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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

martes, 8 de marzo de 2011

Causa justa: Compañeras, madres, hermanas

Por Ronald Gamarra (*)

La proximidad de un nuevo 8 de marzo es un buen motivo para reflexionar una vez más sobre el estado de los derechos de las mujeres en nuestro país. La norma constitucional establece la plena igualdad de varones y mujeres, pero no debemos engañarnos: todos sabemos que este principio aún representa un objetivo por alcanzar en la realidad. Cabe preguntarse, entonces, en qué medida se ha avanzado en la realización de la plena igualdad de varones y mujeres, dónde se encuentran los sectores que menos han progresado y, sobre todo, dónde se registran retrocesos y situaciones urgentes.

Por un lado, es impresionante el avance de las mujeres en cuanto a la consagración normativa de sus derechos y muy alentador el desarrollo de una conciencia de respeto que incluye en primer lugar a ellas mismas, pero también y de manera progresiva a los varones, sobre todo entre los más jóvenes, pues está creciendo una nueva generación con una mentalidad que se aleja del patriarcalismo abusivo y engreído. No obstante ello, hay zonas donde la normatividad protectora de los derechos de la mujer encuentra una terca oposición reaccionaria, sobre todo en cuanto a su libertad para decidir sobre su sexualidad y capacidad reproductiva.

Por otro lado, el progreso en los derechos de las mujeres es muy desigual y presenta situaciones graves relacionadas con la pobreza urbana y, sobre todo, rural. De hecho, el peso de la pobreza recae sobre todo en las mujeres, que quedan postergadas según todos los índices de desarrollo humano, no obstante ser ellas mismas, paradójicamente, el principal sostén de las familias para enfrentar la lucha por la sobrevivencia y quienes hacen posible la manutención del núcleo familiar. Así mismo, el derecho de la mujer a trabajar significa, en general, un incremento de sus obligaciones, al no poder contar con sus compañeros, que se niegan a compartir las tareas del hogar aunque den la bienvenida al dinero que aporta la mujer a la familia.

Por cierto, hay aspectos que exigen atención urgente como la mortalidad materna, así como el embarazo adolescente y la muerte femenina por la interrupción del embarazo en condiciones precarias, producto del predominio político de una mentalidad oscurantista sobre la sexualidad de la mujer. Igualmente el maltrato a la mujer por su pareja, muerte moral casi siempre sufrida en silencio, que con frecuencia desemboca en la muerte física: ese abominable asesinato llamado feminicidio. ¡Se ha avanzado mucho, queridas compañeras, madres, hermanas; pero hay mucho camino por recorrer!
* Candidato al Congreso por Perú Posible. 
Fuente: Diario La Republica viernes 4 de marzo del 2011

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