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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

viernes, 18 de julio de 2014

Paseo por La Quesera, La Quinuilla - Sucre - Perú

Por Palujo

Harby, atento guardián
En la vida de la ciudad hay momentos en que comienzan a irritarte los ómnibuses, los anuncios luminosos, el caos, beneficio de mandones; y sientes deseos de cambiar de paisaje aunque sea por poco tiempo. El camino hacia la naturaleza es el camino hacia lo bello.

Cuando uno planifica algo, ¡cómo espera esos días! Luego de huir de Lima, ya instalado en Celendín, el jueves 10 de julio de 2014, madrugué para disfrutar de una reconfortante caminata al lugar denominado La Quesera, paraje del caserío La Quinuilla en el distrito de SucreCelendín. Llegué a las ocho y treita horas de la mañana a Cruzconga sintiendo, al bajar del vehículo que me transportó, la fresca helada matinal que brillaba aún en la fina escarcha sobre los tejados, los árboles y pastos de este silencioso pero acogedor lugar a 3306  msnm.

Acomodé mi mochila tras mi espalda y, al costado de un letrero del Ministerio de Transportes que decía PARE, me dispuse a esperar, como hablan los “mochileros”, que “alguien me dé un aventón”.

Un poblador de la zona me informó que a esas horas bajaba a La Quinuilla una pequeña mototaxi que compraba material de reciclaje, y también un volquete de color amarillo.


El primero en hacer su aparición fue el volquete. Alcé la mano y el chofer, como si me hubiese reconocido, se detuvo. Por esas casualidades de la vida, el conductor del vehículo era un joven padre de familia llamado Fidel Zegarra. Muy amable me invitó a subir, no sin antes advertirme de que le estaba prohibido llevar pasajeros. Cuando le indiqué a dónde me dirigía él me respondió: Lucho, justo ese es mi destino.

San Juan De Tincat



El viaje duró un poco menos de 20 minutos. Fidel me informaba los nombres de los lugares por los que pasábamos; así llegamos, bajando una loma pequeña, a otro de los caseríos de Sucre: San Juan de Tincat, una pampa inmensa bordeada por casas de adobe, una plaza de armas desnuda y la misma carretera. 


Luego ingresamos a La Quinuilla donde, como dijera la artista sucrense Nícida Silva en su canción Orgullo por mi tierra acerca de estos parajes; “Sauces, alisos y cipreses lo adornan con sus ramajes”.

Ya en La Quinuilla Fidel Zegarra me señaló una casa de pared pintada de color blanco e indicó: Allí vive el Ing. Secundino Silva.

Agradeciéndole por el “aventón”, bajé del volquete y me dirigí a la casa indicada. Fidel Zegarra continuó su marcha; llevaba en el volquete arena para el proyecto donde laboraba: “Instalación de la captación, conducción y tratamiento de Agua Potable para las ciudades de Celendín, José Gálvez, Jorge Chávez y Sucre”. Toque dos veces la puerta de la casa de Secundino pensando darle una sorpresa. Del costado, una casa cercada por alambres de púa, salió un vecino que dijo llamarse Quime Mendo, quien me informó que Secundino, hacía poco, había bajado a La Quesera, lugar donde nace el agua del rió Caja potrero.


Al poco tiempo escucho el ruido de un vehículo. Era el volquete conducido por Fidel que regresaba con Secundino como acompañante. Había sido informado de mi presencia en La Quinuilla.

Secundino, luego de los saludos protocolares, me invita a visitar el lugar de ejecución del proyecto donde, al igual que Fidel, también trabaja; advirtiéndome, eso sí, de lo empinado del camino.

Es aquí donde inicio este hermoso y emocionante periplo.


Por una trocha carrosable salimos de La Quinuilla con dirección a la parte más alta del cerro Ventanillas, lugar donde se inician los frentes de trabajo denominado La Quesera, donde se ubica un almacén de cemento y más abajo montones de piedra chancada y arena. Desde allí es impresionante ver cómo un sistema de tuberías color naranja funciona de manera tal que por su interior envían la arena y piedra chancada hasta el proyecto mismo.


Desde la cima del cerro Ventanillas, antes de avanzar cuesta abajo, mis ojos se deleitaron contemplando el paisaje: A la izquierda el caserío Santa Rosa y El Porvenir; al frente, un poco lejos, el caserío de Cajén instalado en las faldas del cerro Chunshullca, el más grande del distrito; hacia el lado derecho, el cerro donde se ubica el caserío de Muñuño y la montaña anexo del centro poblado Calconga.


 

Escuchando el ruido del río Cajapotrero iniciamos el descenso por las faldas pedregosas del cerro Ventanillas; bajamos lentamente, de cuando en cuando deteniéndonos para admirar una que otra orquídea descubierta por Secundino; por el sendero, saludamos a algunos obreros en plena faena.

A los treinta minutos, aproximadamente, llegamos al campamento principal del proyecto en mención, en la base del cerro, donde almorzamos: Eran las doce y treinta horas.


Rocío Chávez, excelente anfitriona
Luego, a medida que avanzábamos, Secundino me comenzó a explicar las partes del Proyecto, desde el lugar donde nace el río y se ubica la tubería de captación de agua hacia la poza denominadas “Presedimentadora”, de donde sale la tubería de conducción que cruza la jurisdicción de los caseríos de El Porvenir y Conga de Urquía, en cuya parte alta se está construyendo la Planta de Tratamiento del Agua.



Después cruzamos un pequeño puente sobre el río Cajapotrero y, por un camino de herradura que va por su margen derecha hacia Cajén, nos dirigimos al lugar de encuentro de los ríos Cajapotrero y Sumbat.




Al retornar, recogimos nuestros pasos, visitando la cueva El Telar, cuyo nombre, cuentan, fue puesto porque los campesinos que tenían sus tierras en los alrededores, tejían sus ponchos, sus frazadas, etc. protegidas bajo la sombra de este extraño lugar.



  ¡Qué día! le dije a Secundino  ¡Qué día más inolvidable!

Cristóbal y Palujo



Descansamos llegando a la cima del cerro Ventanillas, donde nos aventamos un “bolito” con los operarios del proyecto; luego, un poco cansados, caminamos despacio. Al llegar a La Quinuilla había oscurecido; pero, del alto cielo azul transparente, casi sin estrellas, una curiosa luna nos alumbraba con su pálida y reconfortante luz.


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