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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas
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miércoles, 8 de marzo de 2017

Poesía: HASTA QUE SEAMOS LIBRES, por Gioconda Belli.

Ríos me atraviesan,
montañas horadan mi cuerpo
y la geografía de este país
va tomando forma en mí,
haciéndome lagos, brechas y quebradas,
tierra donde sembrar el amor
que me está abriendo como un surco,
llenándome de ganas de vivir
para verlo libre, hermoso,
pleno de sonrisas.


Quiero explotar de amor
y que mis charneles acaben con los opresores
cantar con voces que revienten mis poros
y que mi canto se contagie;
que todos nos enfermemos de amor,
de deseos de justicia,
que todos empuñemos el corazón
sin miedo de que no resista
porque un corazón tan grande como el nuestro
resiste la más crueles torturas
y nada aplaca su amor devastador
y de latido en latido
va creciendo,
más fuerte,
más fuerte,
más fuerte,
ensordeciendo al enemigo
que lo oye brotar de todas las paredes,
lo ve brillar en todas las miradas
lo va viendo acercarse
con el empuje de una marea gigante
en cada mañana en que el pueblo se levanta
a trabajar en tierras que no le pertenecen,
en cada alarido de los padres que perdieron a sus hijos,
en cada mano que se une a otra mano que sufre.


Porque la fuerza de este amor
lo irá arrollando todo
y no quedará nada
hasta que no se ahogue el clamor de nuestro pueblo
y gritos de gozo y de victoria
irrumpan en las montañas,
inunden los ríos,
estremezcan las ramas de los arboles.


Entonces,
iremos a despertar a nuestros muertos
con la vida que ellos nos legaron
y todos juntos cantaremos
mientras conciertos de pájaros
repiten nuestro mensaje
en todos
los confines
de América.

domingo, 25 de octubre de 2015

Poesía: Amo a los Hombres y les Canto / Gioconda Belli

Poema

Amo a los hombres y les canto

Por Gioconda Belli

Amo a los hombres

Y les canto.

Amo a los jóvenes
desafiantes del aire,
pobladores de pasillos en las Universidades,
rebeldes, inconformes, planeadores de mundos diferentes.

Amo a los obreros,
esos sudorosos gigantes morenos
que salen de madrugada a construir ciudades.

Amo a los carpinteros
que reconocen a la madera como a su mujer
y saben hacerla a su modo.

Amo a los campesinos
que no tienen más tractor que su brazo
que rompen el vientre de la tierra y la poseen.

Amo, compasiva y tristemente, a los complicados
hombres de negocios
que han convertido su hombría en una sanguinaria
máquina de sumar
y han dejado los pensamientos más profundos, los
sentimientos más nobles
por cálculos y métodos de explotación.

Amo a los poetas -bellos ángeles lanzallamas-
que inventan nuevos mundos desde la palabra
y que dan a la risa y al vino su justa y proverbial importancia
que conocen la trascendencia de una conversación
tranquila bajo los árboles,
a esos poetas vitales que sufren las lágrimas y van
y dejan todo y mueren
para que nazcan hombres con frente alta,

Amo a los pintores -hombres colores-
que guardan su hermosura para nuestros ojos
y a los que pintan el horror y el hambre
para que no se nos olvide.

Amo a los solitarios pensadores
los que existen más allá del amor y de la comprensión sencilla
los que se hunden en titánicas averiguaciones
y se atormentan día y noche ante lo absurdo de las respuestas.

A todos amo con un amor de mujer, de madre, de hermana,
con un amor que es más grande que yo toda
que me supera y me envuelve como un océano
donde todo el misterio se resuelve espuma...

Amo a las mujeres desde su piel que es la mía.

A la que se rebela y forcejea con la pluma y la voz desenvainadas,
a la que se levanta de noche a ver a su hijo que se ha dormido para siempre,
a la que lucha enardecida en las montañas,
a la que trabaja -mal pagada- en la ciudad,
a la que gorda y contenta canta cuando echa tortillas
en la pancita caliente del comal,
a la que camina con el peso de un ser en su vientre
enorme, fecundo.

