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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

viernes, 9 de diciembre de 2011

Opinión libre: Cajamarca resiste sabiamente


David Roca Basadre

Hay estado de emergencia en las calles, en los campos de Cajamarca. Una protesta pacífica –con un solo censurable daño a una propiedad de la minera al inicio de las movilizaciones y un daño mayor en un padre de familia que queda inválido de por vida, producto de la represión hacia los manifestantes- deja el sabor triste de las distancias que existen, aun ahora, entre los pueblos y quienes los gobiernan.


Concediendo cada lado, se había llegado en las conversaciones a acuerdos que era necesario que los dirigentes consultaran sus bases: así funciona el Perú real, el de las comunidades alejadas de los individualismos que se promueven entre los que pueden darse el lujo de estar solos, privilegio de pocos, precisamente. Pero fue esto lo que no se entendió. Esta polisemia social de la palabra democracia ha marcado las distancias y sellado la primera parte de eventos altamente conmovedores.

De tales distancias están hechos tantos de los conflictos en el Perú, que si lo generado por el proyecto Conga no llega a buen puerto –es decir, a resultados que satisfagan a todos, pero principalmente a los pueblos que solo tienen el recurso de su capacidad de actuar juntos para ser escuchados- cabe preguntarse con toda seriedad y legítima preocupación si los demás conflictos a la vista podrán tener salida alguna. Conga, de pronto, marca un antes y un después en la vida política de nuestro país.

Se trata entonces –como suele ocurrir y como lo vimos antes ya en tantos otros sucesos que hay que lamentar: Bagua, por ejemplo- de la brecha hasta hoy insalvable de formas diversas de comprender la felicidad, el bienestar, el sueño para el que se hace el cada día. Este territorio extenso que habitamos y que no llega a construirse como patria, este Perú –nombre colonial- está hecho de tales discontinuidades, donde la palabra diversidad sigue sin tener sentido real para todos, más allá de las proclamas culinarias y el sueño de los econegocios.

Y por eso ocurre que un Estado que no entiende al otro, pero sostiene constitucionalmente el monopolio de la fuerza, decide que los que no quieren firmar adoptan ese gesto por capricho intransigente, porque consultar a la gente de la que reciben el mandato es intranscendente.

La sabiduría de los pueblos es a veces inmensa. Los cajamarquinos, esos shilicos de las alturas en particular, deciden replegar sus fuerzas y oponer resistencia allí donde no llega el estado de emergencia: en su conmovible y sensible, pero sólido, corazón.

Y entonces, dicen, eso hay que demostrarlo: las banderas peruanas -¡mira cómo construyen patria!- ondean en Cajamarca, en casi todas las casas; más signos de ¡No a Conga! Visibles; muchísimos, dispersos, expresan con libertad de que disponen lo que piensan en cada una de sus tantas esquinas; los más jóvenes invaden las redes sociales; se movilizan para interesar a personas en el extranjero, y lo logran… Sin ruidos, sin violencias, pacíficamente, con ejemplar disciplina y creatividad, los cajamarquinos han decidido que se trata de resistir en cada recoveco de su ser. E incluso cuando detienen injustificadamente a algunos de sus dirigentes, en Lima, mantienen inalterable la pacífica resistencia.

La lección es invalorable. Como nunca antes, todos, todos entre los peruanos estamos hablando de la importancia de cuidar el agua, su origen, el entorno ambiental; y ahora, estamos aprendiendo a unificar, a nacionalizar el sentido de la palabra democracia que resulta ser, pues, más que una fórmula, más bien un sentimiento. ¡Sabios campesinos cajamarquinos!

Publicado en el semanario Hildebrant en sus trece, viernes 9 de diciembre 2011.

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