sucumbido a la tentación de prestarse a un mayor envilecemientodel periodismo local (periodistas tocando sus puertas, ofreciendo las mismas condiciones de pago que le dan a Yanacocha seguramente no le habrán faltado) ¿Resistirá Gold Fields la tentación? Hasta ahora lo ha hecho y se ha diferenciado de Yanacocha. Pero sin embargo, no olvidemos que esta empresa forma parte del GRUPO NORTE, cuyo coordinador es Dante Vera, el mentor de las estrategias de enfrentamiento, debilitamiento y descrédito de las organizaciones que defienden derechos ambientales y reclaman mejores prácticas empresariales y un rol más eficiente del Estado en materia ambiental.

Aún es prematuro saber cómo terminará la guerra de los medios adeptos a Yanacocha, como lo es también para saber si las empresas mineras que están en Cajamarca terminarán formando espíritu de cuerpo para encubrir sus malas prácticas. Concedamos el beneficio de la duda y esperemos que el gremio periodístico, desde dentro y desde la presión ciudadana de fuera, pueda sacudirse de la inmundicia a la que le ha sometido el poder y el dinero de Minera Yanacocha. Los ciudadanos cajamarquinos nos merecemos mejor prensa, mejor información. Que los pocos periodistas que quedan, no nos defrauden, no porque se les reclame sometimiento al discurso y la práctica ambientalista, sino simplemente porque sepan distinguir la mentira de la verdad y utilicen sus medios para el discernimiento desde una clara opción ética por la defensa de la vida, de los derechos humanos y ambientales. Creemos que es una tarea difícil, pero que sin embargo no puede esperar más.

Una de las estrategias de la política de “buena vecindad” de Yanacocha fue construir alrededor de sí un cerco mediático. Ningún medio de comunicación local podía disentir con la información oficial preparada y distribuida por la Oficina de Comunicaciones de Yanacocha. Yanacocha se curó en salud y no podía permitir que los noticieros locales informaran sobre sus malas prácticas como ocurrió el año 1994 en que GLOBAL TV Local y TV NORTE (el canal municipal) difundieron el video de la entonces independiente Vicaría de Solidaridad que denunciaba los abusos cometidos contra los campesinos y los primeros “descuidos” en las labores de perforación que contaminaron los suelos y aguas de los campesinos del Quilish. Quién no recuerda el video “Yanacocha la Mina que No Contamina”. Dos años y no se sabe cuanto dinero le costó a Yanacocha meterse en el bolsillo a la mayoría de medios de comunicación locales.
El año 1996, esos noticieros televisivos y muchos otros radiales, ya difundían los lemas de Yanacocha: “minería responsable”, “minería ecológica”, “minería forjando progreso”. Cuando en 1998 surgió ECOVIDA haciéndose pública con el Foro Internacional “Agua, Desarrollo y Minería” esta prensa comenzó los ataques a los ambientalistas, los tildaron de “ecovivos”, aunque aún no se ocupaban de ellos todas las semanas como lo hace desde la crisis del Quilish en el 2004.

Cuando en junio del año 2000 ocurrió el derrame de mercurio que afectó a miles de personas en Choropampa, Magdalena y San Juan, ya muchos trabajadores de esa prensa era avesados desinformadores a sueldo de la minera: “los campesinos se intoxicaron porque comieron mariscos”, “epidemia de rubéola ataca a camnpesinos”, “obstetriz descerebrada porque cogió mercurio ajeno y lo hirbió”. Choropampa queda a solo media hora de la ciudad de Cajamarca, pero salvo honrosas excepciones, estos periodistas rentados no se molestaban en hacer oir las voces de los campesinos afectados.