A todas las amo y me felicito por ser de su especie.

Me felicito por estar con hombres y mujeres
aquí bajo este cielo, sobre esta tierra tropical y fértil,
ondulante y cubierta de hierba.

Me felicito por ser y por haber nacido,
por mis pulmones que me llevan y me traen el aire,
porque cuando respiro siento que el mundo todo entra en mí
y sale con algo mío,
por estos poemas que escribo y lanzo al viento
para alegría de los pájaros,
por todo lo que soy y rompe el aire a mi paso,
por las flores que se mecen en los caminos
y los pensamientos que, desenfrenados, alborotan en las cabezas,
por los llantos y las rebeliones.

Me felicito porque soy parte de una nueva época
porque he comprendido la importancia que tiene mi existencia, la de todos,
la vitalidad de mi mano unida a otras manos,
de mi canto unido a otros cantos.

Porque he comprendido mi misión de ser creador,
de alfarera de mi tiempo que es el tiempo nuestro,
quiero irme a la calle y a los campos,
a las mansiones y a las chozas
a sacudir a los tibios y haraganes,
a los que reniegan de la vida y de los malos negocios,
a los que dejan de ver el sol para cuadrar balances,
a los incrédulos, a los desamparados, a los que han
perdido la esperanza,
a los que ríen y cantan y hablan con optimismo;
quiero traerlos a todos hacia la madrugada,
traerlos a ver la vida que pasa
con una hermosura dolorosa y desafiante,
la vida que nos espera detrás de cada atardecer
-último testimonio de un día que se va para siempre,
que sale del tiempo y que nunca volverá a repetirse-

Quiero atraer a todos hacia el abrazo de una alegría que comienza,
de un Universo que espera que rompamos sus puertas
con la energía de nuestra marcha incontenible.

Quiero llevarlos a recorrer los caminos
por donde avanza -inexorable- la Historia.

Porque los amo quiero llevarlos de frente a la nueva mañana,
mañana lavada que habremos construido todos.

Vámonos y que nadie se quede a la zaga,
que nadie perezoso, amedrentado, tibio, habite la faz de la tierra
para que este amor tenga la fuerza de los terremotos,
de los maremotos,
de los ciclones, de los uracanes
y todo lo que nos aprisione vuele convertido en desecho
mientras hombres y mujeres nuevos
van naciendo erguidos
luminosos
como volcanes...

Vámonos
Vámonos
Vámonoooos!!!


Gioconda Belli (Managua, Nicaragua, 9 de diciembre de 1948) es una poetisa, revolucionaria y novelista nicaragüense. Gioconda fue la segunda de cinco hermanos: Humberto, Eduardo, Lucía y Lavinia, y cursó su primaria en el Colegio de La Asunción en Managua y la secundaria en el Real Colegio de Santa Isabel en Madrid, España, donde se obtuve el bachillerato en 1965. Tras obtener un diploma en Publicidad y Periodismo en Filadelfia, Estados Unidos, regresó a Managua.

En 1967 contrajo matrimonio. Su primera hija, Maryam, nació en 1969 seguida por Melissa (1973). De su segundo matrimonio nació Camilo (1978). Se casó por tercera vez en 1987 con Charles Castaldi con quien ha procreado una hija, Adriana (1993). Desde 1990, Gioconda alterna su tiempo entre los Estados Unidos y Nicaragua. 

(...)