Algunas veces, los titulares atacaban a los pobladores que reclamaban: “campesinos manipulados, ignorantes”, “ambientalistas ecoterroristas”, “marcha de cuatro gatos manipulados por ambientalistas” y otras veces paradójicamente atacaban a la empresa minera “todo el pueblo dijo no a Yanacocha”, “defendamos la vida”, “vida sí, oro no”. Solo unos pocos medios se atrevían a mantener una línea firme sea a favor de los derechos ambientales o de la propia empresa minera. El negocio de la prensa sucia era sencillo: alabar a la mina cuando les daba publicidad y atacarla cuando dejaba de hacerlo. Llegaron “periodistas” (“monos con metralleta” que diría Valentín Paniagua) de varias provincias o de otras regiones. De pronto resultaban dirigiendo periódicos, semanarios, quincenarios, en blanco y negro, a todo color; dirigían programas televisivos y radiales atacando en todos ellos a los líderes ambientales. El presidente del Frente de Defensa Ambiental, un alemán que lidera la causa ambiental en Cajamarca, era llamado “nazi”, “ladrón”, “homosexual” por un par de “periodistas” que eran de los más mordaces pues exhibían como hoja de vida el ser familiares de prominentes miembros del poder judicial, compadres o asesores de algún gerente de Yanacocha. La prensa que en solitario asumía la causa ambiental, como el legendario “El Observador” que llegó a tener un tiraje de más de 1000 ejemplares y que era el más creíble (Iván Salas, Robert Santillán, Francisco Cortéz, Reinhard Seifert) fue prontamente objeto de aniquilamiento. El semanario fue clonado, apareció “El Espectador” con el mismo tamaño, los mismos colores, el mismo precio pero con información totalmente contraria a los ambientalistas. Duró poco este clon porque rápidamente cumplió su cometido de sepultar al “Observador” que también atravesaba problemas de conducción, de falta de auspicios.

Llegaron los tiempos de la inminencia de la crisis del Cerro Quilish. El año 2002 la oficina de Comunicaciones de Yanacocha trajo a Cajamarca a uno de los periodistas más reaccionariosque tiene el país: Luis Rey de Castro, que con sus años avanzados,por sabe Dios qué salario, desafiaba la altura de los andes cajamarquinos para atacar diariamente, en radio y televisión a los líderes ambientalistas. Desde entonces, su mayor obsesión patológica sería el padre Marco Arana: “extraordinario demagogo profesional y sacha-marxista”, “comunista”, “rojo”, “soberbio”, “ignorante”, “enemigo del desarrollo”, “violentista”, “manipulador de campesinos”, “conflictivo”, “cura desobediente”, cada día un titular nuevo. Su paso por Cajamarca fue catastrófico, prontamente comenzó a ser atacado por los demás “periodistas” aduladores de la minera:, “qué tal raza ha venido a quitarnos chamba”, o como dijo un cínico periodista: “le dijimos a la minera que por menos plata, nosotros lo podíamos hacer mejor, conocemos más a los ambientalistas, sus puntos débiles, sabemos el lenguaje del pueblo”. Rey de Castro cayó en desgracia, ya no era “el tribuno”, “el maestro” de los periodistas locales, sino el enemigo de toda la prensa local que terminó haciendo carga montón contra él.Yanacocha terminó rescindiéndole el contrato que había hecho a través de una empresa de comunicación limeña.

En Yanacocha, eran los tiempos de Federico Schwalb, Dran Hinze, Gonzalo Rojas y Ramón Huapaya, los que habían logrado un más sofisticado sometimiento de la mayoría de la prensa (buffets en reuniones de trabajo, talleres de periodismo ambiental y minero, cursos en lujosos hoteles limeños, reuniones de trabajo en las oficinas de Yanacocha, participación en las fiestas del día del periodismo o en fiestas familiares con wisky financiado, creación de lazos de familiaridad que se tradujeron en compadrazgos entre periodistas y gerentes intermedios de la minera, etc.). El dueño del periódico de mayor circulación de Cajamarca podía tener a sus dos hijos estudiando en el exclusivo colegio inglés de los hijos de los mineros más importantes (600 dólares de pago mensual), los anuncios en su periódico destacaban la política de responsabilidad de Minera Yanacocha discurso que se complementaba con aquel de que “los ambientalistasviven de los conflictos”, “aprovechan la ignorancia de los campesinos para llenarse los bolsillos”, “son mujeriegos”, “terrucos”, y “narcotraficantes”, “distribuyen aguardiente y coca y extorsionan con multas a los campesinos para que protesten en la defensa del Quilish”; ni el clero se salvó,los curas identificados con la defensa de la vida son “inobedientes”, “animistas que creen en apus y otras supersticiones”, “rojos”, “liberacionistas” “mentirosos”, etc, etc.