Sus poemas aparecieron por primera vez en el semanario cultural La Prensa Literaria del diario La Prensa de su país. Su poesía, considerada revolucionaria en su manera de abordar el cuerpo y sensualidad femenina, causó gran revuelo. Su libro "Sobre la grama" le valió en 1972, el premio de poesía más prestigioso del país en esos años, el Mariano Fiallos Gil de laUniversidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN). En 1978 junto a Claribel Alegría, obtuvó el prestigioso Premio Casa de las Américas en el género poesía por su libro "Línea de Fuego", obra que escribió mientras se encontraba viviendo exiliada en México a causa de su activismo revolucionario y que refleja su sentir sobre la situación política de Nicaragua. En esa ocasión es invitada, también, a participar como jurado, con lo cual viaja a Cuba para ser lectora de los libros nominados junto a Julio Cortázar.

(...)


Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Gioconda_Belli

miércoles, 13 de julio de 2011

Opinión libre: Seguir peleando

Por Gioconda Belli (*)

Gioconda Belli
No hay nada Quijotesco ni romántico en querer cambiar el mundo. Es posible. Es el oficio al que la humanidad se ha dedicado siempre. No concibo mejor vida que una dedicada a la efervescencia, a las ilusiones, a la terquedad que niega la inevitabilidad del caos y la desesperanza. Nuestro mundo, lleno de potencialidades, es y será el producto del esfuerzo que nosotros, sus habitantes, le entreguemos. Igual que la vida surgió de acomodos y reacomodos, la organización social que nos lleve a la plena realización de nuestro potencial como especie surgirá de flujos y reflujos en luchas y esfuerzos que hacemos, como conjunto, en las diversas regiones del planeta. El futuro es una construcción que se realiza en el presente, como la única responsabilidad seria con el futuro. Lo importante -me doy cuenta ahora- no es que uno mismo vea todos sus sueños cumplidos sino seguir, empecinados, soñándolos. Tendremos nietos y ellos tendrán hijos a su vez. El mundo continuará y su rumbo no nos será ajeno. Lo estamos decidiendo nosotros cada día, nos demos cuenta o no. Mis muertos, mis muertes, no fueron en vano. Esta es una carrera de relevos en un camino abierto.


RECORRIÉNDOTE

Quiero morder tu carne,
salada y fuerte,
empezar por tus brazos hermosos
como ramas de ceibo,
seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños
ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza
hurgando la ternura,
ese pecho que suena a tambores y vida continuada.
Quedarme allí un rato largo
enredando mis manos
en ese bosquecito de arbustos que te crece
suave y negro bajo mi piel desnuda
seguir después hacia tu ombligo
hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,
irte besando, mordiendo,
hasta llegar allí
a ese lugarcito
-apretado y secreto-
que se alegra ante mi presencia
que se adelanta a recibirme
y viene a mí
en toda su dureza de macho enardecido.
Bajar luego a tus piernas
firmes como tus convicciones guerrilleras,
esas piernas donde tu estatura se asienta
con las que vienes a mí
con las que me sostienes,
las que enredas en la noche entre las mías
blandas y femeninas.
Besar tus pies, amor,
que tanto tienen aun que recorrer sin mí
y volver a escalarte
hasta apretar tu boca con la mía,
hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento
hasta que entres en mí
con la fuerza de la marea
y me invadas con tu ir y venir
de mar furioso
y quedemos los dos tendidos y sudados
en la arena de las sábanas.



Gioconda Belli. 

(*) Gioconda Belli es, junto con Ana Ilse Gómez, Claribel Alegría, Vidaluz Meneses, Michèle Najlis y Daisy Zamora (poetas de su generación) una de las voces femeninas de la literatura nicaragüense.

Coherencia y unidad caracterizan su expresión poética. En los años de la lucha por la liberación de su país, Gioconda Belli vivió en el exilio (radicando en México en 1976); a este periodo fuera de su patria corresponde su libro Línea de Fuego, ganador del Premio Casa de las Américas 1978. Regresó a Nicaragua al triunfo de la revolución sandinista, abandonando el FSLN cuando éste no logró reorganizarse y partiendo una vez más para residir en diversos lugares del mundo (Lavinia, Breda, 1994; Francia, 1995). Actualmente se halla en su país, donde, desde el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), continua la lucha política de liberación nacional de su pueblo.

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