Los periodistas más hábiles (léase de inteligencia canalla) lograron su dorado sueño de pasar a ser asesores del gerente general de Newmont para América Latina y del gerente local de la minera, fungieron de estrategas en conflictos, escribían bajo seudónimos para insultar a quienes quisieran, recibían y hay quienes dicen que hasta se convirtieron en el mecanismo de pago de sus demás colegas no tan afortunados. Mientras que en las zonas de conflictos mineros, los campesinos comenzaban ya a distinguir qué periodistas dejaban entrar en sus comunidades y qué periodistas no. Se supo que muchos de los periodistas adeptos a Yanacocha llevaban sus filmadoras no para registrar los incidentes e informar, cuanto para filmar los rostros de los campesinos que participaban. Docenas de fotografías que luego pasaban a formar parte de los informes de inteligencia de Yanacocha. Periodistas rebajados a ser soplones.Sin duda, Yanacocha sale perdiendo (y salpicando mugre a las demás empresas mineras de la región) con esta guerra fratricida de sus periodistas más cercanos y leales.

El Consejo Nacional de la Prensa debiera intervenir, tal vez se podría saber entonces quién es Daniel Joako, el anónimo que escribe contra los ambientalistas cajamarquinos, los vínculos de Yanacocha con periodistas limeños vinculados a lo peor de la prensa de la época fujimontesinista, quiénes y con qué fines financian la media docena de periodicuchos locales, otras tantas revistas a todo color, con escasos tirajes, precios de ganga y miles de renglones para alabar a la minera y atacar a los ambientalistas. Tal vez se desbarate también la coartada de Carlos Cáceres y FORZA que dicen que hicieron el operativo de espionaje “El Diablo” para un medio de comunicación limeño y se sepa por qué el Diario El Correo se ha enseñado con los ambientalistas cajamarquinos.

Menos mal que otras empresas mineras como Gold Fields, en Hualgayoc, no han sucumbido a la tentación de prestarse a un mayor envilecemientodel periodismo local (periodistas tocando sus puertas, ofreciendo las mismas condiciones de pago que le dan a Yanacocha seguramente no le habrán faltado) ¿Resistirá Gold Fields la tentación? Hasta ahora lo ha hecho y se ha diferenciado de Yanacocha. Pero sin embargo, no olvidemos que esta empresa forma parte del GRUPO NORTE, cuyo coordinador es Dante Vera, el mentor de las estrategias de enfrentamiento, debilitamiento y descrédito de las organizaciones que defienden derechos ambientales y reclaman mejores prácticas empresariales y un rol más eficiente del Estado en materia ambiental.

Aún es prematuro saber cómo terminará la guerra de los medios adeptos a Yanacocha, como lo es también para saber si las empresas mineras que están en Cajamarca terminarán formando espíritu de cuerpo para encubrir sus malas prácticas. Concedamos el beneficio de la duda y esperemos que el gremio periodístico, desde dentro y desde la presión ciudadana de fuera, pueda sacudirse de la inmundicia a la que le ha sometido el poder y el dinero de Minera Yanacocha. Los ciudadanos cajamarquinos nos merecemos mejor prensa, mejor información. Que los pocos periodistas que quedan, no nos defrauden, no porque se les reclame sometimiento al discurso y la práctica ambientalista, sino simplemente porque sepan distinguir la mentira de la verdad y utilicen sus medios para el discernimiento desde una clara opción ética por la defensa de la vida, de los derechos humanos y ambientales. Creemos que es una tarea difícil, pero que sin embargo no puede esperar más.

Fuente: Blog Celendín libre

